La COP 28 en el oasis petrolero

La historia ocurre primero como tragedia y luego como farsa
—Hegel

Recientemente se filtraron documentos confidenciales que revelan que Emiratos Árabes Unidos (EAU) creó una estrategia para utilizar la cumbre de la COP28 para hacer cabildeo petrolero. Dentro de los documentos confidenciales filtrados, se destacan varios “puntos de conversación” que revelan la intención de los Emiratos por promover la participación de su compañía petrolera, Adnoc, en desarrollos de combustibles fósiles en más de treinta países, incluídos Brasil, China, Mozambique, Canadá y Australia, así como reafirmar su interés por continuar proveyendo de Gas Natural Licuado a Alemania. Es decir, esta reunión internacional de alto perfil, supuestamente creada para discutir temas climáticos urgentes, se está utilizando estratégicamente para promover la persistencia de la tecnología responsable de dichas urgencias.

Lo que resulta sorprendente, casi absurdo, es que muchos expresen asombro al descubrir que la COP28 se haya convertido en un centro de cabildeo petrolero, cuando el presidente del evento es director de Adnoc, y se lleva a cabo en el lugar más ostentoso del planeta. ¿Acaso no era previsible que un evento climático global en el corazón de una nación cuya enorme riqueza depende del petróleo estaría teñido por intereses petroleros?

La sorpresa que ha suscitado la situación en la COP28 refleja un olvido histórico notable, un desvanecimiento colectivo de la memoria sobre los fracasos y las complejidades inherentes a las negociaciones climáticas anteriores. Al recordar a Hegel, “la historia ocurre primero como tragedia y luego como farsa”, podemos ver que el escenario actual no es más que una nueva manifestación de un patrón recurrente. La historia de la lucha contra el cambio climático visto desde las conferencias de la COP es una historia de promesas vacías y falsos compromisos.

Ilustración: Estelí Meza

Dubai y un líder petrolero a cargo de la cumbre climática

La elección del escenario escogido y el presidente de esta cumbre no es casual ni inocente. Esto es una escena clásica del proceso de “cortejo” que el norte global pone en marcha cuando vé un sitio potencial para incrementar su riqueza. Este cortejo siempre llega a su cúspide con el norte global poniendo a disposición del “cortejado” la inmensa maquinaria propagandística de los eventos deportivos internacionales y otorgándoles el liderazgo de eventos políticos globales, para permitirles enviar al mundo la imagen que deseen proyectar. Ver la historia de estos eventos es ver la historia de los intereses financieros de los países “desarrollados”.

Por lo anterior, no es sorprendente que el presidente de la COP sea el sultán Al Jaber, director de la compañía petrolera estatal de los EAU. Para agregarle sal a la herida, el lugar en donde se llevará a cabo, Dubái, es un monumento a los excesos que nos tienen en esta crisis climática. Este santuario de lujo y excesos, que ha construido su riqueza vendiendo y promoviendo el petróleo, ha visto transformado un vasto desierto en una metrópoli global en sólo quince años. Ahí está Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo, el Dubai Mall, un centro comercial gigantesco, la Fuente de Dubai, la más grande del planeta, y el icónico Burj al-Arab, un hotel de siete estrellas que define el extremo de la opulencia, y que seguramente recordará a los poderosos asistentes los grandes beneficios de mantener el sistema económico actual.

Por si no fuera suficiente razón para poner en duda a los EAU como anfitrión, es importante recordar que es un país autocrático en donde se violan activamente los derechos humanos, incluyendo la libertad de expresión. La experiencia de Matthew Hedges, un académico británico que fue detenido y torturado en los EAU en 2018, aconsejó recientemente a otros periodistas y activistas tomar medidas protectoras como el uso de dispositivos de comunicación seguros y una selección cuidadosa en las formas de interacción y protesta. ¿Cómo se podrá hacer un diálogo genuino y la protesta en un escenario donde se reprimen las libertades más esenciales?

En medio de un planeta que se asfixia, e​s aquí, en uno de los sitios menos propensos que uno pudiera imaginar, donde en estos momentos se lleva a cabo el reclamo más grande por reorientar nuestro camino como humanidad.

La ilusión del progreso en las COPs

En esta COP se están negociando temas relevantes, pero no nuevos, como la creación de un fondo para pérdidas y daños, la transición a energías renovables, y el fortalecimiento de los compromisos nacionales de reducción de emisiones. Estos temas, que por la urgencia de la situación parecieran fáciles de resolver, son complicados por los poderosos intereses económicos y políticos que dominan las negociaciones. Hasta ahora, se intenta destacar la promesa que hizo Kamala Harris por parte de Estados Unidos de destinar 3000 millones de dólares, o 0.01 % de su PIB, al fondo verde, sujeto a la disponibilidad de fondos y ratificación por el dividido Congreso de Estados Unidos. Este será no solamente un tema particular de Estados Unidos, sino que pone de relieve la complejidad de las promesas internacionales, pues los compromisos climáticos globales tienen que pasar por el proceso de aprobación legislativa en países con políticas internacionales cada vez más divididas. La falta de obligación legal y sanciones por incumplimiento, dos requisitos sin los cuales ninguno de los participantes de la COP haría un negocio, hace que todos los acuerdos de las COP sean promesas vacías, un reflejo del falso compromiso del mundo industrializado con el combate a la crisis ambiental.

La reciente declaración de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, instando a una “transición ecológica, no ideológica”, libre de “radicalismo” y que no comprometa la “esfera económica y social”, encapsula a la perfección la paradoja y el fracaso intrínseco de la conferencia y, en un sentido más amplio, del actual enfoque hacia el cambio climático. Al abogar por una transición que opera dentro de los límites de los sistemas existentes, en sí mismos radicales, Meloni y líderes con posturas similares optan por una ruta que ignora la necesidad urgente de una reestructuración fundamental de nuestras economías y sociedades. La crisis climática no es sólo un desafío técnico o económico; es una crisis de valores, prioridades y, en última instancia, de nuestra visión colectiva para el futuro del planeta. Sorprendentemente, hasta el Papa Francisco propuso posturas más radicales, instando a un cambio fundamental en nuestra manera de vivir y a reducir nuestro consumismo desenfrenado.

Esta COP, al buscar mantener las tendencias actuales de consumo y producción, y simplemente reemplazar las fuentes de energía, se convierte en un teatro de operaciones comerciales que perpetúa y amplifica las dinámicas neocoloniales. Al final del día, este cortejo hacia los países árabes busca simplemente que estos países consuman las tecnologías que desarrolla el norte global, incluídas las de generación de energías renovables, e inviertan los vastos recursos obtenidos por la venta de petróleo de maneras y en lugares que sirvan a los intereses de los países industrializados. Bajo la apariencia de sostenibilidad, se facilita una nueva ola de explotación en el sur global, donde las naciones más poderosas y corporaciones dominantes negocian y capitalizan la implementación de energías renovables.

Todo esto hace obvio que lo que seguramente veremos es la continuación de un modelo extractivista. Esto incluye la explotación de recursos para energías renovables, como el litio y el cobalto, que pueden continuar las dinámicas de explotación y desigualdad, particularmente en América Latina, donde muchos de estos recursos son abundantes. La reciente publicación de Oxfam sobre la desigualdad en las emisiones de gases de efecto invernadero representa el elefante blanco en la habitación en el debate sobre el cambio climático. El informe destaca que el 1 % más rico del mundo es responsable de un volumen de emisiones comparable al del 66 % más pobre de la población global, mostrando las profundas disparidades que definen la crisis climática actual. Hay una brecha profunda en la contribución al problema: una minoría acaudalada ejerce una influencia desproporcionada sobre el clima, impactando principalmente a aquellos que menos han contribuido a esta crisis. Si el sistema no toma en cuenta esto, y por el contrario sigue otorgando beneficios desproporcionados, ¿qué asegura entonces que la transición energética no reforzará estas desigualdades?

Los eventos internacionales y la simulación

Esta COP está ocurriendo en el año más cálido registrado en la historia, en un mundo que enfrenta una sucesión de tragedias, conflictos bélicos y desastres naturales que se han convertido en parte de la cotidianeidad. Paralelamente, Estados Unidos está produciendo una cantidad récord de petróleo crudo y se ha convertido en el mayor exportador mundial de gas natural en la primera mitad del 2023. Mientras tanto, China, a pesar de liderar el mundo en la adopción de vehículos eléctricos y de invertir en energías renovables, también está construyendo nuevas plantas de energía a carbón, contribuyendo al aumento continuo de sus emisiones. Este panorama se agrava con la presencia de conflictos bélicos que, más allá de su inherente crueldad humana, se agudizan conforme la desigualdad aumenta y el acceso a los recursos es más difícil, ambos factores que el cambio climático hará más prominentes.

Jean Baudrillard, en su obra Simulacra and Simulation explora cómo los simulacros y las simulaciones han reemplazado la realidad y el significado en la sociedad contemporánea. Baudrillard argumenta que en la sociedad posmoderna, las representaciones (simulacros) de la realidad se han vuelto más significativas que la realidad misma, lo que lleva a una era de hiperrealidad donde la distinción entre realidad y representación se difumina. Esta teoría es particularmente relevante para entender cómo se pueden manipular las percepciones de eventos internacionales y las negociaciones políticas, donde lo que se presenta públicamente es exagerado e intencionalmente ambiguo, y puede diferir sustancialmente de las acciones y negociaciones que ocurren en privado. Los eventos internacionales, premios, reuniones, están llenos de falsedades y simulaciones. Al final del día basta ver que esta es la edición 28 de este evento destinado, primero a mitigar y ahora a adaptarse a la crisis climática. Después de decenas de “compromisos” y “logros”, el planeta se acerca cada vez más rápido al punto del no retorno.

 

Julio V. Suárez
Profesor de la Facultad de Ciencias de la UABC y Director del Instituto Gould-Stephano, A. C.