Respirar es vital, pero en ciertos territorios respirar nos va matando lentamente. Si bien en la Constitución Mexicana se establece que “Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar”, parece haber territorios y personas (la gran mayoría, quizás) para quienes el ejercicio de sus derechos es una mera sugerencia, parte de un discurso vacío. Ese es el caso del Sur del Valle del Mezquital, una zona frecuentemente (y convenientemente) olvidada, muy cerca de la Ciudad de México.

Las industrias de muerte en el Valle
Cae la tarde en el sur del Valle del Mezquital, hacia el poniente el cielo se pinta de tonos rojizos y violetas. La tarde suele ser tranquila como en la mayoría de las ciudades chicas y pueblos del país. Hacia el oriente el cielo lo dominan cinco alargadas gargantas que escupen fuego, es la Refi, abombadas nubes de gas denso completan la pintura, es la Termo. El olor que, como una niebla invisible pero que se puede percibir, cae del cielo todos los días a las siete de la tarde en el la 2.ª del Llano. Es una de las formas, entre muchas otras, en las que la violencia lenta del Estado cae sobre las casas de la población, entra por sus narices e invade todo su cuerpo en forma de pequeñas partículas con un olor entre azufre, salchicha y plástico quemado. Las consecuencias van más allá de ese olor picante que todos hemos aprendido a tolerar.
La molesta sensación al olfato es percibida para quienes habitan cerca del complejo de producción de energía conformado por la Refinería Miguel Hidalgo, la Termoeléctrica Francisco Pérez Ríos y el complejo industrial de empresas asociadas a la producción de electricidad e hidrocarburos refinados. Ambas industrias se encuentran profundamente ligadas entre sí, porque sus procesos productivos se retroalimentan mutuamente. Es por eso que llegaron juntas a la región por los años setenta, con la promesa de desarrollo y modernidad.
Según el monitoreo de la NASA, en 2020 la refinería de Pemex es la cuarta industria en su tipo con más emisiones de contaminantes a la atmósfera a nivel mundial. Tanto la refinería como la termoeléctrica son responsables de emitir partículas PM2.5 y PM10. Las PM10, pequeñas partículas suspendidas en el aire que pueden causar problemas respiratorios en general, provocar asma, reducir la capacidad pulmonar, o provocar enfermedades en el sistema respiratorio. Las PM10 son uno de los contaminantes atmosféricos que más se monitorean para evaluar la calidad del aire que respiramos. Por otro lado, las PM2.5 son partículas más pequeñas; se ha demostrado que son la causa de muchos efectos serios en la salud, incluyendo enfermedades cardíacas y pulmonares. Y se les identifica como la causa de la muerte de miles de personas.
Derivado en gran medida de la producción energética, en tres municipios de la región, Atotonilco de Tula, Atitalaquia y Tula de Allende, se produce el 28 % de las PM10, el 39 % de las PM2.5 y el 95 % del SO2 del total de contaminantes emitidos en el estado de Hidalgo.1 Contaminantes estrechamente relacionados con la producción energética y otras fuentes industriales y antrópicas.
Derivado en gran medida de la producción energética, en tres municipios de la región, Atotonilco de Tula, Atitalaquia y Tula de Allende, se produce el 28 % de las PM10, el 39 % de las PM2.5 y el 95 % del SO2 del total de contaminantes emitidos en el estado de Hidalgo.1 Contaminantes estrechamente relacionados con la producción energética y otras fuentes industriales y antrópicas.
El SO2 tiene efectos adversos sobre la salud de las personas, ya que se le relaciona con irritaciones e inflamaciones en el sistema respiratorio, dolor de cabeza o ansiedad. Además de afecciones e insuficiencias en los pulmones, y hasta alteración de los procesos de síntesis proteica en los procesos metabólicos.
Los mismos tres municipios producen el 29 % del total de los NOx (óxidos de nitrógeno) del estado de Hidalgo. Estos contaminantes tienen la capacidad de ocasionar edema pulmonar si se inhalan en altas concentraciones, incluso en períodos cortos de tiempo. Si la exposición es prolongada, puede causar infecciones y modificaciones irreversibles del tejido pulmonar, debido a que afecta los sistemas inmune y respiratorio.
Estos municipios, por otra parte, producen un 25 % de CH4 y el 27 % del carbono negro (CN), del total estatal. El metano (CH4) es un gas de efecto invernadero (GEI) que, además de agravar la crisis climática, afecta la calidad del aire y la salud de las personas puesto que es un precursor de otros contaminantes del aire como el ozono y, durante su combustión emite carbono negro, que es uno de los componentes más nocivos de las partículas PM2.5. El carbono negro también deteriora la calidad del aire y se le ha asociado con efectos negativos sobre la salud humana, específicamente con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de que se le relaciona con ciertos tipos de cáncer, efectos mutagénicos e incluso a la muerte prematura.
Varios de los gases que se emiten principalmente por las industrias localizadas en los municipios de la región sur del Valle del Mezquital tienen efectos a distancias considerables de la fuente emisora, y consecuencias acumuladas sobre la biodiversidad, los suelos y los ecosistemas acuáticos y forestales. Estos efectos negativos ocasionan daños a la vegetación, degradación de la clorofila, reducción de la fotosíntesis y la consiguiente pérdida de especies de fauna asociadas a la vegetación afectada.
Las consecuencias llegan incluso a afectar a las edificaciones y la infraestructura pública, ya que la presencia de estos gases en la atmósfera los hace reaccionar con el vapor de agua y con otros elementos presentes en la atmósfera, produciendo oxidación de las estructuras y la posterior formación de ácido sulfúrico.
Lo anterior, además, acidifica la lluvia, generando procesos de acidificación en el suelo y la pérdida nutricional de la tierra. En general, se trata de una sustancia que tiene una gran trascendencia en la formación del smog fotoquímico ya que, al combinarse con otros contaminantes atmosféricos, influye en las reacciones de formación de ozono en la superficie de la tierra.
Propuestas tibias para una tierra que arde
La situación de grave crisis socionatural que vive la región ha sido del interés analítico y discursivo por parte de investigadores y autoridades por décadas. En el 2019 fue declarada Zona de Restauración Ecológica por la Semarnat. Esta estéril declaratoria se enmarca en un plan más amplio basado en la realización de un Plan Nacional de Restauración de Cuencas (PNRC), tomando el plan de la zona Atitalaquia-Tula-Apaxco como modelo para ser replicado en las seis regiones con mayores problemas de contaminación y degradación ambiental en el país.
Más allá de los reportes gubernamentales y los estudios científicos que describen y analizan lo que pasa en la región, ahí todos y todas saben que respirar mata, que el cáncer ha enfermado a mucha gente, que la piel se pone roja cada tanto tiempo, que la nariz se te reseca por dentro, que los ojos te arden por temporadas, que mucha gente pierde el control de su cuerpo y de su mente. El aire está contaminado y el cuerpo de la gente también.
El sur del Valle del Mezquital es una zona de sacrificio. Mientras unas minorías y algunos territorios florecen, las mayorías del mundo y muchos de los territorios son sacrificados para que el sistema y sus beneficiarios continúen con su secuela de muerte. En el Valle del Mezquital a nadie parece importarle la degradación de los ecosistemas, la destrucción de los territorios y la enfermedad y la muerte de miles de personas por la inmensa contaminación del suelo, el aire y las aguas. El sector privado y el gobierno muestran una ausencia y un silencio cómplice, la vida parece no tener ningún valor y la dignidad y el derecho a vivir en condiciones dignas no parece importarle a nadie.
Raúl Pérez
1 Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Estado de Hidalgo (Semarnath), Inventario de Emisiones del Estado de Hidalgo, 2016.