Recuperando la dignidad y la autonomía urbana en tiempos de colapso

En una variedad de entornos, que van desde pláticas en cafés hasta debates en las aulas universitarias, es cada vez más frecuente escuchar sobre la posibilidad de un colapso civilizatorio. El escepticismo hacia las falsas promesas del desarrollo, la organización democrática y el liberalismo crece de forma proporcional ante la evidencia de que nos encontramos en una crisis generalizada. Esta crisis se extiende desde el deterioro ambiental, los acelerados ritmos de desigualdad económica y desperdicio, hasta la extinción masiva de especies y el agotamiento de la naturaleza transformada en recursos. La crisis civilizatoria se manifiesta también como un proceso paradójico en donde la democracia se desmantela democráticamente.

La proliferación de líderes autoritarios alrededor del mundo en las últimas décadas, desde la India hasta la más reciente victoria de Javier Milei en Argentina, apuntan en esa dirección. Giorgio Agamben y Gustavo Esteva nos advierten que el futuro ya no tiene futuro.1 Vivimos en un interregno caracterizado por una incertidumbre radical. No podemos predecir lo que sucederá: el clima que conocimos ya no existe, la confianza en las instituciones “democráticas” disminuye y lo que alguna vez entendimos como un sentido común o como una certidumbre, se desvanece en el aire. No es sorprendente, entonces, que cada vez menos personas tengan esperanza en las instituciones gubernamentales o en las soluciones del mercado para enfrentar esta crisis.

La narrativa del colapso suele así condenar a ciertos lugares a ese inevitable fin. Lo anterior no podría ser mejor personificado que por las grandes ciudades. En esta narrativa, lugares como la Ciudad de México son espacios irrecuperables: sujetas a una configuración espacial dictada por el mercado en donde mandan los automóviles y los cárteles inmobiliarios. Este modelo de ciudad impulsa un consumo insostenible de materiales y de energía —lo que se conoce como metabolismo social— que inevitablemente da lugar a la creación de espacios marginales y de zonas de sacrificio en las periferias.

Las “respuestas” ante esta crisis civilizatoria suelen optar por el escapismo: salir y abandonar las ciudades. Después de años de trabajo tratando de aminorar los efectos de la crisis civilizatoria en el espacio urbano, mi percepción es que poco puede hacerse desde la gestión gubernamental o desde las urnas. Un encuentro fortuito con un miembro de la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente en 2019 (OPFVII), así como una visita a la comunidad habitacional de Acapatzingo en Iztapalapa abrió mis ojos y oídos a otros horizontes y mundos sobre lo que es posible hacer y cultivar en espacios como la Ciudad de México. En pocas palabras, lo que vi, experimenté y escuché en Acapatzingo refleja no sólo una de las manifestaciones autonómicas más profundas y ricas de los últimos años, sino que también revela cómo la organización comunal en resistencia y el trabajo comunitario permiten ver otro horizonte, uno en donde es posible hablar de dignidad, solidaridad y una buena vida. En este ensayo, el primero de dos, se presentan algunos de los antecedentes que dieron forma a la lucha autonómica de Acapatzingo y la OPFVII. La segunda parte medita sobre su importancia ante el colapso civilizatorio y la posibilidad de habitar otros mundos posibles, incluso en medio de espacios que parecen destinados al colapso como la Ciudad de México.

Ilustración: Patricio Betteo

Las lecciones del zapatismo

A treinta años del levantamiento zapatista, las lecciones que surgen del movimiento han propiciado una transformación de movimientos de izquierdas. Como argumenta Yásnaya E. Gil,2 el zapatismo ya no busca dialogar con los gobiernos, ni pretende convencer a las élites políticas sobre la inclusión a través del multi o el pluriculturalismo. Tampoco apuesta por transformaciones desde la toma del poder o la mercantilización de las relaciones humanas y no humanas, sino que promueve otros procesos y espacios políticos más allá de la estructura del Estado-Nación y la democracia formal. Este movimiento de rebeldía que rechaza la visión revolucionaria tradicional, busca recuperar la dignidad ante la indiferencia y el despojo, así como aquellos saberes y mundos sometidos en nombre de la promesa del desarrollo y el progreso. Maristella Svampa3 lo llama un giro eco-territorial, en donde miles (si no son millones) de personas ordinarias ya no piden nada al Estado o al mercado, sino que tejen su esperanza desde abajo, desde lo comunitario, el trabajo colectivo, la recuperación y reivitalización de los entramados comunitarios y la construcción de una autonomía que nace de la propia comunidad.

En la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, les Zapatistas proponen una reformulación de la política por la vida, al ya no buscar “hacer acuerdos arriba para imponer abajo […] sino a construir DESDE ABAJO Y POR ABAJO una alternativa a la destrucción neoliberal, una alternativa de izquierda para México”. El viaje por la vida en 2021 significó una apertura a esos abajos más allá del territorio mexicano, demostrando que los límites de proyectos emancipatorios a través de la vía democrática y la completa subsunción del Estado al capitalismo no es un fenómeno solamente de América Latina. Según Gilberto López y Rivas la travesía por la vida constituye una “globalización de la rebeldía”,4 en donde las prácticas de gobierno no dependen ya de burocracias, caudillos e intermediarios sino de procesos territorializados, autogestivos y autónomos. Este proceso, que se construye desde abajo, refleja un nuevo internacionalismo del siglo XXI, una estrategia que busca transversalizar las luchas y generar redes de solidaridad entre alternativas al Estado que pongan la vida, el cuidado y la política en femenino al centro, rompiendo con el extractivismo, la competencia y las jerarquías. La experiencia zapatista se enmarca en una acentuación de la crisis civilizatoria, que en América Latina se ha caracterizado por el reconocimiento de los límites del progresismo de gobiernos de izquierda y su imposibilidad de descolonizar, despatriarcalizar y descapitalizar el Estado. La integración del concepto del Buen Vivir y la codificación de los derechos de la Madre Tierra, particularmente en Ecuador y Bolivia, se vieron opacados por una tendencia neodesarrollista. Dicha tendencia, aunque crítica del control del mercado, no fue capaz de romper con la integración económica globalizada y el carácter extractivo del vínculo entre Estado y capitalismo.

El mensaje zapatista ha hecho eco alrededor del mundo, desde las mujeres en Rojava que hoy practican el confederalismo democrático,5 hasta comunidades en la India que recuperan el Eco-Swaraj como una forma de democracia radical ecológica.6 Estas iniciativas son una apuesta por la autonomía, más allá de la democracia representativa, la mercantilización de las relaciones socionaturales, el sistema patriarcal y la propia modernidad occidental. En la actualidad, representa una alternativa al colapso civilizatorio y una clara fuente de esperanza.7

El caso de la Organización Popular Villa de Izquierda Independiente

Son pocas las comunidades que han logrado tejer un proyecto autonómico tan esperanzador como el caso de la comunidad habitacional de Acapatzingo a través de la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente. Los Panchos, como se les suele llamar, aglomeran a más de 1300 familias en Iztapalapa, Iztacalco y Tláhuac. Estas tres alcaldías son una de las zonas con mayores índices de marginación en la Ciudad de México, una metropoli que concentra a más de 20 millones de habitantes.

La historia de Los Panchos es una historia de resistencia, un esfuerzo por recuperar la dignidad desde los márgenes. El acelerado crecimiento urbano de la Ciudad de México, ha empujado a buena parte de la población a zonas periféricas. En 1968, el polvorín de varios movimientos sociales debilitó la institucionalización revolucionaria que había capturado a los movimientos populares por décadas, imponiendo una hegemonía del Estado en las demandas sociales y eliminando cualquier esfuerzo emancipatorio más allá del Estado, su burocracia e instituciones. Como relata Raúl Zibechi,8 en 1981 surge la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (Conamup) con organizaciones de todo el país. Este proceso promovió la ocupación de territorios periféricos de la Ciudad de México a través de okupas, brigadas, comisiones y asambleas generales, impulsando la autoconstrucción colectiva de viviendas, drenajes y espacios comunitarios. La gestión y el trabajo colectivo del territorio pronto derivó en una organización más amplia que impulsó iniciativas en educación, salud, producción de alimentos y facilitó el acceso a recursos esenciales como el agua y la energía. Durante la década de los ochenta, tanto la liberalización de la economía como el proceso democrático electoral transformaron la lucha social al discurso del liberalismo, reconfigurando muchas luchas antisistema al lenguaje de los derechos humanos, la institucionalización de la sociedad civil y la apuesta democrática a través de partidos políticos. En especial, la conformación del neoliberalismo en su configuración del espacio urbano después del sismo del 85, así como el surgimiento del Frente Democrático Popular en respaldo a Cuauhtémoc Cárdenas ante la elección de 1988 dejan un movimiento popular debilitado y fragmentado que desenlaza en la separación del movimiento, quienes establecen la comunidad de Acapatzingo en 1994 y conforman, en 1998, la OPFVII gracias a las afiliaciones de varios de los miembros a los procesos de partidos políticos como el Partido de la Revolución Democrática (PRD).9

Los Panchos han priorizado el trabajo comunitario y voluntario como ejes de su autonomía. Ésta se manifiesta tanto en aspectos materiales, como la gestión del agua, la producción de alimentos, la generación de energía y la organización del trabajo, como en el plano ideológico, trascendiendo las instituciones democráticas, el Estado-nación y el capitalismo. El ejemplo de la comunidad de Acapatzingo —el cual se desarrolla con más detalle en la segunda parte de este ensayo— ofrece una reformulación de los procesos de lucha en un contexto de crisis civilizatoria y colapso climático. Por un lado, pone al centro la organización radicalmente horizontal, a través de asambleas y comisiones internas que enraízan el proceso democrático a un territorio en particular. El trabajo colectivo y la autogestión ha permitido la construcción de vivienda, drenajes, escuelas, centros de salud y cuidado, así como la captación y purificación del agua, la gestión de la energía de manera cooperativa y la producción de alimentos a través de sistemas de producción locales y comentarios. Los alcances de esta autonomía ofrecen un ejemplo sobre la forma en la que sería posible habitar espacios en común, así como reformular las llamadas “falsas soluciones”10 que se presentan ante la crisis climática, las cuales están atadas a gobiernos, corporaciones y tecnologías, pero sobre todo a procesos “desde arriba”. En cambio, habría que pensar en alternativas que se organizan “desde abajo”, desde lo cotidiano. Como dicen las personas que habitan la comunidad, “esto es más que un proyecto de vivienda, es un proyecto de vida digna”.

 

Carlos Tornel
Doctor en geografía humana por la Universidad de Durham, Reino Unido. Por más de una década ha trabajado con organizaciones de sociedad civil en temas relacionados con la justicia climática y la defensa del territorio. Es coautor, junto con Elias González Gómez de Gustavo Esteva: Vida y obra de un intelectual desprofesionalizado (Bajo Tierra, Ciudad de México), y con Pablo Montaño, Navegar el Colapso: Una guía para enfrentar la crisis civilizatoria y las falsas soluciones al cambio climático (Fundación Heinrich Böll y Bajo Tierra,
Ciudad de México). Desde 2023 forma parte del Tejido Global de Alternativas.


1 Agamben, G., “Si la feroz religión del dinero devora el futuro”, La Repubblica, 2015; Esteva, El día de Después. Se está Produciendo un despertar, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, 2021

2 Aguilar Gil, Y., “¿A quiénes les habla el Zapatismo ahora?”, Revista de la Universidad de México, 903/904, 2023, pp. 16-21.

3 Svampa, M., Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. Conflictos socioambientales, giro ecoterritorial y nuevas dependencias, Guadalajara, CALAS, 2019

4 Lopez y Rivas, G., “Las resistencias de los pueblos originarios como el internacionalismo del siglo XXI”,
En Internacionalismo crítico y luchas por la vida: Hacia la construcción de horizontes futuros desde las resistencias
y autonomías. Editado por Francisco de Parres González, Guadalajara: Cátedra Interinstitucional Jorge
Alonso, 2023, pp: 25-41

5 Öcalan, A., Confederalismo Democrático, Cátedra Jorge Alonso, Universidad de Guadalajara, 2019

6 Kothari, A., “Eco-Swaraj vs. Global Eco-Catastrophe”, Asia Pacific Perspectives, 15(2), 2018, pp. 49-54

7 Esteva, G., “Autonomía”, en Pluriverso un Diccionario del post-desarrollo. Editado por Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria y Alberto Acosta, Barcelona, Icaria, 2019, pp. 170-173

8 Zibechi, R., “La comunidad autónoma urbana. El mundo nuevo en el corazón del viejo”, En Pensar las autonomías. Experiencias de autogestión, poder popular y autonomía. Editado por Alicia Hopkins y César Enrique Pineda, México, Bajo Tierra Ediciones, 2022, pp. 23-52

9 Law, S., Cruz, A. y Nava, V., “Constructing a Communal Form of Life: Destituent Praxis in the Peripheries of Mexico City”,The South Atlantic Quarterly 122(1), 2023, pp. 103-119.

10 Tornel, C y Motnaño, P., Navegar el colapso. Una guía para enfrentar las falsas soluciones al cambio climático, México, Bajo Tierra Ediciones y Fundación Heinrich Böll.


Un comentario en “Recuperando la dignidad y la autonomía urbana en tiempos de colapso

  1. Leí con interés el ensayo, me parece interesante y pertinente, tomando en consideración que particularmente en México el actual gobierno apostó por directrices y necedades que recuerdan la época desarrollista que permitió un crecimiento económico, según dicen los enterdados, del 6% anual. Los desafios actuales, agregando a éstos la profunda crisis climática y ecológica; sin olvidar el asunto del narcotráfico, son tremendos; y por si fuera poco hay que tomar en cuenta la escandalosa e inmoral concentración del ingreso en manos de las muy pocas familias de este país. Es entonces que se hace muy necesario buscar alternativas de base o desde abajo que involucren a las familias y les hagan saber que otros modos de hacer y de vivir son posibles y por fortuna hasta donde tengo noticias se están generando en distintos puntos de México.

Comentarios cerrados