En el hogar Thunberg, una voz en casa pronto exigiría atención mundial. Era la voz de Greta, una voz que nacería del amor y la preocupación, destinada a entonar la urgencia de un mundo en crisis. Desde pequeña, Greta ha sentido el mundo de una forma diferente y ha querido hacerlo mejor. Greta es la voz de nuestro descontento y nuestras ganas de luchar. A través de su dolor, ha encontrado la forma de ver más allá, de abrir los ojos a nuevas realidades. Su lucha silenciosa, su fuerza tranquila y su frustración han sido clave para entender mejor la vida.

Malena Ernman
Greta Thunberg tenía en casa un gran modelo al que tal vez, en el fondo, no ansiaba seguir, pero que estaba allí con una presencia poderosa. El ascenso repentino, insólito, de su hija a la escena pública mundial hizo desaparecer a Malena del gran escenario, en donde por sí misma tenía ya un nombre. Hasta antes de esta fama alcanzada por su hija, ella era la celebridad de su familia, reconocida ya en parte de Europa.
Malena es por demás admirable, mujer versátil, encantadora, lo mismo destacaba como una extraordinaria cantante de ópera, que deleitaba a su público como cantante de blues. Era, es, una persona de compromisos, de solidaridad, defensora de todas las causas justas; luchaba lo mismo contra el racismo que contra toda forma de discriminación, a favor de las luchas de la comunidad LGBT, decidida combatiente contra el cambio climático, novelista, entre otras virtudes. Cuando sonríe, parece abrirle las puertas al cielo; cuando está seria, muestra una introspectiva mirada, con la que parece sorprendida por lo que sus ojos miran del mundo. Fue una mezzosoprano que ha cantado en algunos de los teatros de ópera más famosos de Europa.
Su compromiso para contribuir a la lucha contra el cambio climático es tan verdadero que prefirió truncar su carrera internacional en 2016, cuando decidió dejar de viajar en avión para bajar las emisiones de carbono. Ese mismo año fue nombrada la heterosexual del año por la Revista gay QX. En el 2018 publicó una novela que escribió con su marido.
Momentos de decisión
Malena Ernman, nacida en Upsala en 1970, al saber que estaba embarazada, decidió llamar por teléfono a su marido, el actor sueco Svante Thumberg, para tomar una decisión que para ellos resultaba crucial: uno de los dos tenía que ocuparse de las tareas domésticas y de los hijos, mientras que el otro debería asumirse como el proveedor principal mediante un trabajo remunerado. Para Svante la decisión fue más lógica que simple. Le dijo a Malena algo así como: tú eres una mujer con un gran talento, con mucho futuro y con mejores ingresos; en cambio yo, no paso de ser un actor de tercera, de tal manera que la ama de casa seré yo.
Otro momento importante en la vida de la pareja ocurrió una afligida noche de 2014, cuando Greta tenía once años: el fin del mundo parecía acercarse para la familia. Después de poner a dormir a las niñas (Greta y Beata), Malena y Svante se sentaron en el piso del baño a platicar sobre lo que estaba ocurriendo. Greta había entrado en un periodo de oscuridad, de pérdida de interés por las cosas del mundo, de su mundo. Lloraba desconsolada e incontenible, en casa, en el camino a la escuela y en la escuela. Dejó de comer, de hablar, de sonreír, de tocar el piano. Nada la consolaba, nada le interesaba y la falta de apetito, así como la alarmante pérdida de peso, era lo que más angustiaba a sus padres. Recurrieron a todos los métodos tradicionales para devolverle el interés por vivir y, sobre todo, por la comida, que para ellos era lo más importante, porque ponía en verdadero riesgo su vida. Recurrieron a diversas estrategias y remedios, y Greta no mejoraba.
Un día, en una consulta médica, le hicieron saber a ella y a sus padres que, si no mejoraba y si no recuperaba el apetito, la hospitalizarían para alimentarla con tubos y otros artificios. Después de escuchar en silencio, Greta dijo: “Quiero empezar a comer de nuevo”, lo que puso a llorar a sus padres de alegría. Greta fue diagnosticada con el síndrome de asperger, considerado como una especie de “autismo de alto funcionamiento”.
La conciencia ambiental y la lucha climática
Un día, según cuenta Malena, su hija vio una película sobre basura y plásticos y sus efectos en el medioambiente. Quedó muy impresionada. Esto significó una especie de despertar en su mirada del mundo, haciéndola después percibir con una mirada esclarecedora las causas de la crisis climática y de los fallidos intentos por corregirla.
En agosto de 2018, cuando tenía 15 años, Greta se convirtió en una figura pública, al iniciar en su escuela una huelga para protestar contra lo que consideraba vanos, falsos e insuficientes esfuerzos de la comunidad internacional para detener el calentamiento del planeta. En poco tiempo cuatro millones de personas en distintos países siguieron su ejemplo, sorprendiendo a un mundo acostumbrado a negarle la voz y autoridad para hablar a los niños y a muchos seres marginados, excluidos, suprimidos por el poder en su derecho a hablar, expresarse con autoridad y, sobre todo, a decir su verdad, ya fuera por representar cualquier amenaza para el orden social, por padecer de alguna discapacidad o por cualquier otra razón.
Greta tiene una gran claridad para exigir lo justo, para indignarse ante la indiferencia, para no ceder ante aquellos que ostentan el poder. No ha tenido miedo a reprocharle a líderes mundiales. Con la mirada fija en aquellos ante la Asamblea de las Naciones Unidas, Greta traspasó la cortesía diplomática, eligió la autenticidad cruda sobre el decoro habitual y, rehusando adornar su mensaje con la diplomacia que suele maquillar la situación de urgencia climática que vivimos, pronunció:
La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos al inicio de una extinción masiva, y todo lo que ustedes pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven? Me han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías.
Desde aquellos primeros días de protesta frente al parlamento sueco, Greta Thunberg ha extendido su lucha por el clima a numerosos frentes. No sólo ha continuado alzando su voz en las calles con otros jóvenes activistas, sino que también ha llevado su mensaje directamente a los oídos de los líderes mundiales en cumbres y conferencias internacionales, y ha participado en proyectos editoriales que buscan educar e inspirar a la acción.
Greta le hacía falta al mundo
Greta nos muestra las posibilidades y la potencia desde la juventud. Ante su penetrante y sensible mirada, todo lo relacionado con la amenaza climática aparece con una claridad sorprendente. Ella lo declara así. Mirar desde su niñez y juventud la hicieron entender las verdaderas causas de la crisis climática.
Greta se ha convertido en una gran fuerza moral que anima la lucha contra la crisis climática, un símbolo del poder de la mirada penetrante, incisiva, crítica de la otredad negada y degradada. Ha venido al mundo cuando más falta hacía, para denunciar la falsedad, la gran mentira del mundo moderno, sus falsos valores, sus promesas fallidas y la hipocresía de quienes dirigen los destinos del mundo. Es como la conciencia de lo no humano y de lo humano que, a través de ella, alzan la voz contra tanta miseria, alentando la idea de que un mundo mejor es posible.
Ana Valentina Flores
Consultora y divulgadora del conocimiento ambiental