Al caminar por las calles de Ciudad de México (CDMX), es evidente el crecimiento vertiginoso de la urbe, cada día se alzan hacia el cielo más y más construcciones. Detrás de cada rascacielos, conjunto habitacional y centro comercial se esconde una compleja trama de especulación inmobiliaria, impactos sociales y ambientales que merece ser explorada.
En las grandes ciudades no son los megaproyectos ferroviarios ni los grandes parques eólicos, sino la especulación inmobiliaria la que transforma y afecta el territorio.1 Esta práctica no sólo acumula riqueza, sino que causa graves daños sociales y ambientales, desplazando a las poblaciones de sus lugares de origen. Todo ello se ve auspiciado, entre otras razones, por la falta de cohesión en las políticas de ordenamiento territorial y la prevalencia del interés económico por encima del bienestar colectivo.
Para entender este fenómeno, es necesario advertir que el modelo de ciudad que se ha consolidado en los últimos años en la CDMX es una expresión más del “extractivismo”, con sus mismas lógicas, prácticas y consecuencias adversas.2 El llamado “extractivismo urbano” ha convertido a la ciudad y a la vivienda en mercancías y objetos de inversión que buscan generar grandes ganancias en el menor tiempo posible, en lugar de garantizar derechos básicos accesibles para todas las personas.3 Este extractivismo se caracteriza por la apropiación de espacios comunes, como el suelo urbano y de conservación, por parte de las grandes empresas inmobiliarias.

Lo anterior revela una dinámica de privatización y acumulación de excedentes económicos que no se distribuyen de forma equitativa. Las ciudades, convertidas en escenarios de extracción y despojo, ven a sus habitantes —incluyendo pueblos originarios, barrios y comunidades— privados de su derecho a decidir sobre el destino de sus territorios. Estos actores sociales, marginados de los procesos de toma de decisiones, enfrentan la erosión de sus identidades y la amenaza constante del desplazamiento. Así, las políticas de desarrollo urbano se configuran como estrategias de desarraigo y alienación, que desintegran el tejido social y cultural de las comunidades.4
El Observatorio de Conflictos Socioambientales de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (OCSA)5 registró, durante el periodo de 2017 a 2021, 111 proyectos de extractivismo urbano en la CDMX, que abarcan tanto desarrollos inmobiliarios como comerciales. Estos proyectos privatizan espacios públicos, degradan el patrimonio arquitectónico y cultural y provocan el desplazamiento forzado de las comunidades originarias. No obstante, a la par, emergen movimientos de resistencia ciudadana que desafían este panorama. Por medio de acciones colectivas, manifiestan su inconformidad, reclaman la falta de consulta y participación comunitaria, exigen transparencia en los permisos de construcción e interponen denuncias legales contra los responsables de los daños. Frente al boom de estos megaproyectos urbanos, la ciudadanía expresa su preocupación por la pérdida de áreas verdes, la tala indiscriminada de árboles y la escasez de agua, además de señalar la urgencia de un enfoque integral que priorice el bienestar de las personas y el equilibrio ambiental por encima de los intereses económicos particulares.
Uno de los lugares más afectados por el extractivismo urbano es el pueblo originario de San Sebastián Xoco, en la alcaldía Benito Juárez, el cual, a pesar de que su historia se remonta al año 150 a.C., se ha visto afectado por diversos proyectos inmobiliarios desde la década de 1980.6 Para ejemplificar este tipo de extractivismo, basta con mirar desde cualquier punto de la ciudad la Torre Mítikah,7 que desde un inicio generó controversia y provocó tensiones y segregación entre los habitantes de este pueblo originario. Al respecto, se han evidenciado problemas de contaminación auditiva y apropiación indebida de recursos hídricos, lo que ha generado un ambiente de deterioro y malestar, no sólo entre los habitantes del pueblo, sino también en las localidades cercanas.
El caso de Xoco ilustra algunas características del extractivismo urbano, pero no abarca todo su alcance y sus múltiples facetas. Este fenómeno contribuye al crecimiento urbano desigual, ya que desplaza a las poblaciones a las periferias debido al aumento de los costos de la vivienda en las zonas centrales. De igual forma, se afectan las áreas de conservación que proveen servicios ecosistémicos vitales para la ciudad, los cuales están cada vez más amenazados por la expansión “regular” e irregular de la urbe.8
Por otra parte, la expansión del extractivismo urbano en la CDMX ha estado amparada por dos sistemas de organización territorial: el Programa General de Ordenamiento Ecológico, que se enfoca en la conservación de las áreas no urbanizadas, y el Programa General de Desarrollo Urbano, que planifica las transformaciones del espacio citadino. Esta dualidad de programas genera ambigüedad y lagunas legales que aprovechan los desarrolladores inmobiliarios, lo que provoca el crecimiento descontrolado de la ciudad e impacta la calidad de vida y el bienestar de la población.
Por lo anterior, resulta crucial impulsar una política de Estado que promueva un desarrollo territorial sustentable y equitativo para todos los habitantes. Si bien en México existen ejemplos como el de Guanajuato para integrar en un solo plan de ordenamiento territorial lo urbano y lo ambiental,9 es necesario que la planeación urbana integre plenamente la dimensión ambiental en todo el territorio nacional.10 El urbanismo del siglo XXI debe priorizar su protección y garantizar un futuro con justicia para las generaciones presentes y venideras.
Sin embargo, enfrentar las prácticas extractivas, en particular en contextos urbanos, implica un desafío que va más allá de la mera planificación territorial, ya que requiere un compromiso integral de las autoridades de todos los niveles, así como la continua participación de la sociedad civil para que se respeten y cumplan sus derechos a la vivienda, a la ciudad y a una verdadera protección del medioambiente. Es esencial comprender que la amenaza del modelo extractivista no se limita a las fronteras de una alcaldía, un estado o un país, sino que está más allá, y se sustenta en lo que Nancy Fraser llama un capitalismo canibal, un “sistema que devora la democracia y el planeta, y hasta pone en peligro su propia existencia”.11
Por ello, es nuestro deber mantenernos alertas y suscribir formas y modelos de ciudades sustentables. Éstas deben promover relaciones armoniosas entre las personas y la naturaleza, reconociendo que estas acciones son cruciales para salvaguardar la vida en todas sus formas. Sólo así podemos asegurar un presente y un futuro dignos para todas las generaciones.
Nahum Elias Orocio Alcantara
Asistente del Programa Universitario para la Sustentabilidad y colaborador del Observatorio de Conflictos Socioambientales de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (OCSA).
1 Este fenómeno abarca la manipulación en la oferta y en los precios para favorecer a desarrolladores y entidades financieras, así como métodos ilegales en la adquisición y la construcción de propiedades, la complicidad de funcionarios públicos y la aprobación de leyes que las respaldan. Asimismo, tales prácticas, consideradas dañinas y abusivas, suelen implicar coerción y violencia; Ejea, G., Morfología urbana y mercado inmobiliario en la Ciudad de México, 1950-2010: una expansión por ejes, Tesis de doctorado, Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México, 2016
2 Veltmeyer, H., “Extractivismo: una discusión interamericana. Observatorio del Desarrollo, Investigación, Reflexión y Análisis”, 6(17), 2017, pp. 6-17.
3 Vásquez, A. (Comp.), Extractivismo urbano: debates para una construcción colectiva de las ciudades, Centro de Estudios y Acción por la Igualdad/Fundación Rosa Luxemburgo/El Colectivo, 2017
4 Viale, E., “El extractivismo urbano”. En: Vásquez, A. (Comp.), ob. cit,pp. 15-20
5 El ocsa es una herramienta que documenta y analiza la conflictividad socioambiental que detonan los megaproyectos extractivos en el territorio mexicano.
6 Arceo, M., Pérez, A., y Delgado, G., “El Pueblo de Xoco: de lo originario al mercado inmobiliario”, Revista de Estudios Urbanos y Ciencias Sociales, 11(2), 2021, pp. 101-113.
7 Antes conocida como Ciudad Progresiva, y después Ciudad Viva.
8 Santos, C., y Aguilar, A., “Expansión urbana en el suelo de conservación”, En:La biodiversidad en la Ciudad de México, 2016, pp. 127-138
9 Programa Estatal de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Ecológico Territorial (PEDUOET). Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guanajuato, 28 de noviembre de 2014, Guanajuato, México.
10 Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Nuevo paradigma del ordenamiento territorial integrado en México: diagnóstico y proceso, 2023
11 Fraser, N., Capitalismo caníbal, Siglo XXI, 2023