Donald Trump, un tigre de papel

El presidente electo Donald Trump aparece hoy día en la escena pública mundial, para su satisfacción, como el gran satán universal. Parece encarnar en su persona todos los males del mundo, responsable de la mala marcha de las negociaciones climáticas, de la economía, de la política mundial, de las futuras catástrofes y de los peores atropellos del presente y del porvenir, lo mismo a personas que a naciones enteras. No sólo es odiado por los pobres del sur y por muchos de los del norte global, sino también por algunos de los privilegiados de ambos mundos.

Trump representa la cara brutal, descarnada, sin grandes maquillajes del orden económico y político bajo la égida del capital y de la mercancía. Aunque sea la figura pública más reconocida a escala mundial de este orden, no es el único, y ni siquiera el más importante. Muchos de los que comandan los destinos del mundo operan en las sombras, en las zonas barbáricas del orden moderno. Trump, operando en el lado más visible del sistema, es sólo hoy el más conspicuo representante de esas fuerzas que, además, no creen ya en la efectividad de las narrativas ilustradas (democracia, igualdad, libertad, fraternidad, derechos universales), con las que el sistema moderno se legitimó y gobernó.

Trump es la expresión del Yo en la sombra, la revelación del lado oculto, el ser verdadero, vergonzoso, patriarcal y barbárico del orden mundial vigente. No es Trump en sí mismo el causante de los males del mundo; de alguna manera él opera como un distractor, alguien que pretende confundir y desorientar los esfuerzos por lograr un mundo mejor, atribuyéndosele a una sola persona lo que es propio de la naturaleza del sistema. En la economía y la política mundial, es el equivalente al papel protagónico que se le ha asignado al carbono en la lucha contra el cambio climático, apareciendo ante algunos como la salida fácil y la solución mágica para resolver la crisis y los problemas del mundo.Pareciera insinuarse: quiten a Trump de la escena política y eliminen el carbono de la atmósfera y el mundo alcanzará la paz, la armonía, la justicia, la fraternidad y, de paso, desaparecerán las ondas de calor, las inundaciones, los huracanes, las sequías, las hambrunas, el incendio planetario…

Ilustración: Alberto Caudillo

Un tigre de papel

En los hechos Trump es una especie de tigre de papel. Puede provocar un profundo daño. No obstante, hay muchas cosas contra las que no puede, aunque quiera, y otras de las que quisiera ser el autor, pero no lo es. No puede, por ejemplo, ir contra la economía y el mercado. Sus amenazas arancelarias, su política migratoria, su oposición a las energías renovables, el rechazo que expresó inicialmente a los autos eléctricos, su apoyo a la industria del carbón, entre otras, puede llevarlas a cabo, pero bajo ciertas condiciones, límites y obstáculos, algunos severos o imposibles de superar. Puede hacer lo que quiera, hasta el punto en el que sus acciones no dañen a la economía americana y su capacidad de competir con sus rivales asiáticos y europeos, así como tampoco a los grandes consorcios que rigen la economía mundial y de los cuales no es sino un administrador en situación de emergencia.

No es Trump, son los administradores del orden capitalista moderno

Las amenazas de Trump en materia de política climática, expresadas en su intención no sólo de retirar de nuevo a Estados Unidos del Acuerdo de París, sino también de la Convención Marco para el Cambio Climático de 1992 (uno de cuyos instrumentos son las COPs), constituyen un grave riesgo para los propósitos de abatir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, es importante destacar que el fracaso de la política climática mundial y la incapacidad de los grandes tratados para abatir las emisiones de gases de efecto invernadero y para detener el aumento tendencial del calentamiento planetario, como son los casos del protocolo de Kioto y del Acuerdo de París, así como de todas las cumbres climáticas (COPs), no tiene nada que ver con Donald Trump. Tiene que ver con la inoperancia de las políticas y las instituciones internacionales para atacar y modificar los factores de fondo que provocan el cambio climático, los cuales son consustanciales a la fábrica de la economía industrial mundial de la mercancía y el capital. La agenda ambiental internacional, y la climática en particular, la deciden los mismos agentes de la modernidad industrial que provocan la degradación planetaria y que someten a los creadores y fuentes de la riqueza social. Después de la firma del Protocolo de Kioto y del Acuerdo de París, las emisiones no sólo no disminuyeron, sino que aumentaron.

Los hermanos Nobel, primeros magnates petroleros de Azerbaiyán

Lo mismo que Trump en la economía, la cumbre de Azerbaiyán representó la verdadera cara, al desnudo, de la esencia y de los factores que explican el fracaso de las cumbres y de los acuerdos.

Azerbaiyán tiene pedigrí petrolero. Es considerado el primer país donde empezó la producción industrial de petróleo en el mundo en 1846. A fines del siglo XIX era el primer productor mundial de petróleo. La principal compañía petrolera era la Branobel Oil, propiedad de los hermanos Nobel, entre los que se encontraba Alfred, el llamado mercader de la muerte, inventor de la dinamita y creador de la fundación Nobel, la cual se financió en gran medida por las ganancias petroleras.

Es un país cuyo presupuesto depende en 90 % de las exportaciones de petróleo, que su presidente considera un regalo de dios, particularmente para su familia, que se ha enriquecido con el petróleo. Desde las instalaciones del Auditorio Olímpico de Bakú, la capital del país y sede de la COP 29, puede mirarse el cielo iluminado por las flamas de la refinería, y en los alrededores de la ciudad abundan los pozos petroleros en su incesante extracción del preciado líquido.

Los grandes consorcios deciden la política climática

El número de representantes que tienen en la cumbre, así como el trato especial que han recibido por parte del país anfitrión de la COP 29 los directivos y cabilderos de los consorcios petroleros, de las grandes empresas agropecuarias y de los promotores de la tecnología para la captura y almacenamiento de carbono ha sido inigualable. Los anfitriones de la COP 29 los recibieron como si fueran verdaderos héroes. Por el contrario, la cantidad de representantes de algunos de los países más pobres y vulnerables ante los efectos del calentamiento es escaso y no reciben los tratos especiales otorgados a quienes representan a los consorcios responsables de las grandes emisiones de carbono. Los papeles de víctimas y victimarios parecen invertidos.

En Azerbaiyán, lo mismo que en las últimas cumbres climáticas (que han tenido lugar en tres estados petroleros), son los países y consorcios de los combustibles fósiles quienes han impuesto la agenda y han decidido sobre los acuerdos alcanzados. Aun cuando en la COP 28 de Dubái del año pasado se incluyó la resolución para propiciar un alejamiento (transition away) de los combustibles fósiles, evitando así hablar de su eliminación (phase out), el fraseo quedó en la absoluta ambigüedad, sin metas, sin plazos, sin obligación alguna para cumplir. Las verdaderas políticas defendidas y promovidas por la industria del petróleo son los mercados de carbono, su captura y almacenamiento, el financiamiento para ayudar a los países pobres a disminuir emisiones y adaptarse al cambio climático: nada que tenga que ver con una política efectiva para lograr la reducción sustancial y eventual eliminación de los combustibles fósiles. La cumbre de Azerbaiyán se concentró en el tema del financiamiento. Los expertos destacaron que, en el estado actual del clima planetario y de sus consecuencias sobre la gente y los ecosistemas, tendría que hablarse de una ayuda financiera, no de millones, sino de billones de dólares anuales a partir de 2030, requiriéndose al menos de algo más de un billón anual para empezar a atacar el problema. Todos saben que los 300 000 millones de dólares ofrecidos por los países ricos a los pobres en el acuerdo final de la COP 29 será letra muerta en los hechos.

Trump, un pretexto para la inacción

Trump es, hoy día, lo mismo que en el pasado, el mejor pretexto con el que cuenta la comunidad internacional y la mayor parte de los países responsables para no hacer nada, o para continuar con sus políticas cosméticas, que proponen cambios para que todo siga igual. Aparte de Estados Unidos (responsable de alrededor de 13 % de las emisiones globales), el resto del mundo produce más del 80 % de las emisiones de carbono, de tal manera que lo que hagan o dejen de hacer es decisivo para lograr los objetivos planteados en el Acuerdo de París.

Habría que tener claro que todo lo que se ha negociado en la política climática mundial desde 1992, no ha servido para detener el calentamiento planetario, ni para remediar algunas de sus consecuencias más destructivas y visibles. Más bien ha operado para darle nueva vida al sistema moderno capitalista industrial, soslayando cualquier política ambiental que pudiera ser efectiva, pero que amenace con destruir el orden de privilegios y beneficios que obtienen unos cuantos.

El de Azerbaiyán, un acuerdo para cumplirle a Donald Trump

En la madrugada del domingo 24 de noviembre los países del norte global, los llamados países ricos, con el apoyo del país anfitrión, impusieron a los países del sur global, de una manera arbitraria pocas veces vista, un acuerdo completamente favorable a los intereses de la industria petrolera y de la economía del mundo desarrollado. El objetivo central de la COP 29 en Azerbaiyán, que era lograr un acuerdo financiero para ayudar a los países pobres para reducir emisiones y para enfrentar los daños provocados por el cambio climático, quedó lejos de ser cumplido.

Toda la cumbre climática estuvo marcada por el fantasma de Donald Trump. Sin estar presente, su presencia en la mente y las acciones de los negociadores fue decisiva para el acuerdo financiero impuesto por los países ricos al resto del mundo. Trump y lo que él representa, su poder real y el que la mercadotecnia política le ha construido y magnificado con propósitos de ejercer el dominio mediante el terror, sirvió a los países dominantes del norte global para ablandar a los renuentes países vulnerables y a los más pobres a aceptar las miserias. Además, la presidencia de la COP29 rechazó, con soberbia y desdén, la propuesta de retomar el compromiso de la COP 28 para “avanzar hacia la transición para abandonar los combustibles fósiles”. La amenaza subyacente, no explícita, de los países ricos parecía ser:“Acepten esta oferta que hoy les hacemos, o no la acepten y se enfrentarán el próximo año a la cancelación de la ayuda financiera de la administración Trump”.

Todo mundo percibía esta amenaza que flotaba en el ambiente de Bakú durante todas las negociaciones, fue el as bajo la manga, el arma movilizada subliminalmente por los negociadores ricos para doblegar a los países pobres. Estos, con la certeza de esa amenaza, aceptaron un acuerdo humillante, que epitoma las verdaderas relaciones de poder que rigen el mundo. El dinero ofrecido es más virtual que real, como los críticos señalan, será una reetiquetación de la ayuda financiera que ya reciben algunos países, o serán préstamos que habrá que pagar.

Nadie tiene por qué sorprenderse de estos acuerdos de una COP llevada a cabo en un estado petrolero, cuyo presidente es un beneficiario directo de los combustibles fósiles, aliado e incondicional de la industria petrolera mundial y de sus clientes en Europa y otras partes del mundo. Trump, sin duda, resulta completamente funcional como administrador emergente en tiempos no sólo de crisis climática, sino también de crisis de legitimidad, de agotamiento de los sistemas de dominación derivados de la modernidad ilustrada.

 

José Luis Lezama
Programa de Estudios Interdisciplinarios, El Colegio de México


2 comentarios en “Donald Trump, un tigre de papel

  1. La energía es la capacidad de realizar un trabajo. Sin ella, no hay trasporte, ni agricultura mecanizada, ni industria, ni químicos, ni computadoras o sistemas de datos. Los países que exportan petróleo están exportando crecimiento económico, y a los demás países les conviene que los países exportadores no tengan economías desarrolladas pues entonces no dejarían suficiente petróleo para exportar. Si queremos reducir la emisión de CO2 debemos reducir el consumo de energía fósil, pero las solas medidas de ahorro o las basadas en el mercado no bastarán pues el mercado reaccionará bajando el precio ante una menor demanda, y entonces o se desperdicia lo que es barato o alguien aprovechará para consumir más energía fósil y aumentar sus ganancias; el efecto neto es que el consumo o disminuye e incluso puede aumentar; a este fenómeno se le llama la Paradoja de Jevons.

    Pero de cualquier modo el petróleo es un recurso no renovable y se está agotando, A principios del siglo XX con la energía de un barril de petróleo se extraían 100 barriles; actualmente el promedio es de 10 barriles. Los costos de extracción van subiendo poco a poco; en Arabia saudita están entre 5 y diez dólares por barril; en México es de 25 dólares; en los petróleo extrapesados y en aguas profundas es de 40 a 50 dólares (para extraer el petróleo pesado debe mezclarse con petróleo ligero para diluirlo y poder extraerlo); en el mar del Norte, en Noruega, creo que están arriba de 50 dólares (el Reino Unido ya agotó sus yacimientos, pero está recibiendo el petróleo «verde» de Guyana que comparte con Holanda); el fracking en EEUU tiene costos de 60 a 70 dólares por barril (sin considerar los costos de tapar los pozos o evitar las fugas de metano, gas natural) . Si el precio de venta del petróleo es muy alto, la economía entra en recesión, lo que tiende a bajar los precios de venta al diminuir la demanda; el caso es que el margen entre los costos de extracción y el precio de venta máximo posible que no provoque recesión en la economía está disminuyendo.

    Ninguna refinería es rentable, pero se sostiene con subsidios pues ningún país de la OCDE quiere depender de los refinados de otro países; sólo observemos lo que ocurre en Cuba o en Bolivia al no poder importar gasolina o diesel; Cuba tiene yacimientos de petróleo pero no los puede explotar, ojalá puedan hacerlo antes de que el efecto popote los agote. En cuanto a capacidad de refinación, México está entre los últimos de la lista de la OCDE, y países sin producción petrolera propia como Japón tienen refinerías.

    Entonces lo que se requiere es que los gobiernos del mundo se pongan de acuerdo en un plan de decrecimiento.

  2. Paul Krugman en su artículo del NYT » Why the Burst Shale Bubble Is Now Helping Putin» aborda los problemas de financiamiento de la industria del fracking en EEUU. Cientos de miles de millones de dólares se han perdido en las quiebras, y el sector sólo es rentable si descubre nuevos yacimientos o eliminan las normas ecológicas (Por eso Trump quiere eliminar la EPA y permitir que perforen en parques nacionales). El fracking produce petróleo ligero y metano; las refinerías de EEUU no pueden refinar ese tipo de petróleo (están diseñadas para el petróleo mexicano y venezolano) , que además es menos versátil que el petróleo convencional. Así que lo exportan a México (se mezcla con la producción nacional para mejorar su calidad), Venezuela (se requiera para diluir los yacimientos de petróleo extrapesado) y Asia (algunas refinerías asíaticas están diseñadas para procesar ese tipo de petróleo).

    Así que es indispensable el desarrollo de las energías renovables. Pero hay limitaciones; la cantidad total de irradiación solar es fija (con ligeras variaciones) así que debemos olvidarnos de una economía en constante crecimiento. Además debe tomarse en cuenta la tasa de retorno energético, es decir cuanta energía debe gastarse para obtener la energía que queremos; para el biodiesel dicha tasa es casi unitaria, por lo que no es conveniente usarlo, además de que usa tierras de cultivo necesarias para la alimentación humana y su combustión genera CO2.

    La hidroeléctrica es vulnerable al cambio climático, como se ve en Colombia y Ecuador en estos momentos. si se instalan muchos generadores eólicos juntos se interfieren entre si y generan menos energía de la esperada. La eólica y solar son intermitentes y requieren de sistemas de almacenamiento (aún por desarrollar) o de plantas auxiliares que las respalden. Se requiere aumentar la minería de tierras raras, cobalto, litio, sodio y cobre, lo que también genera impactos ambientales. Además de los usos energéticos, el petróleo tiene muchos derivados útiles; sólo imaginemos un auto eléctrico sin plásticos. La extracción de uranio parece que llegó a su tope, (además de que el mercado de uranio refinado lo domina Rusia).

    También es necesario fomentar el reciclaje, pero los sistemas renovables actuales no están diseñados para reciclarse. Los sistemas electrónicos desechados podrían ser una fuente de materiales críticos, pero la densidad de minerales es aún menor que en la naturaleza, lo que hace caro su reciclaje, y con un alto costo energético, lo que disminuye la tasa de retorno energético. Hay mucho trabajo por hacer.

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