La secuoya del amanecer: una ventana al cretácico

A veces caminamos por la ciudad en la que vivimos sin fijarnos en los árboles que enmarcan las calles o que le dan vida a un parque o un camellón. Aunque siempre hay algo que rompe la monotonía que percibimos como “el verde” de las ciudades, por ejemplo, en la Ciudad de México es la explosión morada de las jacarandas al iniciar la primavera y en Japón, como en algunos lugares de Estados Unidos, el rosa de los cerezos en flor son la señal inequívoca de que el frío acaba y vendrán tiempos más calurosos. Aunque los habitantes verdes que hay en muchas ciudades están ahí por su valor ornamental, es bien sabido que la mayoría de ellos no son originarios de donde se encuentran, ni son seleccionados para que cumplan funciones biológicas específicas. Pero algunos de estos vecinos verdes esconden historias que no imaginamos pese a que tienen características notables que destacan por su origen o su historia natural. Por ejemplo, nuestras amadas jacarandas son nativas de Sudamérica y llegaron a nuestro país a principios del Siglo XX.

En la mayoría de los casos no es muy obvio cómo es que llegaron las diferentes especies a nuestras ciudades. Pero de algunas sí tenemos una idea, como es el caso de los famosos cerezos de la ciudad de Washington, que fueron un regalo del jefe de Gobierno de Tokio a la ciudad. Las palmeras de camellones y parques de la Ciudad de México posiblemente llegaron por iniciativa de un político para transformar la identidad urbana. Pero hay muchas especies más de las que no es posible saber cómo llegaron a las ciudades y probablemente la historia de su origen sea sorprendente. Unos de estos casos son las metasecuoyas, unos árboles que se han sembrado en distintas ciudades del mundo, como en la capital de Canadá donde una de las autoras de este texto se llevó una agradable sorpresa al encontrarse con un grupo de ellas.

Las metasecuoyas son de origen chino y son parientes de las enormes secuoyas que crecen en los estados de California y Oregon, en Estados Unidos. Sólo existe una especie viva de metasecuoya, la Metasequoia glyptostroboides, o románticamente conocida como secuoya del amanecer. Esta especie es considerada como un “fósil viviente” debido a que se conoció por primera vez junto con fósiles del Cretácico de hace más de 66 millones de años y hoy sigue compartiendo el planeta con nosotros. Su nombre genérico proviene del griego meta que quiere decir “junto o con” y secuoya por el género de árboles con el que se encuentran emparentados. El nombre glyptostroboides significa “cono tallado”.

Desde el cretácico tardío al mioceno la especie Metasequoia glyptostroboides vivió en todo el hemisferio norte. Hoy su distribución natural solo se encuentra en un pedacito de China. En la foto se observan conos y hojas de un ejemplar de Toronto, Canadá, la foto fue tomada en 2021. Fotografía: Clementina Equihua.
Desde el cretácico tardío al mioceno la especie Metasequoia glyptostroboides vivió en todo el hemisferio norte. Hoy su distribución natural solo se encuentra en un pedacito de China. En la foto se observan conos y hojas de un ejemplar de Toronto, Canadá, la foto fue tomada en 2021. Fotografía: Clementina Equihua.

En un principio el género Metasequoia lo describió el botánico y paleontólogo Shigeru Miki en 1941, a partir de un fósil proveniente de China que encontró en los estantes de un museo en Osaka, Japón. Después del descubrimiento de Miki muchos expertos más reportaron fósiles de metasecuoyas en otras partes del mundo, incluyendo países tan distantes como Estados Unidos y Rusia, pero nunca se había visto un ejemplar vivo hasta 1942, cuando los botánicos chinos Hu Shian y Cheng Wang se enteraron que había árboles vivos en la provincia de Hubei, en la ciudad de Lichuan parecidos a las metasecuoyas. Inicialmente pensaron que se trataba de un arbolito denominado “ciprés de los pantanos chinos” un pariente cercano de los ahuehuetes mexicanos. Con más estudios, los botánicos Hu y Cheng del Instituto de Biología Fan Memorial, de Pekín, confirmaron que se trataba de una nueva especie que pertenecía al género Metasequoia, ese fósil que ya era común de los estantes de colecciones paleontológicas de diversas partes del mundo. En 1948 Hu y Cheng, después de realizar expediciones a Szechuan para hacer un estudio completo, reconocieron que la especie Metasequoia glyptostroboides, es hoy la única especie viviente de las metasecuoyas de las diez de las que se tiene registro fósil, es decir es un fósil viviente.

Esta metascuoya puede alcanzar los 45 metros de altura y su tronco los 7 metros de diámetro. Incluso, se sabe de un ejemplar que midió aproximadamente 50 metros de alto que, tristemente, murió a causa de un rayo en 1951. Además, son plantas caducifolias, lo que significa que pierde sus hojas cada año. Así, en primavera es verde claro con tonos púrpura, mientras que en otoño cambia desde amarilla/rosada a café/rojiza o rojo intenso, dependiendo de la temperatura y de la humedad. Los individuos viejos suelen formar contrafuertes, algo característico de plantas que crecen en suelos inundables. Actualmente la metasecuoya viva más alta se encuentra en el jardín botánico de Longwood Gardens en Pensilvania, y mide un poco más de 41 metros de alto.

Las metasecuoyas están relacionadas con las secuoyas gigantes de California. Fotografía: Clementina Equihua.
Las metasecuoyas están relacionadas con las secuoyas gigantes de California. Fotografía: Clementina Equihua.

Descubrir un fósil viviente no sucede todos los días, su existencia confirma, como dicen Andy Purvis y coautores, “el final de un proceso evolutivo” que puede suceder por causas externas como modificaciones en el medio ambiente o por cambios en los miembros de la especie. De manera natural los procesos de extinción son muy lentos y pueden manifestarse después de miles o millones de años. Es por la extrañeza de un descubrimiento de este tipo que los periodistas de la época dijeron, cuando se reportó la existencia de Metasequoia glyptostroboides, que era el descubrimiento del siglo. Fascinados por este descubrimiento, en 1946 y a instancias del Dr. H.H. Hu, el reconocido botánico Ed Merril financió una recolecta de semillas del maravilloso fósil viviente de la provincia de Szechuan. De la vasta cantidad de semillas que colectaron Merril y Hu decidieron distribuirlas entre instituciones de botánica, silvicultura y a personas interesadas con fines de propagación en distintas partes de China y del mundo. Es casi seguro que las metasecuoyas plantadas hasta el comienzo de la década de los noventa, provienen de los lotes de semillas que se obtuvieron de esa expedición con la intención de proteger y propagar a la especie. Tristemente, cuando llegaron los botánicos a los pocos lugares en donde habitan naturalmente las metasecuoyas, los campos de cultivo de arroz comenzaban a extenderse a costa de los ecosistemas originales. Por los registros fósiles de todo el mundo, se sabe que existieron inmensos bosques de estos árbolesque se extendían más allá de China durante todo el Terciario. El botánico Peter Raven, considera que las metasecuoyas “quizá fueron el árbol más abundante en la mayoría de los bosques de Norteamérica de hace 50 millones de años”.

Para los amantes de las plantas (científicos o no), la secuoya del amanecer es un árbol hermoso y muy interesante porque ha mantenido una estasis morfológica, es decir el género no ha cambiado con el paso de millones de años, al menos morfológicamente, ya que sigue igual desde principios del Cretácico.

Para los urbanistas, una característica de la Metasequoia es que es súper adaptable y crece rápidamente, por lo que su uso se ha extendido para reverdecer ciudades. Además, se ha observado que posee madera considerada de alta calidad para la industria, por lo que también hay plantíos para usarla para fabricar papel, muebles, material de construcción y herramientas agrícolas. Por su amplio rango de tolerancias fisiológicas, es decir aguanta una gran diversidad de climas, ha sido introducida en más de cincuenta países de Asia, África, Europa y América y se usa en programas de reforestación. Tal es su plasticidad que puede crecer a temperaturas bajo cero, incluso con inviernos tan crudos como los que existen en latitudes tan extremas como las de Alaska.

En su ecosistema nativo sobrevive en áreas con laderas bajas y húmedas, cerca de valles de ríos y arroyos. Decimos sobrevive porque en su área de origen, que es muy pequeña, se encuentra en grave peligro. Según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esta especie se encuentra en la categoría de “peligro de extinción”, pese a que hoy en día se puede ver en infinidad de lugares, incluyendo ciudades como Toronto en Canadá, Seattle en Estados Unidos o Londres en el Reino Unido. La causa principal de la disminución de sus poblaciones naturales ha sido la actividad humana, ya que sus ecosistemas se han transformado, fragmentado e introducido otras especies comerciales en los bosques, además de los cambios en las condiciones climáticas actuales. El gobierno chino creó en 1940 una política oficial para proteger al fósil viviente. Desafortunadamente, sólo los árboles adultos han recibido protección, y sus hábitats y especies asociadas han sido ignoradas. Además, a los habitantes locales se les permite, anualmente, recolectar semillas de los árboles adultos y si se encuentran plántulas, está permitido el comercio de ellas como plantas de ornato. Algunos estudios revelan que al menos durante los últimos 41 años, no ha habido reclutamiento de individuos, es decir, la recolección de semillas es tan intensa en sus hábitats originales, que no hay ejemplares jóvenes que en un futuro reemplacen a los viejos. Aunque se estima que podría llevar más de cien años perder a esta longeva especie en su hábitat natural, no hay garantía de que continúe existiendo allí. Son necesarias políticas más estrictas para la protección efectiva de la secuoya del amanecer, que apareció en la Tierra millones de años antes que nosotros. Sería triste ser testigos del ocaso de este fósil viviente y de su desaparición en su entorno natural en el centro-sur de China.

La primera autora caminaba en la bahía de Toronto cuando vio un arbolito que parecía un ahuehuete, un árbol típico de las zonas ribereñas de México ¿podría ser posible? Guiada por la curiosidad, subió una fotografía de las hojas y conos a la plataforma de ciencia ciudadana Naturalista de Conabio y ahí encontró una sorprendente respuesta: ese árbol es considerado un fósil viviente.

Con la expansión de las ciudades y la globalización, se mueven muchos árboles a regiones ajenas a la suya por su valor ornamental. Algunos han sido adoptados por sus habitantes, como nuestras queridas jacarandas sudamericanas, pero no sabemos la historia detrás de muchos árboles más. Ahora que se recomienda retomar las caminatas por la ciudad quizá también es un buen momento para conocer mejor a nuestros vecinos verdes.

 

Clementina Equihua y María Jimena García Burgos

 

Referencias

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Rubin, K. “The Metasequoia mystery: the 1940s discovery in China of the Dawn redwood, a living fossil, remains in the shadows cast by war, political upheaval, and scholarly intrigue”, Landscape architecture, 106(1), 2016, `pp. 120-127.

LePAGE, B. A., y otros. “The evolution and biogeographic history of Metasequoia”, The geobiology and ecology of Metasequoia, Springer, Dordrecht, 2005, pp. 3-114

Williams, C. J.  “Ecological characteristics of Metasequoia glyptostroboides”, The Geobiology and Ecology of Metasequoia, Springer, Dordrecht, 2005, pp. 285-304

 IUCN. “Red list of threatened species”, International Union for Conservation of Nature and Natural Resources, Gland, Suiza, 2006.

Wang, X., y otros. “Analysis of the change in the original Metasequoia glyptostroboides population and its environment in Lichuan, Hubei from 1948 to 2003”, Frontiers of Forestry in China, 1(3), 2006, pp. 285-291.

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Publicado en: Propuestas y resistencia