En este último par de años, los estados del norte de nuestro país se han enfrentado a una seria crisis hídrica. La falta crítica de agua en grandes urbes, como Monterrey, fue el foco de las noticias. Las imágenes de presas completamente secas causaron gran revuelo y aumentaron el malestar social. Lamentablemente, los pronósticos para el año venidero son igual de terribles, lo que requiere que construyamos mecanismos de alerta temprana y prevención para el agro, la industria y las ciudades. Estamos a tiempo para prepararnos para los peores escenarios, pero las acciones necesitan comenzar a tomarse desde este momento.

Nuevamente la niña
Lo que aquí argumento es producto del entendimiento de los factores que generan lluvia en nuestro país pero, como todo pronóstico climático, se basa en probabilidades. En el caso del pronóstico de sequía para 2023, la creciente probabilidad de tener pocas lluvias de invierno proviene del retorno del fenómeno de La Niña. En un artículo anterior, describí cómo este fenómeno está asociado a una disminución en las precipitaciones invernales, y que seguramente se traducirían en una sequía en la mayor parte de México durante inicios de 2022.
Un año después —y de manera casi increíble— la historia se repite. Nuevamente nos enfrentamos a un invierno de La Niña y, casi con certeza, a una nueva sequía. El último reporte del Centro de Predicción del Clima de Estados Unidos (Climate Prediction Center) nos muestra una probabilidad del 75 % de que La Niña se presente hasta febrero de 2023, y de 46 % de que permanezca hasta abril, como puede apreciarse en la siguiente figura.

Esto se traduce a una probabilidad casi similar a tener precipitaciones por debajo del promedio durante los próximos seis meses. De hecho, aunque no contamos con predicciones aún para México, en el sur de estados Unidos —que sirve como una muy buen parámetro para saber qué podría pasar en el norte de nuestro país, dado que se trata de la misma zona climática— la probabilidad de tener un invierno seco o muy seco es de más del 50 %. En resumen, contamos con muy altas probabilidades de tener nuevamente un evento de sequía a inicios de 2023.
Esto es particularmente preocupante si pensamos que el área que sigue afectada por la sequía en México y que, pese a las lluvias no ha podido recuperarse, sigue siendo de más del 30 %, particularmente centrada sobre Tamaulipas y Nuevo León.1 Asimismo, es alarmante si consideramos el golpe que significó la sequía de 2022 para el agro y la industria mexicanas, que implicó pérdidas por cerca de 100 000 millones de pesos y de la cual la mayoría de los productores aún no se han podido recuperar. Un nuevo impacto de esta magnitud podría ser desastroso social y económicamente.
Alerta temprana
Contrariamente a la opinión de algunos políticos, tenemos muy poco control sobre las lluvias. Los intentos para cosecharlas, bombardearlas o sembrarlas, son prácticamente igual de eficientes que hacer una danza de la lluvia o rezarle a Tláloc.2 Dicho en otras palabras, la sequía nos volverá a alcanzar en un par de meses y hay poco que podamos hacer al respecto.
Lo que sí podemos hacer es informar a la población para tomar medidas tempranas de prevención frente a la crisis y así evitar los peores escenarios. Los ganaderos pueden optar por reducir sus hatos a tiempo, o vender becerros a los estados del sur; los agricultores, por sembrar cultivos menos susceptibles a la falta de agua o implementar tecnologías de riego más eficientes; y la industria por implementar tecnologías de reciclaje y tratamiento. Hasta la ciudadanía, estando prevenida, puede reducir su consumo de agua en su vida cotidiana. No obstante, esto sólo sucederá si se les avisa a tiempo.
En este momento es crítica la transferencia de información y la voluntad política para hacerle frente a la crisis que se viene. Será fundamental avisar a los ganaderos, agricultores y a la industria del norte de México del problema que nuevamente se avecina. Se necesitan acciones clave en política pública, regulaciones y toma de decisiones, ahora que estamos a tiempo. El escenario contrario es nuevamente enfrentarnos a presas vacías, pérdidas multimillonarias y una creciente indignación por parte de la sociedad. De que la crisis vendrá, no hay duda… pero aún estamos a tiempo para evitar la catástrofe.
Guillermo N. Murray Tortarolo
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad
Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología
1 Esto de acuerdo a los datos del Monitor Mexicano de Sequía para el 30 de septiembre; plena época de lluvias.
2 En la revisión más reciente de experimentos para sembrar lluvia, no se encuentra que los mismos tengan ningún efecto en las lluvias totales, con efectos marginales únicamente en lugares fríos.