Es momento de reciclar el agua

En un artículo en este mismo espacio escribí sobre la creciente necesidad de generar una política pública para hacer frente a la sequía en México, y más adelante escribí sobre cómo La Niña posiblemente traería una disminución en las precipitaciones nacionales a inicios de este 2022. Al momento de escribir este artículo, a finales de febrero de este año, varias de las predicciones esperadas se han vuelto una realidad. Aunque por suerte el área afectada por La Niña fue menor de la esperada (por esos azares meteorológicos, que este año nos sonrieron), pero en algunas regiones del país ha sido catastrófica; si consideramos que sólo el 56 % del país sufre algún grado de sequía y no el 80 % que se esperaba originalmente.

Ilustración: Kathia Recio
Ilustración: Kathia Recio

Dentro de las zonas más afectadas por la sequía se encuentra Sinaloa, nuestro gran productor de hortalizas, frutales y maíz. Basta con recordar cómo subió el precio del jitomate este año, empujado fuertemente por la falta de agua. En Nuevo León las principales presas que surten de agua a Monterrey se encontraban, al momento de escribir este análisis, a menos de una cuarta parte de su capacidad, por lo que se ha declarado un estado de emergencia por la falta de agua para la ciudad. El estado de México y la Ciudad de México se encuentran en una situación similar, si bien no tan intensa aún, se pronostica que a menos que las lluvias lleguen antes este año, posiblemente sufrirán de escasez de agua en los meses de mayo y junio.

Los impactos de este tipo de años secos para la producción de alimentos, la producción ganadera, la disponibilidad de agua potable y la generación de energía son terribles. Lo más preocupante es que un estudio reciente, conducido por Park Williams y colaboradores, publicado en la revista Nature Climate Change el 14 de febrero pasado, muestran que la sequía del Norte de México y el Sur de Estados Unidos seguirá en aumento como consecuencia del cambio climático y no sólo eso, sino que es la peor sequía registrada en al menos 1200 años. Si concatenamos esto a la distribución espacial de la producción de alimentos en México, altamente concentrada en el norte de nuestro país, nos ponemos en un grave escenario de seguridad alimentaria nacional. En definitiva, es momento de comenzar a pensar cómo usamos el agua.

Por suerte contamos con grandes ejemplos de algunas naciones pioneras en el asunto. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (WHO, por sus siglas en inglés) Australia, Singapur, Namibia, Sudáfrica y Kuwait son algunos de los países que han podido tratar exitosamente sus aguas residuales para volverlas disponibles nuevamente para el consumo humano. Otros países como Brasil e India cuentan con varios megaproyectos encaminados a aliviar los problemas asociados con el uso y contaminación de esta. No obstante, se podría considerar que el país precursor en el reciclaje de agua sea Israel. Esta nación recibe únicamente 500 milímetros de lluvia al año (en comparación, Sinaloa recibe en promedio 800) y el 60 % de su territorio es desértico —aunque también reciben parte de su agua del Río Jordán, que ha sido causa de importantes tensiones políticas, que son tema de otro artículo—. No obstante, su uso de agua es tan eficiente que han logrado hacer crecer rosas en pleno desierto, incrementar el flujo en sus ríos y hasta exportar agua a los países vecinos. La nación trata el 90 % de toda su agua, dándole un segundo y tercer uso. Se trata no sólo del uso doméstico, sino también del agua empleada en el riego. De hecho, hasta el 25 % del agua potable del país ha sido tratada al menos una vez. Un excelente ejemplo de lo que se puede lograr.

Contrariamente a lo que uno esperaría, la mayoría de estas tecnologías no son costosas y sólo requieren una planeación cuidadosa de los sistemas de manejo y movimiento de agua. Por ejemplo, la gran mayoría de las aguas grises residenciales (todas aquellas que salen de los lavamanos, las lavadoras y las regaderas), pueden utilizarse para el riego inmediato de parques, jardines y árboles frutales siempre y cuando no se estanquen. También se las puede utilizar para llenar los registros de los sanitarios, en lugar de utilizar agua “nueva”. La gran mayoría de las aguas residenciales pueden ser tratadas a un bajo costo si evitamos que se mezclen con desechos industriales y pueden ser usadas para la recarga de acuíferos, el riego o la recarga de cuerpos superficiales de agua, como ríos y lagos. En el campo, el riego por goteo, aspersión y el riego subterráneo son alternativas viables al riego por surcos, así también la construcción de canales aledaños a las parcelas que permitan la colecta del agua no utilizada, misma que puede ser tratada para su uso posterior.

Lo anterior se resume en la figura 1. En ésta se presenta el uso actual del agua en México (izquierda), con una tendencia a su desecho contaminado hacia cuerpos de agua superficiales y la extracción y agotamiento de los acuíferos subterráneos. La misma se contrapone con un modelo idealizado (derecha) en que el agua recibe una mayor recirculación y tratamiento, desde su uso urbano hasta el rural. Como resultado, se da una menor contaminación de cuerpos superficiales de agua y se permite la recarga de acuíferos. Los puntos clave donde se necesita la inversión en infraestructura se delimitan con flechas verdes.

Figura 1. Ciclo hidrológico de uso humano

A la izquierda el modelo de uso y desecho actual, a la derecha un modelo idealizado de áreas de oportunidad para la aplicación de tecnologías para el reciclaje del agua. Figura de elaboración propia para este artículo
A la izquierda el modelo de uso y desecho actual, a la derecha un modelo idealizado de áreas de oportunidad para la aplicación de tecnologías para el reciclaje del agua. Figura de elaboración propia para este artículo

El cambio climático nos está alcanzando y con este, el aumento en la intensidad, duración y recurrencia de la sequía en México. Sus efectos se irán haciendo más graves y, sobre todo, más costosos para el agro mexicano y la población urbana. Estamos en un momento clave para comenzar a rediseñar nuestros sistemas hídricos a nivel nacional y evitar los peores escenarios. Por supuesto que esto requerirá una importante inversión, tanto en materia prima como en capital humano, pero el costo de adaptarnos de manera temprana será mucho menor a las pérdidas que se podrán sufrir si la escasez hídrica nos encuentra desprevenidos. Como les dije en un comienzo, es momento de comenzar a reciclar el agua.

 

Guillermo N. Murray Tortarolo
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad

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Publicado en: Propuestas y resistencia

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