Aunque parecemos distintos, como diría Geoffrey Smith,1 con los pulpos somos familiarmente extraños, pero extrañamente familiares. Un mar nos divide, pero un mar nos acerca, nos une a ellos, tanto en nuestro presente desolado, como en nuestro pasado acuático de los tiempos primigenios, allí donde nace la vida. Comparten con nosotros algunas características como la capacidad de pensar, de sentirse alegres o tristes, de efectuar pensamientos abstractos. Desde sus ojos, sus sentires y sus pensamientos, el mundo se ve distinto, se siente distinto, se vive distinto. Estos compañeros nuestros que habitan este mundo con vulnerabilidad y destreza, así como lo hacemos nosotros, pronto serán cosechados en granjas, una situación de indignación y tristeza profunda que dice mucho del momento en el que estamos como humanidad y de la insensata relación que tenemos con la naturaleza.

Los pulpos, nuestros maestros
Para muchos de nosotros, el documental Mi Maestro el Pulpo nos hizo cuestionarnos nuestra relación con estos seres maravillosos. Fue un asombroso encuentro con estos animales tiernos y misteriosos. Si no la han visto, no esperen un minuto más. Esta obra hermosa es una invitación para admirar y honrar la inteligencia, sensibilidad y capacidad de conexión emocional que poseen los pulpos. Quienes vieron el documental sabrán que el cineasta Craig Foster, en su aventura buceando los bosques fríos de Kelp en Sudáfrica, conoció a un pulpo con el que estableció una relación que cambió su vida para siempre. Sintió la disolución de las fronteras entre él y el pulpo, reconociéndose como una unidad. Entre muchos hermosos momentos hay uno en donde Foster, embelesado por la curiosidad y la habilidad de su entrañable compañero marino, lo observa convertirse en un artista de la adaptación, en un virtuoso de la transformación. Con una destreza deslumbrante, su cuerpo se metamorfosea y se tiñe con los tonos y matices del entorno, fundiéndose armoniosamente con las tonalidades y texturas del océano. Esta proeza es sólo una de las muchas que están presentes en este documental que evidencian la magnificencia de este ser extraordinario.
Hace 600 millones de años, a partir de un ancestro común, los cefalópodos y nosotros, los humanos, tomamos rumbos evolutivos distintos, rutas distintas para arribar a la inteligencia y al desarrollo de una sensibilidad compleja. Nuestro contacto con los cefalópodos como seres sintientes, como señala Geofrey Smith, se debe a que la evolución construyó mentes por dos rutas paralelas. Los pulpos son invertebrados, tienen tres corazones, ocho piernas y la sangre color verde azul. Su estructura neurológica es distinta a la humana. El cerebro de los pulpos es ubicuo, no está sólo en una sola región corporal, sus brazos tienen memoria, y poseen más neuronas que su cerebro central; son amables y amigables con aquellos humanos con quienes simpatizan, pueden ser cariñosos con algunos o expresar desagrado con otros. Pueden ser tímidos o atrevidos, otros esforzados, y perseverantes, algunos son juguetones. Parecen también tener capacidad para el pensamiento abstracto, pudiendo establecer categorías de personas humanas y no humanas y darles un trato distinto de acuerdo a características que ellos distinguen.
Estas y algunas otras características los muestran como seres complejos y altamente evolucionados. No obstante, siguiendo rutas distintas, evolucionaron de una manera impresionante hasta alcanzar una gran complejidad. De manera prejuiciada y discriminatoria, la visión antropocéntrica dominante en la cultura occidental les niega sus atributos como seres no sólo inteligentes, sino capaces de experimentar placer y dolor. Hoy día sabemos que vertebrados o invertebrados, o seres minúsculos como las bacterias, las células y diversos seres anteriormente considerados de manera pasiva, muestran signos de inteligencia, de voluntad y de propósito.
Los tentáculos del capital
Poco después de haber visto este conmovedor documental, me entero que una empresa multinacional en el norte de España está llevando a cabo la primera granja comercial de pulpos. Esta granja tiene como objetivo producir hasta 3000 toneladas de carne de pulpo al año, lo que requeriría la muerte de aproximadamente 1 millón de pulpos. Estos seres inteligentes y sensibles serán criados en tanques comunales, en los cuales diez o quince pulpos compartirán pequeños espacios de un metro cúbico. La empresa detrás de este proyecto, Grupo Nueva Pescanova, afirma que ha logrado criar pulpos en cautiverio y que las condiciones en su granja experimental son adecuadas para los animales. Como era de esperarse, este proyecto que sigue en marcha ha generado protestas en todo el mundo. Estos seres solitarios que suelen esconderse bajo la arena, en los arrecifes, no son adecuados para la cría en granjas en donde estarán en espacios confinados. Aunque algunos defensores de la cría de pulpos sostienen que esto podría ayudar a aliviar la presión sobre las poblaciones silvestres, no hay suficientes pruebas de que esto sea cierto.
A los pulpos entonces les esperaría el mismo destino que a las crueles condiciones a las que están sujetos los animales en las granjas industriales de cerdos y pollos, de modo tal que los pulpos, esos seres ermitaños y sensibles, que requieren de espacio amplios, ahora estarían en condiciones de hacinamiento. La ganadería industrial, con su enfoque despiadado y desconectado de la vida, guiada sólo por la rentabilidad y la ganancia, es una afrenta y una amenaza a la integridad del mundo natural. En la ganadería industrial se lleva a cabo una explotación sin precedentes, en donde los animales se confinan a espacios pequeños, privandoles de la posibilidad de ser y actuar en el mundo de manera digna. En la búsqueda desenfrenada de producción, eficiencia y beneficio económico, los animales son reducidos a meros objetos, tratados como máquinas de producción de carne. Hacerle esto a seres conscientes y sensibles muestra nuestra insensibilidad ante los otros seres que conforman este planeta, habla de una desconexión, una incapacidad de entender el alcance que tienen estas prácticas crueles.
Estas granjas no están pensadas para satisfacer una demanda nutricional básica sin la cual se pone en riesgo la vida de los humanos. De acuerdo con la presidenta de Sea Shepherd, “Hablamos de tapas y aperitivos. Sacrificamos lo esencial para satisfacer los superfluo”. Además, ya se habla de que estos cultivos intensivos de pulpos incluyen posibles métodos crueles para matarlos y, como nunca han sido criados comercialmente, no tienen reglas que los protejan hasta ahora.
Un encuentro con el mundo sensible
Los pulpos se deslizan de manera calculada en las profundidades de los océanos. Como persona introvertida que soy, yo también me desplazo de un lugar a otro tratando de no ser detectada por otros seres a mi alrededor. Nos gusta estar en solitario, observando nuestro mundo, y desafiando la fuerza de las corrientes. Anhelo que estos seres de vida y de deseos permanezcan en su hábitat marino para que sean y se desenvuelvan como pulpos que son, y que habiten este mundo con todas sus posibilidades, fuera del alcance de la bestial mercantilización del mundo que padecen ellos y nosotros.
Es tiempo de trascender la visión limitada de los seres vivos como meros recursos, como materias primas, como insumos para una incesante producción de mercancías regidas por el mercado y la ganancia, para la conveniencia de unos cuantos privilegiados, y comenzar a verlos como seres de vida y alegría, seres con valor y dignidad con los que compartimos este planeta. Una granja de pulpos revela el momento oscuro de nosotros como humanidad. Debemos buscar alternativas éticas que respeten la integridad de los pulpos y les permitan vivir en armonía con su entorno natural.
Ana Valentina Flores
Centro de Estudios Críticos Ambientales Tulish Balam
1 Smith, P. G. Other Minds: The Octopus, The Sea, and the deep origins of consciousness, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2017.