En Fundación, Isaac Asimov describe al planeta Trántor como un área de 1200 millones de km² totalmente urbanizada, sin espacios verdes para sus 40 000 millones de habitantes a excepción del islote de tierra con árboles y flores del palacio imperial. La imagen distópica concebida en 1950 resulta incómoda porque a partir de entonces hasta 2018 la población urbana mundial aumentó cuatro veces. Probablemente crecerá a 2500 millones de habitantes al 2050.1 México también siguió este proceso de urbanización; de 1950 a 2015 su población aumentó cuatro veces y pasó de ser mayoritariamente rural a primordialmente urbana.2
En el transcurso de este proceso de urbanización, los espacios verdes se sacrifican a pesar de que los servicios ecosistémicos que proveen son fundamentales para la sustentabilidad urbana. Estos servicios incluyen la provisión de combustibles y alimentos, la regulación de la contaminación atmosférica y la gestión del agua pluvial, así como beneficios culturales que abarcan desde la recreación hasta la mejora de la salud física y mental. Además, los procesos ecológicos que sustentan el funcionamiento de los ecosistemas también se ven afectados. Ante esta disyuntiva, es claro que las áreas verdes dentro de las ciudades se preserven y mantengan accesibles para toda la comunidad.
En México, la NOM-001-SEDATU-2021 establece que la distancia entre las viviendas y los espacios públicos debe variar entre 400 y 2500 metros, dependiendo del tamaño y la existencia de áreas verdes cercanas. Sin embargo, esta normativa no considera la densidad poblacional para la dotación de estas áreas, la cual cambia significativamente entre ciudades. Una revisión de publicaciones ha revelado un déficit general de áreas verdes en el país. Además, se observan notorias inequidades entre ciudades, ya que la provisión promedio de áreas verdes difiere de 1.1 m² por habitante en Mexicali a 15.10 m² por habitante en Ciudad de México.3
Ahora bien, ¿es posible salvar las áreas verdes en una ciudad en crecimiento?, ¿hay experiencias exitosas que puedan ser replicadas, quizás escaladas al resto de las ciudades del país? Este artículo presenta un caso exitoso de preservación de un espacio verde urbano enclavado en una ciudad con urbanización acelerada. Este logro ha sido posible a pesar de enfrentar desafíos como la falta de financiamiento, desarreglos institucionales, variabilidad climática e inconstancia en la calidad del agua.
Ecoparque, un caso exitoso en Tijuana
Tijuana es una ciudad que ha experimentado un crecimiento urbano vertiginoso y que tiene apenas 1.44m² de áreas verdes públicas por habitante. La ciudad posee una dinámica demográfica muy influenciada por la migración; al 2020 la población alcanzó 1 922 523 habitantes.4 El acelerado crecimiento y la mala planeación urbana provocaron desequilibrios para cubrir las necesidades poblacionales. Esto se vio agravado por el origen irregular del 43 % de los asentamientos humanos5 creciente en laderas con pendientes inadecuadas para la construcción.6 Tijuana es vulnerable a inundaciones y deslaves por los cambios al paisaje.
Ante la acelerada urbanización de Tijuana, en 1987 El Colegio de la Frontera Norte creó Ecoparque, un proyecto enfocado a la educación ambiental, la vinculación académica y la investigación aplicada. El parque se desarrolló sobre una ladera con una elevación de ochenta metros de altitud promedio y un área de seis hectáreas, conforma la cuarta área verde más extensa de la ciudad.
Ecoparque se ha transformado en un Laboratorio de Resiliencia Urbana, donde se analizan las condiciones de la gestión ambiental metropolitana y se identifican áreas de oportunidad, para diseñar, experimentar y aportar soluciones técnicas y científicas. Estas soluciones, que pueden ser replicadas y ampliadas, buscan mejorar la calidad de vida de los habitantes. El complejo cuenta con cinco programas interrelacionados: Agua, Jardín Botánico con vivero de plantas nativas, Agricultura Urbana y compostaje, Energía y Educación Ambiental.
Ecoparque visto desde las alturas

El programa de Agua nació como Sistema Descentralizado de Tratamiento y Reúso de Aguas Negras en Zonas Urbanas con capacidad de cinco litros por segundo para hacer frente a la escasez hídrica al aprovechar el agua tratada. Las aguas residuales domésticas provenientes de un asentamiento de 6193 habitantes de hogares y pequeñas empresas, llegan al sistema por gravedad. Las aguas reciben un tratamiento terciario, esto es, son recibidas por una rejilla de entrada y microcriba, para pasar a un biofiltro y sedimentador, y finalmente cruzar un humedal sembrado de platanillo y una laguna de maduración. Más del 30 % del agua tratada es reutilizada para el riego del parque (en una ciudad que reusa menos del 6 % de agua tratada). La calidad del agua producida se monitorea periódicamente para vigilar el cumplimiento de las normas.
El programa de Jardín Botánico inició en 1990 con la reforestación por medio de hidrosiembra, tecnología que utiliza la presión de agua, para incrustar semillas de especies nativas mezcladas con fertilizantes ambientalmente amigables, en las laderas inclinadas. Actualmente el Jardín Botánico cuenta con un vivero que ha propagado 30 especies de plantas nativas y alberga 1675 plantas, pertenecientes a 145 especies, de las cuales 33 % son nativas. Las exposiciones de plantas están ordenadas por ecosistemas naturales de Baja California, y otros de regiones con clima mediterráneo, que muestran diferentes técnicas de retención de suelos y ornamentales exóticas.
Vegetación nativa en el parque

El programa de Agricultura Urbana agroecológica intenta responder a la inseguridad alimentaria mediante el manejo biológico de plagas y enfermedades, y uso de abonos locales y recursos naturales para producir alimentos de calidad. Se compone de diferentes exposiciones de camas elevadas e hidroponía, y un área de bosque urbano multiestrato. Asimismo, se produce composta y lombricomposta, que mejoran suelos o fertilizante, reducen la erosión e incrementan la retención de la humedad, la capacidad de los suelos para drenar, y la resistencia de las plantas a plagas y enfermedades.
Agricultura urbana en el parque

El programa de Energía aprovecha el potencial de generación por la máxima insolación de la ubicación al sur de Ecoparque. El sitio posee 20 paneles solares de capacidad instalada de 250 vatios cada uno, con capacidad total instalada de 5000 KW que genera 7350 MWh/año y provee entre 10 y 12 % de energía para autoconsumo y evita la emisión de dos toneladas métricas de CO2eq.
El programa de Educación Ambiental opera como un modelo impulsor de una nueva cultura en favor de la sustentabilidad. Tiene la finalidad de contribuir a la formación de ciudadanos responsables, capaces de convivir en armonía con la naturaleza. Por medio de una visión de educación ambiental en la naturaleza, se genera conocimiento ambiental y se fomenta la conexión con la naturaleza, a través de diferentes actividades vivenciales, y mediante asesorías, conferencias y talleres.
Escuelas nos visitan de manera recurrente

Reflexión final
Cada día en el parque comienza con una mezcla de expectativa y dedicación. A veces, nos encontramos con desafíos inesperados: ¿hay residuos de pintura en los drenajes? ¿Las lluvias recientes han causado desbordamientos? En esos momentos, nos movilizamos rápidamente para cuidar el parque. Otras veces, recibimos plantas nativas desplazadas por la urbanización, y el vivero se convierte en un refugio para estas especies.
Si el día no comienza con emociones fuertes, el parque se prepara para recibir a sus visitantes. El año pasado, Ecoparque acogió a 2627 personas, incluyendo estudiantes desde preescolar hasta posgrado, investigadores y tomadores de decisiones (todos con previa reservación). Durante su recorrido, pudieron encontrarse con patitos recién nacidos, mapaches. Incluso pueden disfrutar de la cosecha de acelgas gigantes, manzanas y zarzamoras. Además, llegan voluntarios —desde infractores juveniles hasta estudiantes universitarios— para abrir brechas cortafuegos, sembrar, limpiar, cosechar o realizar análisis de calidad del agua.
Ecoparque es un área verde urbana que ha tomado 36 años en reverdecer, y su éxito se debe en gran medida a la determinación, dedicación y cariño de quienes han trabajado en él. Aunque la velocidad a la que Ecoparque se desarrolla parece lenta comparada con el acelerado crecimiento urbano, su verdadero valor radica en las invaluables enseñanzas que ofrece para la planificación urbana. Ecoparque es más que un área verde, es una prueba tangible de que las ciudades pueden crecer de manera sustentable. Es, en última instancia, un recordatorio esperanzador de que Trántor no es nuestro destino inevitable.
Lina Ojeda-Revah y Gabriela Muñoz-Meléndez
Investigadoras de El Colegio de la Frontera Norte
1 Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA), World Urbanization Prospects: The 2018 Revision (ST/ESA/SER.A/420), Naciones Unidas
2 Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Sistema Urbano Nacional 2018, Secretaría de Gobernación/Secretaría General del Consejo Nacional de Población/Sedatu. México, 2018
3 Ojeda-Revah L., “Equidad en el acceso a las áreas verdes urbanas en México: revisión de literatura”, Sociedad y Ambiente, 24, 2021, pp. 1-28.
4 Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), Censo General de Población y Vivienda 2020, 2021
5 Alegría T., y Ordoñez, G., Legalizing the City: Informal Settlements and Regularization Processes in Tijuana, El Colegio de la Frontera Norte, 2016.
6 Bringas, N. y Sánchez R., “Social vulnerability and disaster risk in Tijuana: Preliminary findings”, en Clough-Riquelme, J. y Bringas, N. (Eds.). Equity and sustainable development. Reflection from the U.S.-Mexico border, Center for U.S.-Mexican Studies, 2006, pp. 150-172