Los seres vivos que habitan en un beso

Durante siglos, la humanidad ignoró el universo invisible que habita en una gota de agua, en el ojo del buey, o incluso en el interior de nuestro propio cuerpo. Se pensaba que líquidos como la saliva, la leche materna o el líquido amniótico eran completamente estériles. Pero con el avance de la ciencia, especialmente en las últimas dos décadas, descubrimos que nuestro cuerpo es un laboratorio viviente, un ecosistema en el que miles de millones de microorganismos nacen, se reproducen y se adaptan.

Entre todos estos universos diminutos, la saliva tiene un papel especial. Aunque parezca un simple líquido, está cargada de bacterias, microbios e información genética que intercambiamos cada vez que besamos. Besar no sólo es un acto humano cargado de emociones, también es un intercambio biológico: un puente entre ecosistemas individuales que se entrelazan en un instante íntimo. Besuquear, ese gesto de besar repetidamente, intensifica esta conexión microscópica, haciendo del beso algo mucho más complejo de lo que podría parecer a simple vista.
Pero el beso no es exclusivo de los humanos. En el reino animal, el contacto boca a boca se ha observado en aves, primates e incluso peces. Aunque desconocemos qué emociones o significados culturales podría tener para estas especies, este comportamiento nos recuerda que el beso, más allá de ser un acto simbólico, también tiene raíces biológicas que compartimos con otras formas de vida.

Por supuesto, el beso no es sólo un intercambio biológico; también es un pilar del imaginario cultural. En México, por ejemplo, el beso está cargado de simbolismo, desde las historias del Callejón del Beso, un rincón romántico iluminado por luces cálidas y la luna, hasta las innumerables canciones y películas que lo celebran. Una plataforma de streaming de música muestra más de 1000 canciones con la palabra “beso” en su título, mientras que al menos 130 películas llevan el “beso” como protagonista en su nombre, como “Mi primer beso” o “El beso de la muerte”. El beso, entonces, no sólo vive en el contacto físico, sino que teje historias que trascienden generaciones.

Consuelito Velázquez, compositora mexicana, escribió la icónica canción “Bésame mucho” cuando tenía apenas dieciséis años. Según sus biógrafos, nunca había experimentado un beso, pero encontró inspiración en el aria La Maja y el Ruiseñor de Enrique Granados. Haya sido como haya sido, lo cierto es que “Bésame mucho” se ha traducido a más de veinte idiomas y se ha convertido en una de las canciones más representativas de México.

Ilustración de Itzayana Furlan-Gaona, @itza_draws

Esto de besar no es algo de nuestra era, ni tampoco crean ustedes que las prohibiciones hacen mella en los besos. Prueba de ello es que la escultura más antigua relacionada con el beso tiene 10 000 años de antigüedad. Conocida como “los amantes milenarios” esta pieza fue encontrada en el desierto de Judea y representa a dos humanos besándose. El tiempo no ha logrado borrar el beso inmortal ni el abrazo ancestral entre dos seres.

Los griegos, por ejemplo, plasmaron en vasos y ánforas escenas de besos diversos: desde los zoofílicos hasta los de amantes masculinos y heterogéneos, mostrando la amplitud de significados que este gesto ha tenido a lo largo de la historia. En Japón, Kitagawa Utamaro capturó a sus amantes apasionados de forma explícita en una portada que desafía los límites de la intimidad representada en el arte. Y siglos después, Gustav Klimt inmortalizó uno de los besos más famosos en lienzo, envolviendo a sus amantes en sedosas y luminosas sábanas amarillas.

Ilustración de Itzayana Furlan-Gaona, @itza_draws

El beso también ha sido testigo de momentos históricos. En la icónica fotografía que marcó el final de la Segunda Guerra Mundial, tomada el 14 de agosto de 1945, un soldado besa a una enfermera en una explosión de alegría colectiva tras la rendición de Japón. Más tarde, en la ficción cinematográfica, encontramos la inolvidable escena en Cinema Paradiso, cuando Alfredo rescata decenas de besos eliminados de las películas que proyectaba en un pequeño pueblo italiano.

Los besos son contradictorios, pecaminosos a veces y gloriosos por default. Esta ambivalencia refleja la manera en que los humanos hemos entendido y sentido los besos a lo largo del tiempo. Ay de aquel que nunca haya besado, pues no conocerá jamás ese temblor en el vientre bajo, ni guardará en los cajoncitos de la memoria esos instantes imborrables que nos marcan para siempre.

Sin embargo, más allá del sentimiento y la cultura, cuando nos detenemos a pensarnos como seres integrales, parte de la naturaleza y del ambiente, surgen preguntas que trascienden lo romántico. ¿Existe una evolución del beso? ¿Por qué nos besamos? ¿Cuántos tipos de besos hay? Tal vez en esas respuestas se esconden tanto nuestra biología como las historias que compartimos.

La microbiota del beso o préstame tu saliva

Algunas de las funciones que cumplen los besos incluyen la evaluación de capacidades físicas y la adquisición de alimentos. En particular, los besos íntimos, que implican intercambio de saliva y contacto con la lengua, parecen ser un comportamiento de cortejo adaptativo exclusivo de la humanidad y son comunes en más del 90 % de las culturas conocidas. A pesar de saber que la función de los besos íntimos humanos tiene un papel relevante en el intercambio de la microbiota y virus, se han realizado pocos estudios sobre los efectos de los besos íntimos en el microbiota bucal.1

Algunos estudios que analizan los besos con fines de apareamiento sugieren que el primer beso cumple una función crucial en la evaluación inicial de la pareja, mientras que los besos posteriores parecen mediar los sentimientos de apego en relaciones a largo plazo, más que facilitar la excitación sexual. Además, besar podría contribuir tanto a la evaluación de la pareja como al fortalecimiento del vínculo afectivo, al permitir el muestreo de señales químicas presentes en la saliva. Estas señales, derivadas de la actividad metabólica de la comunidad bacteriana en la superficie de la lengua, podrían proporcionar información valiosa sobre la compatibilidad biológica y el estado de salud de la pareja.

Hendrie y Brewer desarrollaron otra hipótesis interesante sobre la ventaja evolutiva de los besos íntimos. Argumentaron que, aunque la información sobre la calidad de una pareja puede obtenerse mediante la proximidad física, el intercambio de saliva conlleva riesgos, como la exposición a microorganismos patógenos, lo que hace poco probable que la evaluación de la pareja sea la principal presión evolutiva para este comportamiento. En cambio, postularon que los besos íntimos podrían haber evolucionado como un mecanismo para proteger a las mujeres embarazadas contra la teratogénesis intrauterina causada por el citomegalovirus humano. Este virus, transmitido fácilmente a través de la saliva, la orina y el semen, podría causar síntomas menos graves si se contrajera antes del embarazo, ofreciendo así una ventaja adaptativa2. Sin embargo, ambas funciones, como el beso íntimo, la valoración de pareja o alguna forma de inmunización, implican un papel importante para los virus y microorganismos que residen en nuestra boca.

Ilustración de Itzayana Furlan-Gaona, @itza_draws

La cavidad bucal ofrece dos tipos principales de superficies para la colonización microbiana: los dientes y la mucosa, que incluye las hendiduras gingivales, la lengua, el paladar duro, el paladar blando, las mejillas y los labios. Cada una de estas superficies proporciona un hábitat único con una microbiota característica. En total, se estima que la cavidad bucal alberga unas 700 especies diferentes de bacterias, en su mayoría anaeróbicas. La saliva, por su parte, contiene una gran cantidad de bacterias, aunque la existencia de una microbiota salival autóctona sigue siendo un tema de debate. Esto se debe a que el flujo constante de saliva y su bajo contenido de nutrientes no parecen favorecer la proliferación bacteriana. En gran medida, las bacterias presentes en la saliva provienen de otras superficies bucales, especialmente de la superficie dorsal de la lengua, que contribuye significativamente al microbioma salival.

La química del beso

Un beso también es la explosión de química en el cerebro. Cuando dos personas se besan, liberan un cóctel de neurotransmisores y desencadenan reacciones asociadas al placer y la felicidad. La “hormona del placer” o dopamina se libera en grandes cantidades durante un beso, creando una sensación de euforia y excitación. La responsable del bienestar emocional (serotonina), produce una sensación de calma y satisfacción. Y la hormona del amor (oxitocina) genera sentimientos de confianza, apego y conexión con la otra persona. Estos químicos del amor no sólo intensifican la experiencia del beso, sino que también pueden tener un impacto duradero en las relaciones.

Un beso no solamente conquista el corazón, sino que también puede fortalecer tu sistema inmunológico. Intercambiar saliva durante un beso, expone al cuerpo a una variedad de microorganismos, lo que ayuda a desarrollar defensas contra enfermedades comunes. Este intercambio, conocido como “transferencia de microbios”, puede ser un escudo natural para tu salud. En otras palabras, besar a tu pareja puede ser una forma natural de fortalecer tu sistema inmunológico y protegerte de enfermedades. Es como una vacuna natural que se renueva con cada beso.

El aliento en el beso, a menudo ignorado, juega un papel preponderante en la experiencia sensorial del beso. No sólo ese olor contiene una compleja fusión de compuestos químicos volátiles que pueden influir en la percepción del aroma y el sabor durante un beso. Estos compuestos, como los aldehídos y las cetonas, actúan como un lenguaje invisible que transmite información sobre la salud, la dieta e incluso el estado emocional de una persona a su pareja.

Un beso fortalece tu corazón en el sentido estricto de la palabra. El acto de besar tiene efectos positivos en la salud cardiovascular, debido a que mejora la circulación sanguínea y reduce el estrés. Al besar, la frecuencia cardíaca aumenta y los vasos sanguíneos se dilatan, esto mejora la oxigenación de los tejidos y reduce la presión arterial, lo que a su vez beneficia la salud del corazón y del sistema circulatorio a largo plazo.

Los músculos no se quedan atrás

En un beso participan 34 músculos de la cara, además de otros 134 de otras partes del cuerpo para adoptar una postura adecuada.3 El músculo que no puede faltar es el orbicular de los labios, pero sería un beso en extremo simple si no participaran en él los músculos encargados de mover los labios en diferentes direcciones. Además, se involucran muchos otros al momento de cerrar los ojos, de mover la cabeza y el cuello para no chocar con la otra persona; y eso sin mencionar todos los demás que se necesitan para estar sentados o parados y para abrazar o tomar de la mano (entre otras cosas que suceden) durante el beso. Puede sonar como un proceso que implica mucho trabajo pero las sensaciones que desencadena hacen que valga la pena.

Hablando de sensaciones, tenemos que dar crédito al nervio facial que lleva los impulsos obtenidos en nuestro rostro, labios y lengua hacia el cerebro. Una vez que se ha producido esto, una cascada de químicos se produce y libera —como respuesta— en todo nuestro cuerpo. Es por estos productos que nos sentimos como nos sentimos al besar.

Hay muchos otros elementos que poseen roles importantes al besar, desde factores psicológicos que influyen en nuestra manera de percibir un beso, hasta la química de la atracción por la otra persona, haciendo que cada uno sea indiscutiblemente único.

Quizá resulte aterrador pensar en el intercambio de seres diminutos que van y vienen en un beso, aunque todo esto sea benéfico. Si lo vemos desde otro enfoque, besar no es nada trivial pero es necesario. No importa el motivo por el que beses, te aseguro que tus músculos, tu corazón y la sensación de dejar la tierra cuando besas será muy gratificante. Visitar un callejón del beso ya nunca será igual.

 

Osiris Gaona
Académica. Divulgadora de la Ciencia. Instituto de Ecología-Unidad Mérida.

Paulina Marruenda
Estudiante. Instituto de Ecología-Unidad Mérida.


1 Wlodarski, R., y Dunbar, R. I., “Examining the possible functions of kissing in romantic relationships”,Archives of Sexual Behavior, 42(8), 2013, pp. 1415–1423.

2 Hendrie, C. A., y Brewer, G., “Kissing as an evolutionary adaptation to protect against human cytomegalovirus-like teratogenesis”, Medical Hypotheses, 74(2), 2010, pp. 222–224.

3 National Geographic en Español. (3 de Febrero de 2017). ¿Cuántos músculos se usan en un beso?  de National Geographic.

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Publicado en: Repensar el discurso

Un comentario en “Los seres vivos que habitan en un beso

  1. ¡Fascinante! Este artículo muestra cómo incluso en un acto tan cotidiano como un beso, existe una interacción microscópica llena de vida. Es un recordatorio de que los microorganismos forman parte esencial de nuestro equilibrio y salud.

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