De la basura a la composta: cerrar ciclos enriqueciendo suelos

Crédito: Estelí Meza

La campana anuncia la llegada del camión de la basura. Es el momento de deshacernos de todo aquello que hemos adquirido o consumido y ya no queremos conservar. Esta acción, tan cotidiana y automática, es el reflejo de un modelo urbano basado en la extracción intensiva de recursos, el consumo excesivo y la cultura del desecho. Este enfoque de metabolismo urbano lineal, que caracteriza a nuestras ciudades, es un modelo en el que los recursos (como agua, energía y materiales) se introducen, se consumen y generan residuos sin ser reutilizados ni aprovechados nuevamente.

Las consecuencias ambientales de este metabolismo lineal son graves, y afectan a los ecosistemas cercanos al incrementar la demanda de recursos como agua, alimentos y energía. Este modelo ocasiona deforestación, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos y la emisión de gases de efecto invernadero, además de generar una enorme cantidad de residuos. Estos desechos contaminan suelos y aguas subterráneas, fomentan la acumulación de plásticos en los océanos —formando las conocidas “islas de basura”— e incrementan los microplásticos que dañan la fauna marina y amenazan la salud humana.

La Ciudad de México enfrenta un claro desafío en este sentido. Cerca del 50 % de su territorio está compuesto por ecosistemas agrícolas, forestales y de pastizales de alta montaña que proveen servicios ambientales esenciales: recarga de acuíferos (hasta 190 millones de m³ anuales),[1] captura de carbono, regulación climática y conservación de la biodiversidad. Estos ecosistemas sostienen a la ciudad, de ahí la urgencia de transformar el metabolismo urbano lineal hacia un modelo más sostenible y circular.

El compostaje: una estrategia para cerrar ciclos

El compostaje de residuos orgánicos es una actividad clave para avanzar hacia un metabolismo urbano circular. Las ciudades, con su rápido crecimiento y sistemas ineficientes de manejo de residuos, enfrentan una acumulación masiva de desechos sólidos, de los cuales más del 50 % son orgánicos. Por ello, desviar estos residuos de los vertederos hacia instalaciones de compostaje puede reducir en un 40-50 % el volumen destinado a eliminación. Además, puede mejorar la circularidad de nutrientes en los ecosistemas urbanos.

El compostaje, en esencia, es un proceso biológico controlado donde microorganismos descomponen materiales orgánicos. En los suelos agrícolas, la composta aporta beneficios comprobados. Entre ellos está el mejoramiento de la estructura del suelo, el aumento de su capacidad de retención de agua, y el proporcionar nutrientes esenciales para las plantas y reducir la dependencia a fertilizantes químicos derivados de combustibles fósiles.

Sin embargo, la calidad de la composta generada a partir de residuos sólidos urbanos presenta retos importantes, dado que puede contener altos niveles de sales, metales pesados, plásticos y vidrio, así como contaminantes biológicos como patógenos. Estas características pueden resultar en un producto que no cumpla con las normas legales, comprometiendo su utilidad y seguridad.[2]

El caso de Ciudad de México

En Ciudad de México, los residuos sólidos urbanos pasan por diversas etapas antes de llegar a la planta de compostaje del Bordo Poniente, en donde se procesan 1157 toneladas diarias de residuos orgánicos, de las cuales se obtienen 223 toneladas de composta.[3] Esta planta enfrenta serias limitaciones debido a la falta de inversión: maquinaria obsoleta, procesos manuales de limpieza y una supervisión insuficiente de la calidad del producto final. Esto explica la gran cantidad de plástico, vidrio y metal en la composta que se distribuye diariamente de forma gratuita a los agricultores de las zonas periurbanas de la Ciudad de México.

Personal limpiando manualmente la composta

Fotografía: Helena Cotler

Pilas de material para compostear con presencia de compuestos inorgánicos

Fotografía: Helena Cotler

Debido a la falta de financiamiento, no se están monitoreando los aspectos fisicoquímicos de la composta, a pesar de que existe una norma de compostaje que exige estos análisis.[4] Esta norma establece la necesidad de un monitoreo constante de parámetros como humedad y temperatura, así como el cumplimiento de especificaciones detalladas sobre conductividad eléctrica, pH, relación Carbono/Nitrógeno, fitotoxicidad y contenido de materia orgánica en la composta terminada.

En 2019, un análisis de la composta reveló que más del 90 % de las muestras evaluadas presentaban altas concentraciones de amoníaco, ácidos orgánicos volátiles, metales pesados y sales. Estos niveles pueden inhibir tanto la germinación de las semillas como el adecuado desarrollo de las raíces. Adicionalmente, el pH se encontraba fuera del rango establecido, y los niveles de fitotoxicidad eran elevados, lo que indica una falta de madurez en la composta.

A pesar de la incertidumbre en la calidad, diversas instancias del gobierno de Ciudad de México, como la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural y algunas alcaldías, distribuyen esta composta a agricultores. Al entrevistar a una muestra de productores de Xochimilco y Tláhuac sobre la importancia y percepción de la calidad de la composta[5] encontramos que la gran mayoría de ellos (90 %) realiza agricultura en parcelas menores a tres hectáreas. En ellas, cultivan policultivos (milpa con vegetales, acompañados de árboles frutales). La mayoría vende sus productos tanto a la central de abastos (16 %), a mercados locales (73 %), o lo utilizan para autoconsumo (11 %). Antes de recibir la composta del gobierno, los productores fertilizaban con estiércol y residuos de plantas provenientes de los canales. Los productores sienten que reciben composta muy seca, muy caliente o poco fértil, lo que podría impactar a sus cultivos quemando o resecando las plantas, y promoviendo la aparición de insectos. Por lo anterior, al recibir la composta todos los productores deben hacer algún esfuerzo para mejorarla, limpiándola, enriqueciéndola con estiércol y residuos de plantas, o bien, dejándola descansar para que el proceso de compostaje finalice. A pesar de estas percepciones, a todos los productores entrevistados les interesa seguir recibiendo este producto.

Si bien el procesamiento adicional que llevan a cabo los usuarios aumenta la fertilidad de la composta, estos no eliminan la presencia de compuestos tóxicos y potencialmente tóxicos. Por esto, es importante que nos preguntemos ¿qué significará que los suelos agrícolas que proveen múltiples servicios ecosistémicos a la ciudad vayan contaminándose con materiales inorgánicos, acumulen metales pesados —que luego pasarían a los cultivos—, acumulen microplásticos —los cuales pueden ser absorbidos por las plantas y pueden liberar sustancia tóxicas que podrían llegar a nuestros organismos—, o se salinicen? Esta situación puede ocasionar una mella no sólo en los servicios ecosistémicos que proveen los suelos, sino también en la salud de la población.

La Ciudad de México no puede deshacerse de sus residuos tóxicos a expensas de la calidad de los suelos agrícolas del suelo de conservación, de la cual depende como proveedor de servicios ecosistémicos vitales. En este momento en que la política pública ambiental busca impulsar la economía circular, es fundamental invertir, mejorar y modernizar la planta de compostaje del Bordo Poniente, donde la composta constituye el vínculo entre el metabolismo urbano y el rural.

Helena Cotler Avalos

Investigadora Titular del Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial

[1] Sedema, Suelo de conservación, Gobierno de la Ciudad de México, 2016

[2] Cotler H., Hernández-Márquez A., Ramirez-Jimenez A.L, “Unlocking On-Farm Composting: Key Drivers in Mexico City’s Peri-Urban Areas”, Cleaner Waste System, 2025

[3] Secretaria de Medio Ambiente, 2020. Inventario de Residuos sólidos de la Ciudad de México Gobierno de la Ciudad de México, 226 p.

[4] Secretaría de Economía 2018. NMX-AA-180-SCFI-2018 Establecimiento de métodos y procedimientos para el tratamiento aeróbico de la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos y su manejo especial, así como la información comercial y sus parámetros de calidad de los productos finales. Dirección General de Normas.

[5] Ob. cit., Cotler H y coautores, 2025.

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Publicado en: Hallazgos