Carta de navegación por el desierto del Antropoceno

“El desierto crece”.
—Friedrich Nietzsche

Una representación mental común cuando pensamos en la crisis ambiental es el desierto infértil e inhóspito expandiéndose. Imaginamos espaciosas zonas áridas sin posibilidad de albergar vida creciendo a tasas aceleradas. Y es verdad que como consecuencia de la crisis ambiental el desierto está creciendo. Sin embargo, a la par de que el desierto literal crece, también el desierto metafórico. Ese desierto que es la falta de sentido, el desierto del desamparo, pero también el desierto de la oportunidad y de la posibilidad.  Estos desiertos están interconectados y su combinación se nos presenta como el gran desierto que es la contemporaneidad y la vida en una época de gran degradación ambiental como es el Antropoceno.

La presente es una carta de navegación, una manera de ir situando los lugares emocionales, políticos y simbólicos dentro de los cuales nos reconocemos a nosotros y a otros preocupados por el medio ambiente. Es un intento de localizarnos en este laberinto del sinsentido y darle un espacio a los sentimientos de desolación, de deriva, de vulnerabilidad, y de dolor que nos invaden. Lo hacemos con esperanza y abiertos a la posibilidad de que al final del recorrido encontremos una flor amarilla, de esas que se abren paso en los ambientes más hostiles, que son tan improbables como son comunes, y cuya potencia vital inquebrantable es una invitación a replantear nuestro desánimo.

Ilustración: Estelí Meza

El desierto del Antropoceno

En el desierto del Antropoceno la racionalidad que opera es la del centro comercial.  De acuerdo con Santiago López Petit,1 la metáfora de las galerías comerciales se ha convertido en el nuevo sentido del mundo. Son un laberinto sin horizonte, en donde “tan solo por entrar te has perdido” (…) “un desierto circular, un vacío lleno de mercancías.” 

En el centro comercial las escaleras eléctricas nos llevan de un lugar a otro, el tumulto nos empuja hacia un nuevo lugar, y por tanto, no hay espacio para reflexionar. No podemos ponernos en un lugar como observador externo, las bancas siempre están localizadas en medio. Lo que podemos ver son los aparadores y sus tristes maniquíes, un esfuerzo por ocultar – a través de colores y luces- lo que en realidad es un modelo devastador para el ambiente e injusto para la sociedad. Así, el centro comercial termina siendo un desierto en el que estamos ciegos, pues de tanto ver, terminamos por perder de vista todo lo demás, lo que importa.

Frente a esta realidad, a este centro comercial del que no podemos escapar, vagan los seres que enfrentan la crisis ambiental de formas diversas, muchas veces oscuras.  Ahí están desde las personas indiferentes y adormecidas, las personas que se enajenan hasta quienes ya no sienten razón para vivir. Por fortuna, el desierto es tan amplio, que también alberga a quienes reconocen en lo baldío una posibilidad de que algo germine.

Algunas de las estaciones de este desierto incluyen las protestas lideradas por adolescentes y esa dulce tranquilidad en la conciencia que genera el greenwashing corporativo. También es el espacio de la noche oscura del alma, del arquetipo de la sombra junguiana negada detrás de la positividad del discurso sustentable. Conforme avanzamos entre sus dunas vamos descubiendo sus quimeras, desde el ambientalismo de la-la land hasta el desierto de la indiferencia, de la tristeza y de la desesperanza.

La primera estación: en las orillas del desierto

En las orillas del desierto del Antropoceno, escuchar sobre la catástrofe ambiental, lejos de crear una alarma, crea un adormecimiento. Tal vez sea el milenarismo cristiano que ha acostumbrado a la cultura occidental a escuchar continuamente la inminencia del Apocalipsis y el fin de los tiempos; la ilusión del fin, como dice Baudrillard. Tal vez también sea el nihilismo posmoderno desencantado del proyecto de la modernidad, el narcisismo ingenuo o tal vez sea un adormecimiento por el dolor, como los apóstoles de Cristo que se quedan dormidos en Getsemaní, soñando el sueño de la tristeza.

En la orilla del desierto, al adormecimiento se le ha denominado fatiga verde, fatiga apocalíptica o fatiga climática. Hasta la fecha se han elaborado cinco reportes del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático,2 entre toda una miríada de publicaciones científicas, declaraciones, películas, reportajes y documentales que nos muestran el alto grado de degradación ambiental global que nos alertan de las consecuencias de la inacción. La respuesta del cosmopolita contemporáneo ante el bombardeo de datos ambientales, análoga a la sensación de Baudelaire y Rimbaud ante el mal du siecle: el ennui, como el tedio apocalíptico, el hartazgo verde.  Nada lo ejemplifica mejor que cuaando el conductor del programa británico de televisión, Jeremy Clarkson dijo en 2009: “La gente está aburrida del cambio climático y que prefiere ver la serie de televisión, Top Gear, que escuchar sobre temas relacionados con el cambio climático”.

Segunda estación: el desierto espiritual

“Le supliqué insistentemente que me permitiese
quedarme en el desierto interior, pero el me dijo:
‘No podras soportar el ataque de los demonios’”
—Sentencias de los Padres del Desierto3

Así como el letrero que encuentra Dante a las puertas del Infierno “Aquel que entre, pierda toda esperanza” con esta consigna nos adentramos en el desierto de la degradación ambiental y el desierto de la desesperanza. En el desierto del Antropoceno hay una zona muerta, donde los individuos, carcomidos por la eco-ansiedad, y la angustia climática son llevados hasta la voluntad de nada. El conocimiento de la crisis ambiental es considerado como un conocimiento tóxico y, como explicó Richard Heinberg, una vez que tienes conocimiento sobre éste “no puedes desaprenderlo, y entonces cada pensamiento subsecuente queda envenenado”.4

En Así habló Zarathustra, hay una frase que dice: “El desierto crece, y ay de aquel que alberga desiertos”. Para Nietzsche, el desierto es el espacio vaciado de las pulsiones, el espacio sin vida y sin esperanza. El desierto es el espacio de la indiferencia, de la apatía, del adormecimiento y de la perdición. Albergar desiertos significa habitar el espacio vertiginoso en donde hemos perdido toda certeza y estamos frente al abismo.5

Así, en esta tierra baldía del Antropoceno, pasamos por la solastalgia, término psicológico para definir la nostalgia provocada por la pérdida de la naturaleza, a la eco-ansiedad ante la alarmante situación, hasta arribar al ecoexistencialismo y finalmente al nihilismo climático.

En abril de 2018, tras años de ser infectado por el “conocimiento tóxico”, el abogado británico David Buckel alcanzó las dunas del nihilismo climático. Buckel caminó dentro de un parque local, se bañó en gasolina y se autoinmoló. Dejó atrás un escrito en el que afirmó:

La mayoría de los humanos del planeta respiran ahora aire que se ha vuelto insalubre por los combustibles fósiles, y muchos mueren tempranamente como resultado de ello. Mi muerte temprana por combustible fósil refleja lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos.6

Tercera estación: El oasis en el desierto

Los monjes y anacoretas del siglo IV como Simeón el estilita o Simeón el Loco, se retiraron a los desiertos de Egipto y Siria rehuyendo de los males y vicios de la civilización al desierto, el único lugar donde podía florecer la hésykia, como paz interior. Así, fueron mejor conocidos como “los padres del desierto” que rehuyen la aridez y la corrosión desértica civilizatoria y encuentran fertilidad enajenados de ésta, en la soledad del desierto físico. Por tanto, la tercera estación del desierto encontramos a los anacoretas que encuentran el oasis en el desierto y dejan atrás la aridez de una civilización estéril.

En el reconocimiento de la catástrofe ambiental, no todas las acciones son desobediencia civil,  resistencia no violenta o un ambientalismo neoliberal. También hay un llamado al retiro de la sociedad al desierto. Paul Kingsnorth en un manifiesto titulado Dark ecology7 (que abre con una cita de D.H. Lawrence que dice “Retírate al desierto a luchar”) reflexiona sobre el fracaso de los movimientos ambientalistas, la manipulación discursiva del determinismo tecnológico y el neoliberalismo detrás del nuevo ambientalismo. Así, plantea una serie de propuestas “que no sean una pérdida de tiempo” dentro de las cuales destaca retirarse de la acción. De esta manera Kingsnorth dice:

Retirarse para poder permitirse sentarse tranquilamente y sentir, intuir, averiguar lo que es correcto para ti y lo que la naturaleza podría necesitar de ti. Retirarse porque negarse a ayudar a la máquina a avanzar, negarse a apretar más el trinquete, es una posición profundamente moral. Retirarse porque la acción no siempre es más efectiva que la inacción.

Sin estaciones fijas: nómadas en el desierto

Para Nietzsche, el desierto simboliza no sólo la negación de la vida, sino que también se presenta como una apertura, la posibilidad de un potencial sin fin. El desierto es un lugar de nacimiento, un espacio para afirmar plenamente la vida.8 Nuestra propuesta es caminar juntos como nómadas en este desierto que es el Antropoceno.

El nomadismo es una forma de resistencia en movimiento que se niega a subordinarse a las posibilidades comunes de pensamiento, y privilegia el cambio y el movimiento frente a la estabilidad.9 Los nómadas no domestican la tierra, la habitan reconociendo la naturaleza cambiante del desierto.10 Ser nómada implica una forma radical de pensar que forme, invente, y fabrique nuevos conceptos que difieren de los órdenes de pensamiento existentes.11 Es transformación continua, reinvención y creación.

Nos sentimos abatidos en este desierto del Antropoceno, cansados y descorazonados, pero el desierto también nos muestra la magnitud y la ilusión de lo posible. En el desierto podemos conjeturar y llevar a cabo una infinidad de propuestas, pero también su soledad nos permite un espacio idóneo de reflexión. 

Es probable que el desierto siga creciendo, pero cada vez lo habitamos y nos habita mejor. Así lo han hecho los pueblos extraordinarios como los beduinos, los nabateos o la Nación Tohono O’odham que saben ver y hacer crecer vida donde otras culturas solo ven polvo. Quizá, con suerte, esa flor amarilla se nos aparezca como un nuevo comienzo y restaure nuestro sentimiento de esperanza.

 

Ana De Luca y Luis Fernández Carril


1 Lopez Petit, Santiago. “Interrumpir el sentido del mundo” 17/noviembre/2015.

2 IPCC, por sus siglas en inglés.

3 Tomado de “Sentencias de los padres del desierto” p. 127.

4 Heinberg, Richard. 2017. “Mercury Poisoning and fire gilding: the science of S-TownWired. 27 de septiembre de 2017.

5 Cragnolini, Monica. 2010.  Albergando el desierto: Nietzsche y la cuestión de la “nada”. Estudios Nietzsche, Curitiba, v. 1, n. 1, p. 181-198, jan./jun.

6 Citado en Conroy, J. Oliver. “A lawyer set himself on fire to protest climate change. Did anyone care?” en The Guardian. 15 de abril de 2019.

7 Kingsnorth, Paul. “Dark Ecology: Searching for truth in a post-green world” en Orion Magazine. s. f.

8  Froese, Katrin. 2006. Nietzsche, Heidegger, and Daoist Thought: Crossing Paths in-Between. State University of New York Press.

9 Braidotti, Rosi. 2012. Nomadic Theory. Nueva York: Columbia University Press.

10 Gilles Deleuze and Felix Guattari, A Thousand Plateaus, trans. Brian Massumi, (London: Athlone Press, 1986).

11 Reid, Julian. 2003. Deleuze’s War Machine: Nomadism Against the State. Millenium: Journal of International Studies. 32(1), 57–85.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Impactos y deterioro

4 comentarios en “Carta de navegación por el desierto del Antropoceno

  1. Estimada Ana
    Estimado Luis
    Es cierto, no todas las acciones contra la catástrofe ambiental pasan por la desobediencia civil, la vida simple, el decrecimiento; la acción no siempre nos lleva hacia adelante. Gracias.
    Una pregunta: ¿Podrían indicarme donde conseguir el Manifiesto de Paul Kingsnorth en español?
    Muchas gracias
    Suerte en todo

    1. Hola, Carlos. Muchas gracias por leernos y escribir. No tenemos el manifiesto en español. Ojalá alguien se anime a hacer la traducción, valdría mucho la pena.

Comentarios cerrados