Vestirse con las pieles de los animales es una práctica que aparece casi desde los orígenes de la especie humana. Las necesidades adaptativas a un clima inhóspito lo hicieron necesario. Pero las pieles de los animales no sólo protegen contra el frío y otras inclemencias del clima. También empoderan a la gente con la fuerza y energía de los animales sacrificados, transmite poderes mágicos, permite el tránsito y comunicación entre humanos y no humanos; los chamanes devienen animales y los animales devienen humanos. Entre los mayas la piel del jaguar con la que los sacerdotes y guerreros se vestían, tal y como testimonian los frescos de Bonampak, además de servir de abrigo, obsequiar elegancia y distinguir socialmente a sus portadores, les transmitía la fuerza y potencia del felino, útil no sólo para la guerra sino también para darle el poder que los gobernantes sagrados requerían ante sus gobernados.

El uso de pieles de animales en la vestimenta divide socialmente, genera estatus, expresa distinción social, da cuenta de la jerarquía social. En el antiguo Egipto, en la edad media europea y en la época victoriana, usar abrigos de piel, entre las cuales las de mink o visón era una de las más atesoradas, sólo le era permitido a la nobleza y a las clases privilegiadas. En el periodo contemporáneo las estrellas de la farándula no sólo entronizaron los abrigos de mink como símbolo de estatus, buen gusto e ideal de belleza, sino que también construyeron alrededor de estas prendas una idea de feminidad acorde a valores mercantiles, mercatécnicos y patriarcales.
Es extraño ese persistente gusto por las pieles de mink en el actual periodo de la modernidad en donde coinciden la alta tecnología que ha logrado producir materiales sintéticos de alta calidad, estética y tersura para fabricar los mismos abrigos y otra vestimenta en las que se usan la piel de este pequeño y delicado animal. Y particularmente en la etapa verde del capital en donde la defensa de la Tierra, la lucha por un mejor medio ambiente y la defensa de los derechos de los animales es lenguaje común del que participan tirios y troyanos, los buenos y los malos del tema ambiental. Incluso, hoy día las principales casas de moda como Versace y Gucci y otras más se han unido al rechazo a usar pieles de animales en sus diseños recurriendo a materiales sintéticos. ¿Qué ocurre en el inconsciente colectivo de esta sociedad de modernidad tardía o posmoderna en donde no parece generar ningún pudor que 60 millones de minks se maten anualmente para satisfacer el gusto extravagante de un selecto grupo de personas con quienes esta industria genera enormes ganancias?
Extraño también resulta que entre los grandes criadores de mink se encuentren países insignias no sólo del desarrollo del capitalismo, sino también fervientes defensores de la causa ambiental y de los animales como son Dinamarca, Finlandia, Holanda, Francia, entre otros, además de Estados Unidos y Canadá. Resulta una ironía que la legislación, la conciencia ambiental y el compromiso de los ciudadanos con el medio ambiente en estos países se venda como ejemplar en el mundo de hoy.
La producción masiva de mink en las modernas granjas en estos y otros países se da bajo las mismas condiciones de insalubridad, hacinamiento, maltrato, y condiciones inhumanas, como ocurre también en los grandes establecimientos donde se producen masivamente animales como pollos, cerdos, y diversos animales de los que se nutren tanto los consumidores del mundo moderno como las grandes corporaciones que lucran con esta actividad económica.
Las consecuencias de esta producción industrial de animales se dejan sentir en la contaminación de las aguas, el suelo y el aire. No obstante, actualmente la gran preocupación que genera esta actividad industrial tiene que ver con las enfermedades a ella asociadas, especialmente hoy día el tema del coronavirus, la gripe aviar y otras enfermedades que se han disparado en los últimos tiempos. En diversas granjas de Europa, Estados Unidos y Canadá se detectaron casos de covid, lo que llevó a la matanza de millones de minks ante el temor de una mayor propagación de la pandemia. En 2020, 17 millones de minks fueron sacrificados únicamente en Dinamarca. Algunas granjas fueron cerradas, pero muchas han vuelto a operar con normalidad.
El riesgo de los minks tiene que ver, por una parte, con su potencial zoonótico: pueden ser infectados e infectar a muchas especies. Y algo que resulta sorprendente y que fue demostrado durante la pandemia: su capacidad de ser infectados por los humanos y ellos a su vez infectarlos de vuelta. Las condiciones de hacinamiento han sido un factor importante para la mutación del virus del covid, lo mismo que su falta de diversidad genética debido a que sólo se reproducen aquellos que tienen el tipo de piel que el mercado demanda, lo cual hace que el virus circule sin grandes barreras. Una de las consecuencias que resulta de la mutación de los virus es la disminución del efecto de las vacunas.
En octubre del año pasado los minks de una granja española enfermaron de algo que inicialmente se pensó que era covid. Poco después se supo que era más bien H5N1, una peligrosa y contagiosa cepa de influenza aviar. Aunque variantes de este virus han atacado y devastado diversas poblaciones de aves, su presencia en las granjas de mink en España resulta preocupante, debido a lo inusual de la existencia de una trasmisión de mink a mink, lo cual da cuenta de la factibilidad de una trasmisión de mamífero a mamífero, particularmente por la variante de este virus detectado en la población de los mink, que se piensa puede hacer más adaptable y diseminable entre los mamíferos. En España, la población de mink de esta granja que albergaba 50 000 se infectó de esta variante del H5N1; todos fueron sacrificados. Aun cuando de acuerdo a algunos expertos la presencia de este virus no debe despertar todavía gran alarma, el problema es el desarrollo de una versión del virus adaptada a los mink, que puede amenazar a la población humana. Otros, no obstante, ven en la crianza masiva de minks un alto riesgo que puede desencadenar nuevas y devastadoras pandemias en los próximos años, por lo que exigen su prohibición inmediata.
La crianza masiva de minks para satisfacer un persistente gusto de las clases privilegiadas por abrigarse con la piel de animales que sufren maltrato y que sienten dolor, da cuenta de una patología, una conducta ofensiva en la que parece gozarse con la exhibición de los privilegios que gozan en un mundo inundado de pobreza. Esta actitud altanera va contra corriente en una época en donde lo ambiental es un tema de reputación social, y en donde la lucha contra la crueldad en los animales es causa común de muchos ciudadanos en el mundo. ¿Qué anima a estas personas a continuar con prácticas cuyas consecuencias para la seguridad, la salud humana y del mundo no humano está en alto riesgo?
José Luis Lezama
Centro de Estudios Críticos Ambientales, Tulish Balam