La verdad es que he intentado poner a San Antonio de cabeza un par de veces o rezarle a San José, siguiendo los consejos de las tías, las amigas y las abuelas, para encontrar pareja. Pero, si soy completamente sincera, ni los rezos ni el ritual de voltear a San Antonio han funcionado para mí. En esas reflexiones sobre la atracción, de pronto uno se queda pensando cómo se comunican y cómo consiguen pareja el resto de los mamíferos que no tienen WhatsApp, ni Facebook, ni Tinder, ni celular; sobre todo sin una cita previa, para realizar el clásico “escaneo” y decir “va” o “no va”.
Uno pensaría que quizá en la naturaleza, particularmente con los animales que no hablan ni actúan como nosotros, todo es mucho más sencillo. Pero no lo es. Lo que podemos encontrar es una gran colaboración entre animales que son de la misma especie y otros que no tienen nada que ver entre sí. Existen asociaciones muy estrechas que se denominan simbióticas. Esta palabra significa que dos organismos de especies, totalmente diferentes, tienen una relación tan estrecha que se ayudan tanto, tantísimo, que la separación o muerte de uno afectaría negativa y dramáticamente al otro, provocando la muerte en el peor de los casos. La ayuda que se proporcionan es para realizar funciones vitales que no podrían realizar sin la presencia del otro.
La unión hace la fuerza: bacterias benéficas para sus hospederos
Un ejemplo clásico son las bacterias que existen en el estómago de las termitas, que les ayudan a degradar celulosa. Sin estas bacterias muy probablemente las termitas tendrías que comer otra cosa. O bien, las bacterias que existen en el estómago del koala, que le permiten comer las hojas de eucalipto de las que se alimenta, evitando que le afecten las sustancias tóxicas de estas plantas.
Existen organismos hospederos que son visibles a simple vista y sus simbiontes, aquellos que requieren ser vistos desde un microscopio (y muchas veces ni siquiera este artefacto es suficientemente poderoso para percibirlos). Se sabe de la existencia de estos organismos gracias a las técnicas de nueva generación, que han surgido hace poco más de dos décadas. Durante muchos años las hicimos responsables de muchas enfermedades y se inventaron un sin fin de antibióticos y medicamentos para erradicarlos. No fue hasta hace dos décadas que los humanos comenzaron a reconciliarse con este mundo microscópico y se dieron cuenta de que ese universo diminuto, en el que habitan las bacterias, las arqueas, los hongos, los virus y muy probablemente otras cositas más pequeñas, son fundamentales y esenciales para muchas funciones que realizamos los humanos. A este conjunto de microbios y sus genes, que viven en el cuerpo humano, se le llama microbioma.
Estos microbios viven en todas partes de nuestro cuerpo: la piel, la boca, la vagina y los nostrilos. La gran mayoría vive en el intestino humano, ya que es ahí donde tienen un suministro constante de nutrientes. La gran sorpresa fue cuando los científicos se dieron cuenta de que la suma de estos organismos supera en número a nuestras propias células, en una diferencia de 10 a 1, lo que representa 2.27 kilos de nuestro peso corporal y, actualmente, cifras más conservadoras, indican que la proporción es del 50 %.
No sólo eso: no pudimos haber evolucionado sin su compañía. Nuestra madre, además de las propiedades, autos y joyas, nos hereda todo este universo microbiano. Es nuestra madre quien nos transfiere, de manera horizontal, esta herencia que nos ayuda a ser más fuertes y sanos. Se ha comprobado que los niños que nacen por cesárea y no tienen contacto con las bacterias de su madre en el canal vaginal, carecen de un grupo conocido como Firmicutes. Por lo cual, estos niños tienen altas probabilidades de desarrollar enfermedades como asma, obesidad y otros padecimientos relacionados con su sistema inmune. Pero es importante señalar que no es el fin del mundo para los niños que nacen por cesárea. Los doctores han desarrollado una técnica muy sencilla: a cada niño que no nace de manera natural, el doctor lo baña con las bacterias de su madre, así queda listo para enfrentar enfermedades que afectan el sistema inmune. Hemos evolucionado con estas bacterias, transmitidas de madre a hijo, durante miles de años, y los científicos ahora están descubriendo el importante papel que desempeñan en la salud humana.
Casi todos los estudios que han intentado corregir el microbioma con rasgos o enfermedades específicos han tenido éxito. En otras palabras, los estudios están descubriendo que nuestras bacterias (o falta de ellas) están asociadas a la obesidad, desnutrición, enfermedad cardíaca, diabetes, enfermedad celíaca, eczema, asma, esclerosis múltiple, colitis, algunos tipos de cáncer e incluso autismo, pero también han revelado que tienen una alta influencia en el comportamiento y la conducta de diversos organismos, incluidos los humanos que, como ya hemos visto, no son tan Homo como se pensaba ni tan sapiens como ellos se creían.

Influencia en el comportamiento
Existen muchas terminaciones nerviosas alrededor del intestino. Estas transmiten señales al cerebro a través del nervio vago. Se cree que las bacterias liberan metabolitos y otras moléculas pequeñas y estas son las responsables de algunos cambios, que van desde el sentido del gusto hasta el estado de ánimo. Los científicos intercambiaron el microbioma de ratones tomadores de riesgo con ratones cobardes y también intercambiaron su aversión al riesgo. Se ha planteado la hipótesis de que los tipos de alimentos que anhelamos y sabemos que nos hacen bien, también pueden ser solicitados por la población en nuestras entrañas, e incluso pueden estar relacionados con la capacidad de esa población para utilizar alimentos particulares para obtener energía. Finalmente, enfermedades como la depresión, también se han relacionado con el microbioma.
¿Qué pasa con la búsqueda de pareja y la atracción? Desde hace mucho es sabido que existen bacterias generadoras de ácidos grasos volátiles, conocidos como feromonas, que no son otra cosa que olores. Para el caso particular de los mamíferos, se sabe que los felinos usan estos olores para marcar sus territorios y ahuyentar a sus enemigos, y los usan, además, para el reconocimiento entre padres e hijos y las familias.
El papel de la microbiota en la atracción del murciélago magueyero
En un estudio reciente nos hemos dado cuenta de que las bacterias influyen mucho en la atracción entre las parejas de una especie de murciélago que come néctar. Cuando los machos están listos para reproducirse, tienen una conducta particular: se ponen líquidos urogenitales en la espalda, con la ayuda de sus patas, en un lugar ubicado entre las alas. Antes de realizar este movimiento, el pelo de la espalda de estos murciélagos comienza a caerse, creándose una especie de herida con costras muy raras. Además, el individuo se pone saliva, excremento, orina y otros fluidos urogenitales. Al rascarse, les sale sangre, de manera que crea una superficie con una capa de nutrientes de los que se alimentan las bacterias. Lo que hemos encontrado en este “parche dorsal”, que es como lo denominan los científicos, es que, en este estado reproductivo, el murciélago polinizador de agaves, tiene un 65 % de bacterias que son fermentativas; es decir, que muy probablemente están desencadenando reacciones de ácidos grasos volátiles y olores que sirven para atraer a las hembras.
Estudios previos han relacionado este parche dorsal con la salud del individuo. El parche es simétrico en machos que tienen menos parásitos, lo cual demuestra que el macho en cuestión es saludable porque atrae más parejas, de tal suerte que el papel de la microbiota y de las bacterias se vuelve crucial para este murciélago que busca pareja. Es evidente la gran importancia del papel que juega la microbiota en la preservación de la especie para este murciélago magueyero menor (Leptonycteris yerbabuenae). Y este murciélago tiene una gran importancia en la polinización de los agaves, de donde se extrae el mezcal y el tequila.
Bacterias precursoras de señales químicas en el parche dorsal del murciélago magueyero

Influencia en la nutrición
Nuestras bacterias intestinales son responsables de descomponer muchas de las moléculas complejas que se encuentran en los alimentos como las carnes y los vegetales. Las bacterias se benefician obteniendo energía de las plantas que comemos. Estas bacterias transforman esas plantas en moléculas más pequeñas que nuestro cuerpo puede digerir.
En un experimento en el que se utilizaron ratones, los científicos se dieron cuenta de que había unas bacterias más abundantes en los ratones obesos y que existía una diferencia con los ratones con peso normal. Cuando se pasó microbiota de ratones sanos a ratones obesos, estos últimos se normalizaron en el peso. También subieron de peso los ratones de peso normal, cuando se les puso microbiota de ratón obeso. Este experimento sencillo demostró que existe una relación directa entre la dieta y la abundancia de ciertas comunidades microbianas intestinales. Por ejemplo, los vegetarianos tienen una flora intestinal que está mejor equipada para descomponer las plantas, lo cual hace que las moléculas no digeribles, como la celulosa, estén disponibles para los humanos. Durante el metabolismo bacteriano de estas moléculas complejas, se emiten señales químicas que terminan en nuestros cerebros y pueden afectar el comportamiento. Esto ha llevado a algunos científicos a especular que el microbioma intestinal puede causar antojos para ciertos alimentos e influir en las elecciones dietéticas.
En otras latitudes se está preservando la “microbiota” de humanos en contenedores a temperaturas muy bajas, de alrededor de -20 ºC. Existe un proyecto para conocer el microbioma humano, y varias investigaciones que giran principalmente en torno a la salud y sus interacciones. Estos hallazgos nos obligan a reconsiderar nuestra existencia en el planeta y a ser más cuidadosos con el ambiente y con lo que nos rodea. Sin la existencia de otros organismos, nuestra vida y nuestro paso por el planeta no seríamos los mismos.
Creo que el próximo intento que haré para tener un compañero de vida será mezclar polvos de ven a mí con sudor de mi piel. Luego les cuento el resultado.
Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.
La autora agradece al proyecto PAPIIT IV200421 “Monitoreo y diagnóstico de holobioma (microbioma y viroma) con énfasis en SARS-COV-2 en la interfaz humano-animal en la península de Yucatán”.