Cuatro Ciénegas, el paraíso y la tragedia de los comunes

Cuatro Ciénegas es un humedal enclavado en el desierto chihuahuense, en el estado de Coahuila. De este sitio no sólo es notable la belleza extraordinaria del agua turquesa en la arena blanca de yeso del Jurásico, o las sierras torturadas por la tectónica de placas, sino que este oasis maravilloso es híperdiverso en animales, plantas y, sobre todo, en microorganismos. De hecho, no es una exageración decir que sus aguas, tapetes microbianos y sedimentos son los más diversos del mundo. Esta aseveración suena aún más arriesgada cuando entendemos que este es un sitio poliextremo: sus aguas son muy saladas y son extremadamente pobres en nutrientes —por eso el agua es color turquesa: no hay algas— y su pH puede variar en un mismo sitio desde cinco hasta once. Dadas estas condiciones, ¿cómo puede explicarse que haya tanta diversidad en este sitio?

La respuesta está en el tiempo, un tiempo muy largo que se mide en miles de millones de años. Estas condiciones difíciles nos remontan a un pasado marino ancestral. Lo que ocurre es que los microorganismos de Cuatro Ciénegas han estado aislados del resto del mundo en los sedimentos profundos de la montaña de San Marcos y Pinos, al centro del valle, y son impulsados al exterior por el calor magmático de la falla que está en el corazón de esta sierra. Por lo tanto, esta agua no sólo contiene minerales de océanos ancestrales y bacterias únicas en el mundo, sino que en su camino entre las profundidades y las cerca de 300 pozas toma submuestras de este enorme “banco de semillas” microbiano, siendo ésta la razón de su enorme diversidad. Así, lo que encontramos son comunidades únicas donde casi todo abunda en pequeñas cantidades, de ahí su formidable diversidad.

Río Mezquites. Fotografía de David Jaramillo

Sin embargo, esta agua irrepetible y ancestral es un recurso sobreexplotado en el desierto. Desde la fundación del poblado de Cuatro Ciénegas, la presencia de agua superficial prometía prosperidad para sus pobladores, pero el humedal estorbaba a los sueños agrícolas, por lo que desde inicios del siglo XX se escarban canales para moverla, manejarla y exportarla hacia afuera del valle. Estas obras se volvieron cada vez más profundas y en los años setenta, con el reparto agrario hecho por Echeverría, se diseñó el profundo canal de saca salada para drenar el humedal y abrir la frontera agrícola para los nuevos ejidos. A lo largo de los años, este drenaje ha sido tan eficiente que se ha perdido más del 90 % del humedal, dejando pozas aisladas donde es difícil que las tortugas bisagra (endémicas) tengan movilidad. Ante la falta de su hábitat de anidación, que es el pastizal inundado, se han perdido varias especies de peces microendémicos y se ha reducido el flujo génico en la mayor parte de los peces más comunes del valle, que también son únicos.

Lo que no es tan evidente es que los humanos del valle, usuarios del humedal, también están en riesgo, ya que la sobreexplotación del acuífero redunda en menos agua para todos, tanto para el pueblo como para el campo. Lo que viene después es la sequía y, con ella, la pobreza.

Río mezquites en proceso de volver a morir después de que el gavión que se había construido en octubre 2020 fuera destruido el 6 de mayo 2021 por ejidatarios de afuera del valle.

Con toda esta problemática cabe preguntar ¿a quién le sirve el Estado? El agua es federal, sin embargo, la mala administración de Conagua lleva a todos a perder un futuro. Si bien los que pagaron más derechos ganan temporalmente el uso del agua, pierden el recurso a la larga. En la tragedia de los comunes todos pierden, pero las criaturas de este oasis extraordinario son únicas en sus genes y en su historia evolutiva. Por ello, lo que está en juego es demasiado importante para perderlo por un cultivo, como el caso de la alfalfa que venden a dos pesos el kilo y que toma 10 000 litros para hacerla crecer en el verano. Recordemos que no es cualquier agua de algún charco que guardó la lluvia, el contenido mineral y microbiológico de estas aguas primordiales son irrepetibles y contienen recursos genéticos invaluables que están siendo explorados en el Centro Bachillerato Tecnológico y Agropecuario (CBTA22). Si se va el agua de Cuatro Ciénegas, los microbios se refugiarán en la montaña y el acuífero no moverá el agua a la superficie hasta que se recargue. Por lo tanto, estos recursos se esconderán de nuevo, y los que perderemos esa oportunidad de un mejor futuro no sólo serán los niños y las tortugas de este valle extraordinario, sino que seremos todos, los mexicanos y la humanidad. Esa es la verdadera tragedia de los comunes.

 

Valeria Souza Saldivar
Instituto de Ecología, UNAM

Este texto es una colaboración entre nexos y la Sociedad Científica Mexicana de Ecología.

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Publicado en: Hallazgos

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