El Ártico perece a una velocidad inquietante. Cada segundo se derriten 10 000 toneladas de hielo marino. La temperatura promedio ha aumentado en dos grados Celsius desde la época preindustrial, lo cual es el doble del incremento promedio planetario en ese mismo periodo. Desde que empezaron las observaciones satelitales, en 1979, ha perdido 40 % de su extensión y 70 % de su volumen durante el verano. Para el año 2035 se pronostica que sus aguas estarán libres de hielo durante el verano, (aunque algunos conjeturan importantes deshielos en invierno en un futuro no muy remoto), lo cual permitirá la navegación por estas aguas del llamado Lejano Norte, haciendo así posible su completa explotación económica, al mismo tiempo que se consuma la muerte de una región del mundo crucial para la vida planetaria. Hablamos de la muerte del Ártico como ecosistema, como regulador del clima planetario, como fábrica de vida, como naturaleza que parece haber iniciado un viaje sin retorno.
No todo es condena hacia el calentamiento global y sus efectos en el derretimiento de los hielos polares. Y no son pocos quienes agradecen al cambio climático tanta bondad. Las grandes corporaciones que comandan la economía mundial parecen festejar la apertura de las aguas polares a la navegación y a la economía. Para ellos el Ártico no es fuente de vida, sino un almacén desperdiciado de riqueza material. Bajo sus hielos descansan en el olvido tesoros inimaginables.

Ilustración: Izak Peón
Las riquezas del Ártico se han vuelto particularmente atractivas por la demanda creciente de materias primas de una economía mundial, incontenible aún en sus momentos de contracción y crisis. Y no son sólo las ocho naciones que integran El Consejo del Ártico: Estados Unidos, Rusia, Canadá, Islandia, Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia, quienes se disputan sus fortunas. Otras naciones como el Reino Unido y China se muestran ansiosas por sumarse al reparto del botín que tanta riqueza promete.
Los estudios de la United States Geological Survey señalan que el Ártico cuenta con una quinta parte del petróleo y el gas natural por descubrir en el mundo. Además, abundan en la región minerales, y elementos básicos para la industria moderna como el diamante, el hierro, el oro, el uranio, el torio y algunos de los llamados metales raros, ampliamente utilizados en la microelectrónica.
Es éste otro Ártico, distinto al que procura vida y esperanza. Es más bien uno que nace para la economía y los negocios. Que entusiasma a la navegación comercial, al turismo, a los consorcios mineros del mundo, entre los que destacan los de Canadá, Reino Unido y China. Este Ártico que se deshiela, no es visto como amenaza, sino como “ventana de oportunidad” para nuevas aventuras económicas. Muchos países, muchas corporaciones ya operan en el Ártico. Groenlandia, por ejemplo, parece gozosa con las ganancias que le reditúan los permisos que otorga para la explotación de distintos minerales. Suecia ha intensificado su presencia y explotación económica de la región. La flota rusa navega ya regularmente por las aguas de Siberia transportando materias primas y petróleo para las economías de Oriente; China campea en sus aguas con sus poderosos Dragones de Nieve, Estados Unidos ha iniciado un proyecto de construcción de grandes y poderosos barcos rompehielos para sus fines comerciales y militares. En el verano del 2018 un gran barco contenedor de la compañía danesa Maersk Line atravesó las aguas árticas transportando mercancías electrónicas de Asia a Europa. La ruta del Ártico ya es vista como una alternativa, más segura y rentable, a la ruta del Medio Oriente, que se debate entre la guerra, el conflicto y la piratería.
Semejante belleza para el mundo de los negocios no podría dejarse a la deriva. Por ello la región es vista ya desde el punto de vista de la geopolítica y del control estratégico del mundo. La apertura de las aguas anteriormente congeladas, cuyos hielos funcionaban como barreras de protección y contención naturales, hoy día empieza a aparecer como amenaza, una distinta a la que el mundo experimenta ante el creciente calentamiento del planeta; una amenaza que nos es solo debido a la guerra comercial y por los recursos naturales, sino también desde el punto de vista militar. Para Rusia, Estados Unidos y China la navegación expedita en el Ártico también representa una amenaza, abre la posibilidad de un ataque militar. Estas y otras potencias resienten la apertura de un área que los hace particularmente vulnerables al poderío militar de sus rivales. Todas las naciones y potencias involucradas han iniciado un reforzamiento de su presencia militar en la zona, creando bases militares, construyendo navíos de guerra y planeando estrategias para un eventual conflicto armado.
La muerte del Ártico no la provocará únicamente el calentamiento global. En todo caso, este será solo un facilitador para las grandes ambiciones de los países y corporaciones que se han propuesto su explotación económica y su control militar. Parece paradójico, pero el principal enemigo del Ártico son las grandes riquezas materiales que alberga su subsuelo, y la voluntad de apropiárselas por parte de las naciones que integran el Consejo del Ártico y de otras con iguales ambiciones económicas.
Una naturaleza muere con el deshielo del Ártico provocado por el calentamiento planetario y por otras intervenciones humanas. Muere la naturaleza que es vida, que produce vida, que produce más naturaleza. Otra naturaleza nace, la que es sometida al mercado y al gran capital, naturaleza muerta, motivada por la explotación de los minerales preciosos, del petróleo y gas que abunda en su subsuelo, la que es devastada, que genera muerte; naturaleza convertida en materia prima, en insumos para una producción incesante de mercancías, que no se producen para satisfacer las necesidades humanas, sino para las necesidades de la economía, de la ganancia y la rentabilidad.
Pocos parecen notarlo, la crisis ambiental que tiene lugar hoy día no solo es una crisis de sociedad, no es solo una crisis de civilización, es una crisis del sistema de la vida, que amenaza tanto al mundo humano como al no humano. Cada especie, cada ecosistema que desaparece nos hace desaparecer a nosotros, nos hace más vulnerables, mostrándonos con vehemencia esa relación malsana que mantenemos con el mundo natural, una relación que es patológica porque destruye el sustrato último de toda forma de vida, la fuente única de nuestra subsistencia y de nuestro ser en el mundo.
El Ártico se encuentra hoy día en gran peligro de desaparecer como fábrica de vida y como parte de los mecanismos de autorregulación del sistema de la vida planetaria. Sólo la movilización planetaria, la protesta y la defensa ciudadana mundial podrá salvarlo de semejante destino.
José Luis Lezama
Siento y YO estoy seguro que dia a dia estamos cambiando y con esto matando a este mundo que de seguro no es para nosotros pero que como muchas otras especies estamos aqui por mandato divino, no soy ecologista ni nada parecido simplemente siento que ya no hay marcha atras y poder tener la vida que hace un año teniamos.