A moment’s insight is sometimes worth a life’s experience.
—Oliver Wendell Holmes Jr.
¿En qué pensamos cuando leemos o escuchamos desarrollo sustentable? ¿Entendemos lo mismo o cada uno de nosotros piensa en cosas diferentes y al dispersarnos lo que queda es una gran confusión, que a veces lleva a la indiferencia y a veces a la confrontación? En tiempos de pandemia, tal vez podamos revalorizar algunos de los retos que enfrentamos como seres finitos, cuya vida depende de los ecosistemas del planeta. Necesitamos aprovechar esta etapa para revertir las tendencias que violentan la vida y ponernos de acuerdo en torno a temas urgentes como el desarrollo sustentable para enfocarnos en lo vital y sobrevivir.
Es común encontrarse en redes y medios digitales de comunicación con nociones ambiguas e intercambiables dentro de un campo semántico relacionado con generalidades relacionadas con ideas como desarrollo sustentable, medio ambiente, crisis ambiental, cambio climático, desastres naturales y ecología. Estos rudimentos discursivos se nos presentan prácticamente huecos de contenido, de tal manera que parece que cada internauta dota de significado a esos significantes casi-vacíos y permite una especie de danza de lugares comunes insustanciales. La saturación de contenidos irreflexivos y contradictorios, bien explotada por el sistema mediático, crea una ilusión en la que todo el mundo pareciera estar muy preocupado por la problemática ambiental.

Ilustración: Oldemar González
Es decir, no importa el lugar, la situación o el grupo social, si hoy en día surge el tema del medio ambiente o del desarrollo sustentable, muy difícilmente habrá alguien que temerariamente afirme estar en contra de cuidarlo, en el primer caso, o de promoverlo en el segundo. Sin embargo, también sabemos que, en general, en nuestras decisiones, acciones y ocupaciones, estos temas parecieran sernos más bien indiferentes, o al menos tomados a la ligera, a pesar de las múltiples alertas de la comunidad científica sobre el colapso en el que nuestro planeta está inmerso. En este punto, cabe alertar que, al referirnos al desarrollo sustentable, podríamos no estar hablando el mismo idioma. El Reporte Brundtland en 1987 lo definió como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras”.1 Partiendo de esta definición, podríamos no estar hablando el mismo idioma debido a la dificultad de identificar cuáles serían las necesidades legítimas, cómo considerarlas para todos, o si se pueden limitar las de algunos.
Hopwood et al.2 trazaron un mapa con las diferentes perspectivas sobre la noción de desarrollo sustentable, distinguiendo un amplio espectro de enfoques político-académicos relacionados con el desarrollo sustentable. El campo para su cartografía ideológica lo construyen con un primer eje relacionado con la mayor o menor preocupación en relación con temas como el bienestar de las personas y las desigualdades. En el otro eje de este plano de tipo cartesiano se observa la mayor o menor preocupación sobre cuestiones ambientales, que oscila desde prácticamente no tomar en cuenta variables de la biosfera, hasta su postura extrema eco-centrada.
Figura elaborada por Hopwood et al. (Op. cit.)
En esta cartografía podemos ver las divergencias en un espacio de significados diversos en donde ciertos campos semánticos juegan un papel crucial para dotar de significados diversos a la noción “desarrollo sustentable” en este caso. Pero ¿cómo se dotan de significado? Hay diferentes explicaciones posibles, pero en la que aquí se explora considera que es importante tomar en cuenta que cada interacción social que construye este fenómeno de dotación de significado es complejo, dinámico e interdependiente, y por ello una perspectiva desde la teoría de los sistemas puede ser de utilidad.
La Sociocibernética Crítica3 es una propuesta teórica que busca entender la conducción de sistemas sociales como el que se menciona en el párrafo anterior. Lo hace buscando sintetizar la perspectiva de complejidad con el estudio de las relaciones de poder. Al conceptualizar algo como un sistema, lo distinguimos de su entorno. Un entorno es el conjunto de elementos que se encuentran afuera o en el ambiente de un sistema y que en un momento dado los consideramos provisionalmente en relación con el sistema observado. Siguiendo a Uexküll,4 reconocemos que la construcción de significados seguramente tiene que ver con dos tipos de entornos que se dan en la interacción social virtual: el universo circundante que se percibe desde la propia interacción y el pluriverso observable que funge como entorno indirecto.
El universo circundante de la interacción social en el ciberespacio (por ejemplo, la plataforma digital desde la cual seguramente se enteró de este artículo) da una sensación de totalidad y es producido por las interacciones sociales con sus “amigos” o contactos. Además de ellos, están otros usuarios que podemos no conocer pero que llegan a nuestro “muro” como alguien que compartió un contenido que de alguna manera llamó la atención de un conocido nuestro quien decidió compartir ese contenido. Adicionalmente, está la propia plataforma que se disfraza haciéndose omnipresente y se erige no sólo como un ambiente de interacción sino también como un intermediario invisibilizado que captura la información que se produce y amplifica u oculta selectivamente ciertos mensajes conforme a sus intereses geopolíticos y comerciales.
Afuera de la experiencia casi-totalizadora de la interacción social dentro de la plataforma digital y su respectivo universo circundante, hay múltiples universos adicionales que fungen como un entorno indirecto, generalmente fuera de la percepción de los usuarios durante su interacción. En ese pluriverso observable se encuentran desde la infraestructura energética y de telecomunicaciones que hace posible el funcionamiento de los aparatos (hardware) y los programas (software), pasando por los algoritmos que buscan amplificar ciertas informaciones para mantener al usuario entretenido y proporcionando más información. Incluso podemos considerar los eventos, productos, textos, imágenes y videos ideológicos, políticos, culturales, académicos, artísticos, o de cualquier índole, sin importar si tiene correspondencia con un acontecimiento “real” o si se tratan de ficciones o falsedades, bien o mal intencionadas. Todo acontecimiento mediatizado se constituye como referencia (de mayor o menor impacto, es decir, más o menos “viral”) dentro de las redes digitales y suministra un marco semántico contextual. De allí cada usuario va extrayendo/produciendo un pedacito de significado que le va asignando a los significantes casi-vacíos, a través de los cuales establece interacciones comunicativas basadas muy comúnmente en sobreentendidos, malinterpretaciones y deformaciones humorísticas.
Regresando al tema que nos ocupa, en el caso del significante “desarrollo sustentable”, los significados que le damos pueden explicarse de manera análoga. Disculpándome de antemano por la simplificación, como podría explicarlo Piaget5 sería algo más o menos así: contamos con cierta información de base que pudo llegar por fuentes primarias, por ejemplo, interacciones previas como las que pueden haberse dado en un espacio escolar, familiar, o en cualquier grupo social que frecuentemos; y por fuentes secundarias, como libros, revistas, videos, etc. Sobre esa información disponible, en un momento dado, vamos asociando, acomodando y arreglando nuestras propias nociones de desarrollo sustentable en nuestra mente a partir de las interacciones que vamos teniendo en nuestras redes digitales (y presenciales) y, por supuesto, con la mediación de nuestras habilidades cognitivas (como atención, memoria, pensamiento crítico y toma de perspectiva), emocionales (como la empatía y el manejo de emociones) y sociales (como la colaboración y la resolución de conflictos).
Para el acomodo o construcción de significado, será también muy relevante considerar no sólo la información previa y la interacción en sí, sino también el universo circundante y el pluriverso observable de las informaciones que seamos capaces de procesar.
Así, cuando una persona lee o escucha “desarrollo sustentable” hace un conjunto de operaciones cerebrales que le pueden hacer pensar que sabe muy bien qué significa, pero si le pedimos que lo explique, requeriría de otras habilidades e informaciones y lo más probable es que comunicaría algo extremadamente simple comparado con lo que cree comprender, y se vería en la necesidad de echar mano de otras ideas, como por ejemplo: asuntos de índole ideológica, para expresarse. Así, lo ideológico queda inexorablemente “adherido” a esos significantes y lo continuamos produciendo y reproduciendo ya con esa distorsión internalizada.
De esta manera, la etiqueta “desarrollo sustentable” podemos encontrarla millones de veces en internet, referirnos a ella con frecuencia y considerarla un tema común que dominamos y que nos preocupa como a todo ser humano, reflejando el espíritu de nuestro tiempo; pero simultáneamente, su uso constituye también fuente de enormes malentendidos. Su frecuente uso carga así con conectores semánticos sociopolíticos ambiguos, contradictorios, incoherentes y, a veces, hasta ridículos.
Lo anterior no pasaría de ser más que una dificultad epistemológica si sólo implicaran un reto para nuestra ignorancia o nuestra falta de reflexividad. Pero se torna en un problema de las más gigantescas proporciones porque facilita la manipulación política. Ciertos actores con alta capacidad de influencia mediática pueden embaucarnos con ilusiones como las supuestas energías verdes y otras supercherías que nos venden con tal de no frenar los grandes negocios que ellos conducen. Nuestra ingenuidad y pereza intelectual son parte del muy complicado problema que está costándole la vida a cientos de activistas ambientales alrededor del mundo y que abona a la destrucción de culturas, incita violencias indecibles a millones de personas cada día, justifica el maltrato a un sinnúmero de animales, y promueve devastaciones y ecocidios cada vez más irreversibles.
El cambio al que hemos sido orillados en estos días de pandemia puede servirnos como un augurio que nos permita darle un significado sustancial a cuestiones como la restitución del medio ambiente o la participación colaborativa para ir construyendo un desarrollo sustentable e incluyente para todas y todos. Que esas nociones ambiguas dejen de alimentar codicias, violencias y destrucciones inconfesables. Que nos auxilien en nuestra voluntad de nutrir la vida, lo que realmente nos mantiene existiendo y lo que ciertamente nos recuerda que estamos aquí y ahora, vivos todavía.
Juan Carlos Barrón Pastor
1 Brundtland Report of the World Commission on Environment and Development: Our Common Future (1987).
2 Hopwood, Bill; Mellor, Mary; y O’Brien, Geoff (2005) “Sustainable Development: Mapping Different Approaches”, Sustainable Development 3, 38–52.
3 Barrón Pastor, Juan Carlos (2018) “Sociocibernética crítica: Un método geopolítico para el estudio estratégico del sistema de medios de comunicación no presencial en América del Norte”, CISAN-UNAM y Universidad de Zaragoza: Ciudad de México.
4 Uexküll, Jakob von (1934) “A foray into the worlds of animals and humans. With a Theory of meaning”, University of Minnesota Press: Minneapolis-London (2010).
5 Piaget, Jean (1983) Estudios sociológicos, Ariel: Barcelona.
