We became with each other
—Donna Haraway

Habitar este planeta requiere la construcción de una historia inédita situada en un reencantamiento, una nueva sensibilidad reconciliada con la naturaleza. En estas líneas reflexiono sobre las relaciones necesarias para afrontar la crisis ambiental resultante de la ofensiva del sistema capitalista frente a la reproducción de la vida antes, durante y después de la pandemia. ¿Qué estamos haciendo y cuál ha sido nuestro aprendizaje ante este escenario distópico?  ¿Cómo ha sido nuestra relación cotidiana con otras formas de vida no humana? Con lo anterior mi intención es reparar sobre nuestra condición como seres ecodependientes,1 que significa que dependemos por completo de las fuentes materiales y servicios de los ecosistemas para el desarrollo de nuestras vidas.

Es urgente reflexionar sobre el reconcilio entre la humanidad y la naturaleza como una necesidad ética y política. Esta alianza apunta a un proyecto ecoético,2 lo cual representa el cultivo del cuidado sensible y afectuoso, la defensa de lo vivo y el reconocimiento del vinculo con otras entidades no humanas, que en conjunto posibilitan la continuidad de la existencia propia y de otros seres no humanos. También implica disolver las discursivas predatorias que operan desde la subjetividad capitalista del utilitarismo sobre la naturaleza cuyo imaginario desencadenó la explotación imparable de la Tierra y el coexistir al borde de escenarios catastróficos.

En este sentido es oportuno traer la reflexión de Anna Tsing3 quien propone que las catástrofes de estos tiempos -tales como las extinciones, los genocidios, las pandemias, el empobrecimiento y la degradación de la biosfera- requieren construir una nueva historia de convivencia entre las diversas formas de existencia planetaria. Esto último requiere un plan de ejecución ecoético, un “pensar-con” un mundo en crisis pero no acabado. Me refiero a la condición del vínculo entre lo humano y la naturaleza, una relación que ha tenido rupturas, fracasos y abusos, que apremia un reconcilio en vías de proteger la vida planetaria. Esta interdependencia es partícipe en los procesos vitales de la Tierra tanto en la coproducción de la vida y en los procesos de muerte.  Como señala Van Dooren, “nada está conectado a todo, todo está conectado a algo”.4

Ilustración: David e Izak Peón

¿A qué nos referimos con lo no humano?

Lo no humano son todas las formas de vida que conforman un determinado ecosistema y sin las cuales no podríamos vivir. En palabras de Ezquerra “es todo ser o proceso no antropizado que no corresponde a los imaginarios de la especie humana”. Entre ellos destacan los animales no humanos, plantas, hongos, bacterias, minerales, el mundo molecular y un vasto complejo de otredades. Para Donna Haraway son alteridades no humanas con las que cotidianamente formamos parentescos y tenemos simpoiesis (generar-con) que permiten el curso de la vida y de la muerte.5

Cuando nos referimos a lo “no humano” puede sonar extraño, y más si lo pensamos al margen de nuestra representación como especie dominante o desde la razón instrumental cuya noción de la naturaleza como algo “aparte” ha desencadenando su dominación y explotación. Braidotti asevera que esta construcción es una imbricación de eurocentrismo, machismo y antropocentrismo, pero ante todo es una violencia epistémica ejercida por las acciones humanas sobre las alteridades no humanas y lo deshumanizado.6

¿En qué momento nos disociamos?

La separación tuvo su origen con la visión antropocéntrica que se consolidó en la Edad media y época industrial  en el siglo XVII.7 En esta etapa hubo una apropiación de la naturaleza por parte de la especie humana, así como la separación mente-cuerpo, energía-materia, y la concepción de mente sobre materia desde el enfoque cartesiano. En nuestro continente esta disociación se observa con el modelo de acumulación económica8 a partir de la explotación y el saqueo extractivista, y la incrustación de los tiempos y velocidades del sistema capitalista en el cuerpo social y en la subjetividad colectiva. El laissez faire neoliberal ha desembocado en dinámicas destructivas las cuales han dislocado los ciclos naturales de la Tierra y han bautizado las formas de vida no humana como naturaleza a dominar. Esto desató un divorcio despótico donde el consumo y la explotación se normalizaron. Nunca nos percatamos, sin embargo, de que también estaban expoliando nuestras vidas.

Desde allí experimentamos una ruptura vital en el curso del planeta. Ante tal divorcio es necesario comprender que vivimos en una interdependencia productora10 humano-ambiente que germina prácticas, costumbres, saberes, narrativas, imaginarios, afectos y formas de habitar los espacios de vida. Así pues, es ineludible reconocernos humanos y no humanos como “compañeros socialmente activos”.

¿Qué nos sostiene?

Es imperante volver al origen y reconocer tal vínculo como una política de vida, una asociación fértil que permita el intercambio metabólico de materia y energía para conservar el equilibrio de los ecosistemas y la vida humana. Se trata de detenernos y reflexionar sobre el origen y los límites de todo lo que incorporamos en nuestro organismo y apreciar el suelo que nos soporta. ¿Quién es más dependiente?, ¿quién realmente necesita del planeta para habitar, alimentarse y vivir? A esto me refiero con las relaciones humano-naturaleza que deben crear alianzas fecundas para la salvaguarda de la vida.

La relación con  la Madre Tierra, el Pachamama, Ñuke Mapu para los Mapuches, Uma Kiwe para el pueblo Nasa11 ha sido parte fundamental de la cosmovisión de los pueblos latinoamericanos para su reproducción comunitaria. Algunos movimientos andinos y en nuestro país han incorporado entidades naturales como sujetos (cerros, montañas, lagunas) en la arena política, una “política pluriversal” que considera la naturaleza como una multiplicidad de mundos donde lo no humano tiene agencia;12 son formas de “generar con” basadas en respeto y reconocimiento hacia lo vivo, para la sostenibilidad de la vida.

Vandana Shiva13 propone el reencantamiento del mundo, el reconcilio ambiental que necesita fomentarse y reconfigurarse pero, ante todo, establecer alianzas fértiles contra el traumatismo biosocial, la mercantilización y la aniquilación de la vida por el capitalismo. Se trata aquí de proteger la pulsión de vida que sostiene las fuentes materiales de existencia y ante todo, de reconocer que cotidianamente tenemos un devenir- tierra como señala Braidotti.

En pleno contexto de crisis sanitaria y ante la condición finita del planeta es preciso reconocer que cohabitamos con una multiplicidad de alteridades no humanas. Necesitamos  reinventar nuestras formas de re-habitar la tierra, así como reconocer la complementariedad y la intimidad que se configura entre el cuerpo y el hábitat14 como una interdependencia productora, fuera de la maquinaria capitalista del individualismo, el derroche de recursos y la acumulación de riqueza. Esto significa cultivar condiciones para la continuidad de la vida que involucren escenarios alternativos de producción y consumo conscientes y responsables para reproducir la vida y no la acumulación de capital.

De aquí en adelante necesitamos saber de qué forma vamos a vivir en este planeta. Es necesario emprender una política de vida y una praxis ética, esto es, producir condiciones de existencia a partir de la reinvención del ser con el hábitat, desde el cuidado y la revitalización de lo sensible para armonizar con los ciclos de la naturaleza y despertar conciencias colectivas desde nuevos umbrales ético-afectivos. Todo ello, para entablar nuevas formas de relacionarnos con lo no humano, fuera de la subjetividad biocida y mercantil del capitalismo mediante una actitud arriesgada, en disenso y en ofensiva permanente frente al fetiche de la propiedad y la confiscación de la vida. Ante esto, debemos tejer alianzas fecundas en defensa de la vida.

 

Mariana Pelayo
Candidata a Doctora en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México


1 Riechmann Jorge, Interdependientes y ecodependientes ensayos desde la ética ecológica (y hacia ella), Barcelona: Proteus, 2012.

2 Warren, Karen, Filosofías Ecofeministas, Barcelona: Editorial Icaria, 2003.

3 Tsing, Anna, The mushroom at the End of the World : On the Possibility of life in Capitalist Ruins. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2015.

4 Van Dooren, Thom, Flight Ways: Life an the Edge of the Extinction, New York: Columbia University Press, 2014. 

5 Donna Haraway, Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno, Bilbao: consonni, 2019.

6 Braidotti, Rosi, Lo posthumano, Barcelona: Ediciones Gedisa, 2015.

7 Castillo, Alma, Suarez, John y Mosquera, Jemay. 2017. “Naturaleza y sociedad: relaciones y tendencias desde un Enfoque eurocéntrico”. Luna Azul, 44: 348-37.

8 Alimonda, Héctor, “La colonialidad de la naturaleza. Una aproximación a la Ecología Política Latinoamericana” en Héctor Alimonda (Coord.), La naturaleza colonizada Ecología política y minería en América Latina ( pp. 21-58). Ciudad de Buenos Aires: CLACSO/ CICCUS, 2011.

9 Guattari, Félix. Plan sobre el planeta, Buenos Aires: Tinta Limón,  2004.

10 Pelayo, Mariana, Reconfiguración de modos de vida, mecanismos de respuesta local y procesos emergentes de gobernanza ambiental de comunidades aledañas a presas hidroeléctricas en el Río Santiago, Nayarit, México (Doctorado). UNAM, México, 2020.

11 Escobar, Arturo, “Desde abajo, por la izquierda, y con la tierra: la diferencia de abya yala/ afro/ latino/ américa” en  Héctor Alimonda [et al.] Ecología política latinoamericana: pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica (pp.51-68). Buenos Aires:CLACSO; México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2017.

12 De la Cadena, Marisol. 2010. Indigenous Cosmopolitics in the Andes. Conceptual Reflections beyond ‘Politics, Cultural Anthropology 25 (2): 334-370.

13 Shiva, Vandana, Manifiesto por una democracia de la tierra. Justicia, sostenibilidad y paz, Barcelona, Paídos, 2006.

14 Guattari, Félix , Las tres ecologías, Valencia: Pre-textos, 1996.


2 comentarios en “En defensa de la vida

  1. Beautiful essay and the problem is, the ur-problem, that people think that life is utterly cheap, let’s begin with our lives down to the lives of the defenseless animals and then perhaps we could see that what the problem is. To come to our senses and be totally responsible is one thing, the other thing is do we really own our own lives…? Best, Ali

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