“Nosotras somos mujeres, somos luchadoras”.
—Habitante de San Dionisio del Mar
Las mujeres solemos estar en la primera línea de batalla cuando se trata de defender derechos y territorios, pero, ¿qué pasa cuando la defensa del territorio parte de la lucha contra proyectos que al menos en teoría deberían implicar beneficios ambientales? Dados los recientes cortes de energía eléctrica en varios estados del país, que han evidenciado la dependencia de México a los combustibles fósiles importados, han surgido opiniones sobre los beneficios de las energías renovables. Al mismo tiempo, sin embargo, estos hechos nos invitan a reflexionar sobre qué tan limpias son las “energías limpias”. ¿Por qué se generan conflictos en las localidades donde se instalan proyectos de generación de energía de este tipo? ¿Cómo participan las mujeres en estos conflictos? En el marco de la conmemoración del día internacional de la mujer nos hacemos estas preguntas y dejamos que las compañeras defensoras del territorio en el Istmo oaxaqueño respondan.

Ilustración: Patricio Betteo
Energías renovables
Actualmente, a nivel internacional se está apostando por la transición energética, entendida como el cambio ordenado y programado de la generación de electricidad para migrar de fuentes convencionales hacia fuentes renovables. Esto obedece a la tendencia a cumplir, por un lado, con los compromisos de mitigación y adaptación de los efectos del cambio climático y, por otro, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). México se había sumado a esta tendencia como país firmante del Acuerdo de París. La Secretaría de Energía había propuesto que para 2024 el 35 % de la energía proviniera de fuentes renovables. Sin embargo, los proyectos de este tipo han ocasionado conflictos socioambientales. Oaxaca, el principal estado generador de energía eólica, es el claro ejemplo de este tipo de conflictos, que han sido registrados tanto por investigaciones científicas como periodísticas. Estos reportes han dejado en evidencia a los “contratos sucios” de los proyectos de energías “limpias”, los cuales con frecuencia se instalan sin realizar consultas previas, con pagos de rentas inferiores a los de otros países, incumpliendo cláusulas y sin beneficiar a las poblaciones locales. A pesar de que durante este sexenio el gobierno ha cancelado subastas e incentivado la generación por combustibles fósiles —y a pesar de que estas medidas han desincentivado la inversión en energías “limpias”—, los conflictos sociales siguen vigentes.
Defensoras de la tierra, el mar y el viento
En contextos de conflicto socioambiental es común que las opiniones de las mujeres no se consideren al momento de hacer investigación; con frecuencia los investigadores consideran a los grupos movilizados como heterogéneos y porque al estudiarlos se tiende a consultar a los líderes de las localidades, que comúnmente son hombres.1 A pesar de esto, se han documentado casos como los de Nilce de Souza en Brasil, “La Negra” Macarena Valdés en Chile, y Berta Cáceres en Honduras; todas ellas asesinadas a causa de su lucha por la defensa de sus territorios contra megaproyectos de generación de energías “limpias”, particularmente de hidroeléctricas.2 Considerando estos lamentables hechos, es relevante preguntarnos qué se está priorizando cuando se intentan imponer energías “limpias” de maneras sucias, en contra de la opinión de las y los habitantes e incluso violentándoles si se oponen.
En San Dionisio del Mar, Oaxaca, se pretendía instalar el parque eólico “San Dionisio” y la población lo evitó por medio de movilizaciones que se tornaron violentas. Actualmente permanece la división comunitaria que el conflicto ocasionó y son observables algunos de sus efectos. En una investigación en la que participo, entrevistamos a mujeres opositoras a estos proyectos con la intención de conocer sus opiniones, preocupaciones y acciones para frenar los parques eólicos, e identificamos tres temas centrales. En primer lugar, las mujeres perciben a los parques eólicos como una amenaza para su sustento y modos de vida; en segundo, estas mujeres defensoras experimentan violencias diferenciadas, al ser doblemente juzgadas por su activismo y por “desatender” sus hogares; por último, los espacios organizativos de esta lucha se convierten en el punto de origen de otras formas de organización entre mujeres.
El derecho a decir no: la percepción de los parques eólicos como amenaza
Cuando la población de San Dionisio del Mar supo del proyecto del parque eólico, surgió entre ellos una gran preocupación por la posibilidad de que la instalación afectara al sistema lagunar, del que la población obtiene sustento por medio de la pesca. El conflicto estalló en 2012, cuando el presidente municipal en turno dio a conocer la llegada del proyecto y anunció que el ayuntamiento ya había recibido un pago por cambio de uso de suelo. La población se inconformó de inmediato, principalmente porque ya había dinero de por medio y no se les había tomado en cuenta. En respuesta se formó una Asamblea del Pueblo, desde la cual se tomaron decisiones sobre las acciones para frenar el proyecto eólico en el municipio. Las mujeres se involucraron desde el principio de manera muy activa: participaban en bloqueos, guardias, e incluso en enfrentamientos con la policía.
La pesca es fundamental para las y los indígenas ikojts (también conocidos como huaves o mareños) que habitan San Dionisio. Existe entre ellos una percepción del mar como “banco”: así lo refieren varias personas de la comunidad para expresar que de ahí obtienen tanto alimentos como productos para comercialización. Así lo expresa una defensora que participó en los bloqueos junto con su esposo e hijos, uno de los cuales conserva en el pie una bala que recibió en medio de un enfrentamiento: “Sufrimos mucho, ¿por qué? Porque no queremos entregar nuestro mar, nuestro aire […] Pedimos a Dios que no regresen a quitarnos nuestro mar, nuestro aire”.3
El costo de participar
En algunos contextos de conflicto socioambiental la negociación es imposible, pues cada grupo está luchando por su existencia en el ambiente, sociedad, economía y tradiciones que conocen.4 En San Dionisio, por ejemplo, no ha sido posible realizar elecciones para la presidencia municipal: los intentos de instalar las urnas han terminado en violencia. Actualmente la Asamblea del Pueblo comparte la autoridad con dos presidentas municipales (PRI y Morena) que, por acuerdo, dividieron el periodo sin votación previa. Existe un clima de tensión porque las autoridades municipales coexisten con la Asamblea, al punto que hay quienes consideran que la Asamblea usurpa responsabilidades del Estado. Al mismo tiempo, otros reviran que la Asamblea debe seguir existiendo para evitar que intenten nuevamente instalar el parque eólico.
En este escenario, destaca el hecho de que sean mujeres quienes ahora ostentan el cargo de presidentas municipales, considerando que las tensiones políticas implican dificultades adicionales para la gobernabilidad del municipio. Una de las presidentas lleva dos periodos en el cargo y considera que en el primer periodo no pudo gobernar porque el cabildo era mayoritariamente de oposición. Logró tomar la presidencia por segunda ocasión después de hacer un acuerdo para compartir el periodo con otra candidata que tenía el respaldo de la Asamblea. Cada una tendría un cabildo con mayoría de su respectivo partido para poder realizar sus labores. Ninguna de las dos presidentas ha podido volver a las instalaciones del ayuntamiento ya que siguen a cargo de la Asamblea.
Las mujeres que participaron en las movilizaciones relatan que fueron agredidas con burlas por opositores. Al verlas pasar les decían "allá se van la manada de caballas, la manada de yeguas". Una mujer de 66 años relata que su hija recibió una pedrada en la cara en uno de los enfrentamientos. La violencia hacia las defensoras no terminó cuando estas lograron frenar el parque eólico, pues hay quienes refieren que hasta la fecha son excluidas de programas, incluso de los de reconstrucción de casas después del sismo de 2017: “no nos dan ni despensa porque somos defensores […] no censaron mi casa porque soy luchadora”.5 Otra defensora menciona que no foliaron su casa porque su esposo era muy activo en la Asamblea. “Ahí sí sentí el rechazo”, lamenta.6
De defensoras a creadoras
Además de la lucha por su territorio, sus modos de vida y derechos humanos, las mujeres que se convierten en defensoras suelen ampliar sus luchas hacia otros espacios organizativos, tales como el rompimiento de estereotipos e incluso el emprendimiento de proyectos productivos a partir de las redes que consolidan con sus compañeras. En San Dionisio las mujeres han permanecido en la Asamblea: recientemente y por primera vez una mujer accedió a un cargo en la mesa directiva. Otras han obtenido cargos administrativos, de limpieza y como policías en el ayuntamiento; otras más han creado cooperativas.
Otro logro individual que las mujeres identifican es el atreverse a participar en las movilizaciones, lo cual significó un reto para algunas e implicó romper con algunas actitudes violentas de sus parejas. Una defensora menciona que su esposo no quería que participara, pero que era tanto su interés por hacerlo que recuerda orgullosa el día en que le respondió: “Te estoy avisando, no te estoy pidiendo permiso”. La misma mujer señala la importancia que tiene el acompañamiento que les han dado activistas de organizaciones de la sociedad civil para entender “que nosotros valemos mucho por ser mujeres indígenas. Sí, soy indígena y estoy orgullosa de ser indígena […] por eso tenemos derecho a defender el territorio”.
Sin intención de “romantizar” la resistencia de los pueblos indígenas y el papel de las mujeres como defensoras, es necesario destacar su labor. El fuerte vínculo con el mar y la preocupación por la posibilidad de que la vibración o los derrames de aceite7 de los aerogeneradores ahuyentara a los peces fueron la motivación de las mareñas: “Nos esforzábamos por defender nuestro mar, teníamos miedo, pero… no sé, nos envalentonábamos”.8 Tenemos que ver este valor; no podemos permitir que sea silenciado en busca de un desarrollo que promete ser sustentable pero se olvida de la esfera social. Las empresas y gobiernos que quieren imponer estos proyectos excluyendo a las poblaciones, con pagos inferiores a los estándares internacionales y sin información clara y consultas previas, deben asumir que las mujeres estarán al frente para negarles el paso a sus territorios. Las energías renovables son una alternativa; hay casos de éxito de su implementación, pero para que sean realmente “limpias” sus partidarios deben abandonar la lógica extractiva.
Dulce María Sosa Capistrán
Estudiante del Programa de Doctorado en Estudios Latinoamericanos en Territorio, Sociedad y Cultura de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
1 Poats, Susan. 1999. “La dimensión de género en el manejo alternativo de conflictos socioambientales: una exploración preliminar”. En Comunidades y conflictos socioambientales: experiencias y desafíos en América Latina, editado por Pablo Ortiz, 141–54. Quito: Comunidades y conflictos socioambientales: experiencias y desafíos en América Latina.
2 Murcia, Diana Milena. 2018. “Impunidad de las violencias contra mujeres defensoras de los territorios, los bienes comunes y la naturaleza en América Latina. Informe Regional”. Bogotá.
3 Entrevista 26 de noviembre de 2020.
4 Paz, María Fernanda. 2014. “Conflictos socioambientales en México: ¿qué está en disputa?” En Conflictos, conflictividades y movilizaciones socioambientales en México, editado por María Fernanda Paz y Nicholas Risdell, 13–58. Ciudad de México: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias UNAM/MaPorrúa.
5 Entrevista 18 de noviembre de 2020.
6 Entrevista 7 de diciembre de 2020.
7 De los derrames de aceite les hablaron a las y los habitantes de San Dionisio sus vecinos/as de Unión Hidalgo, donde existen otros parques que han ocasionado inconformidades.
8 Entrevista 5 de diciembre de 2020.
En efecto, sin duda, debemos de colaborar para evitar el abuso en el consumo de combustibles fósiles, y como bien usted describe, las afectaciones en varios ámbitos en nuestras sociedades.
Y sin caer en la idea, de querer dictar algún concepto o tema, planteo: ¿Y la Energía Nuclear?.
Saludos.