En México, como en la mayor parte del mundo, la falta de cuidado del medio ambiente ha derivado en la degradación masiva del capital natural, esto ha traído consecuencias que son cada vez más tangibles, tales como incendios forestales, inundaciones, aumento de la temperatura de la Tierra y pérdida de especies.
El descontento de las personas, y sobre todo la presión internacional, lograron que surgieran diversas políticas de conservación ambiental, la más recurrida ha sido la de las áreas naturales protegidas (ANP). Éstas se crearon con diferentes categorías y jerarquías, que atienden, sobre todo, a sus dimensiones y la diversidad ecológica que éstas protegen. En la jerarquía federal se contemplan seis categorías, las cuales son administradas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Las más relevantes son las Reservas de la Biósfera y los Parques Nacionales; mientras que en la jerarquía estatal las categorías pueden variar en nombre y en número según la entidad federativa, y éstas se administran con la asignación de recursos que cada entidad destine para estas políticas. En nuestro país la Conanp administra 183 áreas y apoya 371 predios de propiedad privada que fueron destinados para su conservación de manera voluntaria. El objetivo de estas áreas es preservar ecosistemas completos, especies particulares o monumentos naturales.
La implementación de ANPs en el mundo ha probado ser una manera efectiva de conservar ecosistemas y sus servicios, en algunos casos hasta se ha logrado recuperar especies que se consideraban ya condenadas a la extinción; como el oso panda en China o el lobo mexicano en nuestro país.

El discurso político enfatiza la importancia de las ANPs; no obstante, muchas de ellas no logran su propósito que es el de conservar los ecosistemas donde fueron decretadas, sobre todo en los casos donde los pobladores locales no están de acuerdo con el decreto porque ven mermadas sus actividades económicas. Las ANPs con menor probabilidad de éxito son aquellas de jerarquía estatal debido a la falta de financiamiento y de personal. Por lo general, se quedan en la jerarquía estatal por ser zonas más pequeñas, en algunos casos sin vocación turística, y suelen tener mayor peligro de convertirse en áreas naturales “de papel”. ¿Qué quiere decir que estas zonas de conservación sean solo de papel? Que se anuncia su decreto con bombo y platillo, y con el decreto se asume que toda la flora y fauna, humedales, manantiales y ríos que se encuentran dentro de ella estarán protegidos. La cruda realidad, especialmente para aquellas decretadas a nivel estatal o municipal, es que la protección tarda en llegar o nunca llega.
Para la conservación de la naturaleza no basta con un papel que decrete proteger una zona. Es crucial que quienes habitan dentro o cerca del área en cuestión, estén de acuerdo con el decreto para que así se involucren en actividades de conservación, respeten las actividades establecidas en el programa de manejo y que, junto con el gobierno, se generen formas de gobernanza efectiva en estas zonas. Para ello, es importante que la comunidad esté informada de las contribuciones que el ANP les provee. Cada ecosistema provee de diferentes cosas, en algunos casos estas contribuciones son directas (como alimentos, agua, leña, etc.) en otras es indirecta (como polinizadores para la zonas agrícolas, captura de bióxido de carbono, filtración y retención de agua en el subsuelo, etc.). Saber qué beneficios provienen de los ecosistemas nos hace apreciarlos más y reconocer la necesidad de conservarlos.
El estado actual de la agenda política ambiental en México
El medio ambiente en México aún no parece ser un tema central ni para la ciudadanía ni para la política pública. Sin la presión social, los políticos no otorgarán recursos económicos a programas cuyos objetivos son a largo plazo. Sin embargo, no todo está perdido y muchas ANPs han logrado ser efectivas para sus objetivos; en esto ha sido fundamental el compromiso con éstas áreas por parte de las comunidades que viven a los alrededores, así como la protección recibida por parte de las autoridades federales y su financiamiento constante, sin olvidar otras instituciones u organizaciones involucradas que también están comprometidas con la conservación de la zona, como centros de investigación u organizaciones no gubernamentales. Tal es el caso de la Reserva de la Biosfera el Vizcaíno, en donde se pueden contemplar las características antes planteadas, lo cual ha permitido lograr una gobernanza incluyente, que sirve como ejemplo de una ANP eficiente.
Un elemento crucial para la administración eficiente de las ANPs es el financiamiento, y en México no tienen suficiente. Es por eso que la Conanp desde el 2008 ha establecido cálculos que estipulan la brecha financiera que se tiene entre lo que otorga la federación y lo que realmente se necesita para una correcta administración de las ANPs. En su último estudio se estableció que la Conanp necesitará, por lo menos 591 millones de pesos anuales adicionales a los asignados por el Proyecto de Egresos de la Federación para operar efectivamente a las ANPs decretadas hasta el 2018. A la fecha, seguro que el déficit ha aumentado considerablemente.
Una de las características más importantes que diferencian los casos de éxito de los fracasos es tanto la importancia que le otorga la sociedad como su involucramiento en las tareas necesarias para lograrlo. Entonces, la divulgación sobre los servicios que obtenemos de la naturaleza puede ser una de las pocas alternativas para conseguir que de manera voluntaria se lleven a cabo actividades de conservación en ecosistemas clave. Las ANPs no son la única vía para proteger los ecosistemas, existen por ejemplo las Unidades de Manejo Ambiental (UMA), que permiten realizar actividades que generen ingresos a quienes manejan la UMA siempre y cuando se lleven a cabo de forma sustentable. Sin embargo, las ANPs son las que tienen una estructura más avanzada por el tiempo que llevan operando en el país (más de 100 años); es decir, que su normatividad está definida con mayor detalle, y sus instituciones y personal asignado tienen más experiencia cumpliendo sus responsabilidades. Debido a esto, considero que la herramienta más importante en la que tenemos que trabajar para conservar la biodiversidad en el largo plazo es la divulgación de los resultados del conocimiento científico, ya que esto generará sociedades y políticos más críticos que valoren la naturaleza y tengan en cuenta que preservarla es preservar también nuestra calidad de vida, y salvaguardar los derechos humanos más elementales.
Gloria M. Huerta Ramírez y Morelia Camacho Cervantes
Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología
Referencias
Brenner L., y De La Vega Leinert, A. C. “La gobernanza participativa de áreas naturales protegidas: El caso de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno”, Región y sociedad, vol. 26, n. 59, El Colegio de Sonora, 2014, p. 183.
Conanp. Plan de Acción para el Financiamiento Estratégico 2016-2018, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Ciudad de México, 2016.