La otra cara del riesgo climático: el exceso de agua en México

En diciembre de 2021 escribí un artículo en este mismo espacio sobre el impacto de La Niña en el clima mexicano, advirtiendo que este fenómeno estaba presente en invierno y que seguramente se traduciría en una reducción de las lluvias a nivel nacional. En ese momento, jamás imaginé la magnitud de lo que vendría para el norte de México y la histórica sequía que enfrenta en este preciso momento. Lo que sucedió fue que, en aquel cierre de año, los valores de esta oscilación oceánica estaban bajos (un valor negativo indica la presencia de La Niña, uno positivo quiere decir El Niño), pero no tan bajos y en mi experiencia esta oscilación tiende a estabilizarse hacia junio, pero este año fue la excepción. Pese a que ya estamos en julio, La Niña sigue sin perder fuerza ––de hecho, ha aumentado––, y eso explica los eventos extremos que estamos experimentando. Y hasta que no ceda, difícilmente veremos lluvias en Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Chihuahua y las Baja Californias, quienes experimentan una sequía extrema y prolongada.

Ilustración: Kathia Recio
Ilustración: Kathia Recio

En esta ocasión no me enfocaré en la sequía, sino en lo opuesto, el exceso de agua. En ese sentido, si La Niña de invierno significa sequía, cuando el fenómeno se presenta en verano trae excedentes de agua, particularmente en forma de huracanes que se presentan en el sur de México. Esta es la otra cara del riesgo climático: el exceso de agua. Es por ello que debemos prepararnos para las inundaciones que serán casi seguras en la Península de Yucatán, Tabasco, Chiapas, Oaxaca y Veracruz, posiblemente también en Michoacán, Colima y Jalisco, y en menor medida, pero con riesgos en Guerrero. ¿De dónde viene este pronóstico? De los datos históricos del clima, mismos que explico a continuación.

Cuando hablamos de huracanes y La Niña, en realidad tenemos dos fenómenos contrarios según el océano del que hablamos. En el océano Atlántico, al este de nuestro país, este fenómeno trae consigo una disminución en las corrientes de aire verticales y los vientos alisios, cuyo resultado es un debilitamiento de la estabilidad atmosférica. El resultado es un aumento de los huracanes y tormentas, tanto en número como en intensidad. De hecho, los últimos cálculos del Centro Para Predecir el Clima (que perteneciente a la NOAA) muestran que tenemos un 65 % de posibilidad de tener una temporada de huracanes en el Atlántico muy por encima del promedio. A esto se le suma un 25 % de probabilidad de tener una estación de huracanes similar al promedio de los últimos 50 años. Lo que se traduce en un 90 % de probabilidad de tener una temporada media, fuerte o muy fuerte de huracanes en el Atlántico. Es posible que se presenten entre seis y diez huracanes que se encuentren dentro de las categorías 1 y 2, y entre tres y seis tormentas que oscilen dentro de las categorías 3 y 5. La predicción está cerca de la peor temporada que tuvimos en 2020, con siete huracanes de categorías entre 3 y 5, que tuvo un costo económico estimado de 32 000 millones de pesos según la Cenapred.

Del otro lado de nuestra nación, en el Pacífico, las cosas se ven un poco mejores, pero más difíciles de prever. Al contrario de lo que sucede en el Atlántico, en el Pacífico se espera un menor número de huracanes debido a un aumento del transporte de aire vertical y condiciones generalmente más secas y frías. No obstante, investigaciones recientes muestran que, pese a la disminución en la presencia de este fenómeno climático, aquellos huracanes que llegan a formarse tienen una mayor probabilidad de viajar hacia la tierra (en lugar de hacia el océano). En ese sentido, posiblemente las inundaciones no sean tan recurrentes este año, pero potencialmente pueden ser más catastróficas.

Los estados situados en el Atlántico, sufrirán ––sin lugar a duda––, una precipitación excesiva provocada por los huracanes. En contraposición, la certeza de inundación no es tan alta en los estados colindantes con el océano Pacífico, pero sigue siendo un riesgo. En particular, mi preocupación reside en Tabasco y Chiapas, quienes históricamente han sufrido más con la conjunción de estos fenómenos.

A lo mejor esta nota llega un poco tarde, dado que la temporada de huracanes inició ––oficialmente––, desde el primero de junio, pero aún nos quedan cinco meses más. Estamos a tiempo de prevenir los peores daños que pueden traer los mismos. Sabemos lo que vendrá, nuestros registros climáticos lo muestran, sólo queda pedirle a la ciudadanía en zonas de riesgo que extreme precauciones y a nuestras autoridades que tomen las medidas preventivas necesarias desde ahora.

 

Guillermo Murray-Tortarolo
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad

Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.

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Publicado en: Crisis climática, Hallazgos