Thomas Edward Lovejoy: paladín de la ecología y la conservación biológica

En el mes de junio de 1965, cuando un joven estudiante de la Universidad de Yale, Thomas Edward Lovejoy, visitó Brasil por primera vez, la región amazónica que alberga el continuo de selva tropical lluviosa más extenso del hemisferio occidental, y muy probablemente del mundo entero. La exuberancia de la Selva Amazónica de Brasil plantó en él la semilla de una fascinación por conocerla a fondo a través de la lente de la ecología. Esa semilla encontró suelo fértil en el trabajo doctoral del joven Lovejoy, quien volvió a esa región para vivir, estudiar y tratar de desenmarañar, durante dos años, algunos de los misterios de la ecología de las aves de esas selvas. Ese esfuerzo —y a la vez divertimento— lo llevaron a concluir su doctorado en Biología en 1971.

Las respuestas a algunas de las interrogantes de la ornitología amazónica que logró sacar a la luz han quedado plasmadas en publicaciones torales que describen la diversidad y abundancia de la avifauna en comunidades de Amazonía. Por otra parte, la producción científica de esos tiempos permite ver que Lovejoy ya barruntaba que la integridad espacial de esas extensas selvas observadas en 1965 se podría fracturar, en particular por el desarrollo carretero en la región. Así, en 1973 planteó la pregunta siguiente: ¿la construcción de la Carretera Transamazónica representa la degradación biológica de la zona?1 Al mismo tiempo, empezó a exponer esas preocupaciones en un contexto más amplio, por ejemplo, en su análisis sobre “empobrecimiento biológico” resultante de la degradación ecosistémica.

A la sazón, el advenimiento de la tecnología de percepción remota basada en imágenes satelitales catapultó nuestra capacidad de observar la dinámica espacio-temporal de los paisajes naturales a una escala amplia y con cada vez mejor resolución. Dichas observaciones vívidamente apuntalaron la preocupación de los ecólogos —como Lovejoy— referente al enorme pulso de deforestación y fragmentación a los que estaban siendo sometidos los extensos bosques y selvas, particularmente aquellos de las zonas tropicales del mundo —como la Amazonía en Brasil.

Por otra parte, la enorme influencia intelectual que ya ejercía la Teoría de la Biogeografía de Islas, sugería la posibilidad de su aplicación para el diseño de reservas biológicas. Específicamente, la proliferación de la fragmentación tropical planteaba la interrogante: ¿qué diferencia supone el tener una reserva grande en comparación con múltiples reservas pequeñas que suman la misma área que la grande? Esa pregunta estimuló al Dr. Lovejoy a desarrollar lo que muchos consideramos su contribución científica más profunda: estableció en 1979 un sistema experimental para investigar los parámetros espaciales que determinan el “Tamaño Mínimo Crítico de los Ecosistemas” —una agenda científica que después tomó el nombre de Proyecto de Dinámica Biológica de Fragmentos Forestales (PDBFF).

En un despliegue de gran capacidad organizativa, siendo director de Programas de la World Wide Fund for Nature (WWF), Lovejoy regresó a Brasil y generó una alianza entre tal fundación, el Instituto de Investigaciones de Amazonía (INPA), y una serie de rancheros propietarios de terrenos ubicados al Norte de la Ciudad de Manaus. Fue esa una oportuna alianza conducente al establecimiento de una serie de “reservas” de 1, 10 y 100 hectáreas de selva rodeada de potreros de ganadería, con repeticiones, así como parcelas contraparte de esas dimensiones, inmersas en terrenos de selva continua (parcelas testigo). Ese experimento, el más grande en dimensiones espaciales y de mayor duración, ha sido un verdadero semillero para el desarrollo de centenas de investigaciones llevadas a cabo por miles de investigadores y estudiantes de una muy amplia gama de intereses y especialidades biológicas. Sin duda, PDBFF pasó a ser un singular parteaguas para el avance de nuestra comprensión del impacto de uno de los cambios ambientales globales que más agobian la diversidad biológica: el cambio de uso de la tierra.

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

El énfasis inicial de la investigación en el PDBFF fue la diversidad y composición de especies de múltiples grupos de organismos, así como la dinámica de cambios bióticos y abióticos relacionados al efecto del borde de las reservas. Tal énfasis ha sido abordado por investigadores de muchos países, incluyendo algunos de México. Otros investigadores se han abocado al estudio de procesos ecológicos a la luz de la fragmentación. Algunos estudiantes de mi grupo y yo hemos aprovechado tal plataforma para adelantar, experimentalmente, investigaciones de procesos ecológicos, como la interacción planta-herbívoro. Otro aspecto de PDBFF que descuella es que además de servir como un laboratorio natural para la investigación, ha sido un excelente “salón de clases” de ecología y conservación para decenas de estudiantes (incluyendo de México), cuya formación ha sido potenciada por esta invaluable estructura educativa.

Hasta ahora, he enfocado mi narrativa en el papel de Lovejoy en el ámbito de la investigación sobre la fragmentación y sus impactos biológicos en la selva amazónica de Brasil, así como su visión para establecer una plataforma experimental para el beneficio de la comunidad global. Esto se debe en parte al hecho de que es lo que conozco más de cerca debido al enorme privilegio de haber trabajado en el campo con él. Sin embargo, sería ocioso no mencionar su enorme contribución para llamar la atención al impacto del cambio climático y la erosión de la biodiversidad y la sinergia entre ambos, así como el significado de esa sinergia sobre la biosfera y el bienestar humano.

También sería impertinente no mencionar, aunque sea brevemente, la enorme labor del Dr. Lovejoy en el campo de la gestión y servicio en numerosas iniciativas que han dejado una enorme huella en el avance de programas dirigidos a la conservación global. Algunos ejemplos incluyen: el generar la iniciativa de cambio de deuda financiera por compromiso a la conservación de la naturaleza, y funciones directivas y de asesoría en instituciones como el Instituto Smithsonian, el Banco Mundial, la Fundación de las Naciones Unidas, el Departamento del Interior de los Estados Unidos, y la WWF. También, ha sido miembro del cuerpo directivo del Museo Americano de Historia Natural, la National Geographic Society, y el Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas (en el cual tuve el honor de coincidir con él por varios años), entre otros muchos.

Lógicamente, su labor científica, de gestión y servicio ha sido reconocida con los galardones más prominentes a nivel internacional, en los Estados Unidos y en Brasil. Asimismo, su incansable búsqueda por promover la fascinación del mundo natural, y la urgencia de conservarlo, lo llevaron a asesorar la generación de la multi-premiada serie televisiva “Nature”—una verdadera joya de la programación de la televisión educativa pública de los Estados Unidos. En un tenor de ideas similar, es ampliamente difundido que Lovejoy acuñó el término “diversidad biológica”. Al respecto, Lovejoy ha mencionado que en las discusiones de un comité en el que participaban él, Ed Wilson y Elliot Norse, tal término indudablemente debió haber salido a colación, pero nunca tuvo una intención explícita de acuñar tal concepto. Pero menciona que años después, en una conferencia que dió Norse, este mencionó que fue Lovejoy el que primero usó tal concepto.

Más allá de exponer la enorme contribución ecológica y el legado intelectual de Lovejoy a la disciplina focal de la comunidad que alberga la Sociedad Científica Mexicana de Ecología, es menester mencionar que también ha tenido una relación intelectual y de gestión, así como una influencia directa en nuestra comunidad. Por ejemplo, participó en el Segundo Congreso Iberoamericano de Ornitología llevado a cabo en Xalapa, en el cual recibió el Premio al Mérito Científico que otorga la Neotropical Ornithological Association. Por otra parte, en los eventos que se llevaron a cabo en México en 1992, dirigidos a exponer a la sociedad y al liderazgo nacional de esa época el tema de la conservación de la biodiversidad y los retos que supone su conservación, Lovejoy participó activamente y contribuyó a la génesis de lo que ahora es nuestra joya institucional en el ámbito de la biodiversidad —la Conabio. En su contribución para ese evento compartió los mensajes centrales de su experiencia: los desafíos que supone la fragmentación de los ecosistemas para el mantenimiento de la biodiversidad y los servicios ambientales que de ello se derivan, así como la importancia de examinar las sinergias entre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Finalmente, me atrevo a mencionar que he tenido el enorme privilegio de conocer de cerca a ese paladín de la ecología y la conservación biológica. Para mi fortuna las oportunidades han sido múltiples, incluyendo nuestra coincidencia en los eventos de génesis de Conabio; las evaluaciones de campo sobre el impacto del PDBFF detonado por él; y nuestra coincidencia en cuerpos directivos de organizaciones científicas. Por una parte, esas situaciones me han generado un beneficio intelectual invaluable y por otra, me han permitido el gozo de conocer de cerca a una persona siempre dispuesta a compartir su sapiencia y perspectiva, así como a escuchar y proveer consejo. En total coincidencia con la opinión de muchas de las personas que lo han conocido, puedo decir que el Dr. Lovejoy personifica espléndidamente al científico dotado de la bonhomía y solidaridad que tanto necesitamos para aspirar a un mundo mejor para el planeta y la humanidad.

Muy lamentablemente, a consecuencia de una implacable enfermedad, el Dr. Lovejoy ha fallecido el 25 de diciembre de 2021 —en una fecha en la que se aspira y celebra el amor al prójimo (Love) y la alegría (Joy). Además de ser un paladín de la ciencia, Tom ha sido el emblema ideal de su nombre: Love & Joy. Por todo lo que ha hecho, la comunidad ecológica de México lo admira, le guarda gratitud, y lo echará de menos.

 

Rodolfo Dirzo
Universidad de Stanford

Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología

Referencias

Lovejoy, T. E. “Bird diversity and abundance in Amazon forest communities”, Living Bird 13, 1975, pp. 127-191.

Lovejoy, T. E. “The Transamazonica: Highway to extinction?” Frontiers 37(3), 1973, pp. 18-23.

Lovejoy, T. E.“Biotic impoverishment” Earthcare Journal, National Audubon Society and Sierra Club, New York, 1975, pp. 113-116.

Macarthur, R., y Wilson, E. O. The Theory of Island Biogeography, Princeton University Press, 1967.

Lovejoy, T. E., y Bierregaard, R. O. “Central Amazonian forests and the Minimum Critical Size of Ecosystems Project”, en A. Gentry, ed. Four Neotropical Rainforests, Yale University Press, New Haven, CT, 1990, pp. 60-74.

Bierregaard, R. O., y otros. “The Biological Dynamics of Tropical Rainforest Fragments”, BioScience 42, 199, pp. 859-866.

Benítez-Malvido, J., y Martinez-Ramos, M. “Impact of forest fragmentation on understory plant species richness in Amazonia”, Conservation Biology 17, 2003, pp. 389–400.

Fáveri, S.B., y otros. “Effects of Amazonian forest fragmentation on the interaction between plants, insect herbivores, and their natural enemies”, J. Trop. Ecol. 24, 2008, pp. 57–64.

Hannah L., y T. E. Lovejoy. Climate Change and Biodiversity: Synergistic Impacts, Advances in Applied Biodiversity Science 4, 2003, 123 pp.

Lovejoy, Thomas E., y Lee Hannah, eds. Biodiversity and Climate Change: Transforming the Biosphere. Yale University Press,New Haven, 2019.

Lovejoy, T. E. Biological diversity in fragmented landscapes, pp. 75-79. En Sarukhán, J, y Dirzo, R., eds. México ante los retos de la biodiversidad, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. Presidencia de la República, México, 1992. 


1 Lovejoy, T. E. “The Transamazonica: Highway to extinction?”, Frontiers 37(3), 1973, pp. 18-23.

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Publicado en: Hallazgos