La producción intelectual del filósofo y ambientalista mexicano Enrique Leff1 está fuertemente marcada por el rigor del pensamiento crítico y puede confundirse con la poesía. Para Leff, el “desarrollo sostenible” está lejos de ser una salida. Necesitamos repensar los fundamentos de nuestra mediación con el mundo y redescubrir el valor del conocimiento tradicional en diálogo con la academia.
En una entrevista en Tabatinga-Amazonas, durante el Seminario Internacional de Ecología Política, Enrique Leff discute el escenario de la crisis ambiental en América Latina. El investigador argumenta que este no es un problema local, sino una crisis dentro de la sociedad humana que se presenta de diferentes maneras en cada región y que, en el caso de América Latina, se manifiesta en una serie de conflictos socioambientales generados por la racionalidad del mercado.
El filósofo cree que la crisis ambiental, identificada en las décadas de 1960 y 1970, fue entendida de forma errónea y desviada de su sentido crítico. En la medida que la sociedad civil, los académicos y los políticos comenzaron a reflexionar sobre los efectos del crecimiento económico bajo los modelos de producción capitalista y la sociedad de consumo en la degradación de la naturaleza y sus impactos en la vida humana, inmediatamente buscaron formas de salir del problema dentro de los dispositivos de la racionalidad que lo produjeron.
Para Enrique Leff “Hay un orden supremo que se ha apropiado del planeta para trastocarlo. (…) Su único imperativo es el crecimiento, la ganancia económica y una voluntad de poder y de dominio sobre la naturaleza, sobre todas las cosas, y que a través de una lógica utilitarista se apodera de la productividad ecológica de la Amazonía, degradando así el orden de la vida en el planeta”.
Reflexionando sobre su estadía en la Amazonía, Enrique Leff dice que lleva en su equipaje esta experiencia: “Mucho amor, amistad, mucha energía, placer de ver las nubes, de correr por el río, de penetrar en la selva, de subir a las frondas, a los canopys de los árboles, los amigos, las charlas, las pasiones mutuas, el diálogo de saberes, la esperanza de la vida. Voy cargado de cosas muy buenas”.

Ilustración: David Peón
Marcos Colón: Para empezar esta charla, me gustaría preguntarle cuáles son las inquietudes ambientales que más le motivan en la actualidad.
Enrique Leff: Yo diría que mi mayor inquietud ambiental es mi inquietud por la vida: por la degradación ambiental que sufre el planeta y por la degradación de la vida humana. La cuestión ambiental no es un tema, un objeto de estudio, un proceso interesante que los antropólogos podrían estudiar como la relación de la cultura con la naturaleza o los ecólogos o los biólogos sobre la relación de los organismos vivos con su medio ambiente y con los procesos ecológicos. Mi inquietud fundamental es la responsabilidad humana ante la crisis ambiental, la crisis civilizatoria por la que atraviesa la humanidad, por los destinos de la vida, por el dilema sobre la manera de revertir un proceso que se ha instaurado en la lógica y la racionalidad de la modernidad; por comprender los modos de reinscribirnos en el orden y el devenir de la vida para habitar el planeta dentro de las condiciones de la vida.
MC: ¿Cómo se ven esas inquietudes con respecto a la vida cuando pensamos en el contexto del diseño ambiental que vivimos hoy en América Latina?
EL: El diseño ambiental de América Latina deriva del diseño del orden mundial en sus efectos sobre América Latina. Son las formas que adopta el régimen del capital que gobierna al mundo, y que lo afecta de manera diferenciada dependiendo de la localización de los ecosistemas en el planeta, dependiendo de la historia de la región y de cada uno de los países, de la conducción de sus procesos de desarrollo, de las condiciones ecológicas y ambientales, de los procesos culturales y políticos; el de su inserción en la geopolítica de la globalización y del “desarrollo sostenible”; de los procesos de resistencia y rexistencia de sus pueblos y comunidades. América Latina se debate ante el dilema de cómo enfrentar la crisis ambiental. Pues justamente en el momento en que estaba en boga la reflexión sobre la dependencia que atrapó el pensamiento político, económico y social de los años sesenta y setenta, irrumpe la crisis ambiental. Entonces el problema de América Latina no es solamente salir de la dependencia de la globalización, de descolonizar los saberes sojuzgados por el conocimiento eurocéntrico, sino entender cómo reorientar los procesos sociales, económicos, en el sentido de la sustentabilidad ecológica y cultural de la región. No es una cuestión única de América Latina, pero tiene particularidades y oportunidades muy propias por la productividad de sus ecosistemas por la gran creatividad de su diversidad cultural. América Latina tiene condiciones privilegiadas para pensar en otro modo de vida, otro modo de producción, otro modo de habitar el planeta. Tiene, por ejemplo, la Amazonía, la enorme productividad ecológica de esta zona del planeta para producir desde la potencia de la naturaleza misma. Y todo esto asociado al rescate de prácticas de conocimientos, de sus saberes tradicionales, de la resistencia de los pueblos a seguir siendo invadidos y diezmados por la lógica expropiadora del capital y su capacidad para reinventar sus modos de vida dentro de sus condiciones ecológicas de vida.
MC: Se estaba buscando una solución en los años sesenta y setenta pero, ¿qué pasó, a qué punto llegamos?
EL: La crisis ambiental irrumpió en el mundo en ese momento como un acontecimiento inesperado para la humanidad. El desarrollo de la humanidad estaba encaminado hacia el progreso, hacia el crecimiento económico. Lo que pasó, para decirlo de manera muy suscinta, es que el poder de la racionalidad que gobierna al mundo buscó la manera de reapropiarse esta problemática, de incorporarla y resolverla dentro de sus propios ejes de racionalidad. Para decirlo de otra manera, si el problema era la destrucción ecológica del planeta, la respuesta desde los poderes hegemónicos ha sido la de gobernar el ambiente valorizando la naturaleza en términos económicos. Lo que surgió de ahí fue un proceso de simulación, la captura y cooptación de la criticidad de la problemática ambiental, por la racionalidad económica que ha buscado reincorporarla en sus propios términos al mismo proceso económico, reduciendo la sustentabilidad en términos de un crecimiento económico que pretende ser ecológicamente sustentable, más igualitario y justo. Desde la Agenda 21 que se configuró luego de la Comisión Brundtland en Río 92, hasta el diseño de los objetivos del desarrollo sostenible en la Cumbre de Johanesburgo, siguiendo esa vía que parece ser ineluctable de desarrollo y crecimiento, pretendiendo que sea menos perversa, menos desigual, menos insustentable. Pero el tema es que por esas vías de racionalización de la racionalidad tecno-económica no se ha logrado resolver la crisis ambiental.
MC: ¿Usted cree entonces que podemos hablar de un gran error político en cuanto a la respuesta ante la crisis ambiental en América Latina?
EL: Si queremos hablar de las políticas públicas instituidas y desarrolladas dentro del esquema y las estrategias del “desarrollo sostenible”, podemos afirmar que están inscritas dentro de un error ontológico que es el origen y causa de la crisis ambiental. Eso nos lleva a pensar cómo desde la constitución del logos humano se instauró un modo de comprensión del ser que se volvió la razón dominante sobre el mundo; desde esa tradición del pensamiento occidental se configuró la racionalidad de la modernidad. De esta manera, los llamados tomadores de decisiones están ya inscritos, determinados por esa racionalidad que gobierna el orden y desorden del mundo. Sus mentes están atrapadas dentro de esa lógica que dirige sus comportamientos, sus propósitos y sus decisiones; incluso sus mejores propósitos — hay peores propósitos también — están atrapados en esa lógica, no miran ni comprenden otra manera de dirigir al mundo. Los “dirigentes” están atrapados por este error metafísico que viene desde los orígenes del pensamiento ontológico centrado en una reflexión sobre el ser que ha dejado en el olvido la vida. La historia de la metafísica, su violencia hacia la vida, se fue codificando, construyendo e instituyendo en términos de una racionalidad económica y de una racionalidad jurídica que establecen los derechos de propiedad sobre la tierra, sobre la naturaleza, sobre el ambiente y sobre el mundo. Esta racionalidad ha conducido la tendencia del devenir de la historia y destinación del mundo y de la vida, hacia la muerte entrópica del planeta.
MC: La ontología de la diferencia partiría entonces de una disfunción originaria entre el orden de lo real y el orden de lo simbólico, que hoy reclama una ética de la otredad y a la vez una política de la diferencia?
EL: Correcto. El desconocimiento de esa diferencia radical ha conducido al pensamiento metafísico hacia la construcción forzada de un mundo fundado en la ontología de lo Uno, de lo Universal, que han conducido al “pensamiento unidimensional” y hacia la reducción ontológica de la diversidad conducida por la unidad del valor del mercado.
MC: ¿Cómo podemos pensar los imaginarios culturales de la sustentabilidad una vez que necesitamos del imaginario simbólico para poder sublimar la realidad?
EL: Debemos traducir la tópica del inconsciente lacaniano, llevándolo de la comprensión del funcionamiento del orden inconsciente hacia los modos de comprensión del orden y del metabolismo de la vida, allí donde el orden de lo real se manifiesta en el comportamiento y la dinámica de la vida misma, en el metabolismo de la naturaleza, en la captación de energía solar y su traducción en biomasa, en la producción de la historia natural de la biosfera, de este gran ecosistema planetario donde ha evolucionado la vida hacia la diversidad de especies y que ha constituido la biodiversidad en la que se manifiesta lo real de la vida. El orden simbólico que irrumpe de la diferencia originaria con el orden simbólico no está en las plantas, ni en el sol; está configurado en los imaginarios de los seres humanos que han habitado e intervenido los ecosistemas de la biosfera desde su orden simbólico, o sea de su lenguaje, sus cosmovisiones, sus mitos y sus rituales de vida. Los imaginarios de la vida son los complejos de modos de comprensión de la vida de los pueblos, asociados a sus prácticas concretas de vida: a sus mundos de vida y sus modos de ser en el mundo. Los imaginarios culturales guían las prácticas que enactúan el metabolismo de sus territorios de vida, adaptándose y transformando sus procesos ecológicos, domesticando especies, dirigiendo la evolución biológica a través de su orden simbólico, de los modos de significación de la naturaleza que habitan; conduciendo de esa manera la dinámica del ecosistema, sus condiciones de resiliencia; es decir, insertándose y transformando las condiciones de la vida.
MC: ¿De qué modo estos otros órdenes ontológicos, estos otros horizontes de sustentabilidad afectan el orden de la vida?
EL: Lo que tenemos que entender es la manera como esa diferencia originaria entre lo Real y lo Simbólico se conjuga en los modos de actuación de los pueblos de la tierra, en los destinos del planeta a través de la manera como inciden en el metabolismo propio de la vida. Eso en cuanto a los modos de vida propios de los pueblos. Pero hay un orden supremo que se ha instaurado en el planeta, que se ha apropiado y que domina al mundo trastocando el orden de la vida de la biosfera; es un orden de racionalidad que funciona, que crece siguiendo una impronta que no reconoce las condiciones de la vida; donde su imperativo categórico es el crecimiento, la ganancia económica y una voluntad de poder y dominio sobre la naturaleza, sobre todas las cosas; que a través del mecanismo instaurado en la racionalidad económica, en el proceso económico del capital, se extiende por la tierra, por la Amazonía, trastocando su complejidad ecológica y el orden de la vida; degradando las condiciones de resiliencia, de reproducción, de estabilidad capaces de dar soporte para reconducir la vida hacia otros horizontes de sustentabilidad de la vida; donde el orden simbólico pueda restaurar una vida sustentable en nuestro planeta.
Marcos Colón
Enseña y coordina el Programa de Portugués en el Departamento de Lenguas y Lingüísticas Modernas de la Florida State University. Fundador y redactor jefe de la revista Amazônia Latitude y director del documental Beyond Fordlândia: An Environmental Account of Henry Ford’s Adventures in the Amazon. Correo electrónico: mcolon@fsu.edu.
La entrevista completa se puede consultar aquí.
1 En su carrera, Leff ha producido una vasta bibliografía, escribiendo libros como Epistemología Ambiental (2001); A Complexidade Ambiental (2003); Racionalidade Ambiental: A Reapropriação Social da Natureza (2006); Ecología, Capital e Cultura: a Territorializaçao da Racionalidade Ambiental (2009); Discursos Sustentables (2010); Saber Ambiental: Sustentabilidade, Racionalidade, Complexidade, Poder (2011); A Apuesta pela Vida. Imaginación Sociológica e Imaginarios Sociais em os Territorios Ambientais do Sul (2016); El Fuego de la Vida: Heidegger ante la Cuestión Ambiental (2018); y su libro más reciente, Ecología Política: de la Deconstrucción del Capital a la Territorialización de la Vida (2019).
Agradezco éste informe de entrevista él cuál nos encaminar en tener un pensamiento más complejo de nuestro entorno deber repensar nuestras acciones y mejorar nuestros hábitos de lo contrario el planeta tendrá sus años contados.