Matar un río, matar una ciudad

Durante su discurso de toma de posesión, la actual presidenta de México prometió convertir a Tula en la ciudad más limpia del país. Pero desde 2021, El Plan de Manejo Hídrico (PMH) para la Región Hidrológico-Administrativa XIII, que abarca la cuenca del Valle de México, no sólo amenaza con acabar definitivamente con el Río Tula, sino que también pone en riesgo la propia existencia de la ciudad.

Desde el sexenio anterior, la Conagua ha propuesto una serie de proyectos de ingeniería que, en el caso de Tula, tienen como objetivo transformar el río en un canal de aguas residuales. Estos planes incluyen el desazolve y la ampliación del cauce para sanear 9.5 km del río en dos etapas, lo que implica también el despalme y la remoción de árboles. Además, se han propuesto protocolos de operación conjunta entre dependencias federales y locales para cada temporada de lluvias, con el fin de incrementar la resiliencia de la ciudad y mitigar los problemas de inundaciones. Sin embargo, la rectificación y ampliación del cauce duplicarán el volumen de agua y acelerarán el flujo de las aguas residuales hacia la región, lo que contradice los esfuerzos por mejorar la resiliencia ya mencionada. Lamentablemente, no parece que esta situación vaya a cambiar durante la administración de Claudia Sheinbaum.

Las acciones del Plan de Manejo Hídrico demostraron su ineficacia el 6 de septiembre de 2021, cuando Tula vivió la inundación más devastadora de su historia, una noche en la que las pestilentes aguas del río cubrieron con hasta cuatro metros de altura la colonia Centro, la de Pemex, San Lorenzo, San Marcos, el Tesoro y la Malinche, entre otras, afectando a 31 000 viviendas y dejando sin vida a quince personas que se encontraba hospitalizadas en el IMSS. Inundar Tula fue una combinación de una propuesta ingenieril que desde hace centenas de años ha buscado desalojar las aguas residuales y de lluvia de Ciudad de México, y de las decisiones operativas que en esa noche se hicieron desde la Conagua.1

Ilustración: Víctor Solís

El Río Tula

Los ríos son elementos fundamentales para explorar el surgimiento, crecimiento y evolución de los asentamientos humanos a lo largo y ancho de la historia humana. La modernidad, al contrario de las civilizaciones premodernas, ha demostrado dramáticamente la incapacidad de la ciudad para relacionarse de forma adecuada con sus cuerpos de agua en general, y en particular con los ríos.

El Río Tula, fuente vital en el sur del Valle del Mezquital, ha desempeñado un papel central en el desarrollo de las comunidades y culturas que han habitado este territorio a lo largo de los siglos. Los pueblos hñähnñu, la sociedad tolteca, la ciudad colonial y la moderna ciudad agro-industrial establecieron una relación única con el río.

A lo largo de los años, esta relación ha cambiado significativamente, en gran medida debido al uso de aguas residuales de Ciudad de México que, a través de un complejo entramado técnico y político, llegan al sur del Valle del Mezquital desde hace casi un siglo. Este sistema ha evolucionado hasta convertirse en megaproyectos de infraestructura hidráulica que incluyen cuerpos de almacenamiento de agua, como las presas Endhó y Requena, y sistemas de desagüe y tratamiento como el Túnel Emisor Central, el Drenaje Profundo, el Túnel Emisor Oriente y la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Atotonilco. Estos desarrollos han incrementado tanto la cantidad como la velocidad del agua que fluye hacia el Valle del Mezquital, representando un desafío monumental para su gestión hídrica.

Matar el río, matar la ciudad

La rectificación y el revestimiento del Río Tula forman parte de un megaproyecto de ingeniería hidráulica encabezado por la Conagua para evitar un acontecimiento trágico como las inundaciones de Tula en septiembre de 2021. Para este propósito, se han invertido más de mil millones de pesos y se ha modificado radicalmente el ecosistema del río mediante la tala de árboles de toda especie a lo largo de 4 km del cauce urbano. Cinco empresas se han dividido los trabajos para incrementar la capacidad del río a 500 metros cúbicos por segundo, es decir, duplicar su capacidad. Sin embargo, persisten dudas sobre la efectividad del proyecto para evitar futuras inundaciones, ya que el volumen y la velocidad del agua aumentarán significativamente.

Durante la ejecución de la obra, varios de los trabajadores han sufrido lesiones por el derrumbe de los taludes, por atascos en los materiales de construcción, o por la inestabilidad de las estructuras con las que trabajan. El 29 de diciembre de 2023 cuatro trabajadores sufrieron un accidente por el deslizamiento de un talud; dos de ellos perdieron la vida.2

Las principales consecuencias de estas intervenciones sobre las especies que habitaban el río, ya de por sí en una situación crítica, incluyen la pérdida de hábitats tanto terrestres como acuáticos para diversas especies, como tortugas, lagartijas, serpientes, cacomixtles, garzas y patos, entre otras. La deforestación ha afectado a árboles y plantas clave como ahuehuetes, pirules, carrizos, pastos, mezquites, tule y otras especies de flora menor. Esto ha desencadenado un grave proceso de erosión, ya que, al eliminarse las raíces de árboles y arbustos que fijaban el suelo, las aguas ahora arrastran sedimentos, rocas y material lodoso, debilitando aún más el ecosistema.

Debido a que el río pasa por en medio de la ciudad, su canalización ha significado además una serie de molestias cotidianas nuevas para los habitantes, como el cierre de calles por semanas, la proliferación de malos olores en las calles más cercanas al cauce, la modificación radical del paisaje urbano de uno arbolado por uno gris; además ha tenido graves consecuencias sobre la estructura urbana. Incluso ha significado el derrumbe de viviendas por la aparición de socavones que han comenzado con la destrucción de la ciudad.

Las familias que han habitado la ribera del río por décadas, en viviendas construidas o mandadas a construir por ellos mismos, no sólo han perdido muebles y pertenencias durante la inundación, sino que muchas han perdido sus hogares por completo. Cerca de uno de los puentes intraurbanos que conecta varias colonias de la ciudad, la severa erosión ha generado una oquedad de siete metros bajo un par de viviendas ubicadas a la orilla del río. Esta situación provocó el derrumbe de la barda perimetral y obligó a la evacuación de ocho familias en riesgo.3

Una de las escenas más impactantes de este proyecto ocurrió el 27 de julio de este año, cuando el deficiente manejo técnico en el proceso de rellenado del socavón provocó el colapso de una vivienda. La estructura se desmoronó en el aire y terminó desapareciendo en las aguas lodosas y pestilentes del río. Tras este incidente, las viviendas contiguas comenzaron a mostrar grietas en muros y pisos, y sus estructuras han sufrido daños constantes debido a la fuerza del agua, que en esta temporada de lluvias ha incrementado significativamente el caudal del río.

La calle donde se ubican las viviendas dañadas es una de las más importantes de la ciudad, ya que alberga actividades variadas como educación, servicios médicos y farmacéuticos, comercios y restaurantes, además de soportar un alto flujo vehicular. Sin embargo, desde hace un año, esta calle ha dejado de ser lo que era. El proyecto de la Conagua la ha convertido en un espacio inhabitable y ha provocado su destrucción paulatina. La erosión avanza: genera oquedades que amenazan con extenderse a otras viviendas y edificios, poniendo en riesgo su estabilidad estructural, y posiblemente, afectando otras calles en el futuro.

Si Ciudad de México y su zona metropolitana no redefinen de forma radical la gestión del agua, es difícil imaginar un cambio positivo que transforme a Tula de la ciudad más contaminada a la ciudad limpia que se ha prometido. Mientras otras ciudades apuestan por rescatar sus ríos mediante proyectos de regeneración socioecológica —como la creación de humedales, parques urbanos y senderos verdes— que promuevan una relación armoniosa entre los ecosistemas ribereños y el entorno urbano, en Tula, el proyecto de Conagua amenaza con destruir la ciudad matando al río.

 

Luis Raúl Pérez Herrera
Docente, División de Arquitectura, Instituto Tecnológico Superior del Occidente del Estado de Hidalgo (ITSOEH)


1 Chahim, Dean, “La tragedia de la inundación en Tula fue una decisión política”, The Washington Post, 2021

2 Iris Velázquez, “Muere trabajador tras derrumbe en obras de río Tula”, Reforma, 29 de diciembre de 2023

3 Ricardo Montoya, “Evacuan ocho viviendas en Tula de Allende ante derrumbe”, La Jornada, jueves 15 de agosto de 2024

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Publicado en: Impactos y deterioro