Una campaña publicitaria del gobierno de México en 2008 decía: “México tiene un gran tesoro… escondido en el fondo del mar”, para promover la aprobación de la reforma energética que permitiría, con apoyo de empresas extranjeras, descubrir las potenciales reservas energéticas en aguas profundas del Golfo de México.

En 2012 el gobierno de Calderón anunció el primer hallazgo de un yacimiento petrolero con reservas de alrededor de 400 millones de barriles de petróleo crudo, sin embargo, nueve años más tarde, el director de Pemex, para decepción de muchos, refutó la existencia del tesoro, al señalar que hasta entonces no se había extraído ningún hidrocarburo de aguas profundas.
El actual gobierno del presidente López Obrador continúa impulsando el petróleo como el motor de la economía mexicana, a pesar de que los combustibles fósiles contribuyen al incremento de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, al cambio climático. ¿Debemos referirnos al petróleo como “tesoro”, cuando su uso y extracción contribuyen a la degradación ambiental del planeta? Sólo si nuestra perspectiva es meramente económica y a corto plazo. Existen otras alternativas como las energías renovables que podrían representar el verdadero tesoro de México, en particular la energía eólica marina en la plataforma de Yucatán.
El potencial eólico en Yucatán es un recurso inmenso y las brisas de la región, que alcanzan grandes distancias en el mar,1 están catalogadas como de las más intensas a nivel mundial.2 Otra ventaja de la plataforma de Yucatán es el oleaje, que a diferencia del Mar del Norte,3 es de muy baja intensidad4 y permitiría labores de mantenimiento la mayor parte del año. No extraña el interés de empresas eólicas que desde el 2008 buscan explotar este recurso en la Península.
Por su baja profundidad, la plataforma continental de Yucatán es un espacio excepcional a nivel mundial para la implementación de parques eólicos marinos. La profundidad de 40 m (límite a partir del cual los aerogeneradores deben ser flotantes) se localiza entre 60 y 100 km de la costa. Para evitar una afectación visual se deben colocar a una distancia mayor de 10 km de la playa, el resultado es un área de más de 3 millones de hectáreas disponibles para campos eólicos, el equivalente al 70 % del territorio del estado de Yucatán. Si bien no sería sensato implementar aerogeneradores en toda esa área, hacerlo en ciertos polígonos convertiría a México en uno de los principales productores de energía eólica a nivel global.
A pesar de las bondades que ofrece la plataforma de Yucatán, su uso no está libre de desafíos. El primer reto, que bien puede convertirse en una oportunidad, es la comunidad pesquera. El diseño de las plataformas podría pensarse para ser una zona de refugio de fauna marina, que a su vez podrían declararse zonas de veda para la reproducción y crecimiento de especies, lo cual impactaría de manera positiva en las pesquerías. Un segundo reto es el ecológico, asociado con las aves migratorias, el cual podría sortearse con soluciones tecnológicas, por ejemplo, con radares que permiten identificar aves y detener los aerogeneradores durante ciertos periodos de tiempo.
Un factor importante en proyectos offshore es la intermitencia de la energía eólica y el alto costo inicial de las líneas de transmisión (cableados submarinos costosos y peligrosos). No obstante, existen diferentes opciones tecnológicas para el almacenamiento de la energía, que pueden aplicarse en parques eólicos tanto en tierra como en el mar,5 de modo que es sólo cuestión de tiempo y voluntad política para que estos obstáculos tecnológicos puedan superarse.
Finalmente, existe un peligro que no podemos ignorar: los ciclones tropicales. Este riesgo incrementa si consideramos las previsiones en el aumento de huracanes de altas categorías debido al cambio climático.6 Respecto a esto último, el estándar internacional IEC 61400-1, emite desde su tercera edición recomendaciones de diseño en zonas de ciclones tropicales, además ya trabaja en tecnologías para afrontar el reto que implica la presencia de huracanes. Por otro lado, la vertiente más expuesta de la península es la zona del Caribe, mientras que la zona oeste de la plataforma es donde la probabilidad de impacto es menor.7
Los retos requieren un gran esfuerzo de coordinación entre empresas, gobiernos y actores locales. Por ejemplo, la generación de zonas de refugio y veda requieren del manejo gestionado por el gobierno y la participación de todos los actores, además que las empresas deben comprometerse a implementar sistemas de mitigación como los radares para aves, las bases de pilotes que generen sustrato y zonas de refugio para las especies marinas. Un avance coordinado es crítico para alcanzar los beneficios que puede ofrecer la energía eólica, sin generar nuevos problemas comúnmente asociados a los mega-proyectos energéticos. Este enfoque tecnológico no debe ser único y es importante que complemente otras soluciones locales con enfoques comunitarios para la democratización de la energía.
Podemos confirmar que el tesoro de México podría ser la plataforma de Yucatán y el recurso eólico offshore. Su aprovechamiento llevaría al país a ser el líder en la generación de energía eólica, siempre y cuando podamos resolver los retos impuestos por la pesca, las aves migratorias y los ciclones tropicales. Lograrlo requiere comenzar a trabajar para realizar los proyectos de manera segura, minimizando sus impactos y maximizando sus beneficios a las comunidades con el fin de que la energía eólica marina suponga un tesoro para el ambiente, el planeta, las comunidades locales, las empresas y el país. Espero que con este artículo se comience la discusión que haga realidad la generación de energía renovable a gran escala en México.
Christian M. Appendini
Laboratorio de Ingeniería y Procesos Costeros (LIPC), Unidad Académica Sisal, Instituto de Ingeniería, Universidad Nacional Autónoma de México.
Nota del autor: La opinión expresada en este documento se basa en discusiones y trabajos realizados en colaboración con Estefanía García Caballero, Bernardo Figueroa Espinoza, María Eugenia Allende Arandia, Pablo Ruiz Salcines y Adolfo Contreras Ruiz Esparza.
1 Allende-Arandia, M. E., y otros. Sea-land breeze diurnal component and its interaction with a cold front on the coast of Sisal, Yucatan: A case study. Atmos. Res., 2020, p. 244, 105051.
2 Gille, S. T., y otros. Measuring the sea breeze from QuikSCAT Scatterometry. Geophys, 2003.
3 Grabemann, I., y Weisse R. Climate change impact on extreme wave conditions in the North Sea: an ensemble study. Ocean Dyn, 2008.
4 Appendini, C. M., Torres-Freyermuth, A., Salles, P., López-González, J., y Mendoza, E. T. Wave climate and trends for the Gulf of Mexico: A 30-yr wave hindcast. J. Clim, 2014.
5 Rahman, M. M., Oni, A. O., Gemechu, E., y Kumar, A. Assessment of energy storage technologies: A review. Energy Conversion and Management, 2020.
6 Appendini, C. M., Meza-Padilla, R., Abud-Russell, S., Proust, S., Barrios, R. E., y F. Secaira-Fajardo. Effect of climate change over landfalling hurricanes at the Yucatan Peninsula. Clim. Change, 2019, p. 157.
Gille, S. T., Llewellyn Smith, S. G., y Lee, S. M. Measuring the sea breeze from QuikSCAT Scatterometry. Geophys. Res, 2003.
Appendini, C. M., y P. Ruiz-Salcines. Climatología de ciclones tropicales en México. Colección. R. Silva-Casarín, G. Posada-Vanegas, J. Gutiérrez-Lara, and A. Felix-Delgado, Eds. CEMIE-Océano, 2021, p. 116.
Para 2024, por ahora no hay q darle margaritas a los cochis
Excelente propuesta, como siempre la ciencia ve hacia adelante y lo que se puede hacer es a futuro, trabajar hoy para que en 10 o 20 años se materialice el resultado.