Existe un hermoso valle costero en el norte de México, llamado Camalú. Está rodeado por las montañas y el majestuoso Océano Pacífico, y sus playas frías ofrecen vistas espectaculares del atardecer. El clima es semiseco a semicálido y predominan las cactáceas y suculentas. No hay ríos, lagos o lagunas, pero las pocas lluvias que llegan en invierno permiten la floración de especies de zonas áridas, como la amapola californiana y la verbena de arena rosa. Camalú es conocido por su importante producción y exportación de frutas y hortalizas hacia Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el auge agrícola ha tenido un impacto negativo en el medioambiente, especialmente en la calidad del agua subterránea. Esta es la historia de las y los Monitores del Agua Subterránea en Camalú (MASC), una iniciativa que fomenta el monitoreo participativo de la calidad del agua a través de la colaboración entre la población local, el gobierno, la academia y las empresas de la localidad.
Figura 1. Playa de Camalú

Camalú
Camalú es un lugar donde los campos agrícolas prometían salarios y viviendas mejores para aquellos que emigraron en busca de una vida mejor. Indígenas de todas partes de México, como mixtecos, triquis, zapotecos, nahuas y otros grupos, migraron con la esperanza de tener mejores salarios. A pesar de sus esfuerzos, las oportunidades de progreso fueron escasas. Incluso aquellos que habían intentado emigrar en busca del “sueño americano” sólo encontraron marginalización y discriminación en su nuevo hogar. Estos grupos han lidiado con la pobreza en entornos rurales y urbanos, y a pesar de ello, son quienes han conquistado este territorio en la búsqueda de una vida mejor.
Figura 2. Localización de Camalú

Figura 3. Cosecha de fresa para exportación en Camalú

Nisa, un ejemplo esperanzador
Con el sol naciente en el horizonte, Nisa llegó en la década de 1980 y se quedó en Camalú. Había recorrido un largo camino desde su hogar en la mixteca oaxaqueña. A su llegada, notó que los bosques de su pueblo habían sido desplazados por un valle árido inmenso, con veredas empolvadas y plantas con espinas. Con el paso del tiempo, Nisa fue testigo de cómo el asfalto de la Carretera Transpeninsular abría un camino hacia el norte para expandir la agricultura industrial gracias a la Reforma Agraria de 1992. Sus manos cosecharon los campos de varios ranchos, su piel se curtió al estar en contacto constante con agroquímicos, que contaminaban el aire y el agua. Nisa presenció la sed insaciable de los cultivos que secaban los pozos. Pronto se dio cuenta de cómo el agua se volvía cada vez más salada, ya que los pozos extraían cada vez menos agua y arrastraban consigo el agua del mar al interior de la tierra. Nisa mantenía la esperanza de que, algún día, las cosas cambiarían para bien.
Una tarde, Nisa se asomó por la ventana de su humilde casa y observó cómo sus vecinos luchaban por obtener más agua. El corazón le dio un vuelco al darse cuenta de que el pozo de su comunidad también se estaba secando y que la escasez de agua en la región se había vuelto más crítica de lo que imaginaba. Como todos sus vecinos, Nisa buscaba desesperadamente las pipas de agua para obtener el recurso vital, cuidando hasta la última gota disponible en sus tambos, regando el patio con agua de la lavadora, sin poder usar regadera o excusado. No obstante, las sustancias presentes en el agua corriente dañaban las tuberías y válvulas. Nisa sabía que era crucial unir fuerzas con sus vecinos y familiares para trabajar juntos por un uso más eficiente y responsable del recurso hídrico, antes de que fuera demasiado tarde.
Siendo una defensora apasionada de la conservación del agua, Nisa ha trabajado incansablemente para concientizar a su comunidad sobre la importancia de usar el agua de manera responsable. Ante esta situación, Nisa se unió a la iniciativa del monitoreo participativo de la calidad del agua subterránea (MPCAS) y ahora trabaja junto a otros miembros de la comunidad, representantes del gobierno, la academia y la iniciativa privada para garantizar un futuro sostenible para la región, a través de la medición, el análisis y la compresión de la calidad del agua.
Monitoreo Participativo de la Calidad del Agua: un espacio de unión
“Nisa”, que significa agua en zapoteco, representa el corazón de los Monitores del Agua Subterránea en Camalú (MASC), quienes, siendo un grupo de vecinos, se han comprometido con la evaluación y seguimiento de la calidad del agua en sus colonias. Los monitores pertenecen a la comunidad, realizan los muestreos y recopilan los datos sobre la calidad del agua, lo que les otorga una mayor credibilidad científica en la defensa de sus demandas de agua de calidad y en la protección de los derechos humanos y de los recursos naturales para el futuro.
El grupo MASC ha creado un espacio de lucha por el agua, su ímpetu ha sido una fuerza clave en la promoción de la identidad local y la concientización sobre el monitoreo en Camalú. Han demostrado un fuerte compromiso en comunicar las ventajas del monitoreo a otros miembros de la comunidad y han liderado iniciativas para mejorar el alcance y la eficacia de su trabajo como monitores. Además, han expresado su intención de formalizarse bajo una figura legal para gestionar recursos económicos y ampliar aún más su impacto.
Figura 4. Monitores del Agua Subterránea en Camalú

La historia de las y los Monitores del Agua Subterránea en Camalú es un ejemplo inspirador de cómo la colaboración y el compromiso pueden ayudar a enfrentar los desafíos ambientales y sociales en nuestras comunidades. La lucha por la conservación del agua es una tarea importante en todo el mundo y es vital que todos trabajemos juntos para asegurar un futuro sostenible para las generaciones venideras.
Pero aún queda mucho por hacer. ¿Cómo lograr que todas las partes interesadas trabajen juntas hacia un mismo objetivo? ¿Cómo superar las barreras culturales y de conocimiento que dificultan la colaboración entre estos grupos? La respuesta a estas preguntas dependerá, entre otras cosas, de la voluntad y el compromiso de todos los involucrados en este reto ambiental.
Mariana Villada Canela
Investigadora del Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la Universidad Autónoma de Baja California
Edith Dominguez Rendón
Estudiante del Doctorado en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Autónoma de Baja California