El pasado 9 de agosto, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), publicó su sexto informe titulado Cambio Climático 2021: Bases físicas científicas, en el que presenta información actualizada sobre este tema. En este reporte se combinan evidencias del pasado con observaciones climáticas actuales; además, contiene simulaciones de diversos escenarios. La información que contiene no sólo es desalentadora, sino que reafirma el peligro que este fenómeno supone para la humanidad. Pese a que en los últimos años los resultados de estos informes han captado atención internacional y, a partir de ellos, se pusieron en marcha programas, planes y políticas públicas, la realidad es que no han logrado sacudir a la sociedad lo suficiente. No somos del todo conscientes de la información que nos han compartido a través de este reporte, de sus implicaciones para el ambiente y para nuestra propia supervivencia. De otra forma, existirían cambios radicales en todas las áreas de nuestra forma de vida para responder a este fenómeno que pone en riesgo nuestra existencia.

Ilustración: Adrián Pérez
¿Han sido escuchados los resultados del IPCC?
Es importante recordar que el IPCC se creó en 1988 como un órgano internacional con el objetivo de generar evaluaciones periódicas sobre la base científica del cambio climático, sus repercusiones y futuros riesgos, así como las opciones para adaptarse al mismo y atenuar sus efectos. Científicos expertos, de las instituciones más importantes a nivel internacional, participan con carácter voluntario como autores y coordinadores en la elaboración de los informes de evaluación del Panel. Este organismo publicó su primer informe en 1990 y, desde entonces, ha acumulado evidencia conforme aumentan los estudios y evolucionan las técnicas y las metodologías.
La evaluación del sexto informe cubre la literatura científica indexada y actualizada (aquella aceptada para su publicación antes del 31 de enero de 2021). Se sostiene, además, en evidencia científica con más de 14 000 artículos revisados desde el informe anterior. Algo clave de este reporte respecto a su precedente (presentado en 2013) es que la evidencia científica es contundente y no deja lugar a dudas: existe el cambio climático y es una consecuencia de la actividad humana. Por ello, hace hincapié en las afectaciones en los socioecosistemas y propone posibles soluciones.
Algunos resultados
Este reporte demuestra que el cambio climático tiene efectos a escala global y que el ciclo hidrológico del agua dulce ya está alterado, generando estrés hídrico y pérdida de cobertura vegetal, sequías prolongadas, olas de calor, lluvias extremas y nevadas copiosas. Además de las afectaciones al medio marino, como la acidificación del océano, el derretimiento de los hielos polares y glaciares que incrementan el nivel medio del mar y dejan vulnerables a las costas ante tormentas o erosión. Con esto en mente, pensemos en las noticias dramáticas recientes como los incendios forestales en Estados Unidos, Canadá y Grecia; las lluvias torrenciales en China y Alemania; la sequía de este año en México, que es la más dañina desde que se tienen registros; las inundaciones de la zona costera del Golfo de México; las recientes lluvias en Groenlandia; el deshielo del Polo Norte, que ahora permite la pesca en nuevos caladeros, y la apertura de rutas marítimas que antes eran inimaginables y cuyo uso degradará este frágil ecosistema.
Entre los datos más contundentes del informe, se determinó que la temperatura media mundial aumentó en 1.1 °C entre 2011 y 2020 respecto al periodo 1850-1900. Los últimos cinco años fueron los más calurosos registrados desde 1850. Esto genera que el reciente aumento del nivel del mar sea casi el triple en comparación con el observado entre 1901 y 1971. De acuerdo a esta información, es “prácticamente seguro” que las temperaturas extremas, que incluyen las olas de calor, se hayan vuelto más frecuentes e intensas desde la década de 1950. Asimismo, resalta el hecho de que es “muy probable (90 %)” que la influencia humana sea el principal impulsor del deshielo global de los glaciares desde la década de 1990 y de la disminución del hielo marino del Ártico.
Este informe constata que el calentamiento del planeta no tiene precedentes en los últimos 2000 años: la concentración de CO2 en la atmósfera es la más alta en 2 millones de años; mientras que las de metano y óxido nitroso no se habían registrado en 800 000 años. Estos son los tres gases de efecto invernadero (GEI) con mayor influencia en el aumento de la temperatura media global respecto a los niveles preindustriales.
También se advierte que el incremento de la temperatura seguirá al menos hasta mediados de este siglo debido a las concentraciones de GEI ya existentes en la atmósfera. Si actuamos de inmediato, es posible que se logre desacelerar el calentamiento, pero no que se detenga por completo. Se presentan dos escenarios dependiendo de las acciones que se realicen en los próximos años: el más optimista muestra que, si para 2050 logramos que el aumento de temperatura se quede entre 1.5 y 2.0 °C, se estima un incremento de 40 cm en el nivel medio del mar. En el peor de los casos, se indica que si las emisiones siguen creciendo al mismo ritmo que tienen ahora, a finales de este siglo se llegaría a un incremento de 4.4 ° C en la temperatura, cuyos efectos en los hielos serán irreversibles durante siglos e incluso milenios, y podría alcanzarse un incremento de 80 cm. en el nivel medio del mar, tomando como referencia el periodo de 1995 a 2014. Esto generaría graves consecuencias y efectos extraordinarios, como inundaciones costeras anuales en las zonas bajas en lugar de ocurrir cada cien años.
Reacciones al informe
Como ejemplo de las reacciones generadas por este informe, el mismo día de su publicación, el secretario general de la ONU, António Guterres, aseguró que la viabilidad de nuestras sociedades depende de la actuación de gobiernos, empresas y ciudadanos para limitar el aumento de la temperatura a 1.5 grados. También mencionó que las alarmas son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable, y que al ignorarlas se pone en riesgo inmediato a miles de millones de personas en todas las regiones de la Tierra. Joe Biden, presidente de Estados Unidos, publicó en su cuenta de Twitter: “No podemos esperar para afrontar la crisis climática. Los signos son inconfundibles. La ciencia es innegable. Y el costo de la inacción sigue aumentando”.
Sin embargo, lo que esperamos no es sólo la reacción inmediata y políticamente correcta, sino acciones concretas y de largo plazo en todos los sectores de la sociedad, desde el nivel local hasta el global. De no hacerlo, nuestro futuro como humanidad estará plagado de riesgos inminentes, y tendremos una calidad de vida muy baja. Esta nueva conciencia ambiental implica dejar de negar este fenómeno y demandar que el gobierno atienda esta crisis. Debemos ser partícipes y no esperar a que nuevas tecnologías solucionen estos problemas.
¿Qué cambios podemos esperar con este informe?
En diciembre de 2020 se cumplieron cinco años de la adopción del Acuerdo de París, firmado en 2015, que pretendía dar continuidad al Protocolo de Kioto en la lucha internacional para el descenso de las emisiones de GEI. A pesar de estos acuerdos y de las álgidas discusiones en las conferencias anuales sobre cambio climático, los esfuerzos siguen siendo insuficientes. El año pasado marcó un máximo histórico en las emisiones globales, a pesar de la disminución en actividades industriales y humanas por la pandemia de covid-19.
La conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP26) se realizará en Glasgow el próximo noviembre, y podría ser una gran oportunidad para dar el giro necesario que requiere el planeta. Esta convención climática tendría que propiciar el cambio social, político y económico que requerimos. Para ello, los resultados de este reporte tendrían que ser la base científica desde la cual se decidan los objetivos y metas, y ya no sólo en términos de mitigación, sino de adaptación así como la acogida de estrategias de financiamiento y colaboración.
Parte de estos cambios significarían un reconocimiento del gran daño que hemos provocado, pero nos hemos vuelto indolentes a los impactos actuales, a la pérdida de ciertas especies, de ecosistemas, al constante deterioro ambiental, pero lo más grave es que observamos con una inmensa frialdad el impacto sobre las personas, lo que se contrapone con lo que se espera de la especie más evolucionada y aparentemente racional del planeta. Todo ello por la aparente imposibilidad de renunciar a estilos de vida que demandan el uso excesivo de productos y energías.
Debemos cambiar los modelos económicos para lograr sistemas menos depredadores, y transformarlos en sistemas más humanos y equitativos, que no generen y concentren la riqueza en unos cuantos, mientras que los pobres se vuelven más vulnerables y se exponen, además del hambre, a fenómenos hidrometeorológicos.
Estamos atrasados en las acciones que tendríamos que tomar. Necesitamos un compromiso global que atraviese lo local, que incluya las acciones cotidianas, pero que se extienda hasta los grandes acuerdos internacionales. Lo que necesitamos ahora es una profunda voluntad humana, de otra forma, no lograremos los verdaderos cambios que se requieren.
Diversas hojas informativas de los distintos capítulos del resumen técnico y el atlas interactivo del reporte IPCC 2021 pueden consultarse en las siguientes ligas:
• Norte y América Central
• Océanos
• Pequeñas islas
• Regiones polares
• Áreas urbanas
Aramis Olivos Ortiz
Centro Universitario de Investigaciones Oceanológicas, Universidad de Colima