La Ciudad de México es la urbe más grande y abigarrada del país. La metrópoli ha conurbado a un conjunto de municipios de tres diferentes estados a lo largo de varias décadas. La aglomeración urbana genera riqueza, innovación, sinergias culturales y avances en un sinnúmero de aspectos de la vida individual y colectiva de sus habitantes. Sin embargo, por cuenta de su tamaño y su densidad, también presenta una serie de problemas relacionados con la vivienda, el empleo, la infraestructura urbana, la dotación de servicios básicos, la inseguridad, el estrés de la población y su salud, además de la contaminación del suelo, agua y aire. Estas circunstancias afectan directamente la vida de los más de 20 millones de personas que la habitan.
Como consecuencia de las dimensiones territoriales de la capital y de la potencia de su expansión, su radio de influencia rebasa los límites administrativos de los municipios y entidades federativas que son parte de la mancha urbana, por lo que llegan de forma variable a territorios que se encuentran más o menos distantes, mediante el tendido de conexiones subterráneas, aéreas, visibles e invisibles, que le permiten vincularse a fin de satisfacer sus necesidades de consumo de alimentos, agua, energía, materiales de construcción, etcétera.
Esta conexión entre territorios crea una ecología urbana extendida en la que las características sociales, técnicas y naturales de la Ciudad de México se modifican al tiempo que modifican las características de los territorios con los que se relaciona, muy a pesar de las distancias. Pareciera que en la actualidad la distancia ha sido borrada por la ciudad.
El desvanecimiento de la distancia permite a la Ciudad de México inducir procesos de degradación ambiental, cambios demográficos y productivos en territorios metropolitanos como Pachuca, Toluca, Puebla, Querétaro y Cuernavaca, a partir de la relocalización de la industria, de la construcción de infraestructuras como megaproyectos hídricos, aeroportuarios, inmobiliarios, etc. También ocasiona que otros territorios con dinámicas de urbanización menos profundas y extendidas como Amecameca, Apan, Atlixco, Lerma, Tula, entre otros, se convierten en sumideros de los desechos urbanos, zonas de explotación minera, fuentes de extracción masiva de agua, núcleos de producción energética, regiones de expoliación socioecológica profunda y general, igualmente se convierten en verdaderas zonas de emergencia socioecológica.
Todas estas expresiones críticas de la nueva ecología megaurbana se encuentran conectadas como partes del mismo proceso: la expansión de la Ciudad de México. Por ejemplo, la ciudad obtiene el agua para su consumo por medio de un complejo entramado técnico-institucional que conecta la urbe con territorios en el Estado de México y Michoacán. Como resultado del uso del agua en los procesos urbanos internos, la ciudad desecha sus residuos en el Valle del Mezquital, con el que se conecta mediante una serie de arterias de infraestructura monumental. Así, la Ciudad conecta territorios en teoría distantes, y para lograrlo destruye a la naturaleza y en consecuencia, afecta a la población.
Las distintas arterias o conexiones que alimentan a esta gran urbe tienen cosas en común: cables, tubos, autopistas, y diferentes gradientes. Esta comunicación territorial puede hacerse efectiva como forma de resistencia frente a los embates de la ciudad. Debido a que, al ser la ciudad la causa de los problemas de los territorios periféricos, éstos tienen la posibilidad de articularse políticamente en torno a un mismo objetivo: resistir a la ciudad de forma creativa.
Al pensar a la ciudad como un sistema tecnovivo que se alimenta, se expande, que construye material y políticamente su acción territorial, que conecta territorios previamente incomunicados, puede ayudar a avanzar en una guía para definir las problemáticas sociales y ecológicas del sistema urbano del centro del país. Por ejemplo, aquellas que atañen a los flujos de población, el intercambio de materia y energía entre los territorios, o el análisis de los gradientes urbano-rurales que coexisten en el sistema urbano, a fin de que quienes toman las decisiones consideren el marco de la complejidad para plantear las soluciones a los problemas regionales, urbanos y locales.

Ilustración: Izak Peón
Ruralizar la ecología urbana
Además, es necesario enfatizar la imposibilidad de pensar lo político, lo económico o lo cultural sin incluir a la naturaleza, de ahí que son urgentes nuevas formas de hacer, sentir y vivir a la ciudad como parte de un mundo más extenso y complejo. Es necesario identificar los retos que la crisis socioecológica de la Ciudad de México generan para los territorios periféricos y las personas que los habitan. Colocar a la naturaleza en el centro de las decisiones que se toman es la única estrategia que permitirá superarlos.
La urgencia de colocar a la naturaleza en el centro de la ecología urbana exige una crítica creativa de la ciudad, un florecimiento de otro paradigma urbano que deconstruya los muros de acero y hormigón que han cercado nuestra humanidad y a la naturaleza. No se trata de romantizar el pasado y regresar al campo como si fuera un paraíso primitivo, sino de remover las ruinas que la ciudad intenta esconder debajo de las fachadas de oropel y cristalería, para desenterrar los conocimientos y facultades productoras de vida que hemos perdido por el simple hecho de habitarla.
La ruralización del mundo propuesta por Slvia Federicci es potente en tanto que dinamita la idea de la ciudad. También actualiza la urgencia política de recuperar el territorio de manos del capital, liberar los ríos y las fuentes de agua, reforestar el espacio urbano, y sobre todo, revalorar el trabajo reproductivo como la educación, la crianza, la comunalidad de los bienes colectivos. Esta tarea titánica debe hacer frente a las formas más destructivas de la ciudad mediante estrategias híbridas que permitan recolocar a la vida por encima de megaproyectos urbanos, al conocimiento tradicional en diálogo con la ciencia, a los tomadores de decisiones en el mismo piso que las comunidades locales, a la naturaleza, a la tecnología y a la cultura en el mismo plano comunicativo.
Los actores capaces de producir este diálogo son aquellas personas que han cultivado la lucha por liberar su reproducción de la égida del mercado, aquellas personas que proponen una relación diferente entre sociedad y naturaleza, comunidades creativas que han apostado a los bancos de tiempo, a la agricultura urbana, a la movilidad alternativa, a la cooperación barrial. Pero también, aquellas personas cuya identidad desafía las estructuras de raza, género y clase que dan sentido a la explotación y el acallamiento de muchas y muchos como las poblaciones trans, las personas cuir, las personas migrantes y poblaciones sometidas históricamente a la condena de la raza, la clase y la nación, como afrodescendientes e indígenas.
Las personas y las comunidades capaces de dar forma a sus condiciones materiales y simbólicas de vida, mediante procesos locales y reproductivos, llevan ventaja en el ejercicio de su capacidad de autogobierno. Según Federicci, estos movimientos más o menos organizados, son la semilla que da fruto a nuevas racionalidades opuestas a la economización del mundo y sus injusticias, basadas en la reinvención de lo humano, la naturaleza, la técnica y la cultura. Son la base de la construcción de nuevos territorios, territorios híbridos en los que lo urbano cede paso a lo rural con una lógica radical de producción de la ciudad. Desde esta perspectiva, la ruralización de la Ciudad de México posibilitará la idealización, creación, y posterior disfrute de territorios, de cuerpos y de sueños individuales y colectivos, que avancen en politizar la esperanza al interior de los decadentes territorios urbanos y periféricos del centro del país. De alguna manera, se trataría de rescatar la ciudad, rescatar su magia para darle un sentido de vida más profundo a sus habitantes.
Raúl Pérez Herrera
Doctorante en Estudios Urbanos y Ambientales en El Colegio de México. Profesor en el Instituto Tecnológico Superior del Occidente del Estado de Hidalgo y la Facultad de Estudios Superiores, Cuautitlán, UNAM.
Referencias
Federicci, S. Reencantar el mundo. El feminismo y la política de los comunes, Traficantes de Sueños, Madrid, 2020.
Excelente articulo.