Crisis climática y ambiental: sobreoptimismo, inercias y resistencias.

La crisis climática es innegable. Sólo en 2023, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) aumentaron 2.1 %, superando las 40 gigatoneladas por primera vez en la historia humana.1 La temperatura promedio del planeta sigue en aumento, y al cierre de la década pasará los 1.1° C con respecto a los niveles registrados entre 1850 y 1900.2 En 2023 y 2024, se han registrado récords tanto en las temperaturas globales como en la intensidad de eventos climáticos extremos, desde ondas de calor y sequías, hasta huracanes.3

A la inminente crisis climática se suman otras afectaciones medioambientales que tienen importantes efectos de retroalimentación. Seis de nueve “fronteras planetarias” se han transgredido, incluyendo, entre otras, la integridad biosférica, la contaminación con entidades novedosas (entre ellas polímeros), y la alteración de los ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y el fósforo4. Desde otro tipo de mediciones, se advierten récords indeseables en 25 de 35 “signos vitales del planeta”.5

A pesar de la gravedad de la situación, los compromisos internacionales siguen siendo insuficientes; la mayoría de los gobiernos y muchos actores del sector privado siguen siendo, en el mejor de los casos, sobreoptimistas. De no haber un mayor esfuerzo, el aumento de la temperatura promedio alcanzará los 2.7°C a final de siglo o casi el doble de la meta aspiracional del Acuerdo de París.

La persistencia de patrones de consumo no sostenibles y la dificultad de trascender los intereses y las inercias institucionales, colectivas e individuales, se ha traducido en una falta de acción decidida para generar cambios estructurales de fondo, siendo el grueso de ellos limitados y de carácter reformista. Y aunque existe un consenso cada vez mayor sobre la necesidad de actuar, es evidente que no hay un entendimiento común acerca de cuáles son las soluciones más adecuadas y, más aún, cuál es el grado de urgencia que hay para transformar la forma en la que nos relacionamos con la naturaleza.

Ilustración: David Peón

El tiempo para evitar mayores daños se agota

Aunque se ha señalado que informar únicamente los impactos negativos de la crisis climática y ambiental puede inmovilizarnos, también es cierto que ser optimistas puede aletargar los intentos para dar paso a rutas de transformación sostenibles, climáticamente resilientes, incluyentes y justas. Este dilema sigue siendo un reto, especialmente en un contexto en el que los escenarios tendenciales futuros cada vez más prometen superar en el corto plazo los niveles de estabilización de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y de temperatura  —de 1.5°C—, producto de la continua acumulación de emisiones y de la pérdida de servicios ecosistémicos. Tal situación posterga el punto de inflexión necesario para la reducción absoluta de emisiones y habilita escenarios de alto riesgo y potencialmente irreversibles.   Este panorama obliga a comunicar de manera clara cómo la ciencia interpreta la problemática actual y a emitir alertas tempranas que permitan catalizar las acciones necesarias, tanto en términos de magnitud como de urgencia, para prevenir daños indeseables y enfrentar de la mejor manera posible el reto que tenemos por delante.

La ciencia está advirtiendo que la apuesta para revertir el cambio climático en el mediano plazo —es decir, en un periodo que se extiende por varias décadas— es una ruta riesgosamente optimista. Retardar la actuación decidida, se señala, puede limitar el alcance de las acciones de adaptación y mitigación actuales dado que éstas serían insuficientes para poder afrontar, en el mediano y largo plazos, los efectos de las retroalimentaciones en los sistemas terrestres y los ciclos biogeoquímicos.6 Por ejemplo, si la tendencia actual de emisiones de GEI y el aumento de la temperatura continúan en el corto plazo, las posibilidades de que el metano atrapado en el Ártico sea liberado aumentarán significativamente debido al deshielo del permahielo. Dado que el Ártico se está calentando cuatro veces más rápido que el promedio global,7 la eventual liberación de metano podría desencadenar un efecto multiplicador, espontáneo e inclusive rápido en el calentamiento de la Tierra. Esto contribuiría a una transgresión aún mayor de los niveles críticos de estabilización del clima en el corto plazo, intensificando los riesgos e impactos previstos tanto para el ser humano como para otras formas de vida, en el mediano y largo plazo.8

Otras respuestas no lineales del sistema climático se reflejan en cambios en el océano profundo, la biogeoquímica marina y la biodiversidad marina así como en la mortalidad de ecosistemas terrestres; por ejemplo, los bosques pueden verse afectados por sequías o incendios extremos.

La falta de un cambio radical de dirección en el corto plazo está aumentando la posibilidad de retroalimentaciones indeseables que pueden limitar los efectos esperados de las acciones de adaptación y mitigación. Esto es especialmente relevante dado que los impactos de estas retroalimentaciones, más allá de la escala global, aún no se comprenden completamente. De ahí que sea necesario estudiar los potenciales impactos a escala regional derivados del ajuste y equilibrio de los componentes del sistema climático, incluso después de estabilizar las emisiones y la temperatura. En este sentido se afirma que “…sólo la reducción rápida de las emisiones en el corto plazo puede ser efectiva para reducir los riesgos climáticos”.9

El reto es mayúsculo. La posibilidad de actuar de manera radical depende de las condiciones políticas, económicas, tecnológicas y socioculturales vigentes, así como de la capacidad para desarrollar cambios transformadores que eviten las retroalimentaciones y den paso a escenarios sostenibles, resilientes, incluyentes y justos. Esto es fundamental, ya que no todos los seres humanos son igualmente responsables del avance de la crisis climática y ambiental, ni tienen la misma capacidad de agencia, aun cuando muchos poseen conocimientos, experiencias y prácticas valiosas para la (co)construcción de soluciones.

Entre las resistencias y las apuestas de cambio

Informar a los gobiernos con la mejor ciencia y conocimientos disponibles es necesario, pero ciertamente insuficiente. Después de seis informes de evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, los gobiernos de numerosos países siguen sin tomar medidas lo suficientemente ambiciosas. Mantienen una política contradictoria que, por un lado, reconoce la urgencia de tomar medidas para afrontar el cambio climático pero, por el otro, continúa respaldando el uso de combustibles fósiles, fomentando relaciones macroeconómicas insostenibles y, sobre todo, manteniendo una noción de desarrollo anclada en el crecimiento económico.

Asumir que es posible crecer económicamente al infinito en un planeta finito es termodinámicamente irreal y la actual crisis climática y ambiental lo revela. El cambio de paradigma acerca de lo que entendemos por desarrollo es obligado si queremos evitar los daños asociados a los escenarios tendenciales. No obstante, los intereses creados se han traducido en resistencias profundas, que van desde el negacionismo climático, hasta la desacreditación de la noción de fronteras planetarias, calificándola como una postura “anticrecimiento” o que se opone a la acumulación de riqueza.10 Tales críticas, carentes de bases científicas sólidas,11 presumen consecuentemente que la única ruta posible es el crecimiento económico, el cual, como se ha dicho, ha demostrado ser insostenible y socialmente excluyente e injusto pues ha derivado en una distribución asimétrica tanto de la riqueza, como de los impactos socioambientales generados.

Los llamados a reducir el consumo absoluto de recursos y a fomentar su uso eficiente y circular destacan la urgencia de un decrecimiento energético y material.12 Diversas nociones de desarrollo han propuesto caminos similares, promoviendo la prosperidad sin necesidad de crecimiento económico, el florecimiento de las capacidades humanas, y el bienestar o la buena vida, y donde lo central no es en sí mismo que la economía crezca, sino que genere condiciones óptimas para la vida (no solamente humana).

El avance hacia otras modalidades de desarrollo, independientemente de cuáles sean, debe ser guiado por el “principio de prevención del daño”13 y, desde luego, de acciones robustas y efectivas que prioricen a los más vulnerables, es decir, que atiendan las cuestiones de equidad y justicia relacionadas a los impactos y responsabilidades diferenciadas que caracterizan el actual modelo de desarrollo. También deben entenderse con mayor claridad los componentes y dinámicas de esas otras modalidades de desarrollo y cómo pueden implementarse en un contexto de resistencias al cambio pero también de diversidades territoriales, sociales, políticas, económicas y culturales.

Diversas experiencias a escala local pueden ser útiles para extraer aprendizajes, identificando retos y oportunidades para la construcción de soluciones concretas. De especial importancia son aquellas que buscan priorizar la vida porque habilitan —y pueden habilitar en el futuro inmediato— formas novedosas de coproducción de soluciones en los territorios. Aunque individualmente estas experiencias seguramente no cambiarán las trayectorias tendenciales de la crisis, sin duda abonan a un esfuerzo común de acción con potencial de hacerlo. Sea por ejemplo presionando a los gobiernos, activando alianzas, coordinando esfuerzos y capacidades, habilitando modelos económicos y de negocios alternativos, generando una mayor conciencia y una cultura transformadora. En sí, se trata de empoderar a todos los actores sociales para coconstruir en la práctica cotidiana un legado diferente, cada vez más sostenible, resiliente, incluyente y justo.

Desde la academia el compromiso no sólo es generar más y mejor conocimiento, sino impulsar la ciencia transdisciplinaria de incidencia y en favor de la vida. Con dicho espíritu, integrantes de la Red Mexicana de Científicos(as) por el Clima preparan recomendaciones de política pública en cambio climático para el país, por ejemplo, relacionadas a ciudades, género y justicia climática-ambiental.

 

Gian Carlo Delgado Ramos
 Profesor investigador del Instituto de Geografía de la UNAM e integrante de la Red Mexicana de Científicos(as) por el Clima – REDCIC.


1 Ripple W.J., Wolf, C., Gregg, J.W., Rockström, J., y coautores, “The 2024 state of the climate report”, BioScience, 2024, pp. 1-13.

2 IPCC., Synthesis Report: Climate Change 2023. Cambridge University Press, 2023

3 Delgado-Ramos, G.C., Lucatello, S., Ley, D., Ivanova, A., y coautores, “A hurricane caught Mexico off guard: we must work together to prepare better”, Nature, 628, 2024, pp. 33-35.

4 Richardson, K., Steffen, W., Lucht, W., Cornell, S., et al. 2023. Earth beyond six of nine planetary boundaries. Science Advances. 9(37): 1-16

5 Ripple y coautores, ob. cit.

6 Schleussner, C.F., Ganti, G., Lejeune, Q, Zhu, B., y coautores, “Overconfidence in climate overshoot”, Nature. 634: 2024, pp. 366-373.;  Ripple y coautores, ob. cit.

7 Witing, S., Bercht, A., Piso, I., Saunois, M y Paris, J.D., “Surface networks in the Artic may miss a future methane bomb”, Atmospheric Chemistry and Physics. 24, 2024, pp. 6359-6373.

8 Schleussner y coautores, Ob. Cit.

9 Idem.

10 Pielke, R., “What does it mean to be Anti-growth?”, Earth Island Journal,  Primavera, 2014

11 Richardson, K., Steffen, W., Lucht, W., Cornell, S., y coautores, “Earth beyond six of nine planetary boundaries”, Science Advances. 9(37), 2023, pp. 1-16.; IPCC. 2023. Ob .Cit.

12 IRP – International Resource Panel, “Global Resources Outlook. Pathways to a liveable planet as resource use spikes”, PNUMA, 2024

13 Schleussner y coautores, Ob. Cit.

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Publicado en: Crisis climática

Un comentario en “Crisis climática y ambiental: sobreoptimismo, inercias y resistencias.

  1. Tengo la duda de si el cambio climático y la mayor probabilidad de tormentas y huracanes eleven lo costos de las compañias aseguradoras y se hagan inviables los complejos turisticos.

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