Es frecuente que al hablar sobre la degradación y pérdida de la biodiversidad, se haga referencia a ecosistemas como las selvas tropicales, los bosques de coníferas o los arrecifes de coral. Rara vez se voltea a ver a otros ecosistemas no tan carismáticos como los pastizales y matorrales que, además de albergar una gran diversidad biológica, contribuyen a nuestras vidas a través de un conjunto de bienes y servicios importantes, como la producción de alimentos y forrajes, la regulación del ciclo hidrológico, el almacenamiento de carbono, la regulación del clima, la polinización y diferentes contribuciones no materiales que pertenecen a la dimensión cultural del bienestar.
No existe una definición precisa sobre los pastizales, algunas veces se incluyen las sabanas, los páramos de alta montaña, la tundra e incluso, algunos ecosistemas con abundantes arbustos. A pesar de ello, existe cierto consenso en que sus características distintivas son que las especies fisonómicamente dominantes son gramíneas (pastos) y que la cobertura de árboles o arbustos es menor a 15 % de la superficie. Se calcula que su extensión original sería de entre un 31 y un 43 % de la superficie terrestre del planeta.
Una forma común de clasificarlos es con base en su naturalidad y origen, y así tendríamos los pastizales naturales, los inducidos y los cultivados. Los pastizales naturales son un tipo de vegetación que se presenta en condiciones muy particulares de clima, suelo y biota; en México se localizan principalmente en zonas de transición entre bosques y matorrales y suelen ser utilizados para actividades ganaderas, por lo que podemos encontrar los que están bien conservados hasta los que se encuentran muy deteriorados por sobrepastoreo (como referencia, ver la imagen 1). Si bien, no se tiene certeza absoluta sobre su cobertura original, de acuerdo con el INEGI su extensión probable fue de unas 16 millones de hectáreas (8 % de la superficie del país) distribuidos principalmente en el desierto Chihuahuense y en el Sonorense, así como en algunas zonas semiáridas del centro y sur de México (Figura. 1). Aunque aparentemente simples, los pastizales pueden albergar una alta diversidad biológica. Por ejemplo, investigadores de la UNAM reportaron más de 400 especies sólo en un pastizal en Oaxaca, y lo más sorprendente , es que encontraron hasta 25 especies diferentes en una superficie tan reducida como 0.01 m2, lo que lo convertiría en el sitio con la mayor riqueza de especies reportada a esa escala en el mundo.
Imagen 1. Pastizal natural. Mapimí, Durango

Fotografía de Oscar Briones V.
Imagen 2. Pastizal inducido. Huichapan, Hidalgo

Fotografía de Arturo Flores-Martínez
Figura 1. Distribución estimada de los pastizales naturales en México

Elaboración propia a partir de: INEGI. Carta de Vegetación Primaria Potencial, escala 1:1 000 000. México, 2003.
La extensión de los pastizales naturales en nuestro país se ha reducido considerablemente. De acuerdo con el INEGI, para el 2014 la extensión de los pastizales se había reducido considerablemente, ya que sólo restaba el 59 % de la superficie original y de los que aún permanecían, cerca de la tercera parte mostraba un proceso de degradación severo. Este daño es por la invasión de especies arbustivas o suculentas espinosas como los nopales y las chollas. El deterioro que hoy vemos en los pastizales está asociado principalmente a la actividad ganadera (sobrepastoreo), a los incendios y a cambios en el clima. La principal causa de la eliminación de pastizales ha sido la apertura de tierra para la agricultura; actualmente el 27 % de su superficie original se dedica a la agricultura.
La pérdida y degradación de los pastizales tiene también efectos negativos sobre numerosas especies de animales que ahí habitan, como los perritos de las praderas (Cynomys mexicaus y C. ludovicianus), especies carismáticas que, por desgracia, se encuentran en peligro de extinción. En la región de Janos en el norte de Chihuahua, por ejemplo, se ha visto que la reducción de las poblaciones de los perritos de las praderas de cola negra (C. ludovicianus) está altamente correlacionada con la pérdida y degradación de los pastizales.
Los pastizales inducidos, por su parte, son un tipo de comunidad vegetal que se forma cuando es eliminada la vegetación original y no se permite que se desarrolle otro tipo de vegetación, por ejemplo, mediante incendios provocados por humanos. Este tipo de pastizales los encontramos a lo largo de todo el país en zonas templadas donde alguna vez hubo bosques de pinos, encinos o de niebla, al igual que en zonas semiáridas, cuando son sustituidos con matorrales y en climas cálidos, cuando se desarrollan en superficies que fueron ocupadas por selvas tropicales (ver Figura 2).
Figura 2. Distribución de los pastizales naturales, inducidos y cultivados en México en 2016

Elaboración propia a partir de: PMC Serie 6.5. Usos del Suelo y Vegetación
Finalmente, también podemos encontrar asociaciones vegetales que se usan intensivamente para el pastoreo de ganado y su permanencia depende de labores de cultivo y manejo. Son los llamados pastizales cultivados o potreros. Estos agrosistemas cubren extensas zonas del trópico mexicano donde alguna vez hubo selvas y vegetación hidrófila, aunque también se encuentran en zonas semiáridas y templadas del país sustituyendo matorrales y bosques de diversos tipos (Figura 2). Estos pastizales son muy poco diversos y frecuentemente contienen especies exóticas que se convierten en invasoras, como el zacate buffel (Pennisetum ciliare) y el pasto estrella africana (Cynodon plectostachyus), por mencionar sólo dos ejemplos.
La degradación y pérdida de pastizales naturales, y el consecuente aumento de pastos inducidos o cultivados en el país, ha ido de la mano con el crecimiento de la actividad ganadera; solo en el periodo de 2007 a 2019 el número de cabezas de ganado en libre pastoreo o pastoreo controlado pasó de 17.2 millones a 26.1 millones. Sin duda, los patrones de alimentación de los humanos, en particular la dieta con exceso de carne roja, han tenido consecuencias negativas en los ecosistemas naturales y, por ello, afortunadamente ya se empiezan a incluir en las agendas de desarrollo sostenible.
La pérdida y degradación de pastizales también están relacionadas con el cambio climático. Las actividades ganaderas emiten gases de efecto invernadero (GEI), principalmente metano, resultado de la digestión de millones de animales y el manejo de sus excretas; la actividad ganadera contribuye a nivel mundial con el 18 % de las emisiones totales de GEI y en el caso de México, con el 13.2 %. Además, la eliminación de la cubierta de pastos para actividades agrícolas y la transformación de los pastizales a vegetación arbustiva en las zonas desérticas ha causado la liberación de millones de toneladas de carbono almacenado en los tallos y raíces de los pastos a la atmósfera, que también ha contribuido al cambio climático que hoy enfrentamos.
A nivel global se reconoce que el cambio climático, la fragmentación, las especies invasoras y la intensificación de las actividades agropecuarias son las principales amenazas. Actualmente, cerca del 50 % de los pastizales están degradados o fueron sustituidos por otras coberturas a nivel mundial. Sin embargo, a pesar de la magnitud de esta afectación, su conservación y manejo sustentable no se ha incluido explícitamente en las agendas globales. Esta preocupación no se ve reflejada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ni en la agenda post 2030 de la Convención sobre la Diversidad Biológica (CBD), tampoco en las agendas de cambio climático. Sin duda, es una omisión significativa que debería atenderse rápidamente.
A nivel local, es necesario que la agenda ambiental del país incluya la conservación y manejo sustentable de pastizales no es sostenible considerarlos como una reserva de terrenos o ecosistemas reemplazables y sacrificables. Desafortunadamente, es frecuente encontrar propuestas de soluciones que sólo aparentan restaurar y devolver la productividad de estos terrenos al sustituirlos por coberturas boscosas. Es un error pretender que las funciones ecológicas del pastizal pueden recuperarse introduciendo árboles, sería lo mismo que justificar la reforestación de los pastizales por el beneficio que se obtiene contra el cambio climático por el secuestro de carbono. Programas de amplia cobertura, como Sembrando Vida, que exige a los posibles beneficiarios destinar superficies para sembrar árboles frutales o especies leñosas (que muy probablemente no sobrevivirán y serán poco productivas), podrían promover la desaparición de los pastizales naturales si no se implementan y vigilan correctamente. Es momento de reconocer el valor ambiental, social y económico de estos ecosistemas y tomar acciones efectivas para evitar una mayor degradación, e incluso su desaparición.
Arturo Flores-Martínez y Oscar Briones
Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, Instituto Politécnico Nacional e Instituto de Ecología, A. C., Red de Biología Evolutiva.
Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.
Bibliografía
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Martorell, C., y otros. “A diversity world record in a grassland at Oaxaxa, Mexico”, Botanical Science 95(1):1-7, 2017.
Ceballos, G., y otros. “Rapid Decline of a Grassland System and Its Ecological and Conservation Implications”, PLoS ONE 5(1): e8562. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0008562, 2010.
Gibson, D. J., y Newman, J. A. “Grassland and Climate Change: an overview”, Grassland and Climate Change Gibson, D. J., y Newman, J. A. (Eds) Cambridge, U. K. 2019.
Bardgett, R. D., y otros. “Combatting global grassland degradation”, Nat Rev Earth Environ 2, 720–735, 2021.
La figura 1 muestra que la distribuciôn aproximada de los pastizales naturales de México bordea la sierra madre occidental (SMO) por el lado de la meseta. Los otros pastizales de Canadâ y Estados Unidos, abarcan una porciôn de sus praderas centrales, bordeando la cordillera de América del Norte (CAN) que da nacimiento a la SMO. Es un sistema amplio y antiguo ?Podrîa el autor dar ejemplos de los efectos que la desparaciôn de los pastizales naturales tendrân en América del Norte? Gracias por el artîculo.