Descortezadores: insectos del cambio

Cuando caminamos por dentro de un bosque admiramos la grandeza de los árboles y sentimos la frescura que emana de la hojarasca y del dosel. Es probable que experimentemos una sensación de majestuosidad y de permanencia, el sentimiento de que estos árboles han estado aquí siempre y nos sobrevivirán. A pesar de que los bosques que conocemos actualmente han existido en la Tierra por miles de años, no son para nada estáticos. Por el contrario, los bosques del mundo están en constante cambio. Hay árboles que mueren y otros que nacen, lo que cambia la composición y estructura de los bosques. En muchos lugares, las dinámicas de los bosques se rigen por la apertura de claros: cuando se muere un árbol, se abre un hueco en el dosel que permite la entrada de luz al suelo, y con ello la germinación de las semillas que estaban esperando un rayito de sol para crecer. De esta manera, los bosques que vemos en un momento en particular no son idénticos a los del pasado ni serán iguales a los del futuro.

Una parte importante de esta dinámica de apertura de claros en los bosques está relacionada con la actividad de insectos herbívoros que se alimentan de los árboles y provocan la muerte de algunos individuos. Al morir, los árboles caen e inducen la apertura de estos claros. Dentro de los insectos forestales con mayor relevancia, hay un grupo de escarabajos pequeños llamados descortezadores, que, como su nombre lo indica, viven debajo de la corteza de los árboles. Se alimentan del floema de los árboles (la parte viva del árbol donde circulan los nutrientes y azúcares), lo que provoca el desprendimiento de la corteza y ocasiona una importante mortalidad de árboles cada año.

Descortezadores en América del Norte

En México, y en general para América del Norte, los descortezadores de bosques templados más importantes pertenecen al género Dendroctonus y son especialistas en los pinos. El modo de actuar de estos insectos es muy interesante porque implica un alto grado de comunicación química. Las hembras buscan un lugar adecuado para comenzar una familia, es decir, un árbol que pueda albergar a su descendencia. El árbol tiene que cumplir con ciertos requisitos, como tener un fuste robusto y no estar atacado por otros insectos. Una vez que la hembra encuentra el árbol adecuado, libera feromonas para atraer a un macho con quien aparearse. Muchos machos llegan rápidamente y la hembra elige con cuál aparearse. El macho ganador libera otras feromonas para disuadir a los demás machos atraídos, marcando el territorio e impidiendo que otros quieran aparearse con su hembra. Posteriormente, la hembra perfora la corteza para ubicar el sitio ideal para depositar los huevos: el floema del árbol. La perforación de la corteza la llevan a cabo en ocasiones las hembras solas y en otras con ayuda de los machos (dependiendo de la especie). Para ello, utilizan sus mandíbulas como serrucho y van dando vueltas como si fueran un taladro hasta penetrarla por completo. Una vez dentro, las hembras perforan un camino vertical donde ponen los huevos espaciados cada cierto intervalo, y posteriormente dejan el árbol. Cuando eclosionan las larvas de los huevos, se alimentan del floema del árbol y después de su alimentación van dejando caminos horizontales. Las larvas se alimentan durante varios meses hasta que alcanzan un tamaño en el cual pueden llevar a cabo la metamorfosis. Durante la metamorfosis, pasan de ser una larva con aspecto de gusano a convertirse en un escarabajo adulto completo que sale del árbol para reiniciar el ciclo de vida e infestar nuevos árboles. Las galerías que hacen debajo de la corteza son únicas para cada especie, y algunas producen patrones muy hermosos. Sin embargo, el daño que causan a los árboles es fatal, especialmente cuando los ataques son masivos.

Descortezadores acelerados

La acción de estos escarabajos ha formado parte de la dinámica de los bosques desde hace muchísimo tiempo, de hecho han evolucionado de manera paralela con las especies de pinos en nuestro país. México tiene la mayor diversidad de especies de pinos (43 especies) y también la mayor diversidad de especies de descortezadores de pino (12 especies de Dendroctonus). Gracias a ellos, se producen muchos de los claros que permiten que germinen las especies que necesitan luz.

Estos ciclos naturales hoy en día se encuentran exacerbados. Cada vez es más frecuente, ya no la muerte de algunos individuos dentro del bosque, sino la mortalidad masiva de árboles en grandes porciones del territorio. Esta problemática es mundial. En Canadá por ejemplo, en los bosques de la costa Oeste, se calcula que hay ¡60 millones de hectáreas infestadas por el descortezador de los pinos de las montañas! Esto es tan grande como el territorio de algunos países. Como imaginarán, es imposible manejar una infestación de este tamaño y representa pérdidas económicas muy importantes. En México no nos escapamos de esta problemática. En épocas recientes también se ha incrementado de manera importante la aparición de brotes de descortezadores. Para 2013 se reportó 1 millón de hectáreas infestadas en el norte del país y en 2021 el Parque Nacional de la Malinche experimentó un brote de casi 1000 hectáreas que aún están bajo manejo. ¿Por qué ahora los descortezadores atacan territorios mucho mayores que antes?

Seguramente ya están imaginando la respuesta. Sí, efectivamente, las actividades antropogénicas que derivan en el cambio climático están incidiendo sobre la dinámica de los descortezadores y los bosques. El cambio climático ha implicado en los bosques templados inviernos menos severos y temperaturas mayores a lo largo del año, que impactan directamente sobre los insectos. En tiempos pasados, una gran cantidad de insectos moría durante el invierno por congelación. En los inviernos suaves, las poblaciones de insectos crecen más que antes porque pocos individuos mueren. Aunado a esto, las temperaturas altas permiten un desarrollo más acelerado en el ciclo de vida de los descortezadores, lo cuál implica que puedan tener más generaciones en un año. Anteriormente, los escarabajos descortezadores tenían una o dos generaciones por año dependiendo de la especie. Ahora hay indicios de que pueden llegar a tener hasta cinco generaciones en un año, por lo que su crecimiento se vuelve exponencial. Estos dos factores influyen en tener poblaciones de descortezadores mucho más grandes. Por otro lado, las sequías frecuentes también implican que los árboles se puedan defender menos de los descortezadores; la defensa de los pinos en este caso funciona produciendo resina que sale por las perforaciones que hacen los descortezadores y mata a los insectos. Esta resina depende del agua disponible para los árboles por lo que durante las sequías, además de tener un debilitamiento generalizado, pierden capacidad para defenderse y quedan muy vulnerables al ataque de descortezadores.

En un estudio reciente1 evaluamos la abundancia de dos especies de descortezadores en once estados de la República Mexicana que tienen bosques templados. De manera muy interesante encontramos que la abundancia de descortezadores se relaciona positivamente con la temperatura de los lugares estudiados (es decir a mayores temperaturas encontramos más descortezadores) y también con el déficit de vapor atmosférico (una medida de estrés por sequía). Por ello el panorama no es muy alentador dado que los pronósticos para la mayor parte de México indican un incremento en la temperatura y sequía.

Esta retroalimentación negativa entre el incremento en la temperatura, las sequías y la proliferación de estos insectos es inevitable y nos plantea retos de manejo de los bosques. Es necesario que, por un lado, comprendamos mejor la ecología de estos insectos y, por otro, se propongan alternativas de restauración donde se promueva la diversidad de especies de árboles. Es necesario que las comunidades forestales cuenten con las herramientas técnicas y el conocimiento para poder intervenir en las infestaciones de descortezadores cuando sea necesario, y la autoridad forestal tiene que estar al pendiente no solamente de los bosques que pertenecen a las comunidades forestales sino a los bosques de las áreas naturales protegidas.

No debemos olvidar que los descortezadores son parte natural de la dinámica de los bosques que permite el cambio de árboles viejos por árboles nuevos, y que algunas especies dependen de su actuar para poder germinar dentro del bosque. Sin embargo, la extensión y la magnitud de su actividad en la actualidad se ha multiplicado exponencialmente, y desconocemos si los bosques tendrán la capacidad de regenerarse a estas escalas. Ojalá que así sea y podamos seguir admirando los grandes bosques de coníferas de América del Norte.

 

Ek del Val de Gortari
Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, UNAM

Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.


1 Sáenz-Romero C., Cambrón-Sandoval V. H., Hammond W., Méndez-González J., Luna-Soria H., Macías-Sámano J. E., Gómez-Romero M., Trejo-Ramírez O., Allen C. D., Gómez-Pineda E., del-Val E., “Abundance of Dendroctonus frontalis and D. mexicanus (Coleoptera: Scolytinae) along altitudinal transects in Mexico: Implications of climatic change for forest conservation”, PLoS ONE, 18(7), 2023

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Hallazgos