Hay un sinnúmero de actividades económicas que dependen directamente del clima. Las más evidentes son la agricultura, la ganadería y la pesca, pero tener un patrón de lluvias predecible en forma y tiempo también impacta otros ámbitos como la generación de energía, la disponibilidad de agua (tanto para los individuos como para las industrias) o el turismo, por mencionar algunos. Debido a lo anterior, cualquier disrupción a la dinámica hidrológica esperada puede resultar en serios conflictos económicos, ambientales y sociales.

Ilustración: Kathia Recio
La falta o el exceso de agua son un riesgo para el bienestar humano de las personas de todo el mundo, y posiblemente ningún evento sea más catastrófico que aquel conocido como El Niño y su contraparte, La Niña. En este artículo te contaré de qué se trata este fenómeno, cómo afecta a México y qué podemos esperar del mismo en los próximos meses.
El Niño y su contraparte, La Niña, son dos fenómenos naturales del sistema climático global que existe desde hace miles de años. Se trata de una oscilación recurrente en la temperatura de una sección del océano Pacífico, que es fundamental para el clima planetario (Figura 1). En esta región en particular se da la surgencia de una corriente marina fría —es decir, surge desde el fondo marino hasta la superficie—, cuyo efecto es una importante redistribución de la humedad atmosférica para Asia, Oceanía y América. Durante un año normal, esto significa mucha lluvia para Australia y el Sureste Asiático. Sin embargo, cada cierto número de años —entre dos a siete— la corriente se invierte (en lugar de surgir, se hunde) y los patrones de precipitación se dan vuelta. Este fenómeno es conocido como El Niño y es medido como un calentamiento fuera de lo normal en la superficie de ese pequeño rectángulo oceánico. De igual manera, bajo el mismo ciclo temporal, a veces la corriente surge con más fuerza de lo normal (y lo vemos como un enfriamiento oceánico), un proceso que recibe el nombre de La Niña.

Figura 1. Secciones del Océano Pacífico donde se estima el índice de El Niño, mismo que se deriva de la oscilación de la temperatura de la superficie del mar con respecto al promedio histórico. Un aumento indica un año de El Niño, mientras que una disminución hace referencia a la presencia de La Niña. En la actualidad existen cuatro índices diferentes, aunque normalmente El Niño 3.4 es el más utilizado. Figura cortesía del National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA)
La presencia de cualquiera de estos fenómenos suele acarrear serios problemas para México, con matices según la época del año en la que aparecen. En general, cuando cualquiera de los dos fenómenos se presenta en verano, no suele tener un impacto particularmente fuerte, aunque años como 1998 han sido la excepción, con sequías locales extraordinarias causadas por El Niño. El problema suele ocurrir cuando su presencia aparece en el invierno (diciembre-febrero), lo que produce un clima extremo. El Niño de invierno significa fuertes precipitaciones en la mayor parte del país que no suelen acarrear mayores problemas socioeconómicos dado que la mayoría del país ya se encuentra dentro de la época seca. A la inversa, los inviernos de la Niña significan un país sin lluvia en el peor momento posible del año.
En otras palabras, La Niña suele significar importantes y desastrosas sequías. Pensemos en las peores sequías de las últimas dos décadas: el invierno del 2000 y el inicio de 2001; todo 2011 y, la más reciente, la sequía de diciembre 2020 a abril de 2021. Todas ellas desastrosas para el agro mexicano, para la disponibilidad de agua potable en las ciudades y para la salud de los ecosistemas nacionales. ¿Qué tienen en común? Todas coinciden con los años de La Niña. En otras palabras, podemos decir casi con certeza irrefutable que la presencia de este fenómeno en el invierno significará un serio problema a nivel nacional.

Figura 2. Evolución de la precipitación en México durante los últimos 21 años (2000-2020). Las flechas indican momentos críticos de la presencia de La Niña en invierno y su coincidencia con tres de las peores sequías del periodo. La sequía de 2009 es la única que no se relaciona con este evento. Datos provenientes de estaciones meteorológicas nacionales y procesados por la Climate Research Unit de la University of East Anglia.
Esta información es crucial para el final de 2021 y el inicio de 2022. De acuerdo a la información más reciente, existe un 87 % de probabilidades de que este fenómeno se presente nuevamente a finales de este año y posiblemente no se debilite hasta la primavera de 2022. Lo anterior es como un eco de las condiciones a las que nos enfrentamos justamente hace un año —es común que la Niña se repita durante dos inviernos—. Cabe recordar que el invierno pasado tuvimos una terrible sequía, con los niveles del sistema Cutzamala en su mínimo histórico, con una pérdida estimada de al menos un millón de cabezas de ganado y una emergencia climática que no veíamos desde 2011.
Con la proximidad de este evento, queda claro que no estamos particularmente preparados para hacer frente a la sequía de 2022. Será indispensable utilizar la información disponible en la toma de decisiones. Por ejemplo, debemos de planificar de antemano el ahorro de agua en las grandes ciudades, sobre todo en Ciudad de México, plantar semillas resistentes a la sequía en el norte del país y reducir los hatos ganaderos antes del evento para evitar pérdidas mayores después o, de ser posible, generar un ahorro de alimentos y agua para los meses de estiaje. Será particularmente importante transmitir esta información de forma temprana para que la ciudadanía y las autoridades puedan tomar las precauciones correspondientes.
Guillermo Murray Tortarolo
Entonces el fenómeno del niño significa de clima extremo y la niña significa poca lluvia y seguía?