Los bosques de manglar están en la interfase de la tierra y el mar, en zonas inundables y salinas, bordeando ríos, estuarios y lagunas costeras. Son, además, el frente de resistencia a huracanes y, junto con otros humedales, protegen y marcan los límites del desarrollo en las zonas costeras. Esa condición de interfase les confiere una alta productividad y captura de bióxido de carbono en troncos, hojas, frutos y raíces. La parte aérea cae como hojarasca, cuya descomposición es la base de la cadena alimenticia de la fauna, que es en parte aprovechada en las pesquerías. Bajo el suelo, las raíces crecen verticalmente y enfrentan así la oscilación de mareas y el incremento del nivel del agua. Las raíces muertas y vivas son el almacén de carbono que nos ayuda a afrontar el calentamiento global. Estos son sólo tres de los múltiples beneficios ambientales proporcionados por los manglares.

Laguna del mangle rojo (Rhizophora mangle) en la Isla de Cozumel, Quintana Roo. Fotografías: Jorge López Portillo
En general, conocer los ecosistemas mexicanos supone, en primer momento, su representación cartográfica para ubicar cuántos hay y dónde están. El primer Mapa de Vegetación de la República Mexicana se publicó en 1971 por la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos, se estimó que el 0.7 % del territorio nacional estaba cubierto por manglares. Como parte de sus esfuerzos para conocer, delimitar y cartografiar los espacios naturales del país, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) inició hace un poco más de 15 años un proyecto de monitoreo quinquenal para determinar las zonas donde se ubican, pierden, recuperan o colonizan áreas de manglar. Aquí se explica este proceso, con énfasis en las áreas de manglar y los cambios a nivel nacional.

Manglar deteriorado en la laguna de Tampamachoco, Tuxpan, Veracruz

Manglar en la época de mayor inundación
En 2009, la Conabio publicó el primer libro del tema, titulado: Manglares de México: Extensión y Distribución que marcó un hito en el uso de imágenes satelitales para representar la distribución de manglares en los 17 estados costeros de la República mexicana, que incluyó la verificación de campo con especialistas locales. El segundo libro, Manglares de México: Extensión, Distribución y Monitoreo (2013), reporta una intensa validación cartográfica de la cobertura de manglares mediante vuelos bajos apoyados por la Armada de México y así se recuperó el registro de las superficies históricas de manglar mediante fotografías aéreas, históricas para el periodo de 1970 a 1980.
En 2010, Conabio formalizó el Sistema de Monitoreo de Manglares Mexicanos (SMMM) y se comprometió a realizar determinaciones quinquenales de su cobertura, incluyendo una zona de amortiguación de humedales y otros ecosistemas y poblados circundante de cinco kilómetros. El monitoreo es importante porque permite generar indicadores de los cambios en la cobertura del manglar y así asignar estratégicamente recursos para su protección y aprovechamiento. En el tercer libro: Manglares de México: actualización y exploración de los datos del sistema de monitoreo 1970/1980–2015 (2017), se informa que en el periodo de 1970 a 1980 habían 856 405 hectáreas de manglar; en 2005, 774 134 hectáreas; en 2010, 764 774 hectáreas y en 2015, 775 555 hectáreas. Es decir, de los años setenta y ochenta al 2015 se perdió el 9.4 % del área de manglar. De esta área, 17,140 hectáreas se perdieron irreversiblemente y 63 000 hectáreas están afectadas, abriendo una ventana de oportunidad para su restauración.
El libro más reciente fue publicado en 2021, Manglares de México. Actualización y análisis de los datos 2020. Este texto reporta que existen 905 086 hectáreas (0.46 % del territorio nacional) de manglares. Esta nueva cifra se basa en el uso de imágenes satelitales (Sentinel-2), de mayor resolución que permite reclasificar 83 791 hectáreas de manglares arbustivos (menores a dos metros de altura) que fueron confundidos con otros humedales en el Complejo Sian Ka´an, en Quintana Roo. De 2015 a 2020, los estados del Pacífico Norte perdieron más manglares: Sinaloa (5258 hectáreas), Baja California Sur (1068 hectáreas) y Nayarit (247 hectáreas). Los que más ganaron fueron: Quintana Roo (117 115 hectáreas), Veracruz (4385 hectáreas) y Tabasco (3815 hectáreas). El resultado neto fue un incremento de 45 750 hectáreas de manglar. Así, de los registros de las décadas de los setenta y ochenta, sabemos que no hay cambios evidentes en el 76 % de los manglares registrados, que el 4 % se ha recuperado, que el 16 % está perturbado y que el 4 % se perdió irremediablemente, siendo sustituido por infraestructura pesquera, industrial y turística.

Frente de manglar en la laguna de La Mancha, Veracruz
Las causas de la ganancia o pérdida de los otros ecosistemas que rodean a los manglares también se pueden explorar en el nuevo libro, pero preocupa la pérdida de humedales en la franja envolvente de 5 km que circunda los manglares (bosques inundables de anona, apompo, tintales, tulares, y ciperales, entre otros). En Sinaloa se perdieron 28 911 ha de esas coberturas, 7292 ha en Sonora y 2119 hectáreas en Baja California Sur. En comparación con las pérdidas históricas de cobertura, el ritmo de deterioro por actividades humanas es menor, pero no deja de ser preocupante porque estos ecosistemas son nuestro frente de defensa contra inundaciones y huracanes.
El nuevo libro amplía su información en plataformas digitales de acceso libre y de visualización geográfica. Además, se documenta que el 63 % de la superficie de manglares está bajo algún estatus de protección y se presentan ejemplos de las aplicaciones del Sistema de Monitoreo de Manglares Mexicanos que aprovechan el acervo de imágenes fotográficas y satelitales. Todo este esfuerzo se realizó en la Conabio con siete técnicos del Sistema de Monitoreo, una técnica en el grupo de bioconectividad y cinco más en el del grupo especializado en realidad virtual.

Islote de mangle rojo en el manglar de Ventanilla, Puerto Escondido, Oaxaca
Los avances recientes en la identificación de la cobertura de los manglares involucran el aprendizaje continuo en plataformas digitales de captura y procesamiento de imágenes, llamada Sentinel-2, que ayudan a deducir la estructura y composición del manglar y a asociarlo con su ambiente geomorfológico. Las herramientas desarrolladas facilitan análisis en el tiempo, tal como el uso del Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI) para distinguir los cambios estacionales en el bosque y el efecto de un huracán a corto, mediano y largo plazo. También se puede determinar la composición de especies, el área afectada y, por su posición dentro del estero o laguna costera, la causa de su afectación. Estas son herramientas fundamentales para la restauración de manglares para poder recuperar la diversidad biológica y recapturar el bióxido de carbono en sus sedimentos, contribuyendo así a reducir los gases de efecto invernadero y el calentamiento global.

Interior de un bosque de mangle negro
México cuenta con instituciones científicas, investigadores, estudiantes, pobladores locales y asociaciones civiles que trabajan en todos los estados con manglares, con 260 especialistas registrados en el directorio que Conabio mantiene en su página web sobre los Manglares de México. Los manglares son posiblemente los ecosistemas nacionales mejor conocidos en su distribución histórica y actual y en las causas puntuales de su deterioro o expansión. La información generada es fundamental para la planeación del desarrollo a nivel estatal y municipal, incluyendo los estudios de ordenamiento ecológico y para definir el Sistema Ambiental Regional en estudios de impacto climático. El trabajo de la Conabio también se usa por organizaciones de la sociedad civil, investigadores, profesores y estudiantes de todos los niveles educativos y por las personas que viven en la vecindad de los manglares para apreciarlos como la última frontera boscosa entre la tierra y el mar.
Jorge López Portillo
Red de Ecología Funcional, Instituto de Ecología, A. C. (Inecol).
Bibliografía
Martínez, M. L., y otros. “The coasts of our world: Ecological, economic and social importance”, Ecological economics, 63(2-3), 254-272. 2007.
Oses, M. D. M. C., y otros. “Manglares y sus Servicios Ecosistémicos: hacia un Desarrollo Sostenible”, Gestión y Ambiente, 22(2), 277-290. 2019.
Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.