En nuestro país, usamos “Juntos, pero no revueltos” para referir relaciones en las que los elementos implicados conviven próximos entre sí, pero mantienen su propia individualidad e independencia. Este refrán nos sirve para reflexionar sobre la búsqueda del enfoque biocultural para superar la disociación entre naturaleza y cultura que, hasta hace apenas pocos años, primaba el entendimiento y estudio de los sistemas biológicos y sociales. Ello resulta de suma importancia para promover esquemas sostenibles de manejo de los recursos naturales y avanzar hacia la justicia ambiental en un país como México, cuya enorme diversidad biológica y agrícola depende íntimamente de la riqueza cultural de sus pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes y mestizos, mismos que, a pesar de su gran legado de vida y territorial, han sido estructural e históricamente relegados de la vida pública y el desarrollo social del país.
Muy probablemente en alguna lectura, charla académica, o incluso a través de los medios de comunicación, nos hemos topado con la palabra “biocultural” y hemos dado por sentado su significado, sin comprenderla ni reparar realmente en su relevancia. Por esa razón, a continuación reflexionaremos sobre el devenir, la pertinencia e importancia de este concepto tan en boga.
La palabra biocultural apareció formalmente como categoría científica apenas a inicios del nuevo milenio. No obstante, es importante reconocer que el concepto llevaba fraguándose al menos dos décadas, a partir de los aportes generados por las y los biólogos, ecólogos, geógrafos y agroecólogos sobre la diversidad de especies, cultivos y paisajes, y mediante las contribuciones de las y los antropólogos, lingüistas, arqueólogos y etnohistoriadores en relación con la diversidad de lenguas y expresiones culturales. En particular, el surgimiento de la noción de bioculturalidad suele atribuírsele al legado del polifacético antropólogo y biólogo norteamericano Darrell Posey.
A pesar de que se acumulan definiciones sobre el significado del concepto, existe cierto consenso entre la comunidad en entenderlo, de manera general y sencilla, como la intersección en espacio y tiempo de la diversidad biológica, lingüística y agrícola. De igual manera, al mapear las geografías a nivel mundial en las que traslapan dichas diversidades, las y los especialistas coinciden en destacar países como Indonesia, México, China, India, Nueva Guinea, Perú, Nigeria, Australia, Brasil y Congo. Se estima que, a raíz de los complejos procesos de coevolución entre naturaleza y cultura que han tenido lugar a lo largo de los últimos 15 000 años, estos diez países albergan alrededor del 70 % de la riqueza biológica del planeta, contribuyen con cerca de la mitad de las especies del sistema alimentario mundial y en ellos se hablan aproximadamente 4500 de las casi 7000 lenguas existentes en el orbe.
Tabla 1. Los diez principales países bioculturales del mundo
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País |
Biodiversidad |
Diversidad Lingüistica |
Centro de Agrodiversidad |
Concentración de culturas tradicionales |
|
1. Indonesia |
Alta |
Alta |
Alta |
Alta |
|
2. México1 |
Alta |
Alta |
Alta |
Alta |
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3. China |
Alta |
Alta |
Alta |
Alta |
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4. India |
Alta |
Alta |
Media |
Alta |
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5. Nueva Guinea |
Media |
Alta |
Alta |
Alta |
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6. Perú |
Alta |
Baja |
Alta |
Alta |
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7. Nigeria |
Baja |
Alta |
Alta |
Alta |
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8. Australia |
Alta |
Alta |
Baja |
Baja |
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9. Brasil |
Alta |
Alta |
Baja |
Baja |
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10. República Democrática del Congo |
Baja |
Alta |
Alta |
Baja |
Fuente: elaboración propia
En tanto campo de estudio e incidencia en construcción, un conjunto de escalas de análisis y acción social se desarrollan en torno al enfoque biocultural. Éstas incluyen desde unidades de estudio amplias como los complejos, las regiones y los paisajes; unidades muy concretas y observables como la diversidad, la riqueza y los recursos, y conceptualizaciones teóricas más abstractas como las nociones de patrimonio, legado, memoria y axioma. Tal pluralidad conceptual y metodológica es una manifestación de que la bioculturalidad se está consolidando como un nuevo paradigma.
Figura 1. Representación esquemática del paradigma biocultural. (A) Unidades de integración y análisis. (B) Conceptualizaciones teóricas

Fuente: elaboración propia
La articulación del paradigma biocultural como una arena de interfaz entre el quehacer académico, la defensa territorial, los marcos normativos y las políticas públicas puede tener profundas implicaciones para la equidad ambiental y la afirmación cultural de los pueblos originarios, las comunidades campesinas, afrodescendientes y mestizas que son importantes moldeadoras y custodias de la bio-etno-agro-diversidad. Por ejemplo, desde este enfoque paradigmático se pueden formular esquemas reivindicativos y no excluyentes de preservación de la biodiversidad que partan de las cosmovisiones, los conocimientos y las prácticas locales de manejo de los recursos naturales; estrategias de conservación in situ y resguardo de la agrodiversidad asociada a las agriculturas tradicionales; el rescate de las lenguas indígenas amenazadas y la tradición oral erosionada; la recuperación de la alimentación, las culturas alimentarias y la medicina autóctona; los peritajes antropológicos y litigios estratégicos, entre otros importantes frentes de salvaguarda, lucha y revitalización biocultural.

Uso de la yunta en los valles centrales de Oaxaca, tecnología agrícola tradicional que forma parte de los recursos bioculturales de los pueblos campesinos en México. Fotografía: Claudia Novelo Alpuche
Al ser uno de los primeros epicentros de enunciación y mayores ostentadores de las diversidades descritas, México tiene importantes y crecientes esfuerzos académicos, comunitarios y políticos para avanzar el paradigma biocultural. Desde 2011, nuestro país cuenta con una red temática de investigación única en el mundo que congrega a más de 270 integrantes pertenecientes a 15 disciplinas científicas, adscritos a 70 instituciones educativas y con presencia en 22 estados del país, que colaboran con 30 grupos etnolingüísticos, trabajan en 34 subcuencas hidrográficas y que, en su conjunto, brindan algún grado de cobertura académica a cerca de 80 regiones bioculturales. Por su parte, dentro del ámbito comunitario, vale la pena destacar el esfuerzo de la Junta Intermunicipal Biocultural del Puuc (JIBIOPUUC): organización conformada por un consejo de administración que reúne a representantes ejidales, funcionarios de los tres órdenes de gobierno, académicos y a la sociedad civil para articular esfuerzos de base local y comunitaria a fin de preservar la diversidad biocultural y promover los modos y mundos de vida campesinos de las y los mayas que dependen del último macizo forestal del estado de Yucatán para subsistir.
Finalmente, merece mención especial la reciente reforma y adición a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. Este cambio en materia de bioculturalidad impulsado por la Comisión de Medio Ambiente, Sustentabilidad, Cambio Climático y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados, incorpora legalmente los conceptos de “patrimonio biocultural” y “conocimientos tradicionales” a la política ambiental nacional. Dicha incorporación normativa faculta y mandata a las autoridades ambientales competentes a garantizar la salvaguarda de la bio-etno-agro-diversidad, ya no de manera aislada y excluyente (p. ej. a través de políticas productivas, de conservación, sociales y étnicas, por separado), sino mediante instrumentos integrales e inclusivos como los planes nacionales de agroecología, el diseño de programas de manejo para las áreas naturales protegidas fundamentados en el diálogo de saberes entre las sabidurías y prácticas tradicionales y los conocimientos científicos, así como la incorporación de contenidos bioculturales en las agendas de investigación, comunicación y educación ecológica orientadas a diferentes sectores de la sociedad.

Área forestal de 5500 km2 preservada y manejada por la Reserva Estatal Biocultural del Puuc en el sur del estado de Yucatán, primera área natural protegida en México que no parte de un enfoque restrictivo y vertical de manejo, sino horizontal y comunitario a partir de los conocimientos y prácticas tradicionales de uso y preservación de los montes mayas. Fotografía: JIBIOPUUC.
Dada la condición de mutua determinación —o “juntos y sí revueltos”— de la bio-etno-agro-diversidad, resulta fundamental que las agendas de investigación y políticas internacionales en materia de conservación de la biodiversidad, rescate lingüístico y resguardo de la agrodiversidad transiten de manera pronta al paradigma biocultural y comiencen a articular esfuerzos conjuntos e integrales. Ello se podría traducir en nuevos horizontes de justicia socio-ambiental para los más de 5000 grupos culturales con representación en alrededor de 100 países, de los cuales depende directamente nuestra memoria biocultural como especie y el legado civilizatorio para, en palabras del filósofo francés Bruno Latour, “aprender a compartir el mundo, antes de que no haya más mundo que compartir”.
Tlacaelel Rivera-Núñez, Maite Lascurain-Rangel y Citlalli A. González
Red de Ambiente y Sustentabilidad, Instituto de Ecología, A. C.
1 Quinto país con mayor riqueza de plantas y animales y séptimo en endemismos, lo que nos posiciona como la quinta nación megadiversa del mundo; 68 lenguas indígenas y 364 variantes habladas; uno de los siete centros Vavilov de origen, domesticación y diversificación agrícola en el mundo; alrededor del 30 % de la población del país es indígena, campesina o afromestiza.
Si no se garantiza la libre determinación de los pueblos indígenas la biodiversidad de este país y en específico del sureste mexicano, será arrasada por eso que llaman desarrollo y modernidad