En medio del mar salado
Ay me espantó una mujer ay mamá
Porque no quería creer
Lo que otros me habían contado
Lo de arriba era mujer
Y lo de abajo pescado ay mamá
Levántate Petra
Levántate Juana
Que ahí anda la bruja…
—José Luis López Santiago
El olor a alcanfor, alcohol y Vick vaporub me recuerda a las abuelas. Con estos ingredientes y su sabiduría intuitiva, ellas curaban todas las enfermedades. El empacho se curaba con manteca de cerdo sobando la espalda, para los dolores de cabeza se machacaba la hoja de ruda y se ponía en las sienes. Las predicciones de las cartas a veces hablaban de enfermedades, de cosechas buenas, de amores renovados y de misivas que traían malas o buenas noticias.
Yo estaba convencida que mi abuela era bruja y me encantaba pensar que yo había heredado aunque sea un poquito de ese poder ancestral. Nunca cumplí mi sueño de ser una bruja respetable, ni convertirme en bailarina de rumba. Lo único que he logrado en ocasiones es el calificativo de “pinche bruja”. En cambio, obtuve un doctorado en Ciencias, y aunque no son ciencias ocultas, nos servirán para hilar algunos relatos y describir el papel que han desempeñado las brujas en el mundo y en la naturaleza.

La línea invisible entre la bruja y la científica
Las mujeres siempre han sido curanderas, cirujanas y parteras. Como recolectoras, entendieron las propiedades curativas de las plantas, almacenaron, cuidaron, secaron y mezclaron sustancias vegetales. En la antigüedad, las Diosas de la medicina se consideraban Isis, Artemisa y Minerva. La Diosa Higía, cuyo nombre da lugar a la palabra higiene, era la Diosa griega de la salud. Su hermana, Panacea, cuyo nombre significa “curación universal” era conocida por devolver la salud. Los templos de Higía y Panacea eran hospitales primitivos dónde trabajaban mujeres.
Gracias a la observación y la experimentación, pudieron discernir cuáles yerbas podrían ser tratamientos efectivos para distintas enfermedades.1 Desde la prehistoria hasta el siglo XX con el descubrimiento de los antibióticos y sulfos, hubo muy pocos cambios en la ciencia médica basados en la botánica. El conocimiento sobre sanación y herbolaria subraya el papel de las brujas como verdaderas científicas. Las mujeres ejercieron por siglos la profesión de químicas, botánicas y médicas sin un título. Fueron excluidas de la ciencia oficial y de los libros. Estaban obligadas a aprender unas de otras y a transmitir sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. Para las autoridades siempre fueron charlatanas o brujas. Las primeras mujeres en asistir a la universidad fueron médicas, pues tanto la enseñanza como el gusto por la medicina parecía natural en ellas.2 Esto se debía a que en los siglos XVIII y XIX habían sido supervisoras de la salud y las enfermeras en el hogar.
Hay registros de las aportaciones de las mujeres-brujas a la ciencia, como en el caso de la “Bruja de Shropshire”. Ella tenía conocimientos de herbolaría y había aprendido las propiedades de la Digitalis purpurea, planta conocida como dedalera, cuyos principios activos curan la hidropesía, entre otras enfermedades. Nadie supo nunca su identidad, salvo unos pequeños párrafos en un libro del Dr. William refiriéndose a ella como la “Bruja de Shropshire”. Ella misma transmitió este conocimiento al Dr. William y sólo se le reconoce en una breve mención.
Las brujas-científicas han emergido a lo largo de la historia como figuras de conocimiento. Hipatia de Alejandría, una de las primeras mujeres científicas de las que se tiene certeza, también fue acusada de hechicería. Representa la última científica pagana del mundo antiguo. El baño María, que se utiliza con frecuencia en varios laboratorios, se le debe a María la Hebrea, quien sentó las bases teóricas y prácticas de la alquimia occidental y de la química moderna. Se le atribuye el invento de complicados aparatos de laboratorio para la destilación y sublimación. Se especula que la misma Cleopatra era una bruja-científica. Cleopatra ascendió al trono a los 17 años y murió a los 39, además de hablar 16 idiomas. Estudió geografía, historia, astronomía, diplomacia internacional, matemáticas, alquimia, medicina, zoología, economía y otras disciplinas. Pasaba mucho tiempo en lo que podría considerarse un laboratorio antiguo y escribió algunas obras relacionadas con hierbas y cosméticos. Desgraciadamente, todos sus libros quedaron destruidos en el incendio de la gran Biblioteca de Alejandría del año 391 d.C. La reina de Egipto estaba interesada en la curación mediante las hierbas y la belleza.
Durante siglos, las contribuciones de las mujeres en la ciencia han sido invisibilizadas. El conocimiento, los tratados y los premios se enfocaban en los hombres. El abuso y el arrebato de las ideas y los créditos al trabajo de las mujeres en la ciencia por parte de los varones, han sido tan frecuentes que, en 1993, Margaret W. Rossiter definió este olvido consciente y sistemático como el “efecto Matilda”. Este término honra a Harriet Zuckerman y a la activista por los derechos de las mujeres Matilda Joslyn Gage, cuyas aportaciones fueron sistemáticamente ignoradas. El efecto Matilda describe cómo las contribuciones de las mujeres científicas e investigadoras han sido históricamente minimizadas o atribuidas a sus colegas masculinos. Existen varios ejemplos de cómo las contribuciones de las mujeres en la ciencia han sido cruciales pero a menudo invisibilizadas. Un ejemplo cotidiano es el primer examen que debe pasar un recién nacido, ideado en 1952 por Virginia Apgar. Otro caso es el de Rosalind Franklin, quien preparó el camino para el descubrimiento de la estructura tridimensional del ADN y fue pionera en el uso de la difracción de rayos X, pero cuyo crédito fue injustamente otorgado a sus colegas masculinos. Asimismo, Patricia Bath inventó en 1986 la sonda Laserphaco, que permite a los doctores disolver cataratas de manera más eficiente, evitando el dolor y ahorrando tiempo. Estos ejemplos subrayan la importancia de reconocer y valorar las aportaciones de las mujeres en la ciencia.
Bruja: historia y significado cultural
Nos acostumbraron a escuchar historias de terror sobre brujas, siempre con una connotación negativa. La bruja con un caldero sobre el fuego rodeada de murciélagos volando en una escoba con su risa macabra. ¿Cuántas veces hemos sido brujas para celebrar Halloween? Sentimos miedo pero no dejamos de sentir atracción por su magia y su enorme poder. El halo de misterio que las envuelve nos hace sentir una profunda conexión con ellas. Admiramos su conocimientos y valentía, y quisiéramos aprender de su conocimiento ancestral y su capacidad para sanar y proteger. En estas historias, las brujas van en contra del statu quo y poseen una belleza única y una sabiduría adquirida a través de vivencias y noches en vela. Tienen un profundo conocimiento de las plantas, fabrican remedios y mejoran sus medicamentos y brebajes curativos mediante ensayo y error.
La imagen popular de las brujas que vemos en el cine, tiene raíces profundas en la etimología y la historia. En latín, las brujas se nombraban maleficae (singular malefica). Este término se asignaba a cualquier mujer que no estuviera casada, ya que eran vistas como una amenaza a las convenciones sociales que buscaban proteger el ideal de la familia a toda costa.
En otras lenguas, witch en inglés, strega en italiano, hexe en alemán y sorcière en francés, derivan del latín vulgar sortiarus, que significa “hablador de suertes”, y del latín clásico sors, sortis, que significa “clarividencia” o “destino o suerte”. La palabra “bruja” en español tiene una etimología no clara, posiblemente anterior a los romanos, al igual que la palabra bruxa en portugués y gallego y bruixa en catalán, con registros que datan de finales del siglo XIII. En 1936, aparece broxa en aragonés, mientras que brouche se usaba en Gascuña y Béarn. Witch es un vocablo más controvertido, con posible origen en wik de raíz celta o germánica. En el País Vasco y Navarra se utilizó sorgin, y en Galicia, meiga.
Estas variadas denominaciones reflejan cómo las sociedades patriarcales han influido en la percepción de las mujeres que no se ajustaban a los roles tradicionales. Las sociedades patriarcales son añejas en el mundo y en la Edad Media en específico las designación de roles sociales era aún más rígida que en la actualidad. Las mujeres sólo podían ser madres, esposas o monjas, y si no cumplían con esto eran llamadas prostitutas o brujas. De acuerdo con la investigadora Margarita Martínez, el concepto de “bruja” denotaba la marginación de la que eran objeto las mujeres que no encajaban con los cánones establecidos.3
Las mujeres no podían perseguir ningún sueño que no fuera el dedicarse a las labores de cuidado y atención a su familia. Al ser marginadas, no tenían lugar en ninguno de los espacios económicos, políticos ni sociales convencionales, por lo que ellas creaban sus propios espacios pensados desde y exclusivamente para ellas. Esto fue percibido como una fuerte violación a todo el sistema de creencias y valores que existía en ese momento y fue una de las causas para iniciar con el suceso histórico que ahora conocemos como “cacería de brujas”.
Cacería de brujas
La cacería de brujas, un oscuro episodio de la historia, sucedió principalmente en Europa y América entre el siglo XV y el siglo XVII y consistió en la persecución y ejecución de miles de mujeres por practicar “brujería”.4 Este término incluía cualquier forma de independencia, conocimiento y rebelión de las mujeres. El movimiento fue liderado por la Iglesia Católica que condenaba la magia ligada al diablo. Cualquier práctica y creencia que apartaba a las personas de Dios se consideraba magia. Las mujeres-brujas desafiaban las creencias religiosas y generaron conocimiento sistemático sobre el cuidado, remedios herbolarios, ginecología, astronomía, entre otros.
Durante siglos, las mujeres ejercieron como médicas sin título ni crédito. Excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. Mientras el pueblo las llamaba “mujeres sabias”, para las autoridades eran brujas o charlatanas.5
La persecución de brujas en América Latina se fundamentó en aspectos relacionados con el control del cuerpo, las prácticas sexuales y, sobre todo, las prácticas médicas, rituales y la defensa de la tierra. Antes de la conquista, las dinámicas sociales eran distintas; en muchas religiones precolombinas, las mujeres gozaban de reconocimiento político y social. Desde la Conquista, la visión sobre la naturaleza fue modificada sobre los territorios colonizados, las prácticas ancestrales fueron borradas y la dicotomía naturaleza-humano como entes ajenos se reforzó. Asimismo, la cacería de brujas también tuvo consecuencias sobre el binomio mujeres-naturaleza. La naturaleza como las mujeres fueron percibidas como impredecibles, caprichosas y emotivas, por ende, debían ser conquistadas y dominadas. Fueron percibidas como enemigas mortales del hombre, la Iglesia y, por supuesto, del orden político colonial. La defensa de la tierra también fue motivo de persecución de las brujas en la región. Ponían en peligro el creciente control de la tierra por parte de los europeos y su oportunidad de expandirse en los territorios en los que buscaban establecerse y, sobre todo, controlar.
Así, al reflexionar sobre la historia de la persecución y el conocimiento ancestral, se hace evidente que la figura de la bruja es, en esencia, un símbolo de la resistencia y la sabiduría femenina. En cada mujer hay una bruja y en cada bruja una potencial científica. La magia ancestral hace una amalgama inseparable entre La Bruja, La Mujer y La Científica.
Hay una semilla “brujil” en todas las mujeres. Está latente para darle vida a brujas poderosas que nos impulsa a seguir siempre buscando nuevos horizontes. Por mi lado, seguiré tratando de convertirme en una bruja respetable.
Osiris Gaona
Instituto de Ecología-Unidad Mérida. Laboratorio de Ecología bacteriana. Universidad Nacional Autónoma de México
Paulina Marruenda
Estudiante, Facultad de Veterinaria y Zootecnia. Universidad Nacional Autónoma de México.
1 Alic, M., El legado de Hipatia: Historia de las mujeres en la ciencia desde la antigüedad hasta fines del siglo XIX. Siglo XXI Editores, 2005
2 Palermo, A. I., “El acceso de las mujeres a la educación universitaria”, Revista Argentina de Sociología, 4(7), 2006, pp. 11-46.
3 Barrera, Á., “De brujas y sabias a científicas: la historia de las mujeres en la ciencia”, Ladobe, febrero 18 de 2018
4 National Geographic,, “La caza de brujas en España en el siglo XVII”, National Geographic, 2024
5 Sorkin Laboratorio de Saberes, “Brujas, creadoras de ciencia y comunidad”, Pikara Magazine, julio 17 de 2019
Es un excelente ensayo sobre la relación de las mujeres con la ciencia y la medicina. Sólo me gustaría precisar unos datos:
– Los libros de la biblioteca de Alejandría los quemó Julio César por accidente. Los libros estaban los los muelles cuando César mandó incendiar la flota de Marco Antonio.
– Hubo otro incendio en el ataque al Serapeum, cuando Hipatia fue asesinada.
– El resto de los libros del mundo antiguo se perdieron por falta de instituciones que se ocuparan de su preservación. Es como ahora, que los videos en formatos antiguos como Betamax o VHS podrían perderse.
– Las brujas no son acosadas tanto por las autoridades, como por sus vecinos y familiares. Incluso hoy en áfrica, las mujeres linchadas por acusaciones de brujas en realidad habia intereses económicos de familiares detrás.
– Inicialmente la Iglesia católica indicó que las creencias en brujas son supersticiones. Aunque a fines del siglo XV dos monjes escribieron el Malleus Malleficarum y un Papa declaró que existen las brujas, su sucesor declaró lo contrario e incluyeron el «Martillo de las brujas» en el índice de libros prohibidos. Pero después de la reforma protestante, el libro fue impreso en regiones no católicas.
– Los inquisidores tenian la instrucción de no hacer caso de acusaciones de brujería, y en el siglo XVII se les prohibió que llevaran a cabo juicios de brujas. La mayor parte de las persecuciones se dió en Alemania, Francia, Inglaterra y países del Norte de Europa.
Habría que establecer que desde siempre ha habido un pique entre la medicina establecida y las mujeres médicas. Hay evidencias de parteras de hace 40,000 años. En la Odisea, Hermes le da a Odiseo una planta para contrarrestar las pociones de Circe. Las mujeres con conocimientos de plantas son sospechosas de elaborar abortivos, filtros de amor como el toloache o diferentes venenos para deshacerse de maridos incómodos (se acusa a Cleopatra de envenenar a su hermano para beneficiar a su hijo Cesarion). Pero en realidad estos medios los han usado todos, el veneno era el arma preferida de César Borgia.
Actualmente, los médicos ven mal que la gente intente sanar usando herbolaria, ya sea porque solo estén tomando placebos mientras su condición se deteriora, o porque la planta reacciona mal al tomarse junto con la medicina de farmacia, o porque toman dosis excesivas creyendo que un remedio herbal es inocuo.
Las mismas compañías farmacéuticas aceptan que la medicina herbolaria es efectiva, pero también es competencia y reduce sus márgenes de ganancia. Por otro lado no hay garantía que al tratarse un padecimiento con hierbas medicinales, se asesore bien al cliente o si quiera le den algo útil. Habría que encontrar alguna manera de conciliar ambos enfoques.
Finalmente, en los pueblos tradicionales, las plantas con efectos psicotrópicos no se destinan a uso lúdico, esa es una deformación de la cultura moderna en nuestra relación con las plantas.
Me pregunto si habrán existido sociedades secretas con miembros adictos a su dealer.