“El vino hace la vida diaria más fácil y llevadera, con menos tensiones y más tolerancia”.
—Benjamin Franklin
El encanto del Valle de Guadalupe nace no sólo de sus exquisitos vinos y su afamada cocina, sino también de la belleza natural que lo rodea. La revista Travel + Leisure describe la región como “un paisaje de ensueño de colinas ondulantes, viñedos y atardeceres en tonos pastel, donde la vida gira en torno a los placeres del vino, la comida y la naturaleza”. Ubicado en Baja California, “el Valle”, conocido también como el Napa Valley de México, se ha consolidado como la región vitivinícola más importante del país.
Esta región ha experimentado un crecimiento exponencial, reflejo de su popularidad y prestigio tanto a nivel nacional como internacional. En 1999, contaba con sólo seis vinícolas; para 2005, ese número creció a 25, y en 2023, alcanzó las 150 vinícolas. Este crecimiento ha convertido al Valle en un destino vinícola reconocido mundialmente, atrayendo a más de 750 000 visitantes al año. Sombreros anchos, vestidos blancos y botas vaqueras forman parte del adorno y el cliché de la experiencia. Más de 100 vinícolas ofrecen degustaciones y recorridos que permiten a los visitantes sumergirse en el arte, la naturaleza y la cultura del vino. Además, la región es famosa por su cocina Baja Med, que combina técnicas mediterráneas con ingredientes locales, creando un placer culinario que complementa a la perfección sus vinos.
Un viñedo en el Valle de Guadalupe

Insectos bajo la corteza
El Valle de Guadalupe enfrenta desafíos ambientales que ponen en riesgo el futuro de sus vinos. El clima mediterráneo y la diversidad de suelos de esta región sustentan quince variedades de uvas, tanto tintas como blancas y rosadas, provenientes de países como Francia, España, Italia y Croacia. Estas condiciones no sólo permiten la diversidad vinícola del Valle, sino que también favorecen una rica, aunque poco estudiada, biodiversidad de insectos. Esta biodiversidad enfrenta una creciente amenaza debido a las prácticas agrícolas intensivas adoptadas para expandir los viñedos, como el uso excesivo de pesticidas y la eliminación de vegetación nativa. Estas actividades no sólo impactan la biodiversidad, sino también los servicios ecológicos esenciales que proporcionan comunidades de artrópodos, un grupo diverso de organismos que incluye insectos y arácnidos.
A lo largo de la historia, las plagas han sido una amenaza constante para los viñedos. En el siglo XIX, el insecto filoxera devastó viñedos europeos, causando una crisis que se superó mediante injertos con raíces resistentes de vid americana. Más recientemente, en el siglo XX, la polilla de la uva (Lobesia botrana), originaria de Europa, se propagó a otras regiones vitivinícolas, afectando la calidad y cantidad de las cosechas. Hoy en día, en el Valle de Guadalupe, las plantas de vid enfrentan la amenaza de los piojos harinosos (Planococcus ficus). Estos diminutos insectos, que se esconden bajo la corteza y succionan la savia de las plantas, pueden reducir la productividad entre un 30 % y un 100 %, afectando tanto la cantidad como la calidad de la uva. Además, insectos vectores transmiten virus que enrojecen o deforman las hojas.
Infestación del piojo harinoso de la vid

Normalmente los artrópodos son vistos desde su papel de villanos en la agricultura, sin embargo, hay artrópodos que se convierten en verdaderos “héroes” al contribuir al equilibrio natural de los ecosistemas. Las abejas, por ejemplo, garantizan la polinización de plantas nativas, mientras que las catarinas y las arañas participan en el control natural de plagas. No obstante, aún no sabemos con certeza cuántas especies de insectos habitan el Valle ni cuáles podrían convertirse en futuros “villanos” o “héroes” inesperados en la viticultura.
Por eso es fundamental estudiar y entender esta biodiversidad para adoptar prácticas de manejo sostenible que protejan los ecosistemas y garanticen la producción de vinos de alta calidad. Sólo así podremos preservar tanto el legado vinícola del Valle de Guadalupe como la riqueza ecológica que lo sustenta.
Araña saltarina depredadora natural de los viñedos

Ciencia en acción en los viñedos
El uso indiscriminado de pesticidas ha transformado al vino, la bebida más saludable, en algo menos saludable no sólo para los consumidores, sino también para el medioambiente y las comunidades cercanas. Minimizar el uso de pesticidas y fertilizantes químicos es crucial para prevenir la contaminación del agua y el suelo, proteger la fauna local y fomentar un entorno más equilibrado. Además de proteger directamente a los trabajadores agrícolas, quienes están expuestos a estos químicos, y a los consumidores, al reducir la posibilidad de residuos en el producto final.
Ante estos retos, la implementación de prácticas agrícolas sostenibles requiere un enfoque interdisciplinario que integre a entomólogos, enólogos, microbiólogos, productores locales, trabajadores agrícolas y, por supuesto, a los depredadores naturales de las plagas, nuestros héroes de seis patas.
Al pensar en científicos, es común imaginar laboratorios, batas blancas y la búsqueda de curas para enfermedades humanas. No obstante, hay investigadores que orientan su trabajo hacia temas menos convencionales pero igual de relevantes. En Baja California, la Dra. Sara Ceccarelli y el Dr. David Schneider, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), lideran un proyecto que explora cómo los hábitats nativos, naturales y agrícolas que rodean los viñedos influyen en las interacciones entre los artrópodos, funcionando ya sea como reservorios de plagas o como aliados naturales para su control.
Medidas como la plantación de coberturas vegetales y la implementación de corredores biológicos mejoran la salud del suelo, reducen la erosión y fortalecen la capacidad del suelo para retener agua, lo cual es esencial en regiones propensas a la sequía como Ensenada. Estas estrategias no sólo promueven la biodiversidad, sino que también mitigan los efectos del cambio climático que intensifican el estrés en las plantas debido a temperaturas extremas, sequías y cambios en los patrones de lluvia.
Guiar los esfuerzos con la mejor ciencia disponible, en conjunto con el apoyo de las comunidades, y un trabajo profundo con la naturaleza, es esencial para asegurar un futuro próspero y sostenible para los vinos del Valle de Guadalupe.
Colecta de insectos en el Valle de Guadalupe

David Schneider
Investigador posdoctoral, CICESE
Daniela Leal Maya
Estudiante de la carrera de Biología, Universidad Autónoma de Baja California
Alejandra G. Ramos
Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Baja California.