La ciudad de la injusticia ambiental

A la memoria de Mauricio Sosa Santibáñez:
 urbanista, filosofo y el mejor hermano

Los muros de concreto de la ciudad, levantándose cientos de metros sobre nuestras cabezas, representan en nuestra conciencia colectiva la afrenta más clara que los humanos hemos desarrollado contra aquello que denominamos “naturaleza”. Nuestros caminos de asfalto, nuestros techos de cemento y varilla, y nuestras ventanas de vidrio son la imagen de nuestra acción contra toda vida que no sea la humana, obligando a animales y a plantas a vivir en los bordes, subsuelos, techos y contornos de lo construido. Y, aun así, no podemos negarnos que necesitamos de ese “mundo natural”. Por ello, cuando buscamos darle espacio, procuramos ordenarlo, intentando llenar de “verde” nuestras estancias con macetas, algunos de nuestros caminos con camellones y diseñando amplias áreas verdes completas para caminar entre “lo natural”.

Ilustración: Patricio Betteo

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los espacios verdes, como los parques, son componentes fundamentales para desarrollar ciudades sustentables, más sanas y habitables. Son piezas centrales de la planeación urbana, pues dotan de servicios ambientales insustituibles, como lo son la captura del agua de lluvia, la generación de oxígeno, el templamiento de las temperaturas, la captación de partículas contaminantes, entre muchos otros beneficios. Los parques son espacios fundamentales para la vida en y de la ciudad. Para los que vivimos en ellas, son materia de interés público.

El parque “La Mexicana” “surgió de la iniciativa de los vecinos de Santa Fe, por querer recuperar espacios para la convivencia y evitar la sobrepoblación y la escasez de recursos en la zona”. El escándalo rompió la pista cuando la actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, declaró que le parecía un absoluto exceso pagar la indemnización que pidieron las empresas que participaron en la construcción del parque “La Mexicana”, ubicado en Lomas de Santa Fe. Argumentó que no se podía asumir la deuda sin revisarla, y además señaló que habría un desarrollo habitacional y comercial del área. Lo que nosotros hemos de entender es que ello debe pacificar la molestia de los inversionistas. La opinión pública se dividió rápidamente: algunos chocaron copas al ver que no se cedería ciegamente al poder de los empresarios. Otros se quejaron amargamente de la desconfianza que la decisión de Sheinbaum creaba para los capitales privados. Para ambos bandos, el mezquino era el de enfrente, sobre todo, porque hablamos de un parque público.

Así se van desenrollando las dos telas del discurso, pero ambas proyectan su sombra sobre el problema real, que es mucho más profundo que las raíces de los árboles del propio parque. El diablo está en los detalles. Cuando Sheinbaum declaró que no pagaría los dos mil millones de pesos que son demandados como indemnización, pareciera que está defraudando la confianza de esos vecinos. Sin embargo, no son ellos quienes están haciendo la reclamación. El parque fue construido mediante la creación de un fideicomiso público-privado, en el que el sector privado, representado por las empresas FIBRA Danhos y Grupo Copri, se comprometía a invertir dicha cantidad para construir el parque de 27 hectáreas a cambio de la posibilidad de desarrollar viviendas en las 13 hectáreas restantes. Estas empresas son las que están presentando la queja, pues consideran que se ha violado lo acordado por la administración anterior, la de Miguel Ángel Mancera. Entonces “La Mexicana”, que se pretendería de interés público, fue en realidad construida con capital privado como una inversión.

Quizá el parque no es entonces un servicio público. Quizá es un embellecimiento estratégico que se perfecciona al manifestarse como “público” para afirmar en realidad a un privado hegemónico, a una forma dominante de “ser” sostenida en el individuo y la propiedad, que pretende controlar sus estructuras y delimitar los contornos de las relaciones que se desarrollarán en su interior. A ello haría eco la garantía que ofrece Sheinbaum de desarrollos habitacionales y áreas comerciales. Está prometiendo que el negocio será negocio, pues habrá personas que consuman, tanto las propiedades como en los comercios relacionados al parque como ensamble.

El papel de los parques en la generación del capital de la ciudad proviene tanto de las centralizaciones que pueden provocar, como de la especulación sobre el valor del suelo que su presencia genera, dada la proximidad a los servicios ambientales. Esta última se expresa como una elevación en la renta de los espacios que lo rodean. Por ello, habitar en cercanía al parque puede reflejar tanto el “prestigio” como el “estatus” de las personas. “La Mexicana” es buen ejemplo de esto. Fue diseñado por los arquitectos Víctor Márquez y Mario Schjetnan para ser una experiencia estética, con 62 mil metros cuadrados de césped, dos lagos artificiales y humedales, que desde su concepción estuvo pensado como un pulmón para el poniente de la Ciudad de México, enclavado en una de sus zonas más costosas y exclusivas. Construir ciudad y espacio público significa el desarrollo del sector privado mediante sus empresas, en donde la intervención pública directa por parte del Estado es la de posicionar los factores para que la inversión rinda frutos.

Recordemos que la palabra “Estado” viene de stato, 1 que significa orden, que a su vez proviene de status, que en latín se traduce como “posición, estar de pie”, y de statuo, que significa “colocar en un sitio determinado”.2 Ello nos recuerda que la posición espacial intervenida públicamente refleja también la posición social de los sujetos que habitarán dichos espacios. Ello aplica para cualquier estrato, no sólo para los más acaudalados. El aumento de condominios cerrados y la expansión de los centros comerciales dentro del periodo neoliberal impone la homogeneización de la ciudad a partir de la visión empresarial y del uso privado de espacios públicos.3 El parque se convierte en un elemento más a dicho entramado.

Así, cuando se afirma que “La Mexicana” es un oasis que ofrece todas las comodidades, no sólo se refiere a los espacios para el deporte o el esparcimiento, sino también de sus restaurantes en la Terraza Gourmet, donde muy pocos de sus visitantes pueden darse el lujo de consumir. Es un “espacio público” que tiene dueños, en donde todos pueden entrar, pero no es nuestro y no es para todos: nos podemos desplazar por toda la ciudad para experimentarlo, creando mayor contaminación en el trayecto, y acabaremos reforzando en el proceso su prestigio y exclusividad, aumentando tanto su valor como el de todo lo que le rodea.

Es una pieza más de la desigualdad que se experimenta dentro del ordenamiento y el diseño de la ciudad. Vivir en Santa Fe y consumir en “La Mexicana” reproduce una imagen del individuo que está pensada para que éste contraste con sus “otros”: con el que vive en Ciudad Neza, Milpa Alta, Tepito o San Gregorio, por mencionar algunos. La discriminación relaciona a los cuerpos con sus espacios con tal fuerza que, al leer los nombres de estos lugares, probablemente usted vio en su mente una forma de estereotipo negativo de sus habitantes, lo cual representa tanto una forma de violencia como de orden y jerarquización.

De ahí parte la mayor injusticia que se expresa en “La Mexicana”. No es sólo que la inversión realizada no responde a los servicios ambientales que requiere la población de Santa Fe. Tampoco es que dichos servicios son urgentes en las zonas más densamente pobladas de la ciudad. Es que “La Mexicana” es parte fundamental de una serie de mecanismos que permite que otras formas de discriminación, clasificación, y violencia se arraiguen en la ciudad mediante la producción de este nuevo espacio “verde” de consumo conspicuo.

“La Mexicana” es un caso claro de injusticia ambiental, pues su construcción responde más a las formas de dominación que se arraigan en el diseño estratégico de la ciudad,4 que a las necesidades de la población. Los parques no son fenómenos “naturales”, son planeados instrumentalmente para la organización de la ciudad como laboratorio social: para clasificar, dividir, y canalizar a la población.5 ¿Cuántos parques se pudieron haber construido en Iztapalapa, la alcaldía mas poblada de la Ciudad de México, con los dos mil millones de pesos? Es una pregunta necia, porque no sería el mismo negocio y el dinero nunca fue nuestro.

Y ese es el problema de fondo: en el conflicto entre estos empresarios y el gobierno de Sheinbaum, nosotros brillamos por nuestra arrebatadora ausencia. Se desdibujó el espacio público desde el inicio y esto es una querella sobre las inversiones del gobierno de la ciudad y algunos privados, “cosas de negocios”. Por ello también, algunos vecinos de Santa Fe interpusieron una acción pública en un juicio contra la concesión de hectáreas de la demarcación para la construcción del mencionado complejo inmobiliario.6 El problema real entonces no es un problema de administración, es un problema estructural. Y mientras tanto, la opinión pública se deshila en discusiones sobre algo que nunca estuvo ahí: el interés común.

 

Federico José Saracho López


1 Maquiavelo, N. 1996. El príncipe, México: Guernika.

2 VV. AA. 1994. Diccionario ilustrado latino español/español-latino, Barcelona: Bibliograf.

3 Felipe Narciso, C y Ramírez, B. 2016.” Discursos, política y poder: el espacio público en cuestión”, en Territorios, Núm. 35, pp. 37-57.

4 Saracho, F. 2018. “La ciudad y el poder: hacia una comprensión geopolítica de la ciudad” en Academia XXII, Año 9, núm 17.

5 Pløger, J. 2008. “Foucault’s Dispositif and the City” en Planning Theory, Vol.7, núm 1.

6 Ruíz, K. op. cit.

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Publicado en: Propuestas y resistencia

2 comentarios en “La ciudad de la injusticia ambiental

  1. También ocurre que Sheinbaum quiere apoderarse de parques para construir los dichosos «pilares». Esto sucede en varias delegaciones de la CDMX. Con consultas a modo, con gente cacareada a la que le pagan a la vista de los auténticos vecinos del lugar. Quitando áreas verdes que existían hace decenios. La pregunta es, ¿por qué tiene que ser en los parques? ¿ para qué no le cueste el terreno y sería una especie de expropiación pero sin indemnización?. Esto también afecta al medio ambiente y por cierto en colonias diversas.

    1. Tardé en responder a su pregunta Elena, porque quería tener claridad sobre el tema. Buena parte de los parques de la ciudad contaba con casetas de vigilancia policial. Para 2018, varias de ellas se encontraban abandonadas. En 2019, muchas de las instalaciones policiales desarrolladas durante la administración de Mancera, como las de los bajo puentes, fueron reutilizadas entro del programa de PILARES. Por ello es por lo que algunas de estas se encuentran en parques. Efectivamente responde a un ahorro de recursos.
      Grandes saludos

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