Las inundaciones en Tabasco: no culpar a la naturaleza

Los discursos sobre cambio climático llevan décadas alertándonos sobre las consecuencias que podría tener un clima diferente al actual. Los mensajes son pesimistas y sugieren soluciones globales asociadas con cambios en el tipo de energía que consumimos. Los expertos del clima nos advierten de futuras sequías más severas, huracanes más intensos, o fuertes ondas de calor, entre otros fenómenos climáticos y sobre sus efectos negativos en sistemas naturales y humanos. Plantean que estamos frente al problema ambiental más importante de este siglo. Sin embargo, resulta paradójico que mientras se sugieren formas de prepararse para el cambio climático en realidad hacemos muy poco para adaptarnos al clima actual y su variabilidad natural. En México, las sequías meteorológicas o las lluvias intensas tienen impactos negativos cada vez más severos sin ser resultado sólo del cambio climático, sino de un modelo de desarrollo que nos ha hecho cada vez más vulnerables.

Desde el punto de vista científico, afirmar que una condición climática particular se debe al cambio climático por la actividad humana requiere sustentarse en la atribución, es decir, demostrar que ese evento se puede explicar esencialmente en términos del aumento de concentración de gases de efecto invernadero y el calentamiento del planeta. La atribución no es un ejercicio científico trivial, pues requiere de un entendimiento profundo de los mecanismos que controlan el clima, tanto naturales, como de origen antrópico. No basta con detectar una condición anómala del clima para decir que es un ejemplo de cambio climático. Sin embargo, frecuentemente las personas y muchos científicos hablan del clima y su variabilidad como sinónimo de cambio climático sin haber estudiado verdaderamente el problema. Como consecuencia, llegan noticias a la gente con un enfoque naturalista, en donde el desastre, mal llamado “natural”, tiene su origen principalmente en el fenómeno, el cual se vuelve “el culpable de nuestros males”. En este sentido, es común escuchar que “un huracán mató a las personas”, que “la sequía acabó con las cosechas”, “que los daños a la naturaleza son por cambio climático”, o que “las inundaciones en Tabasco son porque no había llovido así en muchos años” o “porque el ciclón dejó mucha lluvia”.

Ilustración: Esteli Meza

Una condición adversa del clima sólo es parcialmente responsable de un desastre ya que el contexto de vulnerabilidad y el nivel de exposición al fenómeno son la parte complementaria del riesgo, el cual, al alcanzar niveles críticos, termina materializándose en un impacto negativo. Sin embargo, los conceptos de vulnerabilidad y riesgo son con frecuencia sólo parte de un discurso científico o político, pues no se logra a establecer y/o determinar los niveles de riesgo critico que debieran llevarnos a actuar preventivamente. En otras palabras, estos conceptos no han sido bien entendidos, ni mucho menos caracterizados, y por lo tanto, no permiten desarrollar una gestión del riesgo que evite o al menos disminuya la magnitud de los desastres. Las recientes inundaciones en Tabasco son un ejemplo de cómo el riesgo alcanzó niveles críticos sin que se haya actuado en materia de gestión de tal manera que se redujera la magnitud de las crisis que hoy se viven.

Para describir el riesgo de inundaciones en Tabasco se tienen que considerar los dos elementos que lo componen. Por un lado, el peligro de lluvias intensas en la zona, y por el otro, el contexto de vulnerabilidad ante dichas lluvias fuertes. El peligro por lluvias en la región es alto, ya que Chiapas y Tabasco están entre las zonas más lluviosas de este planeta. No debiera sorprender que ocurran precipitaciones de más de doscientos milímetros en un día, y que septiembre y octubre sea la época del año más lluviosa. Ha sido así desde mucho antes que se hablara del cambio climático global. Lo que se debió considerar es que la variabilidad natural del clima, relacionada con El Niño/Oscilación del Sur, puede llevar a periodos de lluvias más intensas que el promedio. La fase fría de esta forma de variabilidad del clima, conocida como La Niña, resulta por lo general en lluvias más intensas de lo esperado para los meses de septiembre y octubre. No es casualidad que los grandes episodios de inundaciones en Tabasco, por ejemplo, en 1999 o 2007 correspondieran a condiciones climáticas por el fenómeno de La Niña, al igual que en este 2020. Los pronósticos del clima en 2007 indicaban con meses de anticipación que las lluvias en octubre de ese año serían anómalas e intensas generando un peligro y un riesgo crítico para el sur-sureste de México. Sin embargo, dichos pronósticos no fueron usados para actuar preventivamente frente al riesgo de inundaciones. El resultado fue una de las peores inundaciones en Villahermosa y zonas vecinas. En este año, la condición de La Niña y los pronósticos climáticos también sugerían lluvias muy fuertes para esta zona del país, pero al igual que en otros años, no hubo acciones de gestión del riesgo para prevenir las inundaciones.

No basta con saber de la probable ocurrencia de un peligro crítico, como el de las lluvias fuertes: se requiere conocer qué tan vulnerable se es ante tal peligro como para que resulte en un riesgo crítico de inundación. En la cuenca del Grijalva-Usumacinta, el deterioro ambiental es grave y ha sido un factor de aumento de la vulnerabilidad climática. La gran pérdida de bosques y selvas, el azolvamiento de los ríos, los asentamientos irregulares, el manejo inadecuado de las presas o la limitada capacidad de las instituciones encargadas de alertar sobre los peligros climáticos, son algunos de los problemas que han ido en aumento y con ello, han creado un ambiente cada vez más vulnerable ante las lluvias intensas. El riesgo de inundaciones en Tabasco, bajo las condiciones de La Niña, en un contexto tan vulnerable como el que existe se vuelve crítico y requiere de acciones de prevención que incidan en los factores de vulnerabilidad. Desafortunadamente, no existen esquemas de prevención y se mantiene el patrón de respuesta a la emergencia y recuperación del desastre.

No es útil “hacer leña del árbol caído” y descalificar en tiempos de desastre la actuación de los responsables de la Protección Civil o del manejo del agua en el país. Sin embargo, es un buen momento para que los planes integrales de gestión de riesgo que se plantean en el gobierno consideren no sólo acciones de desazolve de los ríos o construcción de bordos, o más compras de equipos, sino un plan que incluya la recuperación de muchos de los servicios ecosistémicos de regulación hídrica que antes se tenían en la zona y de una verdadera estrategia de usos de información sobre riesgo climático apoyada en el conocimiento científico sólido. Es tiempo de comenzar a dejar atrás el paradigma naturalista que hoy en día usa al cambio climático para explicar los desastres. La gestión de riesgo no es sencilla pero en algún momento debe comenzar, incluso cuando se tomen decisiones desde la posible incertidumbre.

Diversos estudios económicos muestran que actuar preventivamente, aun con incertidumbre, es mejor que responder a la emergencia o apostarle a la resiliencia y a la recuperación. Si se invierte un peso en prevención, se ahorran al menos 10 pesos en la recuperación del desastre. El reto es saber cómo manejar el riesgo, lo cual requerirá pasar a otro nivel de toma de decisiones y planeación. Afortunadamente, parece haber voluntad de cambio en la actual administración federal, y reconocimiento de que las cosas no pueden seguir como hasta ahora.

El 2020 será de ingratos recuerdos por la covid-19, pero también puede ser un año de verdadero cambio en muchos sectores de la vida del país. Esperemos que la gestión de riesgo de desastre nos permita dar mejores noticias en el futuro. El clima no es un peligro cuando se aprende a construir sociedades, regiones o sectores menos vulnerables. La solución para Tabasco, y para muchas otras zonas del país, deberá incluir la idea de riesgo para dejar de culpar a la naturaleza de nuestros errores.

 

Víctor Magaña
Instituto de Geografía, UNAM.

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Publicado en: Impactos y deterioro

2 comentarios en “Las inundaciones en Tabasco: no culpar a la naturaleza

  1. Excelente artículo que refleja una visión realista de nuestra cultura ambiental y ecológica.

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