La visión de Gustavo Esteva

Gustavo Esteva participó en la construcción de nuevos mundos con amigos, colegas y estudiantes. También los construyó con personas que no conocía, aquellos que se inspiraban por algún texto suyo o que se acercaban a Unitierra —uno de sus más grandes proyectos del que les voy a hablar más adelante—, llenos de buenas intenciones, pero sin un norte claro. Tal era la fuerza de su visión que, sin conocerlo, muchas personas se identificaron con ella.

Hace cuarenta años, Esteva reunió un grupo comprometido a organizar un texto muy importante en su momento: La Batalla por el México rural. En ese entonces, era evidente que nuestro país requería una nueva estrategia para “reverdecer” el campo, lo que significaba fortalecer las organizaciones campesinas e impulsar la producción agroalimentaria desde las estructuras agrarias y sus conocimientos ancestrales. Vale la pena mencionar que por desgracia este problema sigue vigente.

En aquel momento surgió la iniciativa: “Sin maíz no hay país”, que reunió a millones de productores y grupos académicos para ejecutar un programa que pretendía tomar la gestoría del Estado. Fue una movilización exitosa que culminó en la creación del Sistema Alimentario Mexicano, que desafortunadamente fue capturado por los grupos agroindustriales para servir a sus propios intereses, a costa de campesinos y, por consiguiente, del país.

Este tropezón, sin embargo, no disuadió a Esteva, que siempre investigó nuevas vías para satisfacer su insaciable búsqueda a la construcción de mundos nuevos, mundos mejores. Este paraíso que tanto buscó lo encontró en un pequeño círculo de intelectuales reunidos en torno al Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) que había creado Iván Illich en Ocotepec, Morelos, a mediados de los años sesenta en el Valle de Cuernavaca.

El filósofo austriaco discutía con amigos y extraños nuevas ideas para enfrentar los grandes problemas del momento con libros como: La Sociedad Desescolarizada (1970), La convivencialidad (1973) y Némesis médica (1974), entre otros libros de Ilich. El encuentro se volvería una explosión de ideas, de colaboraciones y de propuestas para traducir los textos de Illich en formas de organización; en actividades para trazar los nuevos caminos que Esteva había buscado durante gran parte de su vida. Esta concurrencia duraría casi treinta años, hasta la muerte del filósofo Iván Illich.

Las crisis económicas, sociales y ambientales que han azotado el planeta no parecían disuadir a los líderes del mundo noratlántico en su tarea de continuar la labor colonizadora de siglos pasados. Frente a esta cuestión, surgirían respuestas locales y regionales para forjar algunos de los muchos otros mundos con los que había soñado Esteva. En este contexto Illich y Esteva se acompañaron en viajes internacionales, con la intención de incitar a otros a organizarse para extender y profundizar en las alternativas a la educación occidental y a replantearse los mitos de la individualidad, de la igualdad o el progreso, con soluciones que dejarían a los pueblos y el planeta en lo que ellos creían que eran mejores condiciones.

Con el levantamiento zapatista en 1994, Esteva encontró la oportunidad de entablar diálogos con un grupo que estaba proponiendo emprender un camino diferente. Así se embarcó en una nueva ruta, poniendo en práctica el dictum de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Esteva acompañó a este grupo durante más de un cuarto de siglo, debatiendo y aprendiendo, convencido de que estaban avanzando de buena manera para consolidar sus comunidades, asegurando una mejor forma de vida, sostenida en el cuidado de sus territorios. En uno de sus últimos libros insistió:

Con [la] inspiración zapatista, muchas y muchos de nosotros estamos yendo a escuchar a otras y otros, nos abrazamos y nos enlazamos con ellas y ellos, aprendemos unos de otros y practicamos la solidaridad. No volteamos la mirada hacia arriba; la volteamos hacia nosotras y nosotros mismos. No nos interesa el poder de arriba porque nos afirmamos en el poder de abajo, el poder que ya tenemos, el poder que podemos ejercer todos los días. Y así abrazados, entrelazados, hoy, en este presente de transformación y bajo inspiración zapatista, cambiamos el mundo.

Ilustración: Ricardo Figueroa
Ilustración: Ricardo Figueroa

Su mayor proyecto se plasmó en la creación de la Universidad de la Tierra en la ciudad de Oaxaca. Aún después de su muerte, los diversos grupos que tomaron las riendas de sus proyectos siguen avanzando con sus colaboraciones para construir comunidades y ambientes más equilibrados, que ofrecen una relación armónica entre los colaboradores y sus entornos. Creada a finales del siglo XX, la Unitierra es una propuesta para plasmar lo más profundo de la visión de Illich, al generar un ambiente de autodidactas, con un flujo constante de interlocutores, tanto presenciales como virtuales, quienes comparten sus experiencias, sus proyectos, y sus sueños para la construcción de los nuevos mundos posibles.

Esteva no se limitó a intercambios filosóficos y recuentos de las experiencias de los participantes; se comenzaron a implementar las propuestas de las comunidades de la región y hubo participación en las luchas sociales de los diversos grupos comprometidos con defender sus territorios. Al mismo tiempo, se encontraba en el proceso de hacerse efectiva la reforma política estatal que introducía la modalidad de “usos y costumbres” como una posibilidad para la gobernanza de los municipios.

La Unitierra gradualmente se transformó en un imán para las fuerzas creativas de Oaxaca y en un faro que ofrece un flujo continuo de materiales escritos y audiovisuales para impulsar iniciativas similares en otros lugares; hoy en día, se han concretado en Puebla, San Cristóbal de las Casas, San Pedro Huitzo, así como Los Ángeles y el área de la Bahía de San Francisco, California.

Empero, Gustavo era más que una institución, era un “intelectual desprofesionalizado” como él se autodenominaba. Era una fuente interminable de provocaciones, de propuestas, de interlocuciones que siempre retaba a los que estábamos en sus alrededores a repensar. También era discípulo permanente de los indígenas y campesinos en sus comunidades y en sus luchas. Un estudiante ávido de aprender. De esta forma, traducía el concepto de “convivialidad” (o si se quiere, convivencialidad en la errónea traducción del Fondo de Cultura Económica) en una práctica cotidiana de diálogos que construyeron amistades e impulsaron compromisos reales para forjar nuevas oportunidades, los nuevos mundos que muchos anhelamos pero que él logró visualizar desde hace varias décadas.

La sociedad convivial con la que Esteva soñaba abarcaba lo mejor de los ideales socialistas, pero sin las instituciones que los confinan. No es un mundo donde florecen los individuos, sino un rizoma de comunidades interconectadas que están aprendiendo a colaborar, a fortalecer los lazos productivos, culturales, sociales y ambientales que permitirían superar las dinámicas destructivas que caracterizan nuestro mundo hoy. Sería una sociedad donde no cabrían los grupos sociales que dominan los mercados globalizados y las naciones al servicio del capital.

Hasta sus últimos momentos Esteva se cuestionó cómo podía avanzar en esta construcción. Quería dejar un legado de materiales que podríamos estudiar para seguir con su labor. Desde el reforzamiento de la organización de la gestión del agua en el Valle de Oaxaca y la diversificación de los sistemas agroecológicos en la Sierra Juárez, hasta el fortalecimiento del proyecto político de un grupo de luchadores sociales en el Istmo de Tehuantepec. Es clara su inmensa capacidad de combinar la teoría con la práctica. Lo memorable de esta lucidez era su facilidad de inclusión, de abrazar a todos los que estaban ávidos de vivir en uno de estos mundos mejores y de impulsarlos a poner manos a la obra. Para cerrar rescato una de las frases favoritas de Esteva en tiempos de incertidumbre, parafraseando a Arundhati Roy, decía: “El otro mundo no solo es posible, ella ya viene en camino. En un día tranquilo, puedo oír ya su respiración”.

 

David Barkin
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco

 

Referencias

Esteva, G.  Miradas, voces y prácticas de lxs zapatistas, Ediciones Unitierra y Our Global University, Oaxaca y Hong Kong, 2021, p. 85.

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Publicado en: Propuestas y resistencia