“Hay una lógica en su locura”.
—Hamlet
El cada vez más improbable regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos aún preocupa a muchos en diversas partes del mundo. Sus anunciadas medidas en los campos industriales, comerciales, militares, políticas ambientales y, particularmente, climáticas, se muestran como una amenaza a la estabilidad y mantenimiento del orden capitalista internacional del que se benefician diversas naciones y minorías del norte y del sur global, particularmente Estados Unidos.
Muchas de sus propuestas no tienen viabilidad; son producto de sus delirios, o de una estrategia deliberada dirigida a sus donantes y a sus fanáticos: simplemente responden al estado crítico de su campaña electoral. No son realizables, no sólo por ir en contra del sentido común o de la lógica, o por ser contrarias a las causas nobles del mundo, sino por ir en sentido contrario a algo más esencial: la economía. No sólo la economía del mundo y sus aliados, sino contra la propia economía estadunidense, cuyo rumbo e intereses están muy distantes de los patéticos sueños y delirios de grandeza del expresidente Trump.
Por ejemplo, su amenaza de imponer aranceles del 100 al 200 % a las exportaciones de automóviles de México a Estados Unidos, e incluso cerrar el comercio con México, no sólo es una locura, sino también es irrealizable. Esto se debe al papel crucial del comercio entre México y Estados Unidos para mantener competitiva la economía estadunidense frente a sus rivales en Asia, Europa y el resto del mundo.
La relación comercial México-Estados Unidos es de las más grandes del mundo, y no hay manera de sustituirla por otra que lleve tantos beneficios a este último. En 2022 y 2023 las importaciones de productos hechos en México por parte de Estados Unidos estuvieron por encima de los 470 000 millones de dólares, superando en este último año las importaciones provenientes de China. Según datos oficiales del gobierno estadunidense, las importaciones de Estados Unidos desde México en los primeros seis meses de 2024 sumaron cerca de 250 000 millones de dólares, mientras que las exportaciones a México en ese periodo alcanzaron poco más de 166 000 millones de dólares. Desde luego, son las necesidades de su campaña electoral, más que su locura, lo que lo lleva a pretender pelear con la realidad.
En el tema ambiental y en el caso particular del cambio climático, algunas de sus propuestas no pasan de ser parte de sus usuales bravuconadas, difícilmente realizables, como es el caso de su idea de retirar a Estados Unidos de la Convención Marco para el Cambio Climático, algo más complicado de poner en práctica que el inoperante retiro que llevó a cabo del Acuerdo de París, que en los hechos no tuvo efecto real.

El clima mundial hoy
Como una profecía autocumplida, el planeta hierve hoy día. La catástrofe anunciada parece desplegarse en sus peores escenarios, una pesadilla de la que en momentos quisiéramos salir, si no fuera porque despertar a la realidad que enfrenta el planeta y millones de pobres y marginados en el mundo supera cualquiera de los peores escenarios imaginados. Las temperaturas extremas e inéditas que hoy asolan el planeta nos unen en una aberrante comunión hacia la catástrofe. Este mal, que parece inevitable, ha sido aceptado con resignación por aquellos que lo provocan y se benefician de él. Ninguno de ellos está dispuesto a asumir los costos de medidas correctivas de fondo que impliquen sacrificios, mucho menos a cambiar las estructuras del orden social moderno que devastan a millones de seres humanos y no humanos.
En América, Asia, África y Oceanía, la tierra hierve. En las regiones polares el hielo se derrite a ritmos alarmantes: millones de toneladas de metano se liberan a la atmósfera debido a estos fenómenos. El sur y el oeste de Estados Unidos enfrentan altas temperaturas que se han intentado resolver con paliativos como son los Centros de Enfriamiento para atender a las personas más afectadas. En Brasil, el Amazonas y el Mato Grosso, hábitat de ecosistemas cruciales para el clima y la vida planetaria, fueron arrasados en junio pasado por incendios nunca vistos. Los incendios forestales en Mato Grosso, que devastaron más de 400 000 hectáreas del Pantanal, que alberga los más importantes humedales del mundo, hicieron desaparecer diversas formas de vida, convirtiendo a ese vasto territorio, esencial para la vida planetaria, en un verdadero cementerio. El fuego cubrió sus ecosistemas de cadáveres calcinados, desapareciendo, al mismo tiempo, gran parte de su rica selva, la cual ya había sido menguada por una inmensa y destructiva actividad ganadera, responsable de la desaparición histórica de miles de hectáreas de bosques y de ecosistemas de alta biodiversidad.
El pasado mes de julio, de nueva cuenta, batió durante tres días consecutivos (21, 22 y 23) todos los récords anteriores, convirtiéndose en los más calientes no sólo desde los inicios del periodo industrial, sino de los últimos 125 000 años, según lo aseguran expertos. De acuerdo con datos de la NASA, el 22 de julio pasado, el día más caluroso de que se tenga registro, la temperatura promedio del planeta llegó a 17.16 Celsius, rompiendo el récord anterior del 6 de julio de 2023, cuando se alcanzó los 17.08 Celsius, la más alta temperatura promedio registrada hasta entonces. De julio a julio 2023-2024, de acuerdo con el Servicio del Cambio Climático Copérnico de la Unión Europea, se registraron las temperaturas promedio planetaria más altas desde que se tienen registros. Según esta misma agencia, en ese periodo la temperatura fue de 1.5 Celsius por arriba de los niveles preindustriales. Alrededor de 10 países han alcanzado este año temperaturas arriba de 50 Celsius. En Tepache, en el estado de Sonora, se llegó a 52 C. De acuerdo a un reporte de la Organización Meteorológica Mundial del pasado mes de junio, existe un 80 % de probabilidad de que en los siguientes cinco años, el clima promedio planetario supere los 1.5 Celsius por encima de los niveles preindustriales.
Nada es más paradójico que, en una época donde la ciencia aporta cada vez más pruebas de la influencia humana en el cambio climático y de la amenaza que el calentamiento global representa para la vida planetaria, los líderes mundiales celebren acuerdos espurios en las cumbres climáticas. Mientras tanto, las olas de calor, incendios, sequías, el derretimiento de los polos, la destrucción de selvas en África y América, las miles de personas afectadas y los millones de animales y árboles muertos alcanzan dimensiones dramáticas. Estos eventos dan testimonio del vacío, la hipocresía y la ineficacia de las políticas y acciones emprendidas para enfrentar el ya desatado infierno climático, que se despliega a escala global y afecta más a quienes el orden social, económico y político ha dejado en mayor vulnerabilidad.
¿Es Donald Trump una verdadera amenaza para el clima mundial?
El probable regreso de Donald Trump a la Presidencia en Estados Unidos es objeto de gran preocupación en el mundo entero. No obstante, no es la anunciada nueva salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, que llevaría a cabo Trump, la principal amenaza. Aun cuando constitucionalmente no está autorizado para hacerlo, Trump y sus asesores están planteando la posibilidad de sacar a su país de la Convención Marco para el Cambio Climático creada en 1992, que es el acuerdo amplio de Naciones Unidas para hacer frente a la amenaza climática, de la cual el Acuerdo de París y las cumbres climáticas son parte de sus instrumentos. En su anterior presidencia Trump retiró a su país del Acuerdo de París, lo cual en los hechos no surtió efecto, en la medida que entre las reglas de este Acuerdo está una que establece que cualquier solicitud de alguno de los países firmantes para retirarse, tendrá efectos cuatro años después, lo que significó que Estados Unidos sólo estuvo fuera del acuerdo durante el breve periodo de tiempo transcurrido entre la salida de Trump y la entrada del presidente Biden, quien de nuevo hizo ingresar a Estados Unidos al tratado. Para contrarrestar la posible repetición de este escenario, Trump propondría, como medida más amplia y definitiva ante los acuerdos climáticos, el retiro de la Convención Marco. De lograrlo, tendría efecto inmediato. El problema es que en rigor el presidente en turno no está autorizado para una decisión como esta, la cual corresponde al Senado, de tal manera que, de llevarla a cabo mediante una orden ejecutiva, enfrentaría un amplio proceso de litigio en el que los opositores tratarán, y seguramente lograrían, echarla abajo.
La economía estadunidense se mueve mejor con el capitalismo verde de Obama y Biden que con el capitalismo de odio y revanchismo de Trump y de quienes lo apoyan económica y políticamente. La mayoría de las medidas que implementó al inicio de su pasada administración no fueron exitosas ni viables. El subsidio a la minería del carbón resultó altamente costoso e inoperante. Paradójicamente, las grandes compañías petroleras también están invirtiendo en renovables y en la economía verde porque cada vez son más rentables.
En realidad, el mundo no necesita a Trump para justificar su inacción y simulación frente a los problemas ambientales y la anunciada catástrofe climática. A pesar de lo negativo de su anterior gestión, su negacionismo del cambio climático, el desmantelamiento de políticas ambientales de la EPA, el retiro de fondos a la ONU y la salida del Acuerdo de París, el daño esperado no se materializó, y la economía estadunidense siguió avanzando hacia un capitalismo verde, retomado por el presidente Biden. Este no es más que el mecanismo por el cual el régimen capitalista contemporáneo, liderado por Estados Unidos, se actualiza, convirtiendo el medioambiente en un lucrativo campo de negocios.
El discurso anticlimático y las acciones emprendidas durante la administración del presidente Trump fueron el pretexto que el resto del mundo, incluidos los gobiernos del sur global, necesitaban para justificar su inacción ante la devastación ambiental. Estados Unidos es responsable de alrededor del 15 % de las emisiones globales, el resto del mundo representa más del 80 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo tanto, tiene una responsabilidad ineludible en el combate al cambio climático. No fue Trump quien eligió a algunos de los paraísos petroleros como Egipto, los Emiratos y Azerbaiyán como sedes de las cumbres climáticas, sino que fueron los intereses económicos que gobiernan las decisiones de los organismos internacionales, algunos de quienes se muestran en público como opuestos a Trump. Los negocios y la economía regida por el capital son los verdaderos tomadores de decisiones. En este panorama Trump, y sus métodos del capitalismo salvaje propios del periodo de la acumulación originaria, son prescindibles, son obsoletos y serán barridos de la historia más temprano que tarde. En definitiva, no es Trump la principal amenaza climática y al sistema de la vida, sino el orden social moderno, sus beneficiarios, sus líderes y sus administradores en el sur y en el norte globales, empeñados en mantener el estado de barbarie y precariedad en la que viven los diversos mundos de vida.
José Luis Lezama
Programa de Estudios Interdisciplinarios, El Colegio de México
Hay que evitar caer en la satanización de los hidrocarburos y de los países productores de los mismos.
Hace 120 años, el coche eléctrico competía con el de combustión interna , pero los motores diesel y gasolina ganaron porque los combustibles fósiles tienen mejor densidad de energía por unidad de volumen y por unidad de masa que las baterias de entonces e incluso que las actuales, sin mencionar que una batería no devuelve toda la energía que tiene almacenada sino que parte se pierde en forma de calor.
De los usos finales de la energía, sólo el 30% es eléctrico. Aún no se ha hallado la forma de electrificar el resto. ahora bien, la mitad de los combustibles se gastan en mover combustibles y mercancías.
Hay que recordar que no sólo tenemos el problema del cambio climático, sino varios problemas ecológicos y económicos simultáneos, incluyendo el agujero en la capa de ozono, el agotamiento de los combustibles, la erosión de los suelos, la disponibilidad de agua, etc.
La transición requiere incrementar las explotaciones mineras de una manera nunca antes vista. Se requiere cobre, litio, sodio, tierras raras, etc. Quizá puedan construirse baterías sin cobalto (pero entonces habrá que compensar la pérdida de ingresos de los habitantes del Congo) o imanes y celdas solare sin tierras raras, pero el cobre, el litio y el sodio son fundamentales. La necesidad de minerales impondrá una mayor carga sobre los ecosistemas y permitirá justificar la minería submarina.
Los recursos fósiles como el petroleo, el carbón y el gas no sólo se usan como combustibles,sino como parte de la industria petroquímica para producir plásticos, medicinas, fertilizantes, etc. Por otro lado, los fertilizantes químicos degradan los suelos y sería bueno abandonarlos.
Aún hay aspectos técnicos que solucionar para lidiar con la intermitencia de las fuentes renovables. Se requiere avanzar en soluciones de baja tecnología como la energía solar térmica, el almacenamiento de energía como aire comprimido, el enfriamiento y calefacción sin electricidad, etc.
Y sobre todo se requiere cambiar los hábitos de consumo. Consumir menos carne, abandonar los monocutlivos, regionalizar las cadenas de valor de la producción de alimentos.