El océano es parte de todo

El océano es un elemento fundamental para la vida en el planeta. No sólo alberga una gran biodiversidad, sino que también regula el clima y sostiene sus principales ciclos biogeoquímicos. Sin embargo, durante siglos, el mar se ha tratado como un recurso inagotable y un vertedero sin límites. La acumulación de desechos, la acidificación de sus aguas y la crisis climática son sólo algunas de las consecuencias de un modelo extractivista que ignora nuestra enorme dependencia al océano. Lamentablemente, México no está exento de esta crisis. Con vastos litorales en el Golfo de México y el océano Pacífico, el país enfrenta múltiples desafíos: contaminación marina, sobreexplotación pesquera y megaproyectos energéticos que amenazan tanto la biodiversidad como las comunidades costeras. Ante esta realidad, es urgente cuestionar las decisiones económicas y políticas que perpetúan la degradación oceánica. México y el mundo deben replantear su relación con el mar, dejando de verlo como simple espacio de extracción o transporte, y reconociéndolo como un sistema vital que sostiene la vida en el planeta.

Contaminación marina

Si bien el océano ha sido tratado históricamente como un recurso inagotable, la contaminación ha puesto en evidencia sus límites. Los residuos industriales, los desechos plásticos y otras sustancias tóxicas alteran su equilibrio y generan consecuencias que no se limitan a lo ecológico. La contaminación marina ocurre cuando sustancias o formas de energía, derivadas de la actividad humana, ingresan al océano y generan efectos nocivos en los ecosistemas, la biodiversidad y la salud humana. Este fenómeno altera la calidad del agua, dificulta actividades como la pesca, el turismo y el comercio, y compromete el uso sostenible de los bienes y servicios que el mar proporciona. En términos simples, lo que extraemos, producimos y desechamos en el ambiente termina, tarde o temprano, impactando los océanos.

Uno de los ejemplos más evidentes es la contaminación por plásticos. Millones de toneladas de desechos plásticos llegan al mar cada año, fragmentándose en microplásticos que se han infiltrado en prácticamente todos los ecosistemas. Estudios han demostrado que estas diminutas partículas ya están presentes en alimentos de consumo cotidiano como la miel, la cerveza y el agua potable.[1] También han sido detectadas en la placenta humana, en la sangre,[2] y en el semen de adolescentes que aún no han tenido actividad sexual.[3] En el ámbito marino, especies como el pez vela y el atún enlatado[4] acumulan estos contaminantes a lo largo de la cadena alimenticia, lo que no sólo afecta a la fauna, sino que también representa un riesgo para quienes los consumen.[5]

El caso del Golfo de California

Un espacio marino amenazado por esta visión extractivista es el Golfo de California que alberga más de 12 000 especies de flora y fauna, muchas de ellas endémicas. Sus aguas son áreas clave para la reproducción y crianza de múltiples especies marinas, incluidos el 39 % de los mamíferos marinos del mundo. La expansión de la industria energética y el comercio internacional son una amenaza que afecta tanto a los ecosistemas como a las comunidades que dependen del mar.

Actualmente, y desde hace más de una década, Estados Unidos está impulsando su industria energética mediante el fracking, una técnica de extracción de petróleo y gas natural que implica perforaciones de entre 1000 y 5000 metros de profundidad. Este proceso requiere la inyección de grandes volúmenes de agua a alta presión para liberar los hidrocarburos atrapados en formaciones rocosas. Su impacto ambiental es severo, pues contamina el subsuelo y la atmósfera. Además, reduce la disponibilidad de agua superficial, afectando los ecosistemas y las comunidades cercanas.

Uno de estos proyectos es Saguaro, que extraerá gas natural en Texas y lo transportará a través de un gasoducto hasta Puerto Libertad, Sonora, en México, para su exportación a Asia y otros mercados. Aunque se argumenta que su operación tendrá un impacto ambiental mínimo, su transporte marítimo representa una amenaza directa para el Golfo de California, un ecosistema reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. La llegada de grandes buques metaneros alterará este frágil equilibrio. Además, el tráfico marítimo intensivo podría afectar zonas protegidas, como las doce islas y áreas naturales resguardadas por la Semarnat.

Factores económicos y geopolíticos

El impacto sobre los océanos no sólo proviene de la contaminación directa, sino también de las disputas económicas y geopolíticas por el control de recursos estratégicos. La cada vez más feroz competencia por minerales esenciales para la tecnología, la energía y nuevas armas, tendrá severas consecuencias ambientales globales. Ahora más que nunca, queda claro que Estados Unidos quiere fortalecer su economía y mantener su liderazgo estratégico frente al crecimiento de las potencias asiáticas. De ahí que ahora Donald Trump condicione el apoyo militar y estratégico a Ucrania en la guerra contra Rusia a cambio de un acuerdo que garantice a empresas estadunidenses el acceso y la explotación de las reservas de tierras raras que contienen minerales como escandio e itrio, fundamentales en procesos tecnológicos de vanguardia.

Si bien este conflicto parece alejado de los océanos, su impacto ambiental es profundo. La creciente demanda de tierras raras ha impulsado la expansión de actividades mineras altamente contaminantes, cuyos residuos tóxicos terminan llegando a los ecosistemas marinos. La extracción de estos elementos genera drenajes ácidos y desechos radiactivos que, transportados por ríos y corrientes atmosféricas, afectan la calidad del agua y la biodiversidad oceánica. Además, el comercio global de estos recursos depende de rutas marítimas que incrementan el tráfico de megabuques, intensificando la contaminación acústica y aumentando el riesgo de colisiones con especies marinas.

México ante este reto global

A pesar de su inmensidad, el océano es frágil. La acidificación de sus aguas, la contaminación por plásticos y químicos, la sobreexplotación de sus especies, el tráfico de megabuques y la minería de recursos estratégicos han alterado su equilibrio. México, en sus costas en el Golfo y el Pacífico, es testigo y protagonista de estos procesos.

El océano ha sido tratado como un recurso inagotable, ignorando que es el origen y sostén de la vida. Su deterioro no es sólo un síntoma del daño ambiental, sino una advertencia de que estamos forzando los límites de la estabilidad ecológica global. Pero este no es sólo un desafío ambiental o político. Es también un reto de conciencia, de volver la mirada hacia el océano no como algo externo, sino como el espacio del que venimos y del que aún dependemos. La vida en la Tierra surgió en el mar, y aunque hayamos aprendido a vivir fuera de él, siguen siendo sus ciclos, su oxígeno y su equilibrio los que hacen posible nuestra existencia.

Sentipensar el océano significa reconocernos en él, entenderlo desde la razón, pero también sentirlo como parte de nosotros. No podemos seguir viéndolo como un telón de fondo o como un recurso a explotar. Es momento de replantear nuestras políticas, nuestros modelos de desarrollo y nuestros hábitos de consumo. Nos queda poco tiempo. Si el océano colapsa, colapsamos con él.

Aramis Olivos-Ortiz

Centro Universitario de Investigaciones Oceanológicas, Universidad de Colima

[1] Allen S., Allen D., Karbalae S., Maselli V., Walke T.R., “Micro(nano)plastics sources, fate, and effects: What we know after ten years of research”, Journal of Hazardous Materials Advances, 2022

[2] Cox, K. D. y coautores, “Human consumption of microplastics”, Environmental Science and Technology, 53 (12), 2019, pp. 7068–7074.

[3] Montano L., Giorgini E., Notarstefano V., Notari T, Ricciardi M., Piscopo M., Motta O., “Raman Microspectroscopy evidence of microplastics in human semen”, Science of The Total Environment, 2023

[4] Di Giacinto F., Di Renzo L., Mascilongo G., Notarstefano V., Gioacchini G., Giorgini E., Bogdanović T., Petričević S. , Listeš E., Brkljača M., Conti F. , Profico C., Zambuchini B., Di Francesco G., Giansante C., Diletti G. ,Ferri N., Berti M., “Detection of microplastics, polymers and additives in edible muscle of swordfish (Xiphias gladius) and bluefin tuna (Thunnus thynnus) caught in the Mediterranean Sea”, Journal of Sea Research, 2023

[5] Diaz-Basantes M.F., Nacimba-Aguirre D., Conesa J.A, Fullana A., “Presence of microplastics in commercial canned tuna”, Food chemistry, 2022

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Publicado en: Impactos y deterioro

2 comentarios en “El océano es parte de todo

  1. Estimada Aramis:
    Muy interesante tu artículo, en el que tocas algunos de los temas importantes de la degradación de los océanos que bordean nuestro país. Es una llamada de atención para que cambiemos nuestras políticas de desarrollo y reduzcamos nuestra huella en el ambiente costero y oceánico.
    Mi única crítica es que ninguna de las referencias que citas sean sobre los mares mexicanos ni escritos por investigadores mexicanos. Hay una extensa bibliografía sobre los problemas que mencionas por autores mexicanos, aunque hay que reconocer que hay muchos huecos tanto en los temas abordados como en series temporales.
    Saludos,
    Dr. Gerardo Gold Bouchot

    1. Estimado Gerardo.

      Gracias por tomarte el tiempo de leer mi aportación, como bien dices es una invitación a la reflexión, y en efecto, hay varios colegas (pocos) que hemos realizado aportaciones valiosas a la temática de contaminación de los plásticos y microplásticos en nuestro país y en el océano, pero para este tema en especial quise ser «universal», y llevar al lector nacional hacia una concientización desde lo global, a lo regional y luego a lo local donde todos debemos aportar, sigamos en esto.

      Saludos cordiales.

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