Agricultura o urbanización, ¿qué es más dañino para la biodiversidad?

Crédito: Estelí Meza

Si uno camina por el campo y observa cultivos y ganadería, el paisaje verde podría dar la impresión de que las transformaciones en los usos de la tierra no son tan graves. La presencia de praderas y cultivos sugiere que algunas especies nativas aún podrían coexistir con aquellas de interés agrícola. Sin embargo, los análisis de biodiversidad en estos paisajes revelan una realidad distinta.

Aunque ciertos tipos de agricultura, como la orgánica, la agroecología o la agricultura de conservación, permiten la coexistencia de especies diferentes a las cultivadas, la mayoría de los sistemas agrícolas actuales dependen en gran medida de agroquímicos. Estos productos están diseñados para eliminar la biodiversidad adyacente, considerando como un problema la presencia de malezas, insectos, arañas y otras especies que no contribuyen directamente a la producción de cultivos como maíz, trigo, aguacate o fresas. En este modelo productivo, cualquier elemento ajeno al cultivo de interés se percibe como una amenaza, destinándose importantes recursos a su erradicación.

A pesar de ello, hay una percepción de que la agricultura es una actividad armónica con la naturaleza, en contraste con la urbanización, vista como una amenaza directa a los ecosistemas. No obstante, estudios recientes sugieren que la agricultura intensiva podría tener efectos más perjudiciales que la expansión urbana. Esto nos lleva a replantearnos un cuestionamiento central: ¿cuál de estos procesos representa una mayor amenaza para la biodiversidad? Determinar qué tipo de cambio de uso de suelo tiene mayores efectos sobre la biodiversidad es un desafío complejo pero una tarea urgente para la conservación de la biodiversidad.

Agricultura a gran escala

Debido a la creciente población humana que habita la Tierra, las presiones por cultivar alimento también han ido en aumento; junto con ello, se ha transformado la agricultura. Se ha pasado de un modelo tradicional de pequeña escala, caracterizado por agricultores de subsistencia, a un modelo agroindustrial de grandes extensiones de monocultivo donde se prioriza la cantidad sobre la calidad de los alimentos. Esta agricultura, si bien ha aumentado de manera sorprendente el rendimiento de los cultivos por hectárea, no lo ha hecho de manera sustentable. El precio a pagar ha sido la eliminación de muchas especies, la pérdida de diversidad genética, la contaminación de la tierra y agua, así como un impacto importante sobre la salud humana, principalmente sobre los agricultores. Según datos recientes, el uso de herbicidas e insecticidas para la agricultura a nivel mundial se ha duplicado en treinta años; en México pasamos de consumir 26 000 toneladas de plaguicidas en 1990 a 53 000 toneladas en 2018.1 De tal manera que los venenos en la agricultura cada vez son más comunes y por ello impiden una coexistencia con otras especies que no sean las cultivadas.

Las ciudades

Hoy en día la mayor parte de la población humana habita en ciudades; según proyecciones de la ONU, se espera que para 2050 el 75 % de la población viva en ciudades. ¿Qué impactos puede tener esta concentración de seres humanos para la biodiversidad? En épocas recientes ha surgido un creciente interés por entender el efecto que tienen las ciudades en la diversidad de especies. Obviamente, hay mucha variación entre el impacto que tiene una ciudad u otra relacionado con su ubicación geográfica, el tipo de urbanización, su tamaño, entre otros. Es muy interesante que varias ciudades albergan una gran biodiversidad. Por ejemplo, en Ciudad de México se han registrado 316 especies aves, que corresponden al ¡3 % de las aves de todo el mundo! Ciudad del Cabo aloja al 50 % de los tipos de vegetación de Sudáfrica con 3000 especies nativas de plantas, y Bruselas tiene el 50 % de todas las plantas de Bélgica. Estas cifras suenan contraintuitivas y parecieran poco reales. Sin embargo, si analizamos más a fondo, es posible encontrar las causas que promueven esta diversidad y, mejor aún, nos dan pautas del tipo de acciones que deberíamos tomar para poder conservarla o promoverla en los sitios donde ha desaparecido. Las áreas verdes dentro de las ciudades son los reservorios de esta diversidad. Espacios como parques, jardines, humedales, ríos o incluso huertos urbanos, son los lugares donde las especies se refugian y pueden habitar.

Urbanización vs. Agricultura

Con estos datos en mente, algunas investigaciones recientes han empezado a comparar los campos agrícolas con sitios urbanizados. Aunque las ciudades pudieran verse menos “verdes”, son sitios más benéficos para la biodiversidad. Por ejemplo, un estudio realizado por Tsang y colaboradores (2025) analizó los cambios en la diversidad de abejas a nivel mundial, comparando sitios conservados, agrícolas y urbanos. Los resultados mostraron que, si bien la agricultura y la urbanización reducen el número de especies de abejas, las comunidades de abejas que persisten en las ciudades son más diversas. Es decir, las ciudades permiten que vivan abejas con diferentes requerimientos de hábitat. Pareciera que las ciudades son menos homogéneas que los campos agrícolas que predominan hoy en día, y por ello hay espacios diferentes en las ciudades que permiten la existencia de abejas de muchos tipos, mientras que en los campos agrícolas muy pocas pueden sobrevivir. Si comparamos a las comunidades de abejas que sobreviven en campos agrícolas de diferentes países, serían las mismas, mientras que las abejas que sobreviven en ciudades, serían diferentes.

Estos estudios nos muestran resultados interesantes para pensar en acciones de conservación concretas. Es fundamental identificar aquellas características que hacen a las ciudades más amigables con la biodiversidad para promoverlas. Al mismo tiempo, es crucial comprender con claridad cuáles prácticas agrícolas perjudican la supervivencia de otras especies. Los puntos clave parecen estar en dejar áreas verdes con plantas nativas en las ciudades y disminuir el uso de plaguicidas en la agricultura. Estas dos acciones permitirían disminuir la presión negativa que tenemos como humanidad sobre las diferentes especies, en particular sobre los insectos. Y aquí todos podemos participar. Acciones sencillas como consumir productos de pequeños huertos orgánicos, sembrar nuestros propios alimentos y crear áreas verdes en casa —ya sea con macetas o techos verdes—, así como reducir el uso de insecticidas, son propuestas accesibles. Les invito a incorporar estas acciones en su vida diaria, contribuyendo así a la protección de nuestra biodiversidad.

Ek del Val de Gortari
Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, UNAM

1 Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustenble y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA) 2020. Impacto del uso de plaguicidas en el sector agropecuario. Cámara de Diputados, Palacio Legislativo de San Lázaro, Ciudad de México.


2 comentarios en “Agricultura o urbanización, ¿qué es más dañino para la biodiversidad?

  1. Habría que agregar que, dependiendo de la región, entre el 40% y el 70% de la producción agrícola no es para consumo humanos sino para alimentar al ganado. La tercera parte de los alimentos a nivel mundial se echa a parder antes de ser consumidos.

  2. Tiene razón; la tercera parte de alimento se echa a perder debido a la falta de profesionalidad en el acompañamiento y calendarizacion, la falta de infraestructura de caminos «saca cosecha» y los malos hábitos de consumo qué chocan con los argumentos del buen comer, en la realidad.

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