Los proyectos de energía renovable que han tenido puntos ciegos en su desarrollo, resultado del poco diálogo entre las ciencias implicadas en el diseño de tecnologías con los conocimientos de las personas locales en donde se implementan; de las cuales, las voces menos escuchadas suelen ser las de mujeres indígenas y rurales. En efecto, gran parte de la tecnología renovable ha sido diseñada por hombres urbanos que no conocen a profundidad las necesidades de mujeres rurales.1
No escuchar la voz de las mujeres en el diseño tecnológico puede llevar al fracaso de los proyectos2 e incluso puede ensanchar las brechas de desigualdad.3 Por ejemplo, el gobierno mexicano ha subsidiado la construcción de diversos modelos de cocinas ahorradoras de leña, pero no todas han tenido éxito a pesar de que hasta el 2010 las inversiones ascendían a más de mil millones de pesos.4 En visitas a campo hemos visto cómo muchas estufas terminan siendo usadas como alacenas o mesas porque no responden a las necesidades y gustos de las mujeres.
Para evitar este problema, hay que apostar al codiseño, el cual promueve la participación de usuarias y usuarios en el diseño de un objeto o proyecto para llegar a mejores soluciones.5 En este artículo abordo una experiencia de codiseño de una estufa y un comal solar en una localidad rural de México, en la que participamos 18 mujeres de la etnia matlatzinca; un ingeniero especializado en concentración solar, quien diseñó los prototipos base; y la que escribe, una científica social.6

Ilustración: Oldemar González
En múltiples poblados rurales los alimentos son cocinados con combustibles de biomasas, como leña, basura y desechos agrícolas. El humo acumulado al cocinar con estos combustibles en espacios interiores provoca enfermedades respiratorias, de la vista y de la piel.7 Las mujeres son las más afectadas debido a que culturalmente se les asigna la responsabilidad de cocinar. Cada año, dicha contaminación intramuros cuesta la vida a dos millones de mujeres e infantes en los países del Sur Global.8
Las inequidades de género, etnia y clase en el acceso y control de la energía se derivan del modelo energético actual basado en fuentes fósiles. Las emisiones de CO2 provenientes del sector energético, específicamente de la combustión de combustibles fósiles, representan el 78% de los gases de efecto invernadero generados a nivel mundial.9 Este modelo es ineficiente, ya que menos del 5% de la energía de las fuentes no renovables es aprovechada10 y es inequitativo, pues la población adinerada acapara la mayor cantidad de energía. Por ejemplo, en el año 2000 el 10% de la población mundial más rica utilizó el 40% de la energía.11 Dicho modelo implica inseguridad y dependencia energética, ya que la gran mayoría de países se ven obligados a importar petróleo, gas y carbón, y en el largo plazo será incapaz de satisfacer las necesidades energéticas mundiales.12 También es androcéntrico, porque está en función de los usos energéticos masculinizados, desconoce las necesidades diferenciadas por género y excluye las aportaciones de las mujeres.13
No obstante, gracias a las condiciones geográficas de nuestro territorio, en México contamos con el potencial de democratizar la energía y reducir la contaminación y enfermedades a través de fuentes renovables, especialmente de la solar, la cual puede ser usada para cocinar.
Con la intención de saber qué características tecnológicas, ergonómicas y estéticas precisan tener una estufa y un comal solar para ser útiles a mujeres rurales, hicimos un ejercicio de codiseño en San Francisco Oxtotilpan, Temascaltepec, Estado de México, última comunidad de la etnia matlatzinca, donde cocinan con leña y mantienen su gastronomía tradicional. Los prototipos base fueron la estufa y el comal solar Tolokatzin (Figuras 1 y 2), diseñados y construidos en el Estado de México, los cuales funcionan a través de espejos que concentran la radiación solar.14
Figura 1. Estufa solar Tolokatzin

Fotografía cortesía de la autora
Figura 2. Comal solar Tolokatzin

Figura cortesía de la autora
Para el proceso de codiseño realizamos un taller en el que 18 mujeres matlatzincas utilizaron la estufa y el comal solar Tolokatzin. El taller originalmente iba dirigido a hombres y mujeres, pero a la cita sólo acudieron mujeres. En el comal calentamos tortillas y asamos pollo, en la estufa cocinamos frijoles comba, nativos del lugar, con los ingredientes acostumbrados: epazote, cebolla, ajo y sal, pues era importante evaluar el funcionamiento de la estufa con los alimentos y platillos locales.
Las mujeres matlatzincas sugirieron modificaciones a la estufa basadas en sus necesidades. Por ejemplo, propusieron que la estufa tuviera mayor capacidad para hacer el nixtamal, ya que son familias grandes. Recomendaron que la estufa tuviera una base para quedar a la altura de una mesa, con el fin de no estarse agachando. Esta adaptación también la hicieron para evitar que los espejos estuvieran a la altura de los rostros de niños pequeños. Por ergonomía visual, el color blanco del exterior de la estufa debería ser cambiado por otro que no refleje la luz; propusieron el color verde oscuro para que combine con el paisaje boscoso en donde sería colocada. Respecto al comal solar, mencionaron que no debería tener el espejo de atrás para que dos mujeres pudieran “echar las tortillas” al mismo tiempo, en un sentido de cooperación intragenérica al cocinar.
Si se hicieran los cambios propuestos, la estufa podría ser usada cotidianamente, pues serviría para cocinar: nixtamal, frijoles, papas, zanahorias y tamales de hongos, porque son alimentos que requieren mucho tiempo de cocción. Además de su uso alimenticio, la recomendaron para calentar el agua para el temascal, práctica milenaria característica de esta etnia. Una joven de 25 años comentó: “Lo que más me gustó de la estufa es que el sol es gratis y no saca humo”.
Lecciones aprendidas
Gracias a este sencillo ejercicio la nueva estufa es más eficiente, más segura, más bonita y sobre todo, más útil para las mujeres rurales que podrían usarla. Asimismo, el aprendizaje obtenido excedió los límites de un artefacto tecnológico y me permitió conocer sobre la alimentación tradicional, la agricultura familiar campesina, las dinámicas familiares, las estrategias de cooperación entre mujeres, así como las propuestas y criterios estéticos provenientes de la propia creatividad de las matlatzincas y del imaginario de la localidad.
El codiseño me ha acercado a la labor de los y las profesionistas de las ciencias exactas que trabajan en el ámbito de las renovables, estoy compartiendo mis hallazgos y aprendiendo de ellos lo más posible para evitar que la poca profundización en el aspecto tecnológico me lleve a falsas generalizaciones sobre los beneficios e inconvenientes de la adopción de nuevas tecnologías solares.
Los resultados de esta experiencia podrían servir tanto para el desarrollo de otras cocinas solares, como de otro tipo de proyectos basados en fuentes renovables de energía. De hecho, hago énfasis en que para lograr un verdadero impacto social es necesario que los esfuerzos participativos se repliquen y escalen a escenarios más amplios, pues de manera aislada no cambiarán radicalmente las desigualdades en el acceso a la energía por género, etnia y clase. Aun así, aunque pequeño, este ejercicio se suma a otros trabajos que pretenden lograr una transición energética alineada a una transición social hacia la equidad.
Ana Gabriela Rincón Rubio
Doctora en Ciencias Agropecuarias y Recursos Naturales. Investigadora del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
1 Danielsen, K. 2012. Gender Equality, Women’s Rights and Access to Energy Services: An Inspiration Paper in the Run-up to Rio+20, Copenhague, Ministry of Foreign Affairs of Denmark.
2 Agarwal, B. 1993. “Diffusion of Rural Innovations: Some Analytical Issues and the Case of Wood-burning Stoves”, en World Development, vol. 11, núm. 4, pp. 359-376.
3 Clancy, J.; Oparaocha, S. y Roehr, U. 2004. “Gender, Equity and Renewable Energies. Thematic Background”, en International Conference for Renewable Energies.
4 Alatorre, A. 2010. “Auguran fracaso de estufas verdes”, en Diario Reforma, p. 11.
5 Aguas, S. 2016. “¿Qué es el co-design? Algunas ideas sobre esta beneficiosa práctica”. Sitio web de la Universidad de Barcelona.
6 Este artículo está basado en el capítulo “Mujeres indígenas y rurales codiseñadoras de estufas solares”, publicado en el libro Género, energia y sustentabilidad. Aproximaciones desde la academia. 2018. CRIM-UNAM.
7 Rojas, A. y Siles J. 2014. Guía sobre género y energía para capacitadoras(es) y gestoras(es) de políticas públicas y proyectos. Canadá: ENERGIA; OLADE; UICN.
8 Cecelski, E. 2004. Re-thinking Gender and Energy: Old and New Directions, Noruega, ENERGIA/EASE.
9 IPCC (2015). Climate Change 2014: Synthesis Report. Contribution of Working Groups I, II and III to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Core Writing Team, R.K. Pachauri and L.A. Meyer (eds.)], Geneva, Switzerland: IP.
10 Rincón, E. 2010. “La inminente transición hacia fuentes renovables”. En Energía a debate, recuperado de aquí. Consultado en febrero de 2018.
11 Weisz, H. y Steinberg, J. 2010. “Reducing energy and material flows in cities”. En Environmental Sustainability. Vol. 2, pp. 185.
12 Holm, D. y Arch, D. 2005. Un futuro para el mundo en desarrollo basado en las fuentes renovables de energía. Alemania: International Solar Energy Society.
13 Op. Cit. Rojas y Siles. 2014.
14 Rincón, E. 2001. “Cocinando con el Sol todos los días del año”. Ideas en Ciencia. UAEMex.