La palma aceitera y la degradación de la vida

¿Alguna vez te has preguntado de dónde provienen los insumos que componen tus alimentos y cómo se producen? Posiblemente hayas podido responder a alguna de las preguntas, lo cierto es que varios alimentos y productos que consumimos contienen ingredientes cuyos cultivos son responsables de degradar la vida humana y no humana: es el caso de la palma aceitera. Los cultivos de la palma aceitera a gran escala tienen fuertes repercusiones ambientales; además, muchos de estos alimentos también son responsables de enfermar a quienes los consumimos. Su alta demanda se debe a que el aceite de palma es utilizado en diversos productos industriales como la mantequilla, los helados, los detergentes líquidos, el shampoo, los cosméticos, el biodiesel y los lubricantes, entre otros. En este artículo me referiré a las implicaciones que tiene este cultivo a gran escala y las consecuencias de sembrar una sola especie en un lugar para abastecer a las diversas industrias.

La historia detrás de la degradación ecológica

La palma aceitera es originaria de África Occidental, específicamente de las costas del Golfo de Guinea, y sus plantaciones se han extendido por el mundo a medida que se ha popularizado en el mercado global. Dentro de la industria de plantación y producción de aceite de palma, Indonesia ha jugado un papel relevante desde el inicio y, actualmente, junto con Malasia, controla el 80 %1 del mercado mundial, y el 90 %2 de las exportaciones mundiales. Indonesia es el principal proveedor de este insumo para el continente americano. El triunfo que la industria ha tenido en el país se atribuye a varios factores estimulantes que le han permitido crecer y mantenerse, tales como las inyecciones de capital por parte del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo, y la entrega de subsidios gubernamentales en materia de tierras y capital para ampliar los monocultivos de palma.3

Un monocultivo consta de plantaciones a gran escala de una única especie en un cierto espacio con el fin de conseguir grandes volúmenes y optimizar recursos en el proceso. La agricultura ha utilizado este método con el fin de expandirse, intensificar sus resultados y volverse más productiva. Sin embargo, el uso intensivo de la tierra mediante los monocultivos acentúa los efectos del cambio climático, favorece la degradación de los suelos y la rápida propagación de enfermedades o plagas. En los monocultivos se pierde biodiversidad y se vulnera el derecho a la vida digna de los seres humanos y no humanos.

Las primeras plantaciones de palma aceitera de Indonesia se establecieron en 1911 en Sumatra del Norte,4 durante la administración holandesa en el país, y le pertenecían a una sociedad franco-belga. La producción durante esos años se mantuvo constante. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento de independencia de Indonesia y los disturbios políticos subsiguientes, se generó un estancamiento de la industria hasta la década de 1960, cuando el presidente Suharto, con ayuda del Banco Mundial, hizo inversiones directas a través de compañías estatales y privadas.

Este proceso no tuvo obstáculo alguno ya que los derechos de las comunidades locales sobre la posesión colectiva de tierras se rigen por el derecho consuetudinario, lo que los hace estar más vulnerables frente a este rapaz negocio. En este sentido, la Ley Agraria de Indonesia y algunas otras regulaciones permitieron despojar de las tierras a quienes les pertenecían con “fines públicos”, incluidas actividades de empresas privadas.5

Sólo unos cuantos ganan

De estas circunstancias se beneficiaron las grandes empresas privadas, lo que obligó a la mayoría de las campesinas y los campesinos a volverse empleados de las compañías industriales de plantación como mano de obra barata para la recolección y procesamiento del fruto. Para lograrlo, se abrieron grandes áreas de selva tropical. Para la década de 1990, la ambición de las industrias y el gobierno en su conjunto, además de la necesidad de salir de la crisis económica que asediaba al país, propiciaron que se liberalizara la industria. A su vez, ello presionó para convertir cada vez más territorios en plantaciones del monocultivo de palma aceitera.

Para lograr expandir las plantaciones de este monocultivo, se talaron numerosas áreas de selva tropical. Como consecuencia del aumento de la demanda internacional de productos con aceite de palma y de los bajos costos de producción generados por las políticas económicas del país, Indonesia se ha mantenido como un actor primordial en su producción y comercialización. 

La disponibilidad de tierras y su inexistente regulación, las presiones por parte de empresas trasnacionales y del gobierno en la obtención de las mismas, la mano de obra barata, la demanda internacional y la gran cantidad de capitales de la industria establecida en el país, constituyen un escenario idóneo para cultivar la palma. Sin embargo, el impacto en la naturaleza y en la economía local no ha sido beneficioso.

Espacios previamente disponibles para la agricultura de autosustento han sido arrebatados y, tanto los ríos como las selvas tropicales en los alrededores, se han visto afectados por la deforestación, el uso de pesticidas y el derrame de desechos industriales, lo que obliga a las y los pobladores a trabajar para la industria. Los daños causados no son solamente a la naturaleza, también ha afectado a las comunidades campesinas. En una estructura en donde impera la producción a gran escala, las comunidades son los eslabones más vulnerables. Las mujeres no cuentan con salarios fijos ni contratos de trabajo, no tienen prestaciones ni acceso al sistema de salud, no se les brindan licencias de maternidad y tampoco se les proporciona el equipo necesario para realizar las labores más peligrosas.6 Sólo se les informa de manera verbal las horas y el salario a recibir; en el peor de los casos ni siquiera se les paga por sus labores en las plantaciones.

Selvas sin vida

La riqueza natural de las selvas tropicales, en términos de fauna y flora, es esencial. No obstante, la transición de bosques tropicales a espacios destinados para los sistemas de monocultivo reduce severamente la diversidad del hábitat y favorece a un número muy restringido de especies que coexisten, como algunos polinizadores. Esto representa una gran amenaza, puesto que los países donde se realizan estas prácticas dañinas de cultivo de palma son considerados “megadiversos”.

Algunas personas estiman que sembrar muchas palmas aceiteras podría ser benéfico para el medioambiente, pues durante muchos años se ha promovido la idea de que plantar cualquier especie sin importar la región ayuda al planeta. Es importante considerar que introducir especies invasoras en un hábitat es muy peligroso, pues daña el equilibrio del ecosistema. Se considera especies invasoras a aquellas que no son nativas del país o región donde se encuentran, pero fueron introducidas a ese ecosistema de manera intencional o como resultado de actividades humanas. Al estar en un ambiente nuevo, las medidas que controlan de forma natural su crecimiento y desarrollo (como las condiciones ambientales, la competencia por los recursos, entre otros) no serán suficientes para mantener un control de la misma, por lo que el ecosistema pierde su equilibrio natural y, como resultado, puede haber un crecimiento descontrolado de esa especie. Asimismo, estos monocultivos vienen acompañados del uso indiscriminado de agentes químicos dañinos.

La palma aceitera es un ejemplo de una naturaleza a disposición de los humanos. Es un reflejo de cómo la naturaleza es concebida como un elemento de conquista y explotación. Con este tipo de industrias se refuerza la idea de que la naturaleza está a disposición de aquella producción que trae ganancias para unos cuantos. Así, la destrucción de las selvas, el aumento de los monocultivos, la contaminación de aguas y suelos, entre otros efectos de esta industria, no son relevantes mientras exista aceite de palma para utilizar y vender.

En Indonesia y muchos países del Sur global, el despojo territorial y la destrucción de la naturaleza se han hecho en beneficio económico para unas cuantas personas y en detrimento de los grupos históricamente invisibilizados. Desgraciadamente, este mismo escenario se vive en México. El despojo territorial y la destrucción de la naturaleza se han hecho presentes en la expansión de monocultivos de aguacate, soya, caña de azúcar y palma aceitera. En el estado de Chiapas, que cuenta con la mayor superficie sembrada del cultivo, se convenció a base de engaños a la población de diversos municipios para trabajar con el monocultivo de palma aceitera; se les dijo que a través de estas plantaciones podrían convertirse en “pequeños empresarios”, y se les aseguró que este cultivo no perjudicaría sus tierras. Pero en varias ocasiones se ha denunciado el despojo y control violento en esos territorios.7 De acuerdo con datos de la Federación Mexicana de Palma de Aceite (Femexpalma), en 2021, sólo en Chiapas había aproximadamente 51 165.4 hectáreas sembradas.8

Es importante analizar cómo opera en nuestros países esta depredación motivada por el capitalismo neoliberal, cuyo costo lo resiente la naturaleza y despoja a las comunidades de su derecho a la vida digna. En México y en otros países, sobre todo del Sur Global, las campesinas y los campesinos son engañados para ceder sus tierras con promesas que nunca llegan. Mientras tanto, las grandes empresas agroindustriales aprovechan los vacíos legales para hacer negocio a expensas de la naturaleza y de la gente que ahí habita. Es necesario replantearnos el modelo de la industria de alimentos, y buscar prácticas y procesos que permitan que cuiden de la vida, de los seres vivos y no vivos.

 

Naomi Campos
Licenciada en Relaciones Internacionales


1 Karthigayen, K. “El aceite de palma en el mercado global y sus oportunidades en Estados Unidos”, Palmas, no. 37 Especial , Tomo II, Instituto Indonesio de Investigación de la Palma de Aceite, 2016.

2 Karthigayen, K. Ob. cit. p. 321.

3 Siahaan, D. “La industria del aceite de palma en Indonesia: una travesía de diez y seis décadas”, Palmas, no. Especial, vol. 31, tomo II, Instituto Indonesio de Investigación de la Palma de Aceite, 2010.

4 Siscawati, M. “El caso de Indonesia: Bajo la sombra de Suharto”, en El amargo fruto de la palma aceitera: Despojo y deforestación, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, agosto de 2001.

5 Larson, A. M. Derechos de tenencia y acceso a los bosques Manual de capacitación para la investigación, Bogor, Indonesia, Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), 2013.

6 Sawit Watch Indonesia, “Indonesia: la explotación de las mujeres en las plantaciones de palma aceitera”, en Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, boletín núm. 236, Indonesia, marzo de 2018.

7 Agua y Vida: Mujeres, Derechos y Ambiente A.C., “La palma aceitera desde la palabra de las mujeres: Diagnóstico de la palma aceitera (Elais guineensis Jacq.) y sus efectos en los territorios de Chiapas”, Chiapas, México, 2021, p. 27

8 Femexpalma, “Anuario Estadístico 2021”, Federación Mexicana de Palma de Aceite, México, 2021.

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Publicado en: Impactos y deterioro

Un comentario en “La palma aceitera y la degradación de la vida

  1. Hay palma africana en el amazonas? entonces porqué la deforestación descontrolada de la selva y la siembra desmedida de la soya?

    Así como se han presentando situaciones que han generado deforestación en el pasado, tambien hay organismos que buscan que sea una producción sustentable.
    Cierto es que Indonesia es el claro ejemplo de lo que no se debe hacer, control de políticas y precios para el aceite, exportación definida o nula, o ventas de exportación selectiva a socios comerciales.

    Empresas importantes solo consumen aceite de palma certificado y esto ha generado buenas prácticas para el desarrollo y la sustentabilidad de la palma en México y Centroamérica.

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