Proyectos de “Buen Vivir” en Yucatán

Megaproyectos como el Tren Maya, las granjas industriales, los parques de energías renovables y las plantaciones de soya transgénica en Yucatán han sido abiertamente rechazados por activistas y organizaciones locales. En la opinión pública nacional, parece no haber una crítica sostenida al respecto, sino más bien una oposición selectiva que argumenta que un tren sería apropiado si no fuera de diésel o si deforestara menos. Después de todo, esos megaproyectos encuentran su justificación política bajo el discurso de que el sureste necesita más crecimiento, más desarrollo, más empleos y no se imaginan que se podría tener un buen nivel de vida sin industrialización o urbanización. Es por ello que en este texto se exploran algunos proyectos en Yucatán que mejoran la vida de las personas desde el “Buen Vivir”, un enfoque distinto al desarrollo occidental.

Al respecto, la noción de Buen Vivir tiene sus raíces en filosofías y conocimientos indígenas, y se caracteriza por la importancia que se le da al conocimiento, la ética y la conducta espiritual en relación al medio ambiente, la comunidad presente y futura,1 y el bienestar individual, por encima de objetivos como la industrialización, la urbanización y el crecimiento en la producción y el consumo, típicos de la modernidad occidental.2 El Buen Vivir no busca regresar a un pasado romántico —puesto que tal pasado nunca existió—, sino más bien afrontar procesos de opresión como el colonialismo o el patriarcado desde un punto de vista autónomo, por lo que también incorpora corrientes de pensamiento occidental como el feminismo o la teología de la liberación. En Yucatán, el concepto local de Buen Vivir es Ma’alob Kuxtal, que Raúl Lugo, activista local y fundador de U Yits Ka’an, define como una forma de hacer frente a una sociedad ecocida y depredadora. Estos son algunos de los proyectos que contribuyen a hacer tangible el Ma’alob Kuxtal.

La agroecología

La escuela U Yits Ka’an, en la localidad de Mani, ofrece una formación en agroecología para campesinas y campesinos mayas desde una perspectiva que les permite revalorizar su cultura y fortalecer el tejido social en sus comunidades, así como cultivar su propia comida, intercambiar semillas y establecer redes de comercio justo,3 a través de las cuales el excedente de alimento se comercializa con clientes de zonas urbanas. Entre los proyectos de U Yits Ka’an, también se encuentra la cría colectiva y a pequeña escala de cerdos criollos y abejas meliponas, a través de la cual las familias se asesoran unas a otras para producir miel o carne para consumo doméstico.

En sus inicios, a la escuela sólo asistían hombres, pero la presión de las mujeres por estudiar y su capacidad para fortalecer proyectos colectivos y trabajar en equipo hizo que su presencia fuera cada vez más valorada. Una de esas alumnas, Cecilia Uh, es ahora fundadora de otra escuela agroecológica, U Neek Lu’um, en la comunidad de Hunucmá donde algunas de las condiciones para estudiar implican comprometerse a cultivar la tierra, sin importar qué tan pequeño sea el terreno, y hacer servicio comunitario por el tiempo que dura la formación. Con apoyos financieros modestos, las escuelas agroecológicas han sido un espacio para que mayas y no mayas tengan acceso a economías locales y solidarias, incrementen su seguridad alimentaria y contribuyan a la biodiversidad local.

Turismo local

En el pueblo de Homún, la cooperativa K’anan T’sonot (Los Guardianes de los Cenotes) administra nueve diferentes cenotes que son visitados por turistas locales y foráneos, mismos a los que K’anan T’sonot educa sobre la importancia de los cenotes en la cosmovisión maya y su papel en el ecosistema local. Indirectamente, el proyecto ha permitido que habitantes locales puedan trabajar como guías de turistas, choferes de taxi y bicitaxis o en fondas, carnicerías locales y tiendas de conveniencia que atienden a estos turistas mientras visitan Homún. El proyecto ha transformado la vida social y económica en la localidad, que hasta la década de 1980 fue una zona henequenera y que, después del declive de tal industria, careció de actividad económica local.

Desde 2016, los cenotes de Homún, y la actividad económica y social que generan, se han visto amenazados por una granja de puercos propiedad de grupo PAPO, cuyos desechos ponen en riesgo la estabilidad del acuífero local, además del olor que los habitantes del poblado deben soportar. La organización comunitaria se ha visto afectada por una industria cuya producción se exporta principalmente a mercados asiáticos y que justifica su instalación en los alrededores de Homún con la creación de 30 empleos. Poco que ofrecer, a cambio de reactivar la economía de toda una comunidad.

Energía eólica comunitaria

La compañía de interés comunitario Yansa colaboró por algún tiempo con organizaciones locales como Múuch Xíinbal y Articulación Yucatán para instalar un parque eólico en la localidad de Ixil, donde la compañía proporcionaría la infraestructura para desarrollar el parque, que una vez terminado sería operado por la comunidad con total autonomía; la energía sería posteriormente vendida a la red troncal de CFE.4 Aunque la iniciativa no se concretó debido en parte a que los proyectos de energía comunitaria no están contemplados en la regulación mexicana, así como al seguimiento opaco de Yansa respecto a procesos comunitarios de toma de decisiones, es importante destacar que la propuesta contó por algún tiempo con el apoyo de la comunidad para su instalación.

En ese sentido, los proyectos de energía renovable a nivel comunitario ofrecen un panorama distinto a los proyectos convencionales, pues la comunidad se ve involucrada en procesos de toma de decisiones económicas y políticas. Asimismo, los proyectos se instalan en áreas designadas como propicias, se reduce el riesgo de deforestación masiva y la instalación de infraestructura en los márgenes de las poblaciones como, por ejemplo, en la comunidad de San José Tipceh.5 Finalmente, los beneficios son socializados entre los miembros de la cooperativa energética y, a mayor escala, se contribuye a la transición energética en México.

Estos son sólo ejemplos de la organización ciudadana de base que se ha gestado en Yucatán por algunas décadas. En paralelo, otros proyectos de Buen Vivir están constantemente en formación, negociación y reformulación. Son significativos porque revelan la complejidad de factores a los que las comunidades se enfrentan dentro de sus propios procesos políticos y económicos y muestran que el Buen Vivir no se trata de abrazar narrativas del buen salvaje, sino de la revalorización de los conocimientos y valores tradicionales en un contexto pluriversal, donde la herencia de la colonia, el capitalismo y, en general, la modernidad influyen inevitablemente en la vida de las personas.

Los proyectos son contraejemplo de la noción de que para tener cierto nivel de bienestar es necesario un estilo de vida urbano, tecnificado y basado en el consumo de materiales y energía. Estos estilos de vida están detrás de los mega-proyectos de la administración actual y las anteriores, como el tren maya en la península, la refinería de Dos Bocas en Tabasco o los aeropuertos propuestos alrededor de la Ciudad de México. Todos ellos comparten la visión de que los habitantes locales participen en estos proyectos sólo en la medida en que pueden vender sus terrenos a precios irrisorios u obtener empleos precarios.

Más importante, estas alternativas muestran que la oposición que existe en Yucatán, y en otras partes de la península y el país, no son quejas al vacío sino que conllevan la organización de base en comunidad para crear proyectos que mejoran la calidad de vida de las personas, sin comprometer los ecosistemas y la biodiversidad aledaños, sencillamente porque son diseñados, construidos y operados por ellas.

 

Francisco Montaño
Maestro en Ecología Humana por la Universidad de Lund.

Corrección del autor (10 de marzo, 2021): “El proyecto de un parque eólico comunitario en Ixil nunca existió de forma concreta, ni fue apoyado por ninguna de las organizaciones que colaboraron en la defensa del territorio ejidal. En el pueblo de Ixil, las organizaciones Múuch’ Xíinbal, Articulación Yucatán y Yansa únicamente realizaron un análisis colaborativo sobre la situación e implementaron estrategias jurídicas y políticas para recuperar las tierras comunales y hacer frente a la violación de derechos agrarios de los propietarios originales”.


1 Kothari, Ashish, Federico Demaria, and Alberto Acosta. 2014. "Buen Vivir, Degrowth and Ecological Swaraj: Alternatives to sustainable development and the Green Economy." Development 362–375.

2 Escobar, Arturo. 1995. Encountering Development: The Making and Unmaking of the Third World. Princeton: Princeton University Press.

3 López, Rosa, Peter Rosset, Carla Zamora, Giraldo, Omar, and María González. 2020. "Mayan Identity and Spirituality in the U Yits Ka’an Ecological Agriculture School in Mani, Yucatán, México." Revista Praxis Educacional 450-472.

4 The Yansa Group. 2020. Wind at Work. Último acceso: 21 de Mayo de 2020.

5 Manifestación de Impacto Ambiental: Ticul A y Ticul B. Articulación Yucatán.

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Publicado en: Impactos y deterioro

Un comentario en “Proyectos de “Buen Vivir” en Yucatán

  1. Por favor, corrijan este artículo ya que contiene información falsa. Yansa nunca tuvo, ni tiene, intención alguna de llevar a cabo ningún proyecto de energía renovable comunitaria en Ixil. Nuestro trabajo en Ixil únicamente tiene como fin acompañar los esfuerzos de la comunidad para evitar el despojo de su territorio por parte de especuladores de tierras asociados a grandes empresas eólicas y desarrolladores inmobiliarios. El trabajo de Yansa tiene dos vertientes, una relacionada con la defensa de derechos colectivos y el medio ambiente en la transición energética, y otra relacionada con apoyar iniciativas energéticas SURGIDAS EN EL SENO DE LAS COMUNIDADES y que sean socio-ambientalmente sustentables. Nuestro trabajo con la comunidad de Ixil se restringe únicamente al primer ámbito (defensa de derechos), a través de asesoría legal gratuita, incidencia en políticas públicas, etc. Pueden leer más sobre el trabajo en Ixil en https://www.eluniversal.com.mx/estados/frenan-privatizacion-de-tierras-en-yucatan

    Los empresarios que hacen negocio despojando de tierras a Ixil y otras comunidades han afirmado DE FORMA COMPLETAMENTE FALSA que Yansa está apoyando los esfuerzos legales de la comunidad para detener el despojo de sus tierras con el fin de llevar a cabo un proyecto eólico comunitario. Yansa ya aclaró públicamente, a través de un video que fue circulado en las redes locales de Ixil, que no tenemos absolutamente ninguna intención de llevar a cabo un proyecto eólico en Ixil, ni siquiera si la comunidad así lo deseara (lo cual no es el caso), especialmente en la zona donde quiere llevarlo la empresa Zuma Energía (proyecto autorizado por SEMARNAT pese a la oposición de la comunidad), pues se trata de una zona con un ecosistema sumamente valioso (colindante a una de las últimas áreas bien conservadas de sabana yucateca, un tipo de humedal endémico con alta biodiversidad y de gran importancia para aves y murciélagos tanto residentes como migratorios).

    La referencia que incluye para sustentar lo que afirma en el artículo (nota al pie 5) se refiere al proyecto de Ixtepec, una comunidad zapoteca ubicada en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Se trata de una iniciativa completamente distinta, resultado de un proceso de ordenamiento territorial comunitario, a través del cual la Asamblea de Comuneros decidió que quería llevar a cabo un proyecto eólico comunitario con fines sociales. Como señala en el artículo, el proyecto no pudo construirse por culpa de barreras administrativas diseñadas para que únicamente grandes empresas puedan acceder a la red eléctrica y al tipo de contratos necesarios para llevar a cabo estos proyectos. Pero no tiene nada que ver con Ixil.

    Yansa está trabajando en iniciativas comunitarias relacionadas con energía, que se darán a conocer cuando así lo decida la comunidad. Ninguna de ellas está en Ixil, y todas responden a necesidades energéticas identificadas por las propias comunidades.

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