Actualmente, en las ciencias sociales y las humanidades es cada vez más frecuente oír hablar de la “etnografía multiespecies”. Este término está emparentado de cerca con el así llamado “giro ontológico”, frase que hace referencia a una corriente o esquema de pensamiento antropológico que procura encontrar formas más simétricas de concebir el mundo, alejadas de la dicotomía naturaleza-sociedad y de la creencia en la excepcionalidad humana, que caracterizan el pensamiento de la modernidad.1 La perspectiva multiespecies en la antropología implica, entre otras cosas, reconocer que los seres humanos no somos los únicos entes con agencia, es decir, con capacidad para producir cambios en el transcurrir de los eventos, sino que entidades no-humanas como animales, plantas, hongos, algas, bacterias, virus y muchos otros seres, coproducen activa y colectivamente las realidades que habitamos.2 Desde esta óptica, el mundo cotidiano resulta del cruce de múltiples “ensamblajes” o “entramados multiespecies”, donde humanos y no-humanos afectan y son afectados por sus vínculos y prácticas.
Tanto el “giro ontológico” como la antropología de los ensamblajes multiespecies han inspirado una gran cantidad de reflexiones y debates en diversas disciplinas, tocando a veces los linderos de la ecología política. Específicamente, para la antropología ha significado la posibilidad de analizar realidades etnográficas que, al ir más allá de lo humano, redefinen el significado de la noción de ‘vida’, usualmente provincia exclusiva de la ciencia biológica occidental.3 Aunque son los vínculos y enredos entre las personas y los animales los que reciben mayor atención, las plantas también han adquirido un papel relevante en la comprensión relacional del mundo dando lugar al llamado plant turn, o “giro vegetal”. Así, las plantas dejan de ser seres pasivos, sometidos a la voluntad humana, y son observadas como actores o sujetos, cuya agencia emana de su presencia y potencialidades materiales.4 Desde esta perspectiva, la agencia no es producto de la voluntad consciente o la intencionalidad, pues proviene de las conexiones que las plantas establecen con otros seres, y que los llevan a actuar de forma diferente.5
Estas ideas pueden ser mejor comprendidas si partimos de situaciones empíricas concretas. Recientemente, lo sucedido con un antiguo ejemplar de palma en Avenida Reforma en la Ciudad de México, constituye un buen ejemplo para hablar de la agencia vegetal. Esta es una historia que nos lleva a preguntarnos, ¿cómo es que un árbol, su presencia y ausencia, puede producir tantas emociones, disputas y reacciones humanas? Si las plantas son seres inmóviles, carentes de emoción y sujetos a la voluntad humana, ¿de dónde emana la capacidad de este árbol para convocar a las personas? ¿Es la palma de Reforma un sujeto político?
Hacia 2020, los habitantes de la Ciudad de México comenzaron a atestiguar la enfermedad y muerte de muchas de las palmas de la especie Phoenix canariensis que, desde hacía décadas, ocupaban los camellones, jardines y banquetas de la ciudad. Ante la preocupación, especialistas de diversas instituciones explicaron que estos árboles habían sido contagiados por el hongo de la pudrición rosa (Nalanthamala vermoesenii), que puede dañar las raíces y provocar la muerte de las palmas, y plantas que forman parte de paisajes urbanos.

El padecimiento de las palmeras, también atribuido a la acción de escarabajos clasificados como Rhynchophorus ferrugineus o “picudo rojo”, fue recibido con asombro y preocupación por los citadinos quienes, antes que las autoridades, advertían de esta situación con fotografías y comentarios en las redes sociales. Cuando el asunto fue públicamente atendido por el gobierno de la ciudad era ya demasiado tarde, y no quedó más que asumir que muchos de estos árboles, ya muertos o muy dañados, tenían que ser retirados.
Las “palmeras canarias” fueron introducidas en la Ciudad de México, como en varios otros centros urbanos cosmopolitas alrededor del mundo, durante el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964), con la intención de dar a la ciudad un “aire moderno”, estilo californiano, acorde con el auge económico que la industrialización del país producía. Las palmeras se adaptaron bien al clima de la capital y comenzaron a formar parte del espacio urbano de muchas colonias y calles; con los años se transformaron en parte importante del paisaje y de la vida de muchos capitalinos. Ciertos puntos de la ciudad comenzaron a ser reconocidos y nombrados por la presencia de las palmas, como la estación del metro Xola —cuyo emblema es justamente un árbol de este tipo que simboliza el camellón con frondosas palmas que alguna vez se encontró en ese sitio. Las palmas de Xola fueron retiradas y reubicadas en la colonia Narvarte, a fines de 1970, para dar paso a los ejes viales, pero su recuerdo perdura hasta hoy en la memoria capitalina. Con los años, las palmas se volvieron un parte esencial del entorno urbano de la Ciudad de México y su presencia es característica en avenidas como Vértiz y Universidad, así como en colonias como Jardín Balbuena, Polanco, Anzures, Prado Churubusco, Narvarte, Lindavista, y otras más.
La palma más icónica de la Ciudad de México fue, hasta hace poco, una palma mucho más antigua ubicada en la tercera glorieta de Paseo de la Reforma, conocida justamente como Glorieta de la Palma. Este árbol fue sembrado en 1864, la palma fue parte de un proyecto que Maximiliano I de Habsburgo implementó para conectar, a través de un paseo, el Palacio Imperial (Palacio Nacional) en el Zócalo con la Residencia Imperial en el Bosque de Chapultepec. A lo largo de más de cien años, la glorieta y su palma se transformaron en un punto emblemático. Todos los capitalinos y la mayoría de los turistas sabían dónde estaba ubicada tal glorieta; el árbol figuraba en postales y cuadros sobre la ciudad. La palma era tan relevante que cuando enfermó, fue evidente que no podría ser retirada como si fuera un árbol cualquiera.
El gobierno capitalino organizó un evento especial llamado “Palmas a la palma”, como un homenaje solemne de despedida con discursos y agradecimiento al árbol ya muerto. El 24 de abril de 2022, Marina Robles, Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México, dijo durante la ceremonia: “Ha sido la palma amiga que escuchó todas las historias, las historias cercanas y las lejanas, las manifestaciones por las luchas que esta ciudad ha dado y ganado, la que vivió los festejos, los del fútbol, los de los nuevos años con las y los jóvenes que han buscado el encuentro, la palma que ha servido de rosa de los vientos para ubicarnos en esta vertiginosa ciudad”.
La palma de Reforma fue retirada en la madrugada del 25 de abril de 2022. Su tronco fue cedido a artistas de la ciudad para ser intervenido, y se implementó una consulta pública para que la ciudadanía eligiera el nuevo tipo de árbol que sería sembrado en su lugar. En dicho ejercicio votaron más de 77 000 personas, que prefirieron un ahuehuete (Taxodium mucronatum) para sustituir a la palma centenaria. En el imaginario nacionalista mexicano, diversos ejemplares de ahuehuete juegan papeles simbólicos e ideológicos peculiares, como es el caso del Arbol de la Noche Triste de Popotla —en su asociación con una derrota particular del ejército cortesiano durante la conquista de México— o el árbol del Tule, localizado en las inmediaciones de Oaxaca de Juárez. Este último ejemplar de conífera taxodiácea suele mencionarse como uno de los seres vivos más antiguos de la región mesoamericana, nacido muchos siglos antes del origen sociopolítico de la República Mexicana, y por supuesto también de la Nueva España.
El retiro de la palma produjo un vacío en un sitio simbólico de la ciudad que inmediatamente fue ocupado el 8 de mayo de 2022, lejos del control de las autoridades, por activistas y familiares de desaparecidos. Los colectivos demandaban que la glorieta fuera nombrada “Glorieta de las y los Desaparecidos” como un acto de reconocimiento a las víctimas de la violencia ligada al crimen organizado en el país. La mayoría de las desapariciones forzadas han ocurrido después de 2006, en una tendencia que desde entonces el gobierno no ha logrado contener. Coincidentemente, el 16 de mayo de 2022, a pocos días del retiro de la palma, la cifra de desaparecidos rebasaría las 100 000 personas. Con pancartas, carteles, fotos de sus familiares y la exigencia de justicia, los activistas ocuparon la glorieta vacía para transformarla en un espacio de demanda y memoria. Al día siguiente, y poco antes de la marcha de las madres de desaparecidos el 10 de mayo, el gobierno de la ciudad retiró de la glorieta los objetos colocados por los colectivos y cercó el área con vallas para impedir su ocupación. Los trabajos de preparación para recibir al nuevo árbol continuaron al interior del cerco, sobre el cual familiares de desaparecidos cubrían con imágenes de los rostros identificados de sus miles de desaparecidos.
La longevidad de la palma de Reforma, su capacidad de adaptarse a las condiciones del Valle de México y la gran altura con la que se hacía visible a lo lejos, le permitieron transformarse en un referente en la ciudad; en parte del paisaje y la identidad de los capitalinos. Su enfermedad, que para otros era resultado del descuido y para otros del envejecimiento natural, dañó de alguna manera la imagen del Gobierno de la ciudad y en especial a su programa “Sembrando parques”, pues se crean nuevos espacios verdes en la ciudad pero no se logran proteger árboles icónicos.
Ante esto, las autoridades se adelantaron a la pérdida de la palma, agradeciendo cautelosamente con un homenaje, al tiempo que reconocían la imposibilidad de enfrentar la enfermedad y sugerían la vía “democrática” de la consulta para sortear una posible confrontación frente a lo que podría considerarse un gran descuido. No obstante, no es sólo la presencia de la palma la que induce el actuar de las personas. Su ausencia también desestabiliza los escenarios sociopolíticos y produce la irrupción de colectivos que luchan por un sitio visible para exponer sus demandas. El espacio icónico creado por la presencia y materialidad de la palma es hoy disputado, como muchos otros puntos de Avenida Reforma, por los movimientos sociales que con sus antimonumentos demandan justicia en un país con niveles de impunidad superiores al 95 %.
La historia de la palma de la Glorieta de Reforma nos muestra que las prácticas humanas, incluyendo la política y la producción del espacio y la infraestructura urbana, no son en realidad puramente humanas. Son entramados o ensamblajes, en este caso, de plantas, hongos y personas, que participan colectivamente en la constitución del mundo y de la Ciudad de México.6 Veremos ahora cómo el nuevo ahuehuete, un árbol también conocido como Viejo del agua, presente en cauces de ríos y otros sitios húmedos en diferentes latitudes en todo el país, sobrevive (o no) al creciente desabasto de agua de la ciudad, a la contaminación atmosférica y como, junto con activistas, movimientos sociales, políticos, burócratas y ciudadanos de a pie, producen los paisajes multiespecies donde humanos y no-humanos llegamos ser lo que somos.
Leticia Durand
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM
Radamés Villagómez Reséndiz
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM
Francisco Vergara Silva
Instituto de Biología, UNAM
1 Kohn, E. “Anthropology of ontologies”, Annual Review of Anthropology 44, 2015, pp. 311-327.
2 Kirskey, E. S., y Helmreich, S. “The emergence of multispecies ethnography”, Cultural Anthropology 25(4), 2010, pp. 545-576.
Odgen, L., Billy, H., y Kimik, T. “Animals, plants, people and things. A review of multispecies ethnography”, Environment and Society: Advances in Research 4(1), 2016, pp. 5-24.
3 Kohn, E. How Forests Think. Toward an Anthropology Beyond the Human, University of California Press, 2013.
Ingold, T. “Anthropology beyond the humanity, Suomen Antropologi”, Journal of the Finnish Anthropological Society 38(3), 2013, pp. 5-23.
4 Hartigan Jr., J. “Plants as ethnographic subjects”, Anthropology Today 35(2), 2019, pp. 1-2.
Durand, L. “Etnografía vegetal. Sobre el mundo que construimos en colaboración con las plantas”, Alteridades 64, en prensa, 2022.
5 Brice, J. “Attending to grape vines: perceptual practices, planty agencies and multiple temporalities in Australina viticulture”, Social and Cultural Geography, 15 (8), 2014, pp. 942-965.
Head, L. M., Atchison, J. M., y Phillips, C. “The distinctive capacities of plants: rethinking difference via invasive species”, Transactions of the Institute of British Geographers 40(3), 2012, pp. 399-413.
6 Durand, L., y Sundberg, J. “Sobre la ecología política posthumanista”, Sociedad y Ambiente 20, 2019, pp. 7-27.
¿Cómo es que un acontecimiento en torno a esa palma no iba a dar cuenta de la palma como agente «que participa colectivamente en la constitución [de la CDMX y su vida cotidiana]»? Mi apunte es que, es agente en la medida en que previamente, está inserta en un plexo simbólico humano desde el cual tiene significados sociales. Y desde esto, ¿cómo se entendería lo no-humano?
Por otro lado, se dice que «Desde esta perspectiva, la agencia no es producto de la voluntad consciente o la intencionalidad, pues proviene de las conexiones que las plantas establecen con otros seres, y que los llevan a actuar de forma diferente». Empero, enunciar «que las plantas establecen» ¿no es un indicativo de intencionalidad y/o voluntad consciente? ¿Cómo sería caracterizar la conexión que la palma estableció con los habitantes de la ciudad? ¿Es cuestión de un cambio de vocabulario o de algo más?
En el texto, el énfasis está en toda la red sociocultural echada sobre la palma: conciencia ambiental, espacios urbanos, luchas políticas, intervención de la ciencia para diagnóstico, historia, etc. Así visto, la palma es un objeto político, luego enunciado como sujeto político dentro de la reflexividad política primera. ¿Cómo se evitaría la trivialidad de argumentar que cualquier cosa puede «ser observada como actor o sujeto, cuya agencia emana de su presencia y potencialidades materiales» si basta que haya un entorno sociopolítico para ello?
Saludos y gracias por el estímulo para el intercambio intelectual.