Minería submarina, una amenaza para nuestros océanos

En septiembre de 2024, México fue condenado a pagar 37.1 millones de dólares a la empresa Odyssey Marine Exploration tras perder un arbitraje internacional en el marco del T-MEC. El conflicto surgió después de que la Semarnat rechazara en dos ocasiones la aprobación de la Manifestación de Impacto Ambiental para el proyecto de minería submarina “Don Diego”, que tenía como objetivo extraer minerales del fondo marino en el Golfo de Ulloa, Baja California Sur.

Este proyecto no es un caso aislado. La minería submarina está en pleno crecimiento a nivel global, impulsada por la creciente demanda de minerales esenciales para las tecnologías limpias. Se proyecta que este mercado se expanda considerablemente en los próximos años. Sin embargo, a pesar de presentarse como una solución para satisfacer las necesidades del desarrollo sostenible, esta actividad extractiva plantea graves riesgos para los ecosistemas marinos. Grandes corporaciones promueven la minería submarina como indispensable en la lucha contra el cambio climático, pero esta expansión pone en peligro la salud de nuestros océanos. Este artículo examina la realidad de la minería submarina y sus implicaciones socioambientales.

¿Qué es la minería submarina y donde se encuentran estos yacimientos?

La minería submarina es una actividad relativamente reciente que consiste en la extracción de minerales del lecho marino en zonas profundas del océano. Su objetivo principal es explotar yacimientos ricos en metales como cobalto, titanio, níquel, cobre y platino, esenciales para la fabricación de baterías y tecnologías que sustentan la transición hacia energías limpias. Promovida como una opción rentable y sostenible, se argumenta que contribuiría a reducir la dependencia de motores de combustión interna, favoreciendo la disminución de gases de efecto invernadero y, por tanto, la mitigación del cambio climático.

Estas operaciones están lideradas por un pequeño grupo de empresas con grandes capitales, la mayoría vinculadas a países e intereses económicos del norte global. Debido a sus características extractivas, esta práctica utiliza técnicas que carecen de supervisión y regulación bajo normas ambientales internacionales, lo que representa un riesgo significativo para los océanos y el equilibrio socioambiental global. Los impactos ambientales y sociales de esta actividad siguen siendo inciertos y generan gran preocupación, dado que la alteración de ecosistemas marinos profundos podría tener consecuencias irreversibles.

Según la Autoridad Internacional de Fondos Marinos (AIFM), son tres las zonas con mayor abundancia de estos yacimientos: la fractura conocida como Zona Clarion-Clipperton (ZCC) frente a las costas de México, y la cuenca de Perú, ambas en el océano Pacífico, así como el centro del océano Índico. Por ocurrir en distintos ambientes, abarca distintas técnicas, una de ellas emplea implementos de extracción que mediante intensas vibraciones desprenden y succionan el mineral en una mezcla de sedimentos y pequeños fragmentos que se bombean a la superficie a través de un sistema de elevación.1 Otra técnica implica el uso de un vehículo similar a un tanque que se desplaza a lo largo del piso oceánico recolectando nódulos, que luego se bombean, enteros, a una embarcación en la superficie.2

Minería submarina: el reto de regular los recursos en aguas internacionales

La minería submarina, especialmente la explotación de nódulos polimetálicos, ha generado gran interés en los últimos años. Estos yacimientos, descubiertos en el siglo XIX durante las expediciones científicas Challenger, contienen minerales clave para tecnologías modernas, como las baterías de autos eléctricos. Sin embargo, hasta el siglo XXI no se habían desarrollado las tecnologías necesarias, como submarinos no tripulados, para explorar y mapear con precisión el lecho marino, lo que ha dado paso a una creciente competencia internacional por su explotación.

El problema surge porque los países costeros tienen derechos sobre los recursos marinos dentro de su zona económica exclusiva, pero los depósitos en aguas internacionales, donde se encuentran la mayoría de estos yacimientos, son libres de ser explotados por cualquier nación o empresa. Para regular esta actividad, la ONU creó en 1994 la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (AIFM), que se encarga de gestionar los recursos marinos en áreas más allá de las jurisdicciones nacionales y de proteger el medio marino.

A pesar de estas regulaciones, los acuerdos internacionales sobre cómo explotar estos recursos de manera sostenible siguen siendo inciertos. Un ejemplo reciente es el caso de Nauru, que en 2021 notificó a la AIFM su intención de iniciar minería submarina en la Zona Clarion-Clipperton, un área rica en nódulos polimetálicos. Esto activó la “regla de los dos años”, que obliga a la AIFM a establecer regulaciones antes de que comiencen las operaciones de minería en aguas profundas. El mayor reto radica en los graves impactos ambientales que esta actividad podría tener en los ecosistemas marinos, especialmente en aquellos menos conocidos y más vulnerables.

Problemas ambientales causados por la minería submarina

Los ecosistemas marinos profundos, como las fuentes hidrotermales, son clave para entender cómo surgió la vida en la Tierra. Estos ambientes extremos, donde la luz solar no llega y el oxígeno es escaso, albergan comunidades únicas de organismos que han evolucionado de manera totalmente distintas.3 En las superficies de montes submarinos, por ejemplo, los tapetes microbianos y algales sostienen colonias de corales y esponjas, que a su vez alimentan una amplia red de peces y mamíferos marinos.4 En el fondo oceánico, especies endémicas como esponjas y gusanos crecen sobre los nódulos polimetálicos, mientras que en los sedimentos se han identificado nuevas especies de estrellas y pepinos de mar.5

Sin embargo, la minería submarina representa una amenaza significativa para estos ecosistemas. Las técnicas extractivas necesarias para acceder a los minerales no permiten conservar la vida marina, provocando la destrucción total de estos hábitats.6 Aunque en zonas profundas, donde hay menor densidad de organismos, el impacto parece menor, se alteran estructuras oceánicas milenarias y se afectan corrientes marinas esenciales para la migración de muchas especies.7

Además, la minería submarina genera plumas de sedimentos que, al liberarse durante el bombeo de minerales, pueden asfixiar a los organismos cercanos y extenderse por kilómetros. Estas plumas alteran el equilibrio químico del agua y pueden interrumpir las funciones de ecosistemas enteros.8 Los vertidos de sedimentos generados por la minería submarina pueden asfixiar a los organismos cercanos al sitio de extracción y extenderse a varios kilómetros, transportados por las corrientes oceánicas. En el océano profundo, donde las corrientes suelen ser lentas y las aguas claras, los organismos no están adaptados para sobrevivir en condiciones turbias, ya que carecen de mecanismos para eliminar sedimentos de sus branquias o estructuras alimentadoras. Como resultado, el sedimento suspendido puede alterar su hábitat y llevarlos a la extinción. Además, la pluma de sedimentos en aguas medias y superficiales puede extenderse desde decenas hasta miles de kilómetros, alterando el equilibrio químico natural del agua y afectando profundamente las funciones ecosistémicas de amplias regiones biogeográficas. Durante la extracción, los metales de los nódulos polimetálicos pueden volverse tóxicos e incluir materiales radiactivos, lo que representa un grave riesgo de bioacumulación en la cadena alimentaria y de contaminación de ecosistemas adyacentes.9

Otro problema radica en que los sistemas de recolección y bombeo en la minería submarina generan vibraciones durante meses y se ha determinado que el ruido en el sitio de explotación puede superar los 120 decibeles, lo que puede afectar gravemente el comportamiento de los mamíferos marinos.10 Los estudios sobre el impacto del ruido en aguas profundas son limitados, pero se cree que puede causar estrés, interferir en la comunicación y alimentación, y provocar migración o muerte en las especies afectadas. Además de los efectos en el medio marino, la minería submarina implica que los minerales extraídos sean procesados en tierra utilizando métodos industriales convencionales, lo que conlleva importantes impactos ambientales adicionales relacionados con la refinación de los metales.

México ante el reto de la minería submarina

Las implicaciones del caso de México nos invitan a reflexionar más allá de los intereses económicos y los procesos legales que podrían impugnar el fallo. La minería submarina en el Golfo de California amenaza dos Áreas Naturales Protegidas, poniendo en peligro no sólo especies marinas aún desconocidas, sino también las funciones ecológicas críticas que estos organismos desempeñan en los océanos. La degradación de estos ecosistemas podría tener consecuencias devastadoras no sólo para el medioambiente, sino también para el bienestar económico, la salud y la calidad de vida de las comunidades locales que dependen de estos territorios.

Aunque se presenta como una solución a la demanda de minerales para tecnologías limpias, la minería submarina representa una amenaza irreversible para la biodiversidad marina. La falta de un marco regulatorio sólido, sumada al potencial daño ambiental, demuestra que los riesgos superan con creces sus beneficios aparentes. Lejos de ofrecer una opción sostenible, abre nuevas fronteras de explotación que no sólo comprometen la integridad de los ecosistemas marinos, sino que agravan la crisis ambiental global.

 

Aramis Olivos-Ortiz
Centro Universitario de Investigaciones Oceanológicas, Universidad de Colima


1 Van Dover y coautores, “Biodiversity loss from deep-sea mining”, Nature Geoscience, 10, 2017, pp. 464–465.

2 Paulikas y coautores, “Life cycle climate change impacts of producing battery metals from land ores versus deep-sea polymetallic nodules”, Journal of Cleaner Production, 275, 2020, 123822

3 Erickson y coautores, “Evidence for a chemoautotrophically based food web at inactive hydrothermal vents (Manus Basin)”, Deep Sea Research Part II: Topical Studies in Oceanography 56, 2009, pp. 1577–1585; Thaler y Amon. 262 Voyages Beneath the Sea: a global assessment of macro- and megafaunal biodiversity and research effort at deep-sea hydrothermal vents, PeerJ ,7, 2019, e7397

4 Schlacher y coautores, “Seamount benthos in a cobalt-rich crust region of the central Pacific: conservation challenges for future seabed mining, Diversity and Distributions 20, 2014, pp. 491–502

5Amon y coautores, “Insights into the abundance and diversity of abyssal megafauna in a polymetallic-nodule region in the eastern Clarion-Clipperton Zone”, Sci Rep, 6, 2016, 30492.

6 Hein y coautores, “Deep-ocean polymetallic nodules as a resource for critical materials”, Nat Rev Earth Environ 1, 2020, pp. 158–169

7 Gausepohl y coautores, “Scars in the abyss: reconstructing sequence, location and temporal change of the 78 plough tracks of the 1989 DISCOL deep-sea disturbance experiment in the Peru Basin”. Biogeosciences 17, 2020, pp. 1463–1493; Girard y coautores, “Currents and topography drive assemblage distribution on an active hydrothermal edifice”, Progress in Oceanography, 187, 2020, 102397

8 Spearman y coautores, “Measurement and modelling of deep sea sediment plumes and implications for deep sea mining”, Sci Rep, 10, 2020, 5075; Drazen y coautores, “Midwater ecosystems must be considered when evaluating environmental risks of deep-sea mining”, Proceedings of the National Academy of Sciences, 117, 2020, pp. 17455–17460.

9 Hauton y coautores, C, “Identifying Toxic Impacts of Metals Potentially Released during Deep-Sea Mining—A Synthesis of the Challenges to Quantifying Risk”, Frontiers in Marine Science, 2017

10 Williams y coautores, “Noise from deep-sea mining may span vast ocean areas”, Science 377, 2022, pp. 157–158.

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Publicado en: Impactos y deterioro