De acuerdo a los expertos, el número de especies que existen actualmente en la Tierra es de tres a cinco millones, aunque sólo 1.5 millones han sido identificadas y se les ha asignado un nombre científico. El conocimiento sobre diferentes aspectos de la biodiversidad global sigue incrementándose en el siglo XXI, sobre todo por la identificación de nuevas especies, especialmente en lugares que por sus condiciones extremas han sido poco exploradas, como las profundidades abisales, algunas zonas tropicales o las aguas bajo los hielos polares. Sin embargo, a pesar de que seguimos encontrando nuevas especies, la tasa de extinción o pérdida de éstas es más alta que las tasas normales de extinción natural a lo largo de la historia de la vida en la Tierra. De los cuatro billones de especies que se ha estimado evolucionaron en la Tierra en los últimos 3.5 billones de años, 99 % se ha extinguido, lo que revela que la extinción de especies es común, pero normalmente se equilibra con la evolución de nuevas especies. A lo largo de la historia de la vida en la Tierra, se han registrado cinco eventos de “extinción masiva” de especies que ocurrieron en los periodos geológicos del Ordovícico, Devónico, Pérmico, Triásico y Cretácico. Cada uno de estos cinco eventos de extinción masiva tuvo una duración de 160 000 a 29 millones de años en promedio y en cada evento ocurrió la extinción del 75 % del total de las especies existentes. Ninguno de los cinco eventos de extinción masiva que ocurrieron en el pasado fue resultado de las actividades de una especie en particular. Por ejemplo, la extinción masiva más reciente ocurrió en el periodo Cretácico hace aproximadamente 65 millones de años cuando impactó en Yucatán, México, un meteorito que desencadenó un cataclismo en la Tierra y a lo largo de 2.5 millones de años ocasionó la pérdida del 40 % de los géneros y 76 % de las especies que existían en en ese periodo geológico, incluyendo a la mayoría de las especies de dinosaurios.

Mizrain Cárdenas, “Ballena arponeada”
Actualmente, se señala a los humanos (Homo sapiens) como causantes de la sexta “extinción masiva” de especies, y esto se debe principalmente a la ocupación de las áreas donde las especies habitan para convertirlas en tierras agrícolas o ganaderas, por la introducción de especies no nativas, la dispersión de patógenos, la explotación de las especies para su consumo y por el cambio global. Además, la sexta extinción masiva de especies está ocurriendo en un tiempo sustancialmente más corto que el resto de las cinco extinciones previas, debido a que inició hace a menos de 10 000 años y las estimaciones sugieren que en la actualidad el 40 de las especies de anfibios, 33 de tiburones y rayas, 29 de reptiles, 26 de los mamíferos, 14 de aves, 64 de las cícadas y 34 coníferas, entre otras, están en peligro de extinción de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
La acción humana ha ocasionado que tan sólo en los últimos cincuenta años se haya perdido una quinta parte de la capa de suelo fértil de la Tierra, casi el 90 de las grandes pesquerías comerciales, incluyendo la gran variedad de peces de agua dulce (un tercio está peligro de extinción) y muchos de nuestros bosques han sido destruidos o severamente alterados. Estos recursos naturales son cada vez más importantes porque actualmente somos casi 7000 millones de personas en el mundo. Hemos derramado millones de toneladas de pesticidas, herbicidas y otros químicos en los suelos, agua y aire sin importar qué consecuencias tienen sobre otras especies o sobre nosotros mismos. Estamos aumentando la concentración de dióxido de carbono atmosférico a niveles que no se habían alcanzado en la tierra en más de 600 000 años debido, principalmente, al incremento en el uso de combustibles fósiles, lo que está resultando en el calentamiento de la superficie terrestre y de los océanos, y en un cambio climático que amenaza cada vez más nuestra salud y la supervivencia de otras especies en la Tierra.

Mizrain Cárdenas, “Nodriza amphibia”
El descuido que los humanos hemos mostrado hacia nuestra relación entre biodiversidad y salud humana es un problema grave que se manifiesta, por ejemplo, en la pandemia de covid-19. Antes de la pandemia no lo veíamos tan claro, no comprendíamos que la pérdida de biodiversidad tiene relación directa con los riesgos de salud y que, por lo tanto, tenemos que desarrollar un sentido de urgencia para resolverlo. Por ejemplo, ya mencionamos que el 40 de especies de anfibios está en riesgo de extinción y este hecho podría no importarnos, pues no percibimos en ello algo significativo que pueda alterar nuestra vida y cotidianeidad. Es relevante recordar que los anfibios son una fuente de compuestos químicos sintetizados en su piel, que pueden servir de plantilla para la producción de fármacos en beneficio de la salud humana y que además son modelos de estudio en la investigación biomédica. En particular, se utilizan como un modelo de estudio en la investigación sobre la prevención de resistencia a los antibióticos a las bacterias, pues se ha descubierto que la piel de los anfibios alberga una gran variedad de bacterias, que les ayuda a combatir a otros patógenos. En el caso de los reptiles (el 29 de especies está en peligro), se obtuvo un componente del veneno de la especie de nauyaca Bothrops jararaca para tratar la alta presión, que ha salvado y salva millones de personas en el mundo.

Mizrain Cárdenas, “Geografía de la langosta”
Una vez que una especie se extingue es muy probable que otras se extingan con ella, pues las especies están unidas en comunidades ecológicas que forman una cadena de interrelaciones. Pero lo que es cierto es que la biodiversidad está declinando. Por ejemplo, registramos cada vez vemos menos animales silvestres en los bosques, como dice el ecólogo mexicano Rodolfo Dirzo, los bosques están enmudeciendo y el causante es el humano. La diversidad de especies es una póliza de seguro para los ecosistemas, pues amortigua el efecto de otras presiones como cambios en temperatura ambiental, enfermedades y pestes que pueden resultar en pérdida de otras especies y la alteración de ecosistemas. Por lo tanto, el funcionamiento de un ecosistema depende en gran medida de la conservación de su biodiversidad. Una pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué hacer para detener o al menos mitigar los altos niveles de extinción de la fauna silvestre?
De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) las siguientes acciones ayudarían marcadamente a la conservación de la fauna silvestre y la biodiversidad en general: 1) Reducir el consumo de energía proveniente de la combustión de combustibles fósiles usando más el transporte público. 2) Reducir la presión sobre poblaciones silvestres de especies acuáticas mediante el incremento en el consumo de productos marinos y dulceacuícolas cultivados de manera sustentable y que sean preferentemente especies herbívoras, haciendo un uso más eficiente de la energía. 3) Reducir las emisiones de carbono mediante un uso racional de la energía en el hogar, como es el reemplazo de fuentes de emisión de luz tradicional por focos ahorradores de energía. 4) Disminuir la contaminación de herbicidas, insecticidas y otros pesticidas mediante el incremento en el consumo de productos orgánicos y dejar de usar herbicidas y otros pesticidas en el jardín. 5) Conocer las posiciones ambientales de los gobernantes y apoyar a los candidatos con los mejores perfiles y las mejores plataformas políticas. 6) Compartir con todos en el hogar, la escuela y el lugar de trabajo lo que estás haciendo para conservar la biodiversidad y pedirles que se sumen.
Ireri Suazo Ortuño
Instituto de Investigaciones sobre los Recursos Naturales, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.